Proyecciones macabras (capítulo tres)

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(viene del capítulo anterior)

Decidido a no hacerle mucho caso a su pensamiento, salió unos minutos después de la ducha. Se vistió y se acostó de nuevo en su cama. Miró hacia su ventana y después cerró los ojos, tratando de invitar al sueño. “Una sombra, una sombra”, se repitió como mantra en su cabeza al tiempo que el soponcio oscurecía su mente.

“Miércoles”, exclamó al levantarse de pronto. Vio su reloj. Eran siete y media, ¡y su clase comienza a las ocho! “Tarde, siempre tarde”, se dijo para sí al cambiarse apresuradamente. Salió de su casa y fue directo a la panadería a comprarse un pan dulce y un jugo de naranja. Luego espero y espero el bendito carro que lo llevara a su clase.

Finalmente, decidió subirse a cualquiera aunque tuviera que pagar unos centavos más. Vio al cobrador acercarse por el pasillo. Empezó a sacar las monedas cuando oyó aquella voz susurrante: “Estuviste allí”. Levantó la mirada. La sombra sin rostro se acercó hasta él, oliendo, devorando su aliento.

“Hey, hey”, lo despertó el cobrador, “tu pasaje pex”. Comprendió que todo había sido un rezago de su mal sueño. “Cóbrate”, le pasó las monedas aún medio somnoliento…

(continúa)

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