El misterio del atrapasueños (capítulo siete)

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(viene del capítulo anterior)

Después de otro día complicado en el trabajo, Alfredo ingresó cansado a la casa. Vio que Alonso estaba sentado en el sofá de la sala, lo saludó sin ánimos y caminó directo hacia su habitación. Cuando quiso ingresar, sintió cómo el niño apretó su pierna con un ansioso abrazo. Eso lo hizo recordar su promesa.

Tomándolo de la mano, Alfredo ingresó al dormitorio de su hijo y miró hacia el oso, que estaba recostado sobre la cama. “Hey oso, quiero que dejes tranquilo a Alonso. Él no te ha hecho nada”, dijo con tono firme. Luego volteó donde Alonso y señaló que todo estaría bien. “Gracias papá”, lo abrazó el niño y se fue a dormir.

Alfredo también le agradeció y se fue a su habitación. Como Nora ya estaba durmiendo, con cuidado se cambió e ingresó en la cama. No habían pasado ni diez minutos descansando, cuando soñó que el peluche se abalanzó sobre él, sus garras lo herían muy fuerte. Entre sueños lanzó un grito. Nora se despertó alborotada por el escándalo generado.

“¿Qué es lo que te pasa?”, preguntó ella sin entender lo sucedido. “Lo siento mi amor, una pesadilla, ya vuelvo”, dijo Alfredo y caminó hasta el baño. Aún algo somnoliento, abrió el grifo y se echó agua a la cara. Mientras más atento se sentía, se percató con estupor los arañazos que tenía en todo su cuerpo.

(continúa)

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