Reviviendo (capítulo ocho)

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(viene del capítulo anterior)

Voy directamente hacia mi habitación. Arrojo el maletín sobre la cama, me quito los zapatos y me siento sobre el piso. No tengo ganas de hacer nada más. Sólo experimentar el silencio supremo que se apodera de este momento. Parezco estar tranquilo ante la inmensa quietud, pero algo comienza a fastidiarme.

No sé si será el café o alguna paranoia, pero comienzo a escuchar un zumbido. Primero grave, y luego se vuelve cada vez más agudo. mis tímpanos se sienten reventar ante su poderosa influencia. Llevo mis manos hacia mis orejas, intentando protegerlas para no oir el sonido: es inútil. Algo me dice que no es de que me rodea, sino que viene de adentro.

Grito fuerte. Grito para vencer esa impotencia. Grito muchas veces. Grito un largo rato. Me canso, ya no puedo más, mis ojos se cierran. No sé si es para concentrarme, o tal vez para soñar. Vuelve otra vez esa voz a mi cabeza. “No despertarás, no despertarás”. Me rebelo: sé que despertaré. Abro los ojos.

Mi casa no era mi casa, era sólo otra ilusión: estoy en ese día, en ese bus.

(continúa)

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