Archivo del Autor: Héctor Javier Sánchez Guevara

Viajero en la noche (capítulo nueve)

[Visto: 151 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo tiemble un poco al ver el arma en sus manos. Trata de decirle algo a Aníbal, pero él ya se adelantó y entró en la cabaña. Los minutos pasan sin que su jefe le haga algún tipo de señal o ruido desde adentro. Memo sigue al costado del auto dando algunos pasos de nerviosismo, desde y hacia el auto, ya que no quiere estar allí.

Finalmente, luego de media hora, Aníbal sale con tranquilidad de la cabaña. En sus manos, lleva un libro forrado que carga cuidadosamente. “Es hora de irnos”, dice el jefe, suben al auto y se retiran del lugar. Memo se queda pensando qué puede ser aquel libro. “Debe ser un libro muy importante”, dice a su jefe esperando su respuesta.

Aníbal no le responde y el tedioso silencio se impone hasta que llegan al hotel. Una vez que están por entrar en la habitación, su jefe pone una mano sobre su hombro. “Alista tu maleta lo más pronto posible, nos vemos en el estacionamiento en una hora”, fue su escueta orden. Memo, sorprendido por el cambio de planes, se quedó unos segundos sentado en la cama antes de reaccionar.

(continuará)

 

Viajero en la noche (capítulo ocho)

[Visto: 156 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo estaba fascinado. Para ser su primer viaje al exterior, realmente lo está disfrutando. Sobre todo los paseos fuera del hotel le dan una hermosa vista de los atardeceres, esos paseos que realiza a solas. Y es que su jefe prefiere pasar durmiendo en su habitación o estar llamando a sus contactos para finiquitar sus negocios.

Para ser sinceros, Memo no entiende bien qué hace allí en París más de diez días. Sin embargo, eso cambió en la noche de ese décimo día. “Alístate que vamos a salir de la ciudad”, fue lo que le dice Aníbal escueto. Sorprendido por lo rápido del pedido, Memo tardó un poco de tiempo en vestir una camiseta y una chaqueta.

Luego de cinco minutos, salieron del hotel y un auto los espera. Aníbal le habla en francés al conductor y éste asiente sin chistar. Media hora después, avanzan por la carretera en medio de un campo desolado. En ese momento, el auto gira a la derecha y avanza por el campo hasta divisar una pequeña luz.

Aníbal le pide al conductor que se detenga. Ellos bajan y se dirigen hacia donde proviene la luz. Memo se da cuenta que hay una cabaña iluminada. Antes de llegar, su jefe le entrega una franela que envuelve algo. “Por si es necesario”, dice el viejo hombre. El joven mira dentro de la franela: una pistola aparece reluciente.

 

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo siete)

[Visto: 171 veces]

(viene del capítulo anterior)

Una semana después, Memo se siente mejor adaptado a la oficina. Quizá lo raro es la frialdad con la que lo tratan los otros integrantes de la empresa. Pero entiende que no hay por qué preocuparse tanto. “La primera semana es así, de desconfianza”, se dice a sí mismo intentando encontrarle el sentido.

Estaba ordenando algunos recortes de destinos turísticos a donde lo enviarán prontamente, cuando recibe una llamada de Gerardo. Se apresta a saludarlo y decirle que ya se deben un par de tragos. “Cómo me gustaría amigo, pero estoy medio enfermo. Igual te anoto la palabra”, dijo Gerardo con voz débil.

Memo le preguntó si era algo grave pero su amigo señaló que sólo se trataba de un resfriado. Le pidió que se cuidara y quedaron para otro día. En ese momento, Aníbal salió de su oficina y le pasó la voz. Una vez frente a su jefe, Memo le preguntó qué encargo le pediría. “Vamos a viajar mañana. Hay un trato que cerrar en Europa”, dijo Aníbal con una sonrisa convincente.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo seis)

[Visto: 161 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo avanzó con Gerardo hacia el hombre y se sorprendió por la excesiva reverencia con la que su amigo saluda al jefe de la empresa. El señor se levantó de su asiento y se acercó a Memo. “Mi estimado amigo, me llamo Aníbal y me gustaría preguntarte algo”, se identificó y entró en confianza con el recién llegado.

Aníbal le preguntó si quería trabajar para él. “Sí”, fue la respuesta convencida que dio Memo sin dudar, animado por todo lo que su amigo le había contado previamente. Gerardo, por su parte, suspiró aliviado. “Bien dicho, estás dentro”, y dirigiéndose a Gerardo, le pidió que le indicara cuál sería el plan para la próxima semana.

Los amigos se despidieron de Aníbal y salieron rápido de la oficina, sobretodo Gerardo, que tenía una prisa increíble. Mientras le conducía a uno de los módulos, Memo le preguntó por qué la premura de todo esto. Gerardo se quedó callado unos instantes, la tensión le había ganado.

“Tengo que ordenar mis cosas. Mañana hago un último viaje para la compañía”, se excusó su amigo, regresando a explicarle otra vez las funciones que va a realizar.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo nueve)

[Visto: 170 veces]

(viene del capítulo anterior)

Aunque le gustó el beso, Alfredo se contuvo sobre el final. Sabe que Lorena podía salir en cualquier momento. “¿Te parece si la seguimos otro día?”, dijo el joven con una sonrisa algo chueca. Como quiera que ya había obtenido su objetivo, Nicole aceptó y bajó del auto.

Apenas tocó la puerta, unos pasos presurosos se escucharon del otro lado. Lorena salió apresurada ante lo que consideró una desobediencia. “Nicole, pasa de inmediato”, dijo la mujer con tono firme. Esto molestó a la joven pero no quiso decir nada y entró con su muda rabieta. Mientras Alfredo trató de disculparse, señalando que la demora fue culpa suya.

“Más allá si la demora fue tuya o no, ella sabía a qué hora debía volver”, sentenció Lorena ya molesta. Alfredo le tomó suavemente de puño que ella había formado en su mano. “Se lo pido señora, fue mi culpa y esto no volverá a ocurrir”, dijo él intentando contenerla.

Lorena se calmó un poco y fue entonces que Alfredo se separó para subir otra vez al auto. Mientras se iba, vio cómo Lorena se quedó mirando su salida hasta que estuvo lejos de la casa.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo ocho)

[Visto: 198 veces]

(viene del capítulo anterior)

Luego de comer y conversar con amenidad, Alfredo y Nicole salieron del restaurante y se fueron al auto rumbo hacia la casa de la joven. sin embargo, en el camino, ella dijo que quería pasear por la ruta de la playa. “Es un poco tarde, no sé si sea buena idea”, intentó sugerirle Alfredo, pero ella insistió en su capricho.

Alfredo decidió hacerle caso y se dirigió hacia allí. Aunque algo oscuras, las playas podían verse hermosas con el vaivén de las olas estrellándose contra la orilla. A Nicole le gusta el escenario que ve ante sus ojos, aunque cierto recelo se le nota cuando ya su acompañante le dice que tienen que regresar.

Tras media hora de un recorrido sin mayores emociones, Alfredo llega a la casa de Lorena. “Bueno, ya hemos llegado”, señala él como si hubiera cumplido una misión. Sin embargo, Nicole no parece dispuesta a bajar del auto. “¿Hay algo más que quieras contarme?”, señala el joven al ver sus ojos tristes. Nicole no duda un instante: se lanza sobre él y lo besa.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo cinco)

[Visto: 183 veces]

(viene del capítulo anterior)

A la semana siguiente, Memo se dirigió hacia la dirección que Gerardo le dejó el otro día. Su elegante terno hizo juego con el moderno edificio al que entró para su entrevista. El joven de recepción le dio un número de identificación y subió por el ascensor hasta el quinto piso.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, pudo ver que había muchos módulos pero pocas personas. “Será que aún es muy temprano, pensó en sus adentros y miró su reloj. Son las ocho y cinco minutos, así que tiene sentido. A los pocos segundos apareció Gerardo para saludarlo.

“Ven vamos, es por aquí”, dijo su amigo y lo dirigió hacia la derecha. ambos caminaron hasta la puerta doble de una oficina. Gerardo tocó la puerta con respeto. “Pasen”, se escuchó desde adentro y ambos ingresaron. Una mesa larga se extendía antes ellos y, al otro extremo, un señor de unos cincuenta años los observa con la debida atención.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo cuatro)

[Visto: 176 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo quedó intrigado por la respuesta, así que Gerardo le contó que su trabajo lo había llevado a conocer gran parte del mundo durante los últimos años. “Pero, como todo en la vida, este empleo tiene un límite para mí. Tras tantos años disfrutándolo, he decidido dejarlo”, señaló su amigo con sobriedad.

Memo está absorto. Si el trabajo es tan bueno, ¿por qué lo deja?, le preguntó por curiosidad. “Tan simple como que me cansé”, dijo Gerardo algo resignado para luego agregar, “pero no puedo renunciar aún porque necesito un reemplazo”. Los ojos de Memo parecían no salir de su asombro. ¿Será acaso qué…?

“Por eso te he buscado. Sí, estoy pensando en ti para el puesto”, afirmó Gerardo con una sonrisa bonachona. Aún sorprendido, Memo estuvo a punto de decir que sí de inmediato. “¿Será que lo puedo pensar un par de días antes de responderte?”, dijo Memo con cautela. “Claro, no hay problema. Me avisas”, dijo Gerardo sin dejar de sonreír.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo siete)

[Visto: 154 veces]

(viene del capítulo anterior)

“¿Por qué Nicole?”, preguntó Alfredo tratando de entender esa absurda situación. Nicole se pone incómoda por algunos segundos. “Quiero castigar a mi mamá por lo que ha hecho”, es la dura respuesta que deja intrigado a su cita. Alfredo sequeda pensado qué podría ser tan grave como para que ella esté en contra de su progenitora.

“Ella es muy egoísta, sólo piensa en su vida. No me quiere”, se quebró Nicole mientras sus ojos se llenan de lágrimas. Alfredo pidió un vaso con agua, el mismo que la joven aceptó y bebió con prontitud. Él espero que se calmara para poder hablar con mayor distensión. Una vez que la vio más tranquila, se propuso conversar con ella.

“Sé que no conozco en detalle lo que ha sucedido entre ustedes pero, quiero que sepas, seré tu apoyo para que superes este momento”, fue el discurso con el que Alfredo se ofreció amable para interceder entre ellas. Nicole se mostró algo reticente y decidió evitar el tema por ahora. “Puede ser. Por ahora déjame disfrutar de tu compañía”, señaló la joven y se dispusieron a cenar.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo seis)

[Visto: 157 veces]

(viene del capítulo anterior)

Alfredo se quedó pensando durante algunos días si era conveniente llamar a Nicole. Al final, se dijo que no tenía nada que perder y la llamó. El celular timbró dos veces antes que ella contestara. Alfredo se identificó y ella sonrió cuando oyó su nombre. “Pensé que habías perdido mi número”, fue su gracioso comentario.

“Hay que mantener algo de misterio”, respondió él también riéndose. Luego le preguntó si quería salir a cenar. Nicole aceptó y quedaron encontrarse en el parque cercano a su casa. Con la cita acordada, Alfredo se alistó y luego se despidió de su madre. “No vuelvas muy tarde”, le dijo Arminia en un alegre reproche. Alfredo asintió y fue al garaje para llevarse el auto.

Luego de un rato, el auto ingresó por el parque. Ella lo espera sentada en una de las bancas. Alfredo baja y saluda cortésmente a Nicole. Ambos suben al auto y se dirigen hacia una zona costera. La brisa marina entra por las ventanas mientras avanzan por el camino. Unos minutos después, llegan a un lujoso restaurante.

Sentados en una mesa pequeña mientras esperan que traigan su orden, Alfredo aprovecha para preguntarle por qué ella no quiso que la recogiera en su casa. Nicole hizo una mueca de disgusto, se quedó pensativa unos segundos. “Es por mi madre, piensa que salí con una amiga”, fue su breve respuesta.

(continuará)