COMERCIO AMBULATORIO EN CONTEXTO DE PANDEMIA – NUEVAS OPORTUNIDADES, UNA MIRADA SOCIAL CON ENFOQUE DE DESARROLLO

Las crisis no son ajenas al desarrollo , más bien se constituyen en oportunidades para develar el gran potencial oculto ; es el momento en que los equipos profesionales y técnicos deben confluir para dar respuestas concretas en los nuevos escenarios, por ejemplo: nos preguntaremos màs adelante ¿ Es posible la digitalizaciôn del comercio al 100%? ¿Es posible recuperar los tributos ( impuestos) a través de la implementaciôn de nuevas herramientas tecolôgicas o reinventadas? ¿ Es posible el ordenamiento y organizaciôn de las líneas de comercio informal? ¿Es posible la identificaciôn de los grupos de riesgo y su abordaje temprano? Esas conclusiones y màs lo lograremos después de una reflexiôn productiva y trabajo multidisciplinario, los invito a leer de principio a fin aportes que surgieron desde las ideas de Omar Manky.

Tomar en cuenta que el comercio ambulatorio dinamiza la economía nacional porque el 90% de productos que venden son made in Perú.y en estos tiempos fortalecer el comercio autôctono es clave para el desarrollo.

“Se dio oportunidad del uso del espacio público ( lozas deportivas, estadios , etc) a la instalación de ferias para evitar los puntos de tugurización, pero no pueden establecer horarios? Ferias hasta la 1pm y a. Partir de 1:30pm , comercio variado, la pandemia debería hacer a todos repensar en las oportunidades a toda la ciudadanía, sobre todo por este periodo tan complejo y precario, es a la vez una gran oportunidad para las gestiones municipales para empadronarlos, registralos, EDUCARLOS, asociarlos e implementar nuevos mecanismos de recuperaciôn de impuestos como la bancarización ” .Hay cosas que se deben aprender, tras de un problema se esconde una gran oportunidad”.

Con respecto al comercio ambulatorio, se pueden observar algunas experiencias con buenos resultados, por ejemplo, la del distrito de la Victoria en Lima que logró ordenar sustantiva y significativamente el comercio en Gamarra con un instrumento normativo legal como la Ordenanza Municipal que se emitió denominada ” Ambulantes regulados” que dan autorización, delimitan zonas rígidas, detallan los tipos de trabajos que pueden darse e inclusive brindan capacitaciones.

Las gestiones municipales no dan cuenta de estrategias planificadas para el trabajo con el comercio ambulatorio, es casi improbable determinar el número de comunas que cuenten con registros actualizados sobre dinámicas de trabajo local, o iniciativas de trabajos de investigación con academias (universidades).

La informalidad tiene deficiencias muy agudas que hacen casi imposible una adecuada coordinación y articulación para la solución de conflictos y para la elaboración de estrategias de solución y desarrollo, no están debidamente mapeados, registrados, organizados lo cual no permite recoger propuestas colectivas que puedan conducir a la implementación de una política pública.

Lo anterior tiene como prerrequisito un registro adecuado. Para ello es fundamental desarrollar prácticas y discursos que no aspiren a controlar la venta ambulatoria sino resolver los problemas de los vendedores callejeros a través de la gestión del empleo. Se trata de abandonar enfoques únicamente punitivos y desarrollar colaboraciones con asociaciones de ambulantes o centrales de trabajadores, a fin de convertirlos en aliados para desconcentrar la venta en grandes mercados y generar ingresos y sostenibilidad a las medidas de distanciamiento.

Para su implementación la estrategia de comunicación es clave, porque son ellos mismos quienes deberán participar activamente en el empadronamiento de comerciantes. A partir de un nuevo comienzo pueden desarrollarse mecanismos que guiados por el estado desarrollen actividades de promoción de la salud y mejorar su entorno laboral.

En la mayoría de las ciudades peruanas se ha solucionado el desempleo a través de la venta callejera. Es improbable y negativo aspirar a eliminar su existencia: son tubos de escape al desempleo, en un contexto de débil capacidad de los gobiernos locales y frente a la ausencia actual de programas de empleo masivos. Ahora toca repensar la dinámica urbana, tanto en cuanto a la distribución física y como a lo cultural.

Es crucial repensar lo local y el uso de espacios que habiendo tenido otros usos hoy pueden reutilizarse para el comercio, como los complejos deportivos. Los ambulantes no necesariamente deben ser enemigos del espacio público, pero para ello es necesario contener las externalidades negativas que producen las aglomeraciones que generan. El comercio ambulatorio y las ferias que se puedan crear en espacios no utilizados actualmente podrían servir para restarle carga a los supermercados.

En esta línea, también se propone avanzar hacia un ordenamiento territorial que distinga entradas, salidas, circuitos y horas a las que diferentes grupos pueden acceder a los mercados. Las municipalidades y asociaciones de comerciantes necesitan encontrarse y definir esto con urgencia, y es necesario repensar el transporte público, dando de baja aquellos vehículos que impiden tomar distancia entre personas. Junto a ello, se debería impulsar el uso de bicicletas —con pocas personas y ventilados— como instrumentos que permitan llegar a los centros de trabajo manteniendo la distancia social.

Más allá del problema del hacinamiento, también es importante, respecto del consumidor final, repensar los mecanismos de pago: esta puede ser una oportunidad que fomente la bancarización de la economía y la formalización de los negocios, pues se trata de evitar pagos en efectivo. Ya se cuenta con experiencias regionales donde los mercados de abastos y comercio ambulatorio lo han implementado.

Debido a la debilidad del tejido social en el país, puede fomentarse la organización de los trabajadores desde las municipalidades. Aunque existen asociaciones de comerciantes o propietarios en la mayoría de mercados, estas experiencias deben multiplicarse, incluyendo a trabajadores de todo tipo. Esto será crucial para comunicar mensajes, supervisar acciones y negociar salidas cuando sea necesario endurecer algunas medidas. Esto claramente implica planificar a futuro desde una mirada social, que significa tomar en cuenta los aspectos de las dinámicas internas desde la perspectiva de unidades de organización y fortalecimiento de los tejidos sociales, cuán importantes son los espacios públicos y cómo influencian en el comportamiento de las personas, cómo ordenan su ciudad, no solamente es tomar medidas de apaga incendios o mediáticas o a la moda, van más allá.

Es clave dar pautas claras a las municipalidades y fortalecer su capacidad de gestionar información y recursos económicos y de fiscalización. Son ellas las llamadas a evitar aglomeraciones en mercados, fomentar la peatonalización de sus calles y registrar a los diferentes tipos de trabajadores informales urbanos. Es crucial definir órganos al interior de cada municipalidad que centralicen información y trabajen estos temas, siempre acompañados de una política municipal nacional.

Es clave apelar a trabajadores informales desde una perspectiva práctica, que visibilice los incentivos para seguir los protocolos, no como obligación, sino porque es conveniente: si no se cuidan se enfermarán, perderán clientes o no podrán abrir sus negocios. Todo esfuerzo comunicacional debe tener como meta cambiar conductas. No se busca convencer o informar, sino explicar protocolos para trabajar en diferentes espacios. Junto a este mensaje, es importante iniciar un programa masivo de capacitaciones, con expertos en logística, comercio electrónico y administración, que permita que los empresarios informales se adapten con rapidez a la nueva realidad.

( Créditos de ideas: Omar Manky)

Lic.Liliana M.Mendiola Sevillano

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