Historia de Sérvulo (parte cuatro)

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(viene de la parte tres)

“Será mejor el ataque nocturno”, sentenció Legardo. Siguiendo el consejo del rey y tras poblar el bosque con una serie de informantes, el mayor está seguro que precisa de esta táctica para acabar con el enemigo. “Ordena a la guardia que aceite las puntas de flecha”, señaló a Sérvulo. El menor recordó aquella estrategia de batalla. “Como ante Galías”, murmuró para sí, trayendo de su memoria el día que su padre derrotó a aquel rebelde que amenazaba la tranquilidad del reino.

Al caer la noche, la guardia marchó en dirección al campamento rebelde. Legardo posesionó a los arqueros tras los árboles que rodeaban el claro. A la voz del príncipe, los arqueros encendieron las puntas de flecha y comenzaron a disparar a las carpas. Los rebeldes salieron a toda prisa de ellos, sólo para caer muertos ante la segunda ráfaga del ataque. La guardia, con Legardo y Sérvulo a la cabeza, entró en el campamento y empezaron el mortal inventario. “Sólo hay ocho o diez cuerpos aquí”, el jefe de a guardia informó a los hermanos. “Retírense”, gritó el mayor.

La lluvia de flechas cayó sobre la guardia real. Legardo y Sérvulo apenas lograron reaccionar mientras sus hombres caían mortalmente heridos en medio del incendiado campamento. El menor vio cómo se deslizaban sogas desde lo alto de los árboles circundantes y los enemigos de negro, vencida toda resistencia, traspasaron los cuerpos con sus espadas. Legardo, herido de un brazo, intentó una escaramuza pero, solo y desfalleciente, estaba a merced de sus atacantes: una y otra, y una tercera espada atravesaron su joven pecho.

Sérvulo miró a su hermano desplomarse, ya sin vida, sobre la tierra. Quiso gritar pero alguien lo cogió de la cabellera. El menor lo reconoció como aquel que mató a Lady Rowina. “¿Por qué?”, le inquirió Sérvulo. “Nunca dije que esto sería fácil”, contestó el atacante, quién rápidamente lo golpeó en el rostro, dejándolo inconsciente. El rebelde lo cargó en su caballo y, junto a sus seguidores, dejó aquel lugar.

(continúa)

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