La supervivencia de los hipócritas

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(¿Es preciso enfrentarse al fin? Para quien lo conoce, suena a deber seguir viviendo, pero para quien lo supone sin tener alguna prueba en concreto, ¿es válida su preocupación? Me asalta la duda puesto que, si bien es cierto que un día ya no estaré, mi preocupación se muestra como malsana. ¿Y qué sobre la frase “vive intensamente cada día como si fuera el último”? El dicho se revela coherente hasta cierto punto, ya que no dice cómo quiere que vivamos el día. Alguien habló de “hacer las cosas buenas extraordinariamente bien”, y concuerdo en que tiene razón. Sin embargo, hasta qué punto esto sugiere que no habrá conflicto, es un azar: siempre hay personas dispuestas a actuar bajo el influjo de un hado malo, e incluso algunos se aprovecharían de circunstancias adversas para justificar sus terribles fechorías. Ciertamente, los practicantes perversos del mal buscarían su sobreviviencia a costa de destruir las condiciones de los demás.)

(Estando ya en este punto, ¿cómo crees que se podría llamar a una persona cuya alma está dominada por pulsiones malignas, un individuo que, a pesar de todo, no hace mayor mal sino el que se inflige a si mismo? Esto significa que no altera las condiciones de desarrollo de los demás, e incluso puede mostrarse activo en cambiarlas positivamente. Por otro lado, al autoinfligirse un mal, sin decirlo ni demostrarlo a los que lo rodean, deja que los practicantes verdaderos del bien influyan positivamente en su vida, pero es probable que sus acciones de poco ayuden ya que sus pulsiones malignas son tan fuertes como para operar un cambio significativo.)

(¿Estamos acaso ante la formación de un hipócrita perfecto? Según la premisa de su influencia en otros, si tiene un interés oculto en ellos para que luego lo apoyen en alguna de sus acciones, dominadas bajo sus pulsiones, hablamos del “perfecto hipócrita interesado”. Si no tiene este interés, por el contrario y cosa difícil además, hablamos del “hipócrita solícito”: este no es perfecto puesto que su mal ya no lo incide. Sobre la premisa del ser influido positivamente, si tiene ese interés oculto, hablamos del “perfecto hipócrita decadente”, aquel que hará que todo esfuerzo de los demás sea reflejado como inútil, haciendo que decaiga su influjo positivo. Si, por el contrario, no tiene este interés, estaremos ante el “hipócrita incapaz”, dado que no es perfecto ya que aborrece sus pulsiones malignas, aunque ellas lo tengan severamente dominado.)

(Como se ve, las circunstancias que los definen no son contradictorias sino que crean “individuos matizados”; en este caso, hipócritas matizados. Las categorías de perfectos hipócritas no tendrán temor de enfrentarse al fin porque su inminencia les será indiferente, porque han obtenido en base a sus pulsiones malignas todo lo que han querido: para ellos, perderlo a causa de la muerte será algo sencillo de aceptarlo puesto que les ha representado un enorme disfrute. Para las categorías de hipócritas no perfectos, en cambio, la inminencia de tal fin les causará un enorme dolor, y pugnarán por cubrir sus carencias. Es probable que para conseguirlas adquieran el rasgo del “interés oculto” y temporalmente sean unos hipócritas perfectos, pero, cercanos a sus últimos días, su dolor será tal que renieguen de este interés y pongan su esfuerzo en satisfacerse con la influencia positiva de los practicantes verdaderos del bien.) (13-03-2007)

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