La noticia inesperada (capítulo cinco)

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(viene del capítulo anterior)

Apenas prendió el contacto, el joven sintió la potencia de aquel subestimado motor. “Creo que me equivoqué”, comentó Darío brevemente. “Es cierto”, respondió con amabilidad José, “lo importante es reconocerlo”. Su tío puso primera y el carro avanzó hacia la salida. Empero, cuando tomó la curva hacia la izquierda, súbitamente paró en seco.

Darío preguntó por qué se detenían, pero no hubo necesidad que su él le respondiera: el doctor Rodríguez estaba frente al auto, con el brazo extendido, como queriendo evitar el choque. Una vez repuesto, se acercó a la puerta del copiloto. Darío pudo darse cuenta que él llevaba una bolsita en su mano.

“Perdonen esta aparición tan intempestiva”, se excusó el doctor para luego agregar, “joven, esta es su medicación”. Rodríguez le explicó que, como quiera que la droga experimental se hubiera usado por primera vez, era probable que se presentaran algunos efectos colaterales, por lo que había olvidado darle el mitigante.

“Otra vez, mil disculpas”, reiteró el médico. “no se preocupe ‘doc’, gracias por todo”, respondió Darío mientras se alejaba en el escarabajo beige.

(continúa)

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