El hombre en la capucha (capítulo nueve)

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(viene del capítulo anterior)

Jano la llevó a su cuarto y la sentó en la cama. “¿Quién te hizo esto?” preguntó él pero Mirella no contestó. Sólo se limitó a llorar cansadamente. Él decidió no insistir más y fue rápidamente a buscar agua en un recipiente, alcohol, algodón y algunas gasas en el botiquín del baño. De nuevo frente a ella, mojó una de las gasas en el agua y empezó a limpiarle las heridas de los brazos y de la cara.

La sangre comenzó a teñir la claridad del líquido en el recipiente, así que él tuvo que volver varias veces hacia el baño para cambiar el agua. Finalmente, empezó a curarla con el alcohol y a colocarle las gasas en las heridas más comprometidas. Entonces, ella exhaló un suspiro y lo confesó: “fue Yancarlo”.

Dijo que habían quedado en salir, pero que en plena cita se puso violento luego de recibir una llamada. Él mencionó que era urgente y que debía retirarse, pero que primero la llevaría a su casa, pero que ella no aceptó y la discusión tomó ribetes de furia. Yancarlo la golpeó en la cabeza primero y, caída en el suelo sin poder defenderse, la empezó a golpear y patear.

“Iré a buscarlo”, señaló Jano iracundo. Se colocó un polo y una casaca pero, cuando se disponía a salir, Mirella lo alcanzó y lo abrazó por la espalda. “No te vayas, por favor”, le suplicó ella. Él volteó hacia ella y alzó su cara, la cual volvió a acariciar como antes, como hace cinco años. No pudieron contenerse y comenzaron a besarse, mientras ella lo arrastraba hacia el cuarto, hacia su cama…

(continúa)

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