Archivo del Autor: Héctor Javier Sánchez Guevara

La puerta que cruzas (capítulo nueve)

[Visto: 143 veces]

(viene del capítulo anterior)

Aunque le gustó el beso, Alfredo se contuvo sobre el final. Sabe que Lorena podía salir en cualquier momento. “¿Te parece si la seguimos otro día?”, dijo el joven con una sonrisa algo chueca. Como quiera que ya había obtenido su objetivo, Nicole aceptó y bajó del auto.

Apenas tocó la puerta, unos pasos presurosos se escucharon del otro lado. Lorena salió apresurada ante lo que consideró una desobediencia. “Nicole, pasa de inmediato”, dijo la mujer con tono firme. Esto molestó a la joven pero no quiso decir nada y entró con su muda rabieta. Mientras Alfredo trató de disculparse, señalando que la demora fue culpa suya.

“Más allá si la demora fue tuya o no, ella sabía a qué hora debía volver”, sentenció Lorena ya molesta. Alfredo le tomó suavemente de puño que ella había formado en su mano. “Se lo pido señora, fue mi culpa y esto no volverá a ocurrir”, dijo él intentando contenerla.

Lorena se calmó un poco y fue entonces que Alfredo se separó para subir otra vez al auto. Mientras se iba, vio cómo Lorena se quedó mirando su salida hasta que estuvo lejos de la casa.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo ocho)

[Visto: 155 veces]

(viene del capítulo anterior)

Luego de comer y conversar con amenidad, Alfredo y Nicole salieron del restaurante y se fueron al auto rumbo hacia la casa de la joven. sin embargo, en el camino, ella dijo que quería pasear por la ruta de la playa. “Es un poco tarde, no sé si sea buena idea”, intentó sugerirle Alfredo, pero ella insistió en su capricho.

Alfredo decidió hacerle caso y se dirigió hacia allí. Aunque algo oscuras, las playas podían verse hermosas con el vaivén de las olas estrellándose contra la orilla. A Nicole le gusta el escenario que ve ante sus ojos, aunque cierto recelo se le nota cuando ya su acompañante le dice que tienen que regresar.

Tras media hora de un recorrido sin mayores emociones, Alfredo llega a la casa de Lorena. “Bueno, ya hemos llegado”, señala él como si hubiera cumplido una misión. Sin embargo, Nicole no parece dispuesta a bajar del auto. “¿Hay algo más que quieras contarme?”, señala el joven al ver sus ojos tristes. Nicole no duda un instante: se lanza sobre él y lo besa.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo cinco)

[Visto: 148 veces]

(viene del capítulo anterior)

A la semana siguiente, Memo se dirigió hacia la dirección que Gerardo le dejó el otro día. Su elegante terno hizo juego con el moderno edificio al que entró para su entrevista. El joven de recepción le dio un número de identificación y subió por el ascensor hasta el quinto piso.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, pudo ver que había muchos módulos pero pocas personas. “Será que aún es muy temprano, pensó en sus adentros y miró su reloj. Son las ocho y cinco minutos, así que tiene sentido. A los pocos segundos apareció Gerardo para saludarlo.

“Ven vamos, es por aquí”, dijo su amigo y lo dirigió hacia la derecha. ambos caminaron hasta la puerta doble de una oficina. Gerardo tocó la puerta con respeto. “Pasen”, se escuchó desde adentro y ambos ingresaron. Una mesa larga se extendía antes ellos y, al otro extremo, un señor de unos cincuenta años los observa con la debida atención.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo cuatro)

[Visto: 141 veces]

(viene del capítulo anterior)

Memo quedó intrigado por la respuesta, así que Gerardo le contó que su trabajo lo había llevado a conocer gran parte del mundo durante los últimos años. “Pero, como todo en la vida, este empleo tiene un límite para mí. Tras tantos años disfrutándolo, he decidido dejarlo”, señaló su amigo con sobriedad.

Memo está absorto. Si el trabajo es tan bueno, ¿por qué lo deja?, le preguntó por curiosidad. “Tan simple como que me cansé”, dijo Gerardo algo resignado para luego agregar, “pero no puedo renunciar aún porque necesito un reemplazo”. Los ojos de Memo parecían no salir de su asombro. ¿Será acaso qué…?

“Por eso te he buscado. Sí, estoy pensando en ti para el puesto”, afirmó Gerardo con una sonrisa bonachona. Aún sorprendido, Memo estuvo a punto de decir que sí de inmediato. “¿Será que lo puedo pensar un par de días antes de responderte?”, dijo Memo con cautela. “Claro, no hay problema. Me avisas”, dijo Gerardo sin dejar de sonreír.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo siete)

[Visto: 127 veces]

(viene del capítulo anterior)

“¿Por qué Nicole?”, preguntó Alfredo tratando de entender esa absurda situación. Nicole se pone incómoda por algunos segundos. “Quiero castigar a mi mamá por lo que ha hecho”, es la dura respuesta que deja intrigado a su cita. Alfredo sequeda pensado qué podría ser tan grave como para que ella esté en contra de su progenitora.

“Ella es muy egoísta, sólo piensa en su vida. No me quiere”, se quebró Nicole mientras sus ojos se llenan de lágrimas. Alfredo pidió un vaso con agua, el mismo que la joven aceptó y bebió con prontitud. Él espero que se calmara para poder hablar con mayor distensión. Una vez que la vio más tranquila, se propuso conversar con ella.

“Sé que no conozco en detalle lo que ha sucedido entre ustedes pero, quiero que sepas, seré tu apoyo para que superes este momento”, fue el discurso con el que Alfredo se ofreció amable para interceder entre ellas. Nicole se mostró algo reticente y decidió evitar el tema por ahora. “Puede ser. Por ahora déjame disfrutar de tu compañía”, señaló la joven y se dispusieron a cenar.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo seis)

[Visto: 134 veces]

(viene del capítulo anterior)

Alfredo se quedó pensando durante algunos días si era conveniente llamar a Nicole. Al final, se dijo que no tenía nada que perder y la llamó. El celular timbró dos veces antes que ella contestara. Alfredo se identificó y ella sonrió cuando oyó su nombre. “Pensé que habías perdido mi número”, fue su gracioso comentario.

“Hay que mantener algo de misterio”, respondió él también riéndose. Luego le preguntó si quería salir a cenar. Nicole aceptó y quedaron encontrarse en el parque cercano a su casa. Con la cita acordada, Alfredo se alistó y luego se despidió de su madre. “No vuelvas muy tarde”, le dijo Arminia en un alegre reproche. Alfredo asintió y fue al garaje para llevarse el auto.

Luego de un rato, el auto ingresó por el parque. Ella lo espera sentada en una de las bancas. Alfredo baja y saluda cortésmente a Nicole. Ambos suben al auto y se dirigen hacia una zona costera. La brisa marina entra por las ventanas mientras avanzan por el camino. Unos minutos después, llegan a un lujoso restaurante.

Sentados en una mesa pequeña mientras esperan que traigan su orden, Alfredo aprovecha para preguntarle por qué ella no quiso que la recogiera en su casa. Nicole hizo una mueca de disgusto, se quedó pensativa unos segundos. “Es por mi madre, piensa que salí con una amiga”, fue su breve respuesta.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo tres)

[Visto: 152 veces]

(viene del capítulo anterior)

Había llegado un nuevo fin de semana. Memo sale por la puerta de la oficina de lo más despreocupado. Un amigo suyo lo ha invitado a la inauguración de un nuevo bar a unas cuadras de allí y camina darle el encuentro. Finalmente le da el alcance en una esquina.

Gerardo lo saluda con afecto. Es la primera vez que se ven luego de un par de años separados por los compromisos personales de cada uno. Bajan por un par de calles y entran en una espacio amplio. Varias mesas hay por escoger. A un costado, hay una barra donde un barman espera por los clientes.

“¿Qué se les ofrece señores?”, dijo un cortés mozo que se acercó a atenderlos. Ellos pidieron un par de chelas para empezar. “Por la amistad”, dijo Gerardo e hicieron un brindis con el primer sorbo de la bebida. Memo le preguntó a su amigo qué había hecho todo este tiempo que no se habían visto. “Estuve de viaje, un largo viaje”, señaló su amigo con aire de misterio.

(continuará)

Viajero en la noche (capítulo dos)

[Visto: 139 veces]

(viene del capítulo anterior)

“¿Te conozco?”, preguntó Memo algo atemorizado. “No lo creo, pero hay algo que puedo proponerte”, señaló el desconocido con aire de suficiencia. En parte por el alcohol, en parte por la sorpresa, Memo soltó una carcajada que cubrió el ambiente por unos segundos.

“No sé por qué te ríes si te estoy hablando en serio”, habló el hombre con no tanta amabilidad. Este cambio desconcertó a Memo, quien miro a los costados para ver si había alguien cerca. Vio que un sereno camina por allí y quiere avisarle. “Sereno, ayuda”, gritó el joven. Rápidamente, el sereno se acercó y vio como el desconocido se iba a correr por una estrecha calle.

Memo también corrió para encarar al sujeto. El desconocido fue más rápido y dobló la esquina antes. Para cuando los otros dos llegaron no vieron a nadie en la calle. “Es como si se hubiera desvanecido”, comentó Memo mientras veía al sereno y no entendía qué había sucedido.

Unas calles más abajo, el desconocido camino hacia una banca donde otro hombre vestido con terno lo espera. “Quién diría que un señor de la noche no debe ser sutil”, saludó al recién llegado. Lo miró medio enojado pero recuperó luego la compostura: “No se volverá a repetir. Esta vez será distinto”.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo cinco)

[Visto: 171 veces]

(viene del capítulo anterior)

El auto avanzó sin prisa por la avenida. Arminia y Alfredo no se hablaron durante largo rato. Alguien pensaría que es porque se quedaron tan satisfechos por el almuerzo que no había nada más por decir. “¿Qué piensas de Nicole?”, preguntó finalmente la señora rompiendo el incómodo silencio. “Mamá, ¿qué quieres que te diga?”, fue la respuesta retórica y ambigua que lanzó el joven intentando zafar del momento.

Como se quedara callado, Arminia siguió con su avance: “Se parece mucho a su mamá. ¿La llamarás?”. “No lo sé, madre, sólo le acepté el papel”, fue la breve contestación de Alfredo. Como quiera que vio algo molesto a su hijo, la señora no insistió durante el resto del trayecto. Llegaron a su casa y Alfredo guardó el auto en el garage del primer piso.

Para cuando subió al segundo nivel, se encontró a su madre descansando en un sofá de la sala. “No te molestes conmigo hijo. Tú sabes que soy una persona que, tal como comenta una cosa, comenta de otra”, señaló Arminia como disculpándose por lo ocurrido. Alfredo aceptó las disculpas y dijo que  Nicole le parece una chica interesante. “Entonces, deberías llamarla”, comentó Arminia con mirada de agrado.

(continuará)

La puerta que cruzas (capítulo cuatro)

[Visto: 129 veces]

(viene del capítulo anterior)

Alfredo se quedó asombrado al ver a Nicole. La adolescente de diecisiete años tiene un extraordinario parecido con su madre. Quizá un poco más alta, quizá un poco más hermosa. “Definitivamente es tu hija”, comentó Arminia riendo un tanto, haciendo que el ambiente se aligere. Lorena saludó a Nicole con una beso en su mejilla y le presentó a sus invitados.

La joven se dirigió de forma educada hacia la señora y su hijo. Arminia apreció la amabilidad de Nicole, mientras que Alfredo no dejó de mostrarse sorprendido. En seguida, ellos se sentaron mientras que Lorena fue a la cocina para traer los platos servidos. El almuerzo transcurrió de lo más tranquilo, matizado por las anécdotas de la señora.

Tras unas horas de entretenida sobremesa, los invitados decidieron que era hora de retirarse. Lorena les abrió la puerta y se despidió de ellos. Se excusó por Nicole, imaginando que había ido hacia el jardín interior. A poco de entrar en el auto, la joven apareció en la puerta de la casa. Se despidió de Arminia y, al llegar donde Alfredo, dejó un papel en su mano derecha. “Para que me llames pronto”, dijo ella con una sonrisa pícara.

(continuará)