Por amor a la patria: ¡No a KF, mi voto es por PPK!

¿Por qué mi oposición a KF? Porque ella representa la mentira, la corrupción, el asesinato, el narcopartido, el narcoestado, la narcodictadura; el autoritarismo y el populismo más destructivo, el peor de los mundos. No me cabe la menor duda de que KF puede ganar la elección presidencial, pero su padre y su entorno gobernarán al Perú.

Lucho para que los peruanos y peruanas tengan la oportunidad de vivir en democracia, los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos. ¿Dónde dormirán los pobres? En la democracia, como proyecto histórico y como camino concreto. Democracia y seguridad son condiciones sine qua non para cualquier cambio real.

Soy un intelectual limeño con trayectoria política nacional. Soy un científico social –profesor universitario e investigador− y un escritor. No tengo un ápice de ingenuidad política, tengo una larga experiencia que me permite mirar lejos, saber discernir entre la mentira y la verdad, entre la dictadura y la democracia, entre la propuesta de cambios serios y la demagogia barata del clientelismo.

Sé que el pueblo peruano ha sido degradado y emputecido en sus valores más fundamentales en todos los estratos sociales. Creo, como señala con lucidez el maestro Julio Cotler, que los políticos más destructivos del Perú actual y de los valores populares son Alan García Pérez, Alberto Fujimori y Abimael Guzmán. El primero, AGP, ha sido derrotado en la primera vuelta de estas elecciones presidenciales; el último, AG, está preso por delitos de terrorismo de por vida para bien; pero el segundo, AF, saldrá de prisión por la puerta grande a gobernar.

Nunca más. La ingenuidad es una trampa mortal. Votemos por PPK. ¡Viva el Perú!

Caricatura: Heduardicidios. Perú21.pe

En busca de mis ancestros maternos Luna, por Manuel Piqueras

La trascendencia de la obra de los Luna en Pacasmayo

Los lazos de parentesco, la veneración por los antepasados que aportaron al arte y a la cultura en el Perú no son solo un sentimiento de orgullo ante personas ilustres, sino la necesidad de arraigo, de estar vivo en el otro, amado, reconociendo su legado, el de los Luna en tiempos de conflicto y en tiempos de paz.

Roberto Luna Vargas: el paradigma de los Luna

El paradigma de la trascendencia de los Luna en Pacasmayo fue Roberto Luna Vargas (1852-1916), quien luego de un tiempo largo y formativo en el Colegio inglés, de Valparaíso, Chile, logró “El artificio científico técnico del reservorio que surgió de la irrigación de El Hornito en el Valle de Jequetepeque, obra del talento y del trabajo realizado con una cultura superior”. Heredó tierras de su madre, que él extendió con una destreza comercial especial, como lo señalan los relatos orales y la documentación que los sustenta.

Este centro de estudios internacional le dio una visión amplia de la técnica moderna, los negocios y la política: “Por indagaciones hechas, estudió en The Valparaíso Artisan School, dirigido por Peter Mackay, profesor natural de Glasgow, Escocia. Por esa época Valparaíso contaba con una fuerte presencia inglesa. Fue por ello que en el año 1857 se formó el primer colegio en Chile, que basaba su estructura educacional en el diseño británico. No solo su fundación fue un hito en la historia de Valparaíso, sino que además durante sus años de enseñanza en la región proporcionó al Perú y a Sudamérica políticos, comerciantes y empresarios importantes como Manuel Pardo, Billinghurst, Leguía y Piérola del Perú, el presidente Ballivián de Bolivia y otras distinguidas personalidades chilenas, como Agustín Edwards de El Mercurio (…)”.

Sus padres y abuelos

El primer Luna que llegó de Lima a Pacasmayo a mediados del siglo XIX fue Antonio Luna Manrique, hijo de Don José Cayetano Luna Zegarra, capitán de fragata, quien fue propietario del bergantín GLINA. Colaboró con Lord Cochrane en la Independencia (el GLINA es considerado como el primer barco que tuvo el Perú independiente; en el año 1822 compró el bergantín Antelope que se llamó después General La Mar). Su madre fue la patriota peruana Doña Juana de Dios Manrique de Luna, marquesa de Lara, distinguida dama limeña, quien tuvo un rol protagónico en la causa de la emancipación al auspiciar económicamente a los patriotas y ayudar, arriesgando su vida, al pescador chorrillano y gran héroe José Olaya en su misión de trasladar las correspondencias entre aquellos.

Antonio Luna Manrique viajó al norte buscando nuevos horizontes, recaló en Pacasmayo, que era un puerto mayor de comercio internacional; y ahí se enamoró de la ilustre dama sampedrana Doña Josefa Vargas Ríos, propietaria de grandes terrenos agrícolas sembrados de alfalfa colindantes con El Hornito; fruto de ese amor vio la luz su hijo único, Roberto Luna Vargas. Los padres de Josefa Vargas Ríos fueron dos acaudalados españoles, Don Agustín Vargas y Doña Fermina Ríos, quienes dejaron un legado de educación y una fuente de recursos a sus hijas, Teresa y Josefa. Gracias a ello, Josefa despegó con gran talento en los negocios, que luego heredaría su hijo Roberto.

Años después, Roberto Luna Vargas compró a sus primos maternos, hijos de la tía Teresa, la tierra colindante a El Hornito, llamada “Signan arena de la Pampa”. La huaca mochica Signan tuvo un alto valor simbólico relacionado con los orígenes de los negocios de su madre y gozó de una buena oportunidad comercial.

Agricultura, irrigación, comercio y patriotismo

Roberto Luna Vargas es el primer Luna que nació en Pacasmayo; fue un héroe de la resistencia contra la invasión chilena. Apoyado por un grupo de jóvenes de San José se enfrentó a una patrulla de soldados chilenos para defender el honor de unas damas, víctimas de abuso sexual. Por temor a las represalias tuvo que internarse en la sierra de Cajamarca y pasó a formar parte del movimiento de montoneros que hostilizaron al ejército invasor. Después de un tiempo regresó a Pacasmayo y fue recibido como un héroe del Valle de Jequetepeque.

En la guerra civil de 1985 colaboró con Piérola en la revolución contra Cáceres (en 1894, este había ganado las elecciones presidenciales en un cuestionado sufragio nacional, hecho que provocó -contra él- la formación de la Coalición Nacional, integrada por los demócratas y civilistas, encabezados por Nicolás de Piérola). Señala Razuri en el libro citado que “En su indómita altivez, don Roberto tuvo, en 1894 (…) una valerosa resolución. Tomando la carabina al brazo, se sumó a los revolucionarios de la época que demandaban el respeto a la ley y la vuelta a la constitucionalidad. Se incorporó a las huestes revolucionarias de Teodoro Seminario; asistió al combate de Guadalupe; derrotó a Vivanco en San Marcos y desempeñó importantes comisiones durante la larga campaña.” Participó en ella en varios enfrentamientos armados, uno de esos combates fue el ataque a la plaza de Guadalupe, donde “le obsequiaron un tiro que le hizo perder un ojo y con el único que le quedó, siguió adelante en sus afanes revolucionarios y en sus labores agrícolas”); desde esa oportunidad fue conocido como el “Tuerto Luna”.

Roberto Luna Vargas, luego de su formación profesional en la escuela inglesa de ingeniería en Valparaíso, consolidó las propiedades de su madre Josefa Vargas Ríos, ampliándolas a cerca de 7,000 mil hectáreas de ricos terrenos agrícolas, convirtiéndose en uno de los más grandes propietarios agrícolas del Valle de Jequetepeque. Se dedicó a la siembra del arroz, a la crianza de ganado lechero y a otros negocios que le dieron balanza equilibrada en su fortuna.

En la ciudad de Guadalupe, construyó el primer ingenio de pilar arroz de la provincia de Pacasmayo. Se transformó de ese modo en pionero de la agroindustria, integrando verticalmente sus actividades agroempresariales. Este emprendimiento se tradujo en la búsqueda tanto de superiores utilidades como en la creación de un mayor valor agregado, partiendo del sector primario en la cosecha del arroz hasta el consumidor final en el pilado y comercialización del mismo.

Antonio Saavedra y Roberto Luna Vargas compraron la hacienda “Catalina” y “La Calera”, la que fue explotada por muchos años -después de disolverse la sociedad-. En la división y partición, a los Luna se les adjudicó “Catalina” y a los Saavedra “La Calera”. En total, las haciendas que tuvo Roberto Luna Vargas en sociedad con Saavedra fueron Chafán Grande, Chafán Chico, Faclo Grande y Faclo Chico, Cafetal, Campanita y Casque, además de Catalina y La Calera.

Con doña Micaela Polo Esteves tuvo once hijos, de los cuales vivieron Roberto Antonio, Eleodoro Augusto, Micaela Josefa, Jorge Eleuterio, Víctor Alfredo, Juana Manuela, Julia Leonor, María del Carmen Elena; fallecieron a temprana edad: Carlos Miguel, María Teobalda (gemela de Julia) y Manuel Antonio. De su unión con doña Gaudiosa Izquierdo Razuri, de San Pedro de Lloc nacieron Carlos Miguel, Josefina, Ramiro Alfonso y Roberto Armando.

Mujeres extraordinarias

Doña Juana de Dios Manrique de Luna, marquesa de Lara, abuela de Roberto Luna Vargas –quien como ya mencionamos desempeñó un rol protagónico al intervenir en la causa de la Independencia con un coraje hasta casi entregar su vida- es la única mujer cuyos restos mortales reposan en el Panteón Nacional de los Próceres. Doña Josefa Vargas Ríos, propietaria de grandes terrenos agrícolas, mujer emprendedora y madre dedicada de Roberto, su único vástago.

Sus descendientes y la continuidad de su obra

Los principales fundos agrícolas que pertenecieron a la familia Luna Polo fueron El Hornito, Catalina y Farfancillo. Con gran visión desarrollaron la agricultura intensiva en el valle, realizaron los estudios inaugurales del proyecto de irrigación del Valle de Jequetepeque y construyeron el primer reservorio de agua de la costa norte, que fue la laguna del Hornito. De esta manera aseguraron el regadío y la productividad de los terrenos agrícolas. Este estudio es el único que fue íntegramente financiado por los propios agricultores liderados por los Luna Polo, base para la construcción del reservorio de Gallito Ciego.

Escrito por: Equipo de investigación Luna (Fernando Luna Salcedo, Francesca Denegrí Álvarez Calderón y Manuel Piqueras Luna), sin la colaboración de nuestros familiares Luna (especialmente de los Luna Polo y de los Luna Izquierdo, y de sus descendientes) y de amigos especialistas en genealogía e historia, esta síntesis documentada hubiera sido imposible. Cabe destacar la iniciativa y coordinación de Jorge Hernán Luna Duran.

Correctora: Carmen Ollé.

Documental realizado por: René Gatelumendi Luna. 

Beber de tu propio pozo: la belleza nos hace libres, por Manuel Piqueras

 

 

Pabellón del Perú en la Feria Iberoamericana de Sevilla 1929, por Manuel Piqueras Cotolí. Gran Premio.

Escribir a contrapelo por amor al mundo

Solo bebiendo de tu propio pozo cultural, familiar, generacional e histórico es posible escribir con autenticidad: “Lo que cuenta es lo que yo saque de todo ello. Y lo que quiero sacar es un cierto pensamiento humano, clarividente, limitado en el tiempo […]. Todo el mundo puede tener ideas. Pero meterlas en una obra, mantener esa continua maestría del creador es lo que hace al escritor”. Albert Camus. Solamente rompiendo esquemas, explorando en lo más íntimo de la intimidad del alma, la belleza nos hace libres, a costa de ser marginales, pero dando sentido a nuestra vida y a nuestra obra, en el claroscuro de la soledad y la comunión.

La contemplación de la belleza como consumación de la libertad

La libertad es el corazón de la filosofía trascendental: en el obrar moralmente es su realización; en la contemplación de lo bello radica su cumplimiento. “La contemplación de lo bello −denominado “juicio del gusto” por Immanuel Kant− hace experimentar un placer, estado vibrante del alma. Conforme este se prolonga, se va profundizando e intensificando.

El juicio del gusto en comparación con el juicio lógico es siempre de carácter individual y no universal. Su predicado no es ningún concepto, sino el sentimiento del placer o desplacer. No cabe fundarlo en nada, hay que ensayarlo como cosa propia. Cuando se pretende demostrar que tal poesía es bella, “me tapo los oídos”.

A riesgo de parecer soberbio, voy a romper esquemas convencionales sobre el pensamiento poético en el Perú, César Vallejo y Manuel Piqueras Cotolí son dos momentos lúcidos de la historia de la patria del siglo XX (hay que entrar en la traducibilidad de los lenguajes de la literatura y de las artes plásticas; eshistoria y filosofía del arte). Creo que Gustavo Gutiérrez es un lapso inteligente, perspicaz del Perú más contemporáneo. Cada uno a su modo. Tierra de nuestros dolores y alegrías, algún día lo escribiré a horcajadas, lo que me interesa es el estallido poético.

Tanto Mario Vargas Llosa como José María Arguedas −dos panoramas distintos de una misma América− tienen fragmentos narrativos notables, nunca he visto en estos dos grandes narradores visiones totales. La creación literaria es experiencia e imaginación, el Perú es un país fragmentado, así como es una pregunta inútil pensar en una visión total del país desde las ciencias sociales, es imposible pensar en una narrativa integral de la patria. Solo fragmentos, que hay que articular con temor y temblor. En este tema, la poesía ilumina el laberinto, como en el mito de Sísifo.

Es una hipótesis de la exploración tras la cual ando hace años inspirativamente −que hay que validar-, sabiendo además que es un hilo en el laberinto, discutible como todos los otros puntos de visión sobre el pensamiento poético.

San Juan de la Cruz y César Vallejo

“Noche oscura”, de San Juan de la Cruz, uno de los poemas más bellos de la literatura, nos conduce a una experiencia de contemplación del misterio del sufrimiento humano, de su naturaleza paradojal: “la noche oscura me guiaba más cierta que la luz del mediodía”.

“Voy a hablar de la esperanza”, remembranza y despertar, el excepcional poema en prosa de César Vallejo. Es sorprendente la trasposición poética de la realidad de este gran poeta universal, en que la esperanza se teje, con firmeza y delicadeza, desde el sufrimiento humano, limpio de calificativos, solo sustantivo.

Como César Vallejo, Juan de la Cruz nos revela el gran arte poético que la humanidad ha creado. El pensador poético, tal como nos lo manifestó Walter Benjamín, permite mirar lejos, como un Amadeus de la lengua de La Mancha. Juan de la Cruz y César Vallejo, entre unas Indias y Américas mejores, son el principio y el fin.

“Noche oscura” y “Voy a hablar de la esperanza” son un collage, tejidos poéticos, una amalgama que abre espacios maduros y originales en la poética hispanoamericana. Más allá de su publicación, los poemas tocan fibras íntimas del lector. Desde mi juventud, estos textos estuvieron en mi imagen mental fragmentados; la articulación se produjo por inspiración en un punto crítico de mi existencia madura, como interrumpido por la idea de Henri Bergson sobre “[el] instinto esclarecido por la inteligencia”.

De “otras Indias mejores” a “otras Américas mejores”

Asistimos en estos días a la exposición retrospectiva de la obra del artista español Manuel Piqueras Cotolí (1885-1937) en el Museo de Arte de Lima. En pocas semanas se entregará el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades al teólogo peruano Gustavo Gutiérrez Merino (1928). ¿Qué une a estas dos originales personalidades de nuestra creación cultural? Piqueras Cotolí y Gutiérrez Merino, cada uno en su propio lenguaje, en dos periodos críticos y penetrantes de la historia de las Américas, logran modular con fortaleza y delicadeza todas las sangres enfrentadas en estas tierras de tragedia y esperanza. Sus obras son un haz de luz, el laberinto de nuestra identidad: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Manuel Piqueras, escultor y arquitecto español, en su búsqueda de un lenguaje plástico −arquitectónico y escultórico− congregó universos complejos, diversos y polarizados −los horizontes tempranos, intermedios y tardíos del mundo andino, y las tradiciones del mundo hispánico−, trazó un camino único en la creación de una obra artística, de una visión estética y de un principio de humanidad andino y universal. El Pabellón del Perú, su obra cumbre, que ganó la medalla de oro para nuestra patria en la Feria Iberoamericana de Sevilla (1929-1930), es la plasmación de una síntesis mestiza genial, un collage andino e hispánico llevado hasta sus últimas consecuencias. Su exploración artística se inscribe en una gran corriente del pensamiento de sentido y del gran arte de los siglos XIX y XX en Europa y América, que se ha ido planteando como una ruptura con una visión europea −u occidental− encerrada en sí misma, y orientado hacia la diversidad cultural dentro del universo humano. Gustavo Gutiérrez -fraile, sacerdote y teólogo peruano-, a lo largo de su vida y su obra, va abriéndose paso no solo en la maduración de un gran pensamiento teológico, sino en la ascensión hacia un bello lenguaje poético cargado de fuerza y ternura. Sus obras maestras, Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente, una reflexión sobre el libro de Job (1986) y En busca de los pobres de Jesucristo, el pensamiento de Bartolomé de las Casas (1992) constituyen una contribución fundamental a la creación cultural, histórica y actual de una utopía andina y universal.

Gutiérrez va haciendo camino desde su hablar de Dios, desde el sufrimiento del inocente. En esa huella humilde hilvana una utopía que conduce desde “otras Indias mejores” en el siglo XVI hasta “otras Américas mejores” en el siglo XXI. Entre estas dos centurias se producirán dos cambios de época que han conmovido los cimientos de la humanidad hacia horizontes ilimitados. En nombre del Dios de Jesucristo, del valor de la vida y la libertad humana, y desde el punto de visión de los pobres, Gustavo Gutiérrez es, junto con su antecesor Bartolomé de Las Casas, la conciencia lúcida de la continuidad y discontinuidad de la destrucción y la restitución de los indígenas en el siglo XVI, y de la opresión y liberación de los pobres en el siglo XX.

Manuel Piqueras, Libro de Emmanuel, en proceso de publicación. Corrección: Carmen Ollé. Lima: 2016.

Fotografía: Pabellón del Perú en la Feria Iberoamericana de Sevilla-1929, por Manuel Piqueras Cotolí. Gran Premio.

Mestizaje: el tesoro perdido, por Manuel Piqueras

Placa conmemorativa del Inca Garcilaso de la Vega, 1935Manuel Piqueras Cotolí y el Inca Garcilaso de la Vega: síntesis mestiza.

La fusión hispana, andina y universal del Inca Garcilaso de la Vega y de Manuel Piqueras Cotolí tuvo en el siglo XVI y en el siglo XX una influencia decisiva de Al Andalucí. En ese crisol ambos forjaron su mestizaje, cada uno en su tiempo -cuatrocientos años de diferencia y cada uno con su originalísimo genio. Córdova fue el centro cultural de esas fusiones.

El trasfondo histórico y su eco en el siglo XVI y el siglo XX: tolerancia y mestizaje.

Como observó María Rosa Menocal en su libro La joya del mundo, ya en el siglo X, en la España gobernada por los musulmanes, Córdoba llegó a ser un rival tan serio como Bagdad, incluso más, para alcanzar el título del lugar más civilizado del mundo. La tolerancia entre musulmanes, judíos y cristianos se manifestó  en este tiempo de gran creación artística en Córdoba, como el gran centro multicultural.

Esta porción de la historia del arte en Al Andalucí constituyó estímulo de intuiciones muy bellas y hondas, cuya resonancia se oirá con fuerza, pero también con delicadeza, en el siglo XVI y en el XX. No podemos dejar de pensar e imaginar que este eco, como un haz de luz, marcó las obras del Inca Garcilaso de la Vega y de Manuel Piqueras Cotolí, en épocas muy distintas, en sus creaciones maduras y originales tan diferentes.

El Pabellón del Perú en la Feria Iberoamericana de Sevilla en 1929:  obra maestra del mestizaje.

Cuando Manuel Piqueras Cotolí llegó al Perú en 1919 como profesor de escultura en la recién fundada Escuela de Bellas Artes, exploró su proyecto estético y su creación artística: síntesis originalísima del mestizaje. El giro genial, el Pabellón del Perú en la Feria Iberoamericana de Sevilla 1929, recibió el Gran Premio del Jurado Superior por el Pabellón y por el conjunto escultórico, La Patria, su obra maestra, como él la describe notablemente aunque con modestia en sus breves escritos de madurez y da cuenta de su monumental legado arquitectónico, escultórico y urbanístico. Piqueras Cotolí dibujaba magistralmente antes de realizar sus proyectos.

Manuel Piqueras, Libro de Emmanuel, en proceso de publicación. Corrección Carmen Ollé. Lima: 2016.

Fotografía: Placa conmemorativa del Inca Garcilaso de la Vega  (1935). Escultor, Manuel Piqueras Cotolí.

 

Soy un mestizo, por Manuel Piqueras

Conjunto escultorico La Patria, Manuel Piqueras CotolíPensamiento poético
El punto de visión de Libro de Emmanuel es la contemplación de lo bello como consumación de la libertad. Significa que el juicio del gusto es opuesto al juicio lógico, que la lógica del corazón es contraria a la lógica calculadora, la contemplación de lo bello es siempre personal y no universal. Desde René Descartes, Blas Pascal e Immanuel Kant en los siglos XVII y XVIII hasta Martin Heidegger, Walter Benjamin y Hannah Arendt en el siglo XX, cuando se pretende demostrar por el juicio lógico que una obra del gran arte es bella, “soy ciego y sordo”. No existe en la lógica racional calculadora posibilidad alguna de demostrar nada sobre la obra de arte que surge de la lógica del corazón, es interior y es invisible, gratuita e inútil.
Recojo en estas páginas intuiciones que se hallan en un recorrido de más de dos décadas en mis libros: Lectura del siglo XX: tiempo de tragedia y esperanza (1999), La edad de la utopía (2001), Solidaridad frente a homicidio: ensayos sobre la no violencia militante en el siglo veintiuno (2003), Las paradojas de la soledad (2012), y en mis artículos: “En busca de la tierra de padre” (2004) y “Hablar de Dios desde las Indias y las Américas” (2008). Así también, el pensamiento y la acción antecedente y precedente, que se transparentan en mis textos, contra la violencia extrema como siniestra producción cultural humana.
Las guerras internacionales y civiles, los campos de concentración y exterminio de inocentes dejaron orfandad en mis ancestros e hirieron desde el alma a mi propia familia. Este horror de la violencia puede regresar en una nueva y aún desconocida edad.
La contemplación de lo bello como condición sine qua non de la libertad existencial por la paz auténtica se manifiesta en la historia y filosofía del arte, como una exploración en lo más hondo y bello de la tragedia de la condición humana que no se desliga de la esperanza. Constituye el significado y el significante de estas páginas. Soy un peregrino en busca del significado de los insignificantes.
Ancestros hispanos, andinos y universales
En tiempo de crisis, a horcajadas entre la historia personal y la circunstancia histórica, mis fuentes culturales familiares (excepcionales) −paternas y maternas− (Piqueras Luna), generacionales (La generación de 1968) e históricas (el advenimiento de una y aún desconocida edad en el cambio de milenio, la Iglesia y la sociedad contemporánea que se debaten entre la felicidad y la redención, y su contrario, etcétera) se vuelcan en la remembranza, el despertar y la vigilia, intrínsecos a mi vida y obra, nutrida de la memoria viva.
Bebiendo del pozo de los ancestros y descendientes en la Tierra del llanto, de la que surge la risa y en la que el cielo se abre, encuentro en vivos y muertos una voz que clama desde las paradojas de la soledad, una pasión intelectual y vital donde la cultura como producción humana adquiere una altura que es su principio y fundamento. Estamos ante una autoficción personal, familiar, generacional e histórica.
Paradigmas culturales: la trascendencia de sus obras
¿Qué es cultura en su sentido integral? El gran arte arquitectónico y escultórico del Pabellón del Perú en Sevilla, obra genial de Manuel Piqueras Cotolí, mi abuelo paterno. El artificio científico técnico del reservorio que surgió de la irrigación del Hornito en el Valle de Jequetepeque, obra del talento de Roberto Luna Vargas, mi bisabuelo materno. La gastronomía en la ciudad de Nueva York que se extiende a todo el mundo hispano en USA, obra del chef y artista, Emmanuel Piqueras Villarán, mi hijo, quien se desgajó de esta tierra y se vio arrastrado a una región extraña. Pensadores y científicos, narradores y poetas entre nuestros sucesores y vínculos familiares. En busca de la tierra del padre y de la tierra del hijo, hispana y andina, provinciana y universal, rescato desde el pensamiento poético un tesoro de sabiduría. Libro de Emmanuel, tensión existencial entre Lima y Pakatnamu, entre el Perú y el mundo, se revela en su espíritu más íntimo.
Manuel Piqueras, Libro de Emmanuel, en proceso de publicación. Corrección Carmen Ollé. Lima: 2016

Mi voto, por Jorge Secada

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Pensamiento y acción que comparto con Jorge Secada, peruano, doctor en Filosofía, profesor de la Universidad de Virginia, USA.

“No necesito repetir las razones por las que considero que quien sea heredero político de Alberto Fujimori no debe ser nunca presidente del Perú.

Keiko Fujimori tiene el lugar que tiene porque es su hija y porque es y ha sido su representante política. Si realmente asumiera los crímenes de su padre, pediría perdón y se alejaría de la luz pública. Por ella o por quien de alguna manera represente a su padre, no votaré jamás.

Tampoco puedo votar por quien ve la presidencia del Perú como un asunto de gestión empresarial, por quien cree que el desarrollo de mi patria es cuestión de crear un gran mercado capitalista, libre y equitativo pero mercado al fin. No votaré por quien en algún momento prefirió ignorar los crímenes de Fujimori antes que darle una oportunidad, riesgosa pero en su momento real, a nuestra historia, y ahora ofrece sacha kambio para continuar administrando un Estado excluyente.

Por todo eso no votaré por Kuczynski. No tengo razones para pensar que no es un hombre honesto con buenas intenciones. Pero para ser mi presidente no basta con tener experiencia en gestión pública. Y para mi país quiero mucho más que lo que ofrecen sus buenas intenciones.

Cuando veo las propuestas de PPK sobre educación, veo énfasis en inversión y tecnología, pero veo también falta de imaginación y coraje. Coraje para enfrentar el legado de Alberto Fujimori, un legado mercantilista de horror y espanto, un cáncer que está destruyendo todas nuestras universidades. Y falta de imaginación para reconocer que lo mucho que hemos mejorado en los colegios no basta para tener una educación que combine excelencia con verdadera inclusión.

Mi voto será para quien le hable a las múltiples sangres del Perú, para quien quiera refundar nuestro Estado y crear una patria grande en donde todos los peruanos tengan voz e igualdad de oportunidades y de derechos efectivos. Y eso me deja con dos candidatos: Verónika Mendoza o Alfredo Barnechea.

Lamentablemente, no tengo confianza en la capacidad del Frente Amplio para llevar a cabo la transformación que necesitamos. Y eso por razones que van desde lo más filosófico hasta lo más concreto y práctico.

No se me ocurre descalificar a nadie por sus creencias de juventud. El problema para mí con muchos amigos del Frente Amplio no es lo que pensaron, sino lo que piensan.

El marxismo fue una perversión del socialismo. Lo fue en la teoría y en la práctica. Y lo fue consistentemente y desde sus orígenes. El quehacer humano no es obra ni objeto de ciencia alguna. ¿Con qué derecho me puedo ungir en vanguardia iluminada, en pensamiento guía, en consciencia de mis hermanos? Ya se lo dijo hace casi un siglo el príncipe Kropótkin a Lenin: quien no valora a cada persona, quien instrumentaliza a un solo ser humano, no puede designarse socialista sin corromper el término. Solamente la denuncia sin peros ni matices del marxismo, de esa larga y oscura noche, puede ser origen del renacimiento del pensamiento político socialista, el pensamiento que abonaron Tomás de Aquino y Las Casas, Proudhon y Tolstoi.

Al poder que corrompe no se le combate con más poder que corrompe. El control de precios, los atisbos de control, aunque sea mínimo, de la absoluta libertad de expresión, la denuncia desinformada y sin inteligencia de la minería, nada de eso es deseable ni en principio ni en sus efectos. Proponer el uso del aparato de un Estado excluyente, inefectivo y corrupto como vehículo del cambio es muestra de la orfandad de ideas que aqueja al Frente Amplio.

Dudo además de su capacidad de convocatoria, sin la que no podría gobernar. Los procesos históricos son de muy largo plazo: después de la revoluciones siempre vienen las restauraciones. Los cambios que quiero para mi país nacerán de su pueblo, en libertad, y no impuestos”, desde arriba.

Mendoza ya dio muestras de incapacidad para gobernarnos al comprarse un pleito gratuito con la iglesia católica. Nuevamente recurro a lo que tengo más cerca. ¿Conoce Mendoza lo que hace la iglesia en educación en el Perú? ¿Conoce los colegios de Fe y Alegría, colegios que demuestran que puede haber excelencia sin el incentivo del mercado? ¿Piensa cerrarlos o pasarlos a gestión directa del Estado?

Proponer el Perú como doctrina no es un eslogan vacío. Votaré por alguien a quien conozco desde siempre y que desde siempre sueña con un Perú diferente, inclusivo y justo. Como yo mismo y todos mis amigos, Alfredo Barnechea tiene defectos personales. Pero entre ellos no están la corrupción, ni su falta de compromiso con los pueblos del Perú. Ha dicho y repetido que saldrá de palacio más pobre que cuando entre. Y buscará construir un país de oportunidad, bienestar y justicia para todos los peruanos, una patria grande que honre su historia y su riqueza humana.

Tiene además la capacidad y la modestia para convocar a todos los que honestamente quieran colaborar con su gobierno. Ya ha enfatizado que trabajará con congresistas y técnicos comprometidos con el Perú de todos los partidos y bancadas.

Finalmente, he aceptado ser parte de su equipo consultor en educación porque creo que con Barnechea sí podremos dar el salto hacia la inclusión con excelencia que nos merecemos.”.

Fotografía: Hannah Arendt, por amor al mundo, gran filósofa política (1906-1975).

Amor y pasión/Piel con piel, por Manuel Piqueras

Gustave Klimt,Los amantes del circo, dibujoNo hay remedio niña antigua entre el otoño y el invierno te eternizaste en mi columna vertebral, en mi médula, en mi sueño espinal, el rictus de un rostro de dolor amor apasionado, niña antigua, solo queda morir para vivir mañana en el clímax de una noche de placer, morir uno dentro del otro, en la esperanza.

Manuel Piqueras, Libro de Emmanuel, en proceso de publicación. Corrección Carmen Ollé. Lima: 2016

Arte y utopía: opresión y liberación

Ilustración de la Divina Comedia, de Dante Alighieri.

Ilustración de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, por Salvador Dalí.

A San Romero de América, testigo de la vida, la muerte y la resurrección de los Cristos azotados de la Patria grande de nuestros dolores y alegrías.

1.   El Rostro del Ángel 

El mar es

el Lucifer del azul.

El cielo caído…

por querer ser la luz.

Federico García Lorca, Mar.

La imaginación simbólica revela la lucha sin fin en la Tierra y en el universo, entre ángeles y demonios, entre la opresión y la liberación, entre el infierno y el paraíso del amor. Paradoja de la aventura de la existencia, que irrumpe en el mundo interno y externo a la vez, de toda la especie humana.

Lucifer

La tormenta del ángel Lucifer, el lado de la oscuridad, representado por la civilización del dinero: pobreza y violencia amalgamadas. La pregunta sobre cuál de estas identidades satánicas, únicas y excluyentes, es más peligrosa y letal no tiene respuesta, porque todas ellas están inexorablemente relacionadas entre sí, como causa y efecto, en el infierno terrenal.

La visión de Lucifer, de Salvador Dalí con sus acuarelas y litografías que ilustran la  Comedia de Dante Alighieri es magnífica en la belleza de su fealdad extrema, es el infierno moderno y posmoderno de la civilización del dinero cuyas víctimas en masa se insinúan en la creación del poeta Luis Buñuel, en sus películas Los olvidados  y El ángel exterminador.

Gabriel

La suave brisa del ángel Gabriel, el lado de la luz, el Dios humilde, en un sentido poético: “el gran arte poético que la humanidad ha creado, la mayor lucidez de la que es capaz la especie humana en la Tierra y el universo”[i]. Una gran espiritualidad y un gran realismo político han interrumpido la historia como un haz de luz, un conjunto de iluminaciones plurales, nunca únicas y excluyentes, en confrontación con la civilización del dinero, la pobreza y la violencia: el triángulo de la muerte, donde la humanidad naufraga.

 2,   Arte y utopía 

La historia del arte es una dimensión esencial de un hondo y bello insight de la condición humana. Podemos indagar en tres grandes creadores del arte moderno: Salvador Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca, y vincularlos con una reflexión que se mueve en torno a un triángulo, dentro del triángulo hay dos bandos.

El triángulo del arte abstracto que contiene las dos facciones del Bhagavad Gita, el libro sagrado más antiguo del hinduismo, el príncipe Arjuna combatiendo al bando del mal, y los dos bandos en los Ejercicios Espirituales, de Ignacio de Loyola, donde hay un combate entre el bien y el mal. Metáforas maravillosas de la espiritualidad surgidas de la literatura universal.

Salvado Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca exploran a Lucifer y a Gabriel en la Comedia, con una belleza sin igual, cada uno con su propia fuerza y delicadeza creadora, los dos bandos dentro del triángulo. Me interrogo si una pregunta sin respuesta, la hegemonía y dominación del dinero, la pobreza y la violencia en el mundo son realidades triangulares enlazadas una con la otra, no hay causa, no hay efecto, porque las tres son causa y efecto una de la otra. Esta tensión de la condición humana contemporánea nos coloca en dos filas, la de la opresión y la de la liberación.

Es un relato trágico. No sé adónde llegaré, no importa, pero tengo una pasión intelectual y vital que me empuja hacia adelante, inspirativamente, sin intención o como diría Walter Benjamin, gran pensador poético, solo acompañado por la “muerte de la intención” de una obra acabada.

[i] Manuel Piqueras, Las paradojas de la soledad, 2012.

Corrección: Carmen Ollé.

El invisible, por Elias Canetti

El bello, hondo y genial escrito de Elías Canetti, El invisible, Premio Nobel de Literatura 1981, nos conduce al misterio, a lo impenetrable: “ Sí, me sentía orgulloso de aquel bulto porque estaba vivo. Nunca sabré qué pensaba al respirar allí abajo en medio de tanta gente. El sentido de su llamada seguía siendo para mi tan oscuro como toda su existencia. Pero vivía y cada día estaba allí a su hora. Jamás lo vi recoger las monedas que le echaban, y eran pocas, nunca más de dos o tres. Quizás no tenía brazos para cogerlas. Quizás no tenía lengua para formar la «l» de «Alá» y el nombre de Dios lo reducía para él a esa «ae – ae-ae-ae-ae-ae-ae- ae». Pero vivía, y con un celo y una obstinación sin igual repetía su único sonido y lo repetía durante horas y horas, hasta que, en aquella inmensa plaza, acababa siendo el único sonido, el sonido que sobrevivía a todos los demás.”.

Leyendo esta magnífica prosa poética durante años, gracias al gran traductor del alemán al español de Elías Canetti, Juan José del Solar, no puedo dejar de evocar a otro gran pensador poético, Walter Benjamin, en su intuición de la interrupción mesiánica de la historia, que irrumpe sorpresivamente en un instante, como una brisa suave, como el invisible de Elias Canetti.

“Al atardecer me dirigía a la plaza mayor del centro de la ciudad, no en busca de su pintoresca animación, que ya resultaba familiar, sino de un pequeño fardo marrón que yacía en el suelo y ni siquiera constaba de una voz, sino a un único sonido. Un sonido vocálico a medio camino en la a y la e, un sonido profundo, prolongado y susurrante «ae – ae – ae – ae – ae – ae – ae – ae». No aumentaba ni disminuía de volumen, pero no cesaba y siempre era perceptible detrás de los miles y miles de gritos y clamores de la gran plaza de Xemaá El Fnáa; era el más invariable de sus sonidos, el que permanecía siempre idéntico al anochecer y de una tarde a otra.

Yo prestaba oído desde lejos, impulsado hacia él por un desasosiego que no consigo explicarme. Hubiera ido a la plaza de todos modos ¡tantas eran las cosas que en ella me atraían!, y jamás puse en duda que volvería a encontrarlo, con todo cuanto le pertenecía. Tan solo aquella voz, reducida a un único sonido, me hacía sentir algo parecido a la angustia. Se hallaba en los límites de lo vivo. La vida que la producía no constaba más que de aquel sonido vocálico. Yo prestaba oído con una mezcla de avidez y de temor y llegaba siempre a un punto, exactamente el mismo, en mi camino, en el que de pronto lo percibía , como el zumbido de un insecto: «ae-ae-ae-ae-ae-ae-ae- ae».

Sentía que una calma indefinible iba invadiendo mi cuerpo, y s hasta entonces mis pasos habían sido vacilante e inseguros, de pronto echaba a andar con decisión hacia el sonido. Sabía de dónde provenía. Conocía el pequeño bulto marrón en el suelo, un bulto del que no había visto más que un burdo trozo de tela marrón. Jamás había visto la boca de la cual salía aquel «ae – ae – ae – ae – ae – ae – ae – ae», ni el ojo, ni la mejilla, ni parte alguna del rostro. No hubiera podido decir si ese rostro de un ciego o de alguien que veía. La tela marrón y sucia le caía como una capucha y lo ocultaba todo. La criatura —pues alguna tenía que ser— estaba acuclillada en el suelo y con la espalda curvada bajo la tela; era poco lo que había de la criatura misma, parecía ser liviana y débil, y eso era todo lo que podía suponerse. No sabría decir cuánto medía, pues nunca la había visto de pie. El fardo que yacía en el suelo era tan bajo que uno habría podido tropezar con el sin darse cuenta, si el sonido hubiera cesado un momento. Nunca lo vi llegar ni irse. No sé si alguien lo traía y lo dejaba allí, o si andaba con sus propias piernas.

El lugar que había escogido no estaba en protegido en absoluto. Era la zona más abierta de la plaza y un incesante ir y venir de gente rodeaba por todas partes al pequeño bulto marrón. En tardes animadas desaparecía entre las piernas del gentío, y aunque yo sabía dónde estaba exactamente, y siempre oía la voz, me era fácil encontrarlo. Pero luego la gente se dispersaba y el fardo permanecía en su sitio, cuando en torno a él la plaza estaba totalmente vacía. Ahí yacía en la oscuridad como una prenda de vestir vieja y muy sucia, de la que alguien quería desprenderse y dejaba caer a escondidas para que nadie reparase en ella. La gente ya se había retirado y el fardo seguía allí. Yo nunca esperaba a que se levantase o alguien lo recogiera. Me escabullía directamente en la oscuridad con una agobiante sensación de impotencia y orgullo.

La impotencia era un asunto mío: sentía que jamás haría nada para esclarecer el fondo del enigma del fardo. Su apariencia mi inspiraba un temor respetuoso; y como podía darle otra, lo dejaba yacer sobre el suelo. Cuando me acercaba, me cuidaba mucho de de no tropezar con él, como si pudiese herirlo y ponerlo en peligro. Cada tarde estaba allí y cada tarde el corazón apenas me daba un vuelco en cuanto percibía el sonido, y otro vuelco apenas lo divisaba. Su camino de ida y vuelta era para mí más sagrado que el mío propio. Jamás lo seguí y no sé dónde desaparecía el resto de la noche y del día siguiente. Varias veces tuve la tentación de tocar muy suavemente la capucha marrón con mi dedo — la criatura tendría que sentirlo—, y poseyera un segundo sonido con el que hubiera replicado. Pero esta aspiración se desvanecía siempre entre mi impotencia.

Ya he dicho que, mientras me alejaba discretamente, me embargaba otro sentimiento: el orgullo. Sí, me sentía orgulloso de aquel bulto porque estaba vivo. Nunca sabré qué pensaba al respirar allí abajo en medio de tanta gente. El sentido de su llamada seguía siendo para mí tan oscura como toda su existencia. Pero vivía y cada día estaba allí a su hora. Jamás lo vi recoger las monedas que le echaban, y eran pocas, nunca más de dos o tres. Quizás no tenía brazos para cogerlas. Quizás no tenía lengua para formar la «l» de «Alá» y el nombre de Dios lo reducía para él a esa «ae – ae-ae-ae-ae-ae-ae- ae». Pero vivía, y con un celo y una obstinación sin igual repetía su único sonido y lo repetía durante horas y horas, hasta que, en aquella inmensa plaza, acababa siendo el único sonido, el sonido que sobrevivía a todos los demás. “.

Elias Canetti, El invisible, en Las voces de Marrakesch. Apuntes después de un viaje, Galaxia Gutemberg, Edición dirigida por Juan José del Solar, Obras Completas III. Barcelona: 2003.

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Los jóvenes movilizados en las calles logran la derogatoria de la Ley Pulpín

El poder de los jóvenes movilizados por el derecho a su dignidad, por el derecho a una formación de calidad para el trabajo  y el por el derecho a un ingreso decente para un futuro donde puedan sustentarse con sus familias, se impuso en las calles. Un gobierno débil  tuvo que retroceder, convocar a una legislatura extraordinaria de Congreso de la República y derogar la Ley Pulpín, porque la norma excluía de beneficios profesionales a los ciudadanos de 18 a 24 años. Jacqueline  Fowks, desde el País Internacional de España, informa de este acontecimiento significativo y esperanzador.      

 

“Miles de jóvenes peruanos han tomado el centro de Lima desde las ocho de la mañana de este lunes mientras 10.000 policías se desplegaban en cuatro anillos de seguridad en torno al Congreso. A mitad de la tarde, los manifestantes han conseguido su objetivo: el congreso de Perú ha derogado la polémica Ley Laboral Juvenil tras más de cinco horas de debate y después de haber sido convocado a una legislatura extraordinaria por el presidente Ollanta Humala. La norma ha generado cinco marchas, la primera el pasado 18 de diciembre, por considerar que excluye de varios beneficios laborales a los jóvenes de 18 a 24 años.

La ley, aprobada el 16 de diciembre, ofrecía un salario mínimo y seguridad social para los jóvenes, pero reducía las vacaciones de 30 a 15 días, y no consideraba el pago de gratificaciones, ni la compensación por tiempo de servicios. La norma ha sido bautizada por los jóvenes como Ley Pulpín. El nombre ha sido tomado de una bebida con sabor a fruta en envase para niños. Pulpín se ha convertido en sinónimo de aniñado o tonto, aunque algunos políticos han utilizado el término para referirse a los jóvenes.

“Ha sido una victoria moral contra este Gobierno”, ha manifestado a la prensa local Jorge Rodríguez, miembro del Foro Juvenil de Izquierda, uno de los colectivos organizadores de las movilizaciones.

Luego de la segunda movilización del 22 de diciembre, varios congresistas que habían votado a favor de la norma han reconocido que no estuvieron bien informados y han criticado el nuevo régimen laboral destinado a jóvenes con educación secundaria, técnica y universitaria completa o incompleta. Desde el segundo recorrido, los manifestantes colapsaron la capital por cerca de tres horas en varios distritos, e incluso llegaron, por primera vez en una protesta de este tipo, a la Confiep, la sede del principal gremio empresarial.

Ha sido una victoria moral contra este Gobierno

Jorge Rodríguez, miembro del Foro Juvenil

Además de las marchas, varios congresistas firmaron una petición para que la norma se volviese a discutir. Estos acontecimientos orillaron a la presidenta del Congreso, Ana María Solórzano, a convocar a una sesión de la Comisión Permanente para el 28 de enero. Allí discutirían seis proyectos de ley para su suspensión, modificación o anulación. Sin embargo, un par de días después, cuando los medios reportaron que en la Comisión Permanente había votos suficientes para la derogatoria, el presidente convocó a una legislatura extraordinaria para que los representantes debatieran la ley este lunes 26 de enero. Después de más de cinco horas de debate, 91 congresistas votaron a favor de la derogatoria, 18 en contra y cinco se abstuvieron.

“Los jóvenes hemos despertado. Hemos logrado esto con el apoyo de nuestros padres, abuelos y de los sindicatos. Queremos un país con dignidad”, ha añadido Rodríguez, a unos 400 metros del Congreso, donde los jóvenes esperaban pacíficamente los resultados de la votación.

Las cinco marchas contra la Ley Laboral Juvenil han significado un aprendizaje de movilización ciudadana y el surgimiento de colectivos jóvenes que antes de la norma no existían. Los manifestantes procedentes de más de 30 distritos de Lima se dividieron en 12 zonas con responsables del orden y las comunicaciones, e incluso en la quinta marcha de este lunes había delegados de primeros auxilios. También participaron sindicatos de trabajadores del Estado y de empresas privadas, y estudiantes de por lo menos diez universidades particulares y públicas e institutos técnicos de Lima, a pesar del receso de verano que empezó en diciembre.”.

 http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/27/actualidad/1422314229_791533.html

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