La escalera de Chronos (capítulo once)

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(viene del capítulo anterior)

Joel sentía tambalearse mientras que “Átropos”, la Moira que finaliza la vida, se acercó tranquila hasta su víctima. “Nunca ningún humano había enfrentado un destino así, supongo que Láquesis te deparó este destino”, le explicó la Moira al levantar sus afiladas tijeras doradas.

Una vez más el joven eterno se rebeló ante el final: recurriendo a la medalla, una luz resplandeciente cegó a la Moira, la que dejó caer sus tijeras. Habiendo quedado a espaldas suyas, Joel las recogió del suelo y atacó a la dama de negro, clavando las tijeras en pleno corazón.

Una vez que el resplandor se desvaneció, Joel se arrodilló sobre el suelo. Estaba exhausto, pero satisfecho. “Eliminé a Cloto, a Láquesis y a Átropos: ¡Conquisté mi destino!”, gritó exaltado y con tono triunfalista.

Se acercó a remover las tijeras doradas del cuerpo: su mirada cambió súbitamente a perplejidad. Una mujer con una cara distinta, ataviada con túnica griega, sangraba profusamente desde su pecho. Unas letras escritas sobre la tela en el idioma helénico, le revelaron su identidad: Pitia.

Desde el balcón de su palacio de mármol, Chronos mira contento la inquietante escena. “Nadie engaña a la muerte”, apareció de pronto la verdadera Átropos detrás del Señor del Tiempo. “Es verdad, pero bien que puedes engañar a los demás”, dijo Chronos felicitando a la Moira.

(continúa)

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