El verdugo silencioso (parte dos)

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(viene de la parte uno)

Martes, siete de la mañana. Manuel despierta sobresaltado por la pesadilla de anoche. A su lado Karen, su enamorada, sigue durmiendo tranquila. “Fue sólo un sueño”, se convence mientras se pone los tenis y sale a correr pista arriba. La empinada pendiente del cerro donde se encuentra su urbanización siempre lo había complicado.

Pero, en esta ocasión y por alguna razón que no entendía, sentía cierto dolor en el pecho. No le hizo mucha atención y, luego de llegar a la cumbre, bajó impulsandose rápidamente. Al llegar a su casa, Manuel se percató que la puerta estaba entreabierta y se preguntó si se había olvidado cerrarla.

“¿Y si salió ella?”, inquirió el joven y la llamó. Escuchó entonces que abrían el grifo de la ducha. Entusiasmado, se dirigió al cuarto de baño y se quitó el polo. De pronto, reparó que en su pecho había un lunar peculiar, una cicatriz circular… ¡que no estaba allí el día anterior! Repentinamente recordó la pesadilla, el momento exacto en que el disparo lo desvaneció. Tocó la zona y le dolió un tanto.

Unos segundos después, vio una cuerda amarrada del techo que bajaba sobre la misma ducha. Manuel abrió la cortina y descubrió, estupefacto, que Karen había sido ahorcada. Quiso gritar, pero algo alrededor del cuello se lo impedía. Quiso respirar pero el aire se le escapaba con mayor rapidez. Mientras perdía el conocimiento, alcanzó a ver aquella capucha oscura que se le hacía tan familiar…

(continúa)

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