Alas y buen viento

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Durante muchos años el sistema de educación superior universitaria ha estado abandonado. Para ser sinceros, en nuestro país, la educación en si siempre ha vivido no en segundo o tercer plano, sino hasta e cuarto o quinto. Eso tiene su explicación marxista en la medida en que el sistema nos quiere ignorantes, nos quiere masa para poder “guiarnos”. Nosotros somos ovejas y los dirigentes los pastores que saben muy bien lo que todos queremos.

Pero centremos nuestra atención en la educación superior. Cuando hablamos de estudiantes universitarios y de universidades estamos hablando de lo mejor de lo mejor que tiene (o debería tener) una sociedad: la élite. Bueno, si nos remontamos hasta hace unos 30 años atrás tal vez esa era la realidad. En Arequipa solo teníamos dos universidades: la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA) y la Universidad Católica de San María (UCSM). Entre ellas se disputaban el ingreso los miles de egresados de secundaria para poder ser “profesionales”, “ser algo en la vida”, ya que, como decía mi abuela: “Si no tienes un título profesional, no eres nadie”.

De esa visión de la educación superior como mecanismo de movilidad social, sumado al crecimiento poblacional, migraciones, globalización, etc., se aprovechó el gobierno neoliberal del reo Alberto Fujimori para masificar a creación de universidades a partir de la década de 1990. Este es el contexto en el que empresarios inescrupulosos, con dineros de dudosa procedencia, “invirtieron” en la educación superior con la creación de cientos de “universidades” de pésima calidad, entre ellas, la más emblemática: Alas Peruanas, creada en 1996 y que debe ser la “universidad” con mayor población estudiantil a nivel nacional: 65 000 estudiantes de pregrado.

Con el paso del autoritarismo corrupto de Fujimori y Montesinos a la democracia nominal de principios de siglo XXI, se crearon una serie de instituciones que pusieron su ojo sobre la educación superior: se crea la Superintendencia Nacional de Educación Superior (SUNEDU) en el marco de una nueva ley universitaria 30220.

No voy a profundizar en las críticas a dicha ley y a la propia SUNEDU (las mismas que he realizado en sendos foros y espacios académicos y periodísticos); pero, si algo debemos destacar es su afán por mejorar (aunque sea en nombre) la calidad de la educación superior. Prueba de ello ha significado el proceso de Licenciamiento Universitario, el mismo que consiste en que las universidades deben demostrar condiciones básicas de calidad al ofrecer su servicio educativo: 1) Existencia de objetivos académicos, grados y títulos a otorgar y planes de estudio correspondientes. 2) Oferta educativa a crearse compatible con los fines propuestos en los instrumentos de planeamiento. 3) Infraestructura y equipamiento adecuado al cumplimiento de sus funciones (aulas, bibliotecas, laboratorios, entre otros). 4)  Líneas de investigación a ser desarrolladas. 5)  Verificación de la disponibilidad de personal docente calificado con no menos del 25% de docentes a tiempo completo. 6) Verificación de los servicios educacionales complementarios básicos (servicio médico, social, psicopedagógico, deportivo, entre otros).     7)  Existencia de mecanismos de mediación e inserción laboral (Bolsa de Trabajo u otros. Las universidades que no han demostrado tener estos mínimos de calidad en el servicio han visto su proceso de licenciamiento denegado y actualmente se encuentran en proceso de cierre. La última y más emblemática de ellas: Alas peruanas.

Tengo parientes, amigos y conocidos que estudian o trabajan en esa universidad; sin embargo, no puedo sentir pena por ellos. Sabían muy bien a qué tipo de institución se metían. La subcultura de la viveza, de la criollada, de la pendejada en el Perú no solo ha llevado a empresarios inescrupulosos e irresponsables a tener este tipo de universidades-empresas de pésima calidad; son responsables y deben asumir la sanción que corresponda. Pero también creo que los estudiantes y padres de familia forman también parte de esa pendejada peruana: buscar una educación superior particular y barata, pero efectiva: al cabo de 5 años tener el título profesional. La facilidad y comodidad les pasan ahora la factura. No son afectados, también son cómplices. Son corresponsables de dar a la sociedad miles de profesionales anualmente con una formación universitaria cuestionable y de pésima calidad, a la luz de los criterios de SUNEDU.

Confiemos en que la SUNEDU esté atenta a una nueva pendejada de los dueños de estas universidades. Por ejemplo, el mismo día en que se denegó el licenciamiento institucional a Alas Peruanas, la universidad anunció que se fusionará con la Universidad Norbert Wiener con el propósito de no perjudicar a sus estudiantes. Esperemos que no vuelvan a aparecer estos negocios disfrazados de universidades, ya que estoy seguro de que este tipo de empresarios en lo último que piensan es en el bien común. Por el bien de todos, tenemos que cortarles las alas.

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