El viejo en la banca blanca (capítulo ocho)

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(viene del capítulo anterior)

Terminé de hacer rápido mi tarea, y fui como cada tarde a ver a Erik. Como siempre, estaba sentado en la banca, pero la expresión de su rostro había cambiado: se le veía satisfecho. Le pregunté si había solucionado sus asuntos. “Sí niño, ya no te volverán a molestar”, dijo el señor y continuamos con nuestras alegres charlas.

Una vez que anochecía me despedí de él y fui corriendo hasta la panadería. Estaba saliendo de allí, cuando se escucharon un par de disparos. Los clientes se tiraron al piso y yo hice lo mismo, pero me levanté de inmediato para ver qué había sucedido: el vago escapó corriendo por el parque, mientras el viejo Erik se desangraba en el piso.

Yo me acerqué a mi viejo amigo mientras algunos llamaban por el teléfono público a la policía. Le pedí que reaccionara, que no se fuera, pero él no podía hacerme caso. Uno de los paramédicos me tomó suavemente del brazo, mientras ponían a Erik en una camilla y lo subían a la ambulancia.

(continúa)

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