La “poiesis” de la muerte en “Pájaros en llamas” de Mariana de Althaus

Teatro
Autor: Mariana de Althaus

Por Giuliana Catari:

“Cuando te pierdes, debes tratar de encontrar la corriente”, es el consejo de sobrevivencia que un padre enseña a su hijo como parte de la filosofía de vida y que a su vez se convierte en la poiesis de la obra teatral “Pájaros en llamas” de Mariana de Althaus. La puesta en escena aborda la historia de dos accidentes aéreos ocurridos entre el 1971 y 1996 en el Perú (Iquitos y Arequipa, respectivamente) que tienen en común: la muerte. En la primera, se narra la pérdida de la familia completa de un padre a través de la voz testimonial de su hijo (Fernando Verano); y en la segunda, la muerte de Lorenzo de Szyszlo, pareja de Marisol Palacios (actriz) e hijo del pintor Fernando de Szyszlo y la poeta Blanca Varela.

La estructura de la obra es una de las más singulares –en tanto, el desarrollo actoral de cada personaje no se limita a un rol determinado, sino que dialoga permanente con el público a través de el convivio (experiencia) que juega con los poemas de Blanca Varela y Abelardo Sánchez León y revela un extracto de Idilio, título de la canción famosa de Willy Colón. Cabe destacar el papel de Lizeth Chávez, Alberick García y Gabriel García puesto que dinamizan la historia de forma anacrónica al tiempo que narran los vacíos existenciales de los testimoniantes.
En ese sentido, la poiesis o acto de creatividad genera una reacción para con los espectadores a través del acontecimiento in vivo que los vincula y termina cuestionándolos de diversas formas. Jorge Dubatti, crítico teatral argentino refiere en la Filosofía del teatro que “el convivio contribuye a la subjetividad, a la construcción de sí mismo”, y es a partir de ella, donde uno aprende a subjetivarse. Es decir, que a través de la escucha de los otros en el escenario teatral, uno puede escucharse a sí mismo. Así, “Pájaros en llamas” se convierte en la metáfora de la muerte que busca vida una necesidad de vida. Estos “pájaros” o aviones que danzan en fuego mientras caen, son los testimonios de personas que buscan un sentido en la vida para existir y no solo actuar. La familia, el amor, la identidad son las alas de la vida, pero no son las únicas.
En consecuencia, la dramaturgia de Althaus escapa al testimonio de la tragedia y revela el sentido de la muerte como un recurso para entender la vida. La tragedia no está en atravesar este famoso túnel oscuro, sino en comprender lo que antecede a este. Julio Cortázar decía que “las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir, desborda el alma”. La paradoja de esto es que la muerte parece decir más que la vida y pueda ser cierto- en tanto somos seres frágiles que aprenden más de la vida que con la muerte. Así, el teatro es el salón más idóneo no para representar lo vivido, sino para convivir con lo acontecido y la muerte, una compañera inoportuna, callada, pero presente. Como reza un anónimo “el nacer no es el inicio, morir no es el final; son comas en el libro de la vida”.

Fuente: http://hbanoticias.com/cultura-sobre-la-obra-teatral-pajaros-en-llamas-por-giuliana-catari/

La voz como el goce femenino del arte

Por Giuliana Catari:

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La relación del cine con la teoría lacaniana, ha permitido señalar ciertos elementos ilusorios de las películas que atrapan el ojo del espectador, en tanto esta serie de imágenes respondan  a un tipo de goce pulsional del sujeto.  Es decir, a través de la pantalla, el cine conduce al individuo a ver ese deseo inconsciente, trastocándole el sentido del mundo y revelándole permanentemente otro tipo de signos ocultos. De allí, que el psicoanálisis va más allá del campo visual del espectador, para encontrar en la mirada de este, una relación inconsciente que lo perturba con su ideología y su relación con el mundo.

Es así, que para el presente trabajo nos enfocaremos en la película italiana La luna (1979) de Bernardo Bertolucci, donde narra los avatares de Caterina Silveri (Jill Clayburgh), famosa cantante de ópera, y su relación conflictiva con Joe (Matthew Barry), su hijo adolescente, quien por la pérdida de su padre adoptivo Douglas Winter (Fred Gwynne),  termina involucrándose en las drogas y subsumido en un mundo confuso de identidad y afecto.

De acuerdo al objetivo de nuestro análisis, señalaremos a través de cinco escenas, la importancia  del goce femenino personificado en la voz de Caterina Silveri, se desarrolla como un desborde  a la posición fálica. Es decir, la voz se presenta como el objeto -causa de deseo, un residuo corporal que encarna la esencia del ser mismo.  Asimismo, dejando de lado la narrativa del complejo edípico,  señalaremos que el goce femenino no es el mal sino es el más allá del bien o el mal, pues este no se limitaría solo a lo sexual, sino es el espacio desde donde se sitúa ella, un lugar de sinsentido y de demanda.

Contexto cinemato-histórico:

Para situar este film es necesario  recordar el contexto cinematográfico del neorrealismo italiano, donde la preocupación por la reconstrucción histórica de un país asolado por la II Guerra mundial y el cuestionamiento de lo moral, parecen crear las bases necesarias para el cine italiano de los años sesenta y setenta. Películas como Novecento (1975), o El último tango de París (1979) revelan la mirada marxista y la sugestión sexual, respectivamente. Por tal motivo, este film surge como el telón idóneo para mostrar la crisis de una sociedad emergente y por qué  no las de una crítica que no comprendía dicha película.

Fase moderna y mundo creativo del autor:

En este punto señalaremos que fueron muy pocos los directores de cine que a su vez concebían el mundo como artistas (Passolini, Rossellini, etc). Así, se buscan películas para comprender el mundo y conseguir respuestas. Tal es el caso de La luna de Bertolucci, donde la voz de Caterina busca responder, aunque no comunique. La voz es algo inquisitivo que constantemente cuestiona y mantiene en vilo la conciencia del espectador. Bertolucci utiliza como lenguaje narrativo la ópera y es a través de este que reflexiona sobre el proceso de la obra. Visibiliza la ausencia de sentido de realidad y se tiende a la fragmentación y lo subjetivo.

Otra recurso muy utilizado por Bertolucci es el manejo del zoom y el travelling de las cámaras. En Bertolucci por Bertolucci. Entrevista  con Enzo Ungari y Donald Ranvaud, el director italiano señala que  (…)”este obliga a quien lo usa de forma responsable (…) a dar una respuesta al misterio de la distancia entre el autor y el mundo representado” (…) (p.198). Así la distancia entre el personaje y el escenario contienen un lenguaje propio que resemantiza el guión. Crea una imagen-afección que se expresa a través de la cámara y el objeto filmado. Es interesante ver cómo el manejo del zoom se convierte en un ojo del voyeur que lo ve todo, acecha, esconde y revela hasta cierto punto los estados de los personajes en dicho film.

La  imagen inicial de la portada nos introduce a un lenguaje simbólico donde la mirada de los protagonistas Catherina y Joe no encuentra un punto de convergencia amorosa,  tal como lo hicieran los amantes. El plano muestra más bien  una posición de subordinación de parte del hijo hacia el pecho de la madre. La inclinación sobre el seno maternal y la mirada perdida de Joe se asumen como elementos claves de una lectura edípica. Sin embargo, nuestra intención es reparar más allá de esta primera mirada psicoanalítica

Por ello, es la posición de Caterina, madre de Joe, que predomina como eje central del lenguaje simbólico,  dada la cercanía de su rostro hacia la luna y por ser el punto de apoyo moral y físico de Joe. Asimismo, el gesto del abrazo entre madre e hijo pareciera unir sus lazos, pero ciertamente se encuentran escindidos porque la búsqueda de sus miradas encuentran destinos distintos.

Otro elemento importante es el tono azul de fondo de la portada. Suponemos la influencia de Vittorio Storaro en la elección del color, así como en los efectos de luz blanca que contrastan con el resto de la escena. Así también, los rayos de luna son el alumbre de lo femenino que se muestra como testigo presencial de la escena.

En cuanto al título original de la portada, las letras blancas de LA LUNA compatibilizan con el color del elemento lunar. Cabe resaltar que dichas líneas se encuentran entre el fondo oscuro y un naciente color azul del resto del afiche, signo de una posición intermedia entre el misterio y el goce de lo desconocido. Por último, los nombres de los protagonistas también se encuentran en letras blancas, pero completamente en la oscuridad y solo es el nombre de Jill Clairburgh, que aparece en posición primera remarcando su función central del film y en paralelo al título de la película.

Presentación de la película:

La introducción del film muestra la imagen de un niño y una mujer: dos elementos herederos del neorrealismo italiano, que en esta escena cobrarán importancia por el lazo erótico que lo une. A esta primera entrada se suma la imagen el espejo, como recurso de identidad psicoanalítica y de fragmentación en el niño. Por último está, la madeja que lana que se enreda en los pasos del niño, como signo del lazo indestructible del amor maternal, y que  posteriormente se repetirá, en los pasos de la abuela materna.

Escena 1:

En este punto, son dos secuencias las que denotan un significado preciso para la lectura de la voz como parte del goce femenino: La música inicial que acompaña la escena erótica y maternal de Caterina y Joe, es la del piano que toca la madre de Giussepe, padre biológico de Joe. Las notas son suaves pero profundas que intentan mantener un estado de desasosiego en madre e hijo. Empero, Caterina,  interrumpe el sonido del piano y cambia la música por el de un twist. Dicha decisión, será el presagio de una futura separación entre ella y su suegra porque es la primera vez que Caterina opta por un goce libidinal propio, en su ritmo y significado.

La segunda secuencia refiere cuando la mirada del niño se hace omnipresente a través del encuadre de los planos. Recordando la preocupación de Bertolucci en el manejo del zoom: “Mientras el travelling es hacia adelante, se expresa el deseo del niño hacia el oscuro objeto de deseo”. Así, el zoom centra la atención del infante primero hacia la madre, luego hacia la escena de goce de los padres, donde la presencia del padre, perturba y tergiversa la mirada de la madre para con el hijo.

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En esta escena, el travelling se hace contrario y se realiza hacia atrás,  señalando la necesidad de no estar demasiado cerca. Por ello, el niño al sentirse desplazado por la figura del padre,  le genera un signo de llanto y es a través de la madeja de lana que el infante termina en los brazos de su abuela, alejándose del objeto de deseo.

Escena 2: La segunda escena es cuando producto de la muerte del padre adoptivo de Joe, Caterina decide viajar a Italia con su hijo para continuar su carrera de cantante. Entonces, sucede que en medio del escenario Caterina vestida de azul, el color de la luna, empieza a cantar y en ese momento llega Joe. Por primera  vez la escucha atentamente y pareciera comprenderla. La voz de su madre se torna agradable y aunque no sabe qué comunica exactamente, no la siente lejana. En este punto, se cumple la ambigüedad de la “scene madri”, que mencionaba el mismo Bertolucci. Caterina es la “prima donna” de la ópera, pero también es la madre.  Ambas figuras siempre parecen estar presentes en la mayoría de escenas. Este conflicto de imágenes: artista y madre comulgan en el plano libidinal de arte y se centran en la voz de Caterina como un vacío, “una vecindad agujereada en el cuerpo  que queda fuera del cuerpo mismo”1

 

Escena 3:

Luego de esta éxito musical realizado en el escenario, Caterina se da cuenta que no puede controlar a su hijo, su amor por la ópera la confunde y al tiempo la voz parece impulsarla a protegerlo. En medio de este intento de protección, surge la frustración de Caterina. Ella decide apaciguar esa exacerbación por la ópera haciendo actividades triviales como ejercicios rutinarios, pero sabe que no puede ser ella misma. Su amiga Marina la visita y es entonces cuando Caterina le confiesa esa frustración: “Ya no quiere cantar”. Aquí nuevamente la imagen de lo maternal se asoma a través de la leche que sale de la ducha mientras la protagonista se baña. Es como si lo maternal siempre acechara lo artístico y la voz de la cantante tiene que lidiar con ello. En medio de esta gramática del deseo, la voz le indica quién es ella: “La voz responde a lo que se dice, pero no responde de ello”1. La voz como goce femenino es la identidad de Caterina, la sostiene e impulsa, la alimenta, pero frente al Otro,  su hijo Joe, se torna incomprensible y necesaria.

Escena 4:

En este punto Caterina decide buscar sus orígenes y viaja para ver a su mentor de ópera. Él la desconoce en un inicio y ella le confiesa que ya no tiene fe en sí misma. Le recuerda que en un momento su maestro le dijo que llegaría a odiar su propia voz. Ante esta confesión, su maestro se inmuta, pero busca la luz del sol. Solo después él empieza a cantar para callar la incomprensión de su alumna. Posteriormente llega Joe a buscarla como para interrumpir esa conexión con la música y salvarla de “esa estado de impotencia”. Ella quiere mostrarle su génesis en este mundo de la ópera, y lo lleva a una casa donde ella escribía sus notas. Pero a Joe no le interesa, está subsumido en la búsqueda de su padre.

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Escena 5:

En la escena final, luego de que Caterina decida volver a Parma, y alejarse de los escenarios de la ciudad, Joe decide buscarla. En este punto, Marina le señala que su madre ya no canta, solo recita su papel dentro del escenario. Posteriormente el diálogo con su hijo, permite una reconciliación consigo misma y Caterina parece encontrar la resolución de su conflictivo deseo: encuentra su lugar nuevamente en la ópera. Al tiempo, que reaparece el padre biológico de Joe y parece estabilizar el caos originado por su ausencia.

Paralelo a esta escena final, se inicia la musicalización de la ópera llamada “Rigoletto: por último y adiós”, donde los protagonistas recobran su lugar en el escenario: Giussepe, padre de Joe en el mismo espacio que su hijo, el del público. La amiga de Joe y con ella la adicción a la heroína quedó atrás y se recrea nuevamente el espacio de la voz. Nuevamente la imagen de la luna acompaña el cierre de la historia y los colores azules se relucen entre las ruinas de lo perdido, su identidad, el goce femenino.

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Conclusiones:

  1. El film más allá de evidenciar el complejo edípico en la relación de madre e hijo, intenta remarcar la función del goce femenino a través de la imagen de la voz de Caterina, cantante de ópera. La voz es su identidad, sus sueños y ella solo se siente plena dentro de ese mundo. A diferencia de Novecento, no hay una búsqueda de recuperar una continuidad histórica, aunque permanece la idea de tiempo.
  2. La extensión de la película si bien se hace aletargada, permite mostrar que el cine está hecho del goce pulsional, un tiempo nutrido de lo onírico. Por ello, la elección de este símbolo (luna) como elemento que custodia, protege, observa, no es gratuito, sino que legitimiza el nacimiento de lo femenino como lo artístico y responde a una idea de arte, poesía, elementos formadores en la visión de Bertolucci.
  3. El uso de la voz como instrumento dentro de la obra es el eje formador del goce femenino. Es algo que no se comprende, pero como objeto-causa de deseo de la misma Caterina, la envuelve, la somete, la hace dudar y finalmente la devuelve al mundo que le corresponde.
  4. La voz es ese vacío que hace que Caterina exista, es un goce permanente que la lleva a una demanda incluso sexual, pero que al tiempo la perturba. Ella no puede articular la palabra madre con el de goce femenino, porque no tiene nade que comunicar sin la voz de la ópera.

Demostrando que el goce femenino va más allá de lo sexual, algo que sobrepasa su dimensión de ser, algo sin sentido y que da lugar al espacio de lo femenino y lo artístico.

 

Fuente bibliográfica:

-Bertolucci por Bertolucci. Entrevistas con Enzo Ungari y Donald Ranvaud. Madrid, Plot Ed. 1987.

– McGowan, Todd, The real Gaze. Film Theory after Lacan (Introducción).

http://literayoga.blogspot.pe/2014/05/el-decir-de-la-voz-la-voz-como-objeto.html

http://www.elcriticon.es/el-ultimo-tango-en-paris-1972.html

Fuente> http://blog.pucp.edu.pe/blog/pensamientocritico/2016/05/09/apreciacion-y-critica-cinematografica-ii-2016-1/

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1. Veáse http://literayoga.blogspot.pe/2014/05/el-decir-de-la-voz-la-voz-como-objeto.html

Las ruinas de la existencia en Transmutaciones de Dennis Arias Chávez

Transmutaciones Dennis Arias Chávez Editorial Vivirsinenterarse, Lima, 2016 55 pp.

Transmutaciones
Dennis Arias Chávez
Editorial Vivirsinenterarse, Lima, 2016
55 pp.

Por Giuliana Catari:

Desde tiempos remotos  a la actualidad, la función del alquimista y el escritor se han vistos asociadas -en tanto ambos  encuentran en la búsqueda de un cambio interno; una nueva forma de revelación a la vida. En este insondable proceso, si el taumaturgo de la antigüedad, contemplaba la posibilidad de la vida eterna a través de la piedra filosofal; el escritor de hoy, revela la transformación de su pensamiento, a partir de su propia palabra.

De esta manera, Dennis Arias en Transmutaciones (Lima, Vivirsinenterarse, 2016) ha logrado integrar el sistema filosófico de sus pensamientos y transformarlos estéticamente en una narrativa de corte existencialista. Los 16 cuentos comprendidos en este libro, se construyen entre pinceladas kafkianas y kunderianas que juegan con las ruinas de la propia esencia del hombre: la certeza de lo racional y conocido.

Es así que desde el cuento inicial  Los “B”, el escritor y lingüista arequipeño aborda el misterio de una sucesión matemática llamada Fibonacci, aplicado no solo a la naturaleza, sino al universo literario. La consecuencia de este hecho, señala que los temas novelísticos conocidos hasta ahora, son producto de la diversidad, más no de una originalidad. Por ende, el enigma que envuelve los orígenes de la literatura, serán planteados por un grupo autodenominado los “B”, quienes a su vez comprometerán  y cuestionarán la misión de un profesor universitario.

El segundo cuento que da título al libro, señala magistralmente la ansiedad del hombre por ocupar un lugar memorable en su existencia. Parafraseando a la célebre novela de Milan Kundera  “La insoportable levedad del ser”, dicho título ahora se trasforma en la historia de la búsqueda de un muchacho por ser un escritor importante como Mario Vargas Llosa. Sin embargo, el experimento termina siendo un fracaso y solo se da un desdoblamiento de la conciencia, un retorno al vacío de los involucrados.

Los palqueros es una propuesta peculiar sobre las prácticas del fútbol, donde los jugadores conjugan su destreza y tradiciones a través de dicho deporte. Asimismo, la indumentaria, la danza y el alcohol se convierten en los elementos movilizadores del espíritu huancavelicano. No obstante, este ejercicio del balón no añora nada del mundo moderno, sino es la muestra viva del capital simbólico que permanece en su pueblo.

El cuento Años narra de manera fantástica, el descubrimiento de una sirena desde la perspectiva de un niño. Empero, la belleza, el canto y la dulzura aparente de la figura femenina, parece esconder también las ruinas de la naturaleza humana, y es la desolación, la pequeña muerte que se configura en los puertos de lo desconocido.

Un rinoceronte en la ciudad describe a la manera kafkiana, la metáfora de un sueño convertido en realidad: la decadencia de un hombre transformada en un pesado animal como el rinoceronte. La somnolencia e incomodidad del personaje son las respuestas inmediatas a su reflexión, y la transmutación surge nuevamente desde la vacuidad de la existencia.

Es a partir del cuento  Las niguas, donde se asoma sutilmente una voz quirogianay es la permanencia de unos ácaros en el cuerpo de la esposa del protagonista, que alimentan la desesperación y el temor en el hombre. El deseo de curarla y liberarla de alguna forma de esa convivencia fatal, no termina por ayudarla, y preso del desasosiego en el que se encuentra, decide matarla en silencio.

Cuy de monte se suma a esta narrativa de caos ante lo desconocido. La razón ya no es un medio seguro para enfrentar la realidad y el miedo se avizora en una pareja de esposos cuando se instalan en una cabaña lejana y descubren que unos animales salvajes guardan un espíritu tan primitivo como es la venganza.

En lo profundo revela una historia escalofriante, donde el temor del hombre hacia la modernidad se construye entre las redes subterráneas de una ciudad. Asimismo el recuerdo de la violencia se asoma  como un fantasma desollador que impide a sus habitantes regresar a la superficie de la tierra, y sobre todo a la idea de una nueva existencia.

Fenómenos psíquicos es otro de los cuentos mejor logrados en este libro, pues de manera concisa,  articula la ironía y la trascendencia del hombre en un solo acto. La inmortalidad no es un opción en la vida de un político, simplemente es un telón para demostrar la fragilidad de la existencia. No hay divinidades que salven al hombre, pero paradójicamente el “cielo” es el espacio tortuoso para imponer el orden en quienes hayan transgredido sus leyes.

Venganza presenta la historia de un hombre, cuya única forma de resarcir el asesinato de su hijo y de Lola, la encuentra en la muerte del aparente degollador. A este fango de pretendida justicia, se suma la traición, el dolor y la perturbación de una vida fútil.

En el cuento Prueba nuevamente la búsqueda del hombre por destacar entre los demás se hace presente. Esta vez son las ansías de un joven que para probar su valentía, tiene que aniquilar a un anciano. Sin embargo, los barullos de su conciencia no se lo permiten y termina por convencerse que no está preparado más que para enfrentar el miedo a sobrevivir.

Profesor de instituto describe la monotonía en la vida de un sujeto,  quien no tiene éxito en su vida profesional y busca lograr un ascenso a través del cumplimiento fidedigno de sus deberes. Sin embargo, este hombre nunca cuestiona la autoridad de sus jefes pues sabe que ese no es el camino paracambiar su status económico. De tal forma que la resignación se irá convirtiendo en la única vía de su existencia.

La Leyenda de la bestia narra la crueldad y los designios de una batalla sangrienta entre un rey húngaro y Vladesh, sujeto sanguinario, que al sufrir atrocidades desde adolescente por parte de su padre y luego, de sus adversarios, decide revelarse hasta eliminarlos completamente. Curiosamente estos mismos actos injustos, lo transformarán en un sobreviviente y héroe legendario de la guerra que permanecerá en la memoria de sus muertos.

El gen egoísta describe las nimiedades de la vida familiar, en el que la aparente docilidad de la madre y la apatía del padre son elementos incompatibles para el desarrollo de su matrimonio. A esto se suma una presunta infidelidad de la madre, agresiones y  conspiraciones que terminan por anunciar el  caos de la relación del padre con el hijo. Así, la violencia se envuelve en el meollo de la existencia y se fortalece a medida que se le conozca.

Colocha es la clase de cuentos que por alguna razón no deberían escribirse al final. Sin embargo, su posición se justifica dado el juego temático de la narrativa. En esta plano, la sensualidad del acento caribeño se entremezcla con el sexo  y es el amor, un personaje complementario de esta historia.

Presagio es el resultado del eco fantasmal de un hombre, cuya presencia únicamente se revela en el contacto corporal que tiene con la protagonista del cuento. Así, Luder es la muerte personificada en el polvo de los recuerdos que visitan cada madrugada los pensamientos de su amada esposa.

De esta forma, el corpus de Transmutaciones se ha ido completando. El miedo, el ego, la muerte, la resignación y  la venganza surgen como elementos desintegradores de la existencia, frente a la certeza de sabernos racionales y capaces de adaptarnos a lo que conocemos.

Con esta excelente prosa narrativa, Dennis Arias nos ha concedido el sueño de tener una propia existencia, una existencia más allá de las palabras.

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Dennis Arias Chávez (Arequipa) .Tiene un Master en Filología Hispánica en la UNED-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid- España. Ha publicado cuentos en revistas tanto nacionales como internacionales. En el 2009 obtuvo una Mención Honrosa en la categoría cuento en el Concurso Literario de El Búho. Ese mismo año su cuento titulado “Noche serrana”, resultó finalista en la I Bienal de Arte «Víctor Humareda»; y  en el 2012, recibe una Mención Honrosa en el VIII Concurso Literario Bonaventuriano de Poesía y Cuento Corto organizado por la Universidad San Buenaventura de Cali, Colombia. Actualmente se desempeña como docente universitario en Arequipa.

Fuente: http://elbuho.pe/2016/09/05/las-ruinas-la-existencia-transmutaciones-dennis-arias-chavez/

La estética de los signos: “Cuando llegaron los wayruros” de Goyo Torres

Goyo Torres Editorial Texao Arequipa, 2015 53 páginas

Goyo Torres
Editorial Texao
Arequipa, 2015
53 páginas

Por Giuliana Catari

Según el filósofo Jacques Ranciere, el vocablo Literatura no es el  nuevo nombre adoptado por las bellas artes  en el siglo XIX, sino es el nombre de un nuevo régimen de verdad, donde la veracidad del texto responde a una ruptura con la verosimilitud, en tanto sistema de lógica de acciones y reacciones determinadas. En este plano, lo literario se encontraría dentro un régimen estético, pues la verdad de la historia ya no repara en la importancia o acción del personaje, sino que está inscrita en la insignificancia del detalle, el sentido de lo que se lee estará en la misma textura de las cosas.

En este marco estético, surge Cuando llegaron los wayruros (Arequipa, Texao Editores, 2015), del escritor y docente arequipeño Goyo Torres, donde la historia sobre la guerra del Pacífico se replantea a través de un pequeño juego infantil. No interesa si la disposición de los elementos de este cuento se corresponden al discurso histórico, sino que  a partir de este doble juego del lenguaje (del texto y el mundo), la ficción deja de ser un simulacro limitado y se convierte en el nuevo escenario de la literatura, sustrayéndose del juicio de la verdad.

Esta nueva puesta en discurso se desarrolla paralelamente con la tradición oral y es el rumor de la ocupación del ejército chileno en el valle de Vítor, el móvil inicial que sostiene la historia a través de seis episodios. A su vez, la imagen de los chilenos asociados a la figura delwayruro, tanto en su indumentaria,  como proyectiles, resulta algo curiosa y simbólica pues trasgrede su significado como amuleto de protección y es el elemento bélico de unos niños.

En el episodio I: Juego de niños, la expresión inicial: ¡Alto ahí! conlleva cierto efecto de curiosidad y nos conecta inmediatamente con la intriga de la historia, sin reparar todavía en el imaginario infantil. Posteriormente, las descripciones y la voz del narrador en primera persona, acaba por resolver esta primera parte del juego. De otro, la frase: ¡Ay mamita, los chilenos! responde a una expresión de pánico, más que a la simulación del juego, convirtiéndose en el leimotiv del texto.

La posición de bandos: “…los de valle arriba asumían el papel de peruanos y el de valle abajo, el rol de los chilenos” (15), implica también un deseo de voz para los “vencidos”, pero sin legitimarse en esta historia. No interesa demostrar esa verdad en el discurso letrado para validarse la historia, sino el uso de estos elementos en la verdad del texto. Asimismo la conformación de los grupos por quince muchachos, y sus relativas funciones, revelan el entusiasmo y convicción por asumirse en el juego.

El episodio II: La ocupación, describe el desencanto del rumor hecho realidad: las huestes chilenas invaden tierras arequipeñas. El despojo de propiedades, la violencia encarnada en el sargento Barragán, crea el coraje, la rabia, pero también rompe la rivalidad de bandos en los niños y desarrolla la solidaridad entre ellos a través del cuidado de los animales.

El episodio III: Escenas de caza, narra el acecho de los chilenos en el campo vitoreño, el divertimento que les producía cazar cuyes silvestres y donde los niños se asumen como fieles observadores de sus andanzas. Empero, esta observación termina por casi matarlos, al mismo tiempo que sus ilusiones de victoria.

En el episodio IV: Cuidado con los animales, nuevamente el rumor es el actante de la situación, pero esta vez,  es el escuadrón peruano el motivo de preocupación para los chilenos “[…] Decían que eran los sobrevivientes del ejército que había combatido en Alto de la Alianza” (33). ¿Acaso era posible que la  historia de los vencidos tenga un nuevo rostro? Pese a esta buena noticia, el ejército chileno no dudaría en continuar su amedrentamiento contra los pobladores de Vítor, generando un cambio de actitud en los niños. Ellos tendrían que tomar una decisión tal cual un adulto lo haría: enfrentar su porvenir.

Así, en el episodio V: Jugando a la guerra, las ideas de confrontación, pasan del juego a una estrategia bélica: “[…] La cosa era simple: había que proseguir jugando a la guerra, solo que ahora  sería de verdad. Debíamos formar un ejército contra los soldados chilenos.”(39). Entonces, la única forma de hacer retroceder al ejército chileno era utilizar el rumor de que el escuadrón peruano ya estaba viniendo, una idea nada descabellada pero tenía que materializarse. Sin embargo, no tuvo mucho éxito y al tiempo que se acrecentaron los maltratos contra quienes lo creían, la peste también tuvo lugar. Los muchachos debían buscar otras formas de materializar ese rumor y convertirlo en una realidad. Por ello, buscaron  personificar al ejército peruano a través de sus minúsculos cuerpos adolescentes.

Ya en la parte última del juego: La batalla contra los wayruros,  la “representación” del ejército peruano, se suma al apoyo de los animales y comunidad, creando una polvareda de victoria para los pobladores, y consecuente huida del ejército  chileno. La aparente imagen del ejército peruano en tierras arequipeñas, es la resolución del conflicto. Sin embargo, la ausencia de Elena y la muerte del padre de la amada del protagonista, terminan por declinar su entusiasmo en este singular juego.

Curiosamente el Colofón termina por configurar la oralidad del cuento a través de la narración del abuelo del protagonista en el Asilo Lira, poniendo en tela de juicio lo contado inicialmente.

Es así que la magistralidad de cada línea del cuento, convoca una metáfora del mismo, el doble juego del lenguaje parece cuestionarnos como lectores del discurso histórico, pero a su vez, mantiene una verdad que solo puede ser respondida dentro del mismo texto. Cuando llegan los wayruros no se limita a la producción meramente ficcional, sino que a través del encadenamiento de palabras, los signos van adquiriendo cierta independencia del discurso histórico-positivista, para pensarse en la voz literaria del autor.

Sin duda, el autor ha logrado integrar adecuadamente los elementos orales y darles un lugar en el espacio de la escritura, sin despojarlos de su esencia tal cual como signos jeroglíficos. Retornando a las palabras de Ranciere: “el escritor es el nuevo antropólogo de esta nueva escritura y será quien recolecte los signos, los explore y dibuje la anatomía de una sociedad a través de ellos. Y eso es lo que ha hecho Goyo Torres.

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* Goyo Torres (Arequipa, 1964). Licenciado en Literatura y Lingüística por la Universidad Nacional de San Agustín. Ha publicado: El amor después del amor (2002), Técnicas narrativas(2004), Cómo motivar la lectura: ensayos de literatura, educación y sociedad (2005). Con el trabajo Polifonía del silencio: la literatura en los últimos diez años en Arequipa (coautor) ganó el Premio Ensayo organizado por Promolibro del Ministerio de Educación(2006) y con la novela Espejos de Humo (2010) quedó finalista del Concurso de Novela Breve de la Cámara Peruana de Libro y con ¡Hierbasanta, hierbasanta!. Posteriormente ganó el Copé de Bronce en la XVII Bienal de Cuento Copé 2012. Actualmente, es docente en la Escuela de Literatura de la UNSA.

Destacan escritores regionales en VII Coloquio de Estudiantes de la Maestría en Literatura Hispanoamericana PUCP 2015

 

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Por Giuliana Catari

Con más de diez invitados nacionales entre narradores, poetas y dramaturgos, se realizará el VII Coloquio de Estudiantes de la Maestría en Literatura Hispanoamericana PUPC 2015, evento bianual que congrega a jóvenes estudiantes de posgrado de diversas universidades y egresados, en torno a sus investigaciones académicas sobre la producción literaria en Hispanoamérica. Dicha actividad académico-cultural está organizada por la escuela de Posgrado en Literatura Hispanoamericana de la Pontificia Universidad Católica del Perú y se realizará los días 16, 16 y 18 de setiembre en el Polivalente A 100 del Nuevo Aulario del Campus PUCP.

Para esta sétima edición, se destaca la participación de escritores regionales como del arequipeño y Premio Copé de cuento 1995 Yuri Vásquez; del crítico literario Carlos Arturo Caballero Medina. En la palestra cuzqueña, estará el reconocido narrador Luis Nieto Degregori y el escritor y periodista puneño Christian Reynoso. De otro lado, tenemos la intervención del  poeta  huaracino Marcos Yauri Montero, y del norte, la piurana Erika Aquino.

En el ámbito del género fantástico, destaca el intelectual y escritor limeño José Donayre Hoefken, mientras que en la lírica, estarán las poetas Victoria Guerrero, Giovanna Pollarolo y Alessandra Tenorio. Del género teatral, participa la dramaturga peruana Mariana de Althaus, y el actor y director Alberto Ísola. Asimismo se rendirá homenaje al vate peruano desaparecido Pablo Guevara, a cargo del escritor Hildebrando Pérez Grande y del joven narrador Eduardo Reyme Wendell. También se desarrollarán presentaciones de libros, conversatorios, recitales, etc.

El ingreso es libre. previa inscripción al siguiente link: https://docs.google.com/forms/d/1DlngBZOyU6VetufTxa5rg3nfSJ_SClMqsaWLAk44FCs/viewform

La arquitectura de la poesía: Jossimar Cavalier Gonzales y su “Diseño de interiores”

Jossimar Cavalier Gonzales Ed. Vivirsinenterarse Lima, 2015 52 pág.

Jossimar Cavalier Gonzales
Ed. Vivirsinenterarse
Lima, 2015
52 páginas.

Por Giuliana Catari:

“La palabra, una vez suelta, jamás se recupera”, dicha reflexión de Horacio, el vate latino, revela de manera precisa, el ars poética del que está compuesto Diseño de interiores, primer poemario del docente y ahora poeta, Jossimar Cavalier Gonzales (Lima).

Diseño de interiores (Lima: Ed. Vivirsinenterarse, 2015), es una propuesta estética, donde las reflexiones del yo poético y los espacios habitacionales se amalgaman en una sola palabra: morada. Cada habitáculo de la residencia es una imagen de autopoiesis que se deconstruye mediante la introspección del sujeto hacia la búsqueda de su pasado, como una forma de adaptación en la organización existencial.

De tal forma, que la esencia del yo poético va definiendo (modelando) las bases sólidas de la arquitectura habitacional, y es la palabra que delimita la estructura del proceso reflexivo a través de tres dimensiones: La primera parte: Construyendo tu silencio es el pórtico inicial de los recuerdos que nos invita al paisaje cotidiano del hogar, la modernidad y la au-esencia de la amada. El poema Azotea personal juega con los símiles del sustantivo ─en tanto razonamiento y área superior del ambiente lírico─, vislumbrando una carga irónica y de sarcasmo del yo poético: “…La sala ausente de pasos sirve como espacio vital para practicar/ El deporte democrático por excelencia: Perder la memoria a través del lindo aparatito. Aplicar la extroversión de siempre” (19).

Diseño mi interior contigo y sin ti, la segunda dimensión reflexiva revela a mayor escala el efecto del tiempo en la proyección del poeta. Las calles, los bares y rockolas son testigos remanentes de su historia y es la imagen de su musa, quien complementa los espacios de su soledad: “Entro en tu cuerpo, en tus entrañas, en cada fibra anatómica/De tu piel. /Me imagino recorriendo tu espacio-tiempo/Tus horas transcurridas, tu masa, tu volumen” (31).

Paradójicamente, la no presencia de la amada se convierte en una parte elemental del constructo poético, una ventana de placer y erotismo que se oculta tras la voz de un cuerpo imaginario. Es decir, su ausencia no significa la inexistencia en la vida del yo poético, sino el esbozo redentor de su esperanza.

Finalmente, la tercera dimensión del libro, nos conduce hacia un Hall de sensaciones, una conexión de cavilaciones que entretejen la cotidianeidad del poeta, donde la fugacidad de lo real se ve reemplazada por la necesidad de crear espacios tecnológicos. Sin embargo, dicha inmediatez del poeta remite también la honestidad de sus pensamientos, conjugados en equidad y ternura, sin la banalidad de falsas pretensiones. Así el poema Pisapapeles señala:

“Señores críticos, lo que se escribe se vomita, lo que se dice en el/Papel se queda en el papel, porque así como Heraud, mi verso/Es un río que recorre nocturnidades y casas, corazones y besos, muslos y piernas.”(44).

Por ello, la sencillez del lenguaje y el justo despliegue de figuras y neologismos en torno a la construcción de esta morada poética, denotan la agudeza de la voz lírica y el equilibrio de sus percepciones. Así, Diseño de Interiores, traduce de manera fidedigna los senderos de la añoranza personal y colectiva del poeta, remarcándolos como el “santuario de sus recuerdos” y el pasaje interior hacia una nueva etapa reflexiva. Sin duda, una visión integral que Cavalier inaugura en el tránsito de la poesía y que trasciende a la imagen testimonial de sí mismo.

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* Jossimar Cavalier Gonzales (Lima). Estudió Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV). Actualmente sigue la Maestría en Literatura Hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), y sus intereses académicos giran en torno a la narrativa de Sebastián Salazar Bondy.

Fuente: http://elbuho.pe/2015/08/13/la-arquitectura-de-la-poesia-jossimar-cavalier-gonzales-y-su-diseno-de-interiores/

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La nostalgia como acción y re-acción: “Voz de hilo” de Carlos Castañeda Peralta

Voz de hilo Carlos Castañeda Peralta Ed. Vivirsinenterarse Lima, 2015 37 páginas

Voz de hilo
Carlos Castañeda Peralta
Ed. Vivirsinenterarse
Lima, 2015
37 páginas

Por Giuliana Catari:

“Tengo que darles una noticia negra y definitiva. Todos ustedes se están muriendo”, estos versos iniciales de E. A. Westphalen  aperturan de manera  inteligible  y paralela la publicación de Voz de hilo (Lima, Ed. Vivirsinenterarse, 2015), flamante poemario  de Carlos Castañeda Peralta (Lima).

Desde el título, asistimos a la “destrucción” del yo, una voz no definida aún por el poder de la muerte, ni delimitada por su tradición histórica, pero que oscila permanentemente entre los tejidos de la nostalgia, la autocontemplación y la impotencia social. Así, deshilvanar rápidamente el  unísono de su voz a los filamentos mortuorios, implicaría confinarlo a las bases de la lírica familiar, habitual e intimista. Empero, su discurso poético radica en el  proceso de su desplazamiento personal hacia un corpus colectivo, en tanto construcción de resistencia verbal e ideológica a la idiosincrasia social.

En la primera parte: La augusta hora, la voz inicial se traduce en una solemnidad de lo vivido, donde la nostalgia se desenvuelve entre la humareda y la tristeza del hogar: “Humeantes. Mantel blanco envuelve las cucharas/ […] El día herido por una flecha y calles solitarias se enfrían de a pocos” (15). Posteriormente, esta añoranza del retrato familiar construida a la manera valdelomariana, enfrentará la tolerancia del sujeto con la “muerte” de su historia (familia), dando paso a la génesis de su violencia. Es decir, el yo poético transita del entorno apacible y costumbrista a las vallas ideológicas de sangre y comunidad: “Son breves los días de sol en nuestra cara, / ver nacer tus pasos cortos, brincar aquellas gradas que vibran         cantan. / Sigo pensando tu nombre detrás de la puerta. /Aderezas una foto del verde manto de Cajamarca” (20).

Asimismo, la luz como símil de redención y esperanza se verá contrapuesta a la noche como elemento revolucionario y derrotero de sus pensamientos, que a su vez alberga el residuo fantasmal de sus amores y ambigüedades (sangre –raza – familia).

Desde la segunda parte: Lamentos del Partisano, el imaginario de comunidad y lo consanguíneo conlleva un sentido más comprometido a partir del tropos de Mamaé, la abuela del yo poético: “(…) ¡Oh! Mamaé /en que rincón escondido dejaste pasar los años/olvidar tu cuerpo inclinado/entre tus piernas, un beso” (25).

Mamaé regresa del lugar de su historia, de lo concertado por otros,  para emerger como portavoz del silencio frente a la violencia narrada, confrontándose con la mirada del yo poético. Así, adquiere una dimensión mayor a la de los muertos y evidencia una inquietud a través del yo poético: “¿Cuál es el sentido correcto?/ ¿No eres tú la flor de Acho o confundes tus pasos en las veredas de Surco?”(26).

La contínua interpelación del yo poético con su abuela permite resemantizar la posición original del retrato familiar, pues esta voz de hilo atraviesa también a sus ascendientes, como una fibra delgada, apenas visible a los ojos del ciudadano y receptor. Por tanto, no es solo la dicción de un posible lamento o la melancolía del objeto perdido, sino hay un cuestionamiento durante este proceso: el puro fingimiento de no entender el entorno, evidencia una crisis del sujeto y por tanto una consecuencia: el pasado nostálgico “(…) Cajamarca pudo ser, pero se aleja” (27).

A esta carga colectiva se suma la imagen del partisano, figura de sacrificio que resiste en la clandestinidad de su propia historia y muestra el lado “amable” de la muerte. Aquí, la resignación no es un lugar para la historia  del yo poético, es un estado de autocontemplación que inquiere el espíritu de los vencidos y construye su camino reflexivo por medio de la ironía.

La tercera y última parte: A la  sombra de una flor, es una cavilación más sólida del poemario porque complementa y reafirma el concepto de la nostalgia como medio de acción y re-acción: “Reflexionar el mundo ensimismado/es ausencia de libertad. Verdad material, sustancial. / No singularidad redonda/ solo es recorrer el tiempo lineal/ascendente (33)”.

No basta pensar sobre el discurso escrito, pues es reducirlo a una voz reincidente en el dolor, determinándolo, víctima de su esclavitud histórica. Es necesario romper con el subjetivismo del yo poético y social para así deconstruir el tiempo lineal del discurso histórico y trascenderlo a las nimiedades de lo cotidiano.

Esta filosofía de lo atemporal que enfatiza Castañeda, se trasluce en los versos “Sentirse impotentes y morir de la espera/valores son de humanidad/ La consecuencia en actos es el peso de nuestras culpas” (35), pues  incluso lo moral y lo humano son recursos insuficientes ante la hostilidad del mundo. El amor, la ternura y los sueños son elementos utópicos que se ponen entre dicho  y sugieren la necesidad de una certeza: “La libertad es una conquista y/ el sacrificio, la perfecta escuela”.

Dichos versos refieren un territorio intelectual conocido, estático y dominante en tanto conocimientos acumulativos y de imitación. Sin embargo, ¿cuál es la posición del yo poético frente a este devenir de su realidad?, acaso sumarse a la acción inmediata para darle pie al discurso de su voz y la de sus ascendientes. Considero que el interés de la voz poética, inquiere algo más que la poesía. No es el verbo el lugar de reclamo, sino es el estado, la voz misma que ironiza desde su condición de yo observado. Por tanto, “Cimentar el mundo con tu verbo de hierro” denota la ruptura de lo ideológico con las palabras para entrelazar cuidadosamente cada fibra del verso con la creación de un nuevo sujeto.

En conclusión, Voz de hilo alcanza una apertura novedosa del lirismo contemporáneo,  no solo por el esteticismo y el uso de neologismos, sino porque en su contenido poético, pone en juego la crisis de las palabras en tanto representación mismas, a partir de un estado nostálgico y autocontemplativo, para luego desplazarse a una reacción permanentemente sutil, pero firme en la deconstrucción de un sujeto.

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* Carlos Castañeda Peralta: Estudió Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal (UNFV) y la Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). En la actualidad dirige la revista de crítica y creación literaria En la Sala de Espera.

Fuente: http://elbuho.pe/2015/06/13/la-nostalgia-como-accion-y-re-accion-voz-de-hilo-de-carlos-castaneda-peralta/

 

La metáfora de la historia: Hombres del sol de Carlos Flores-Guerra Portillo

Por Giuliana Catari:

Carlos Flores-Guerra Portillo Cascahuesos Editores Arequipa, 2014 115 páginas

Carlos Flores-Guerra Portillo
Cascahuesos Editores
Arequipa, 2014
115 páginas

Tras un vida intensa de actividades multifacéticas, el docente y ahora escritor Carlos Flores-Guerra Portillo (Puno, 1972), debuta en el escenario literario con el título Hombres del sol (Arequipa, Ed. Cascahuesos, 2014), una excelente novela que nos remonta a la piedra angular de nuestra historia prehispánica y los orígenes de la violencia.

Las descripciones de lugares místicos, la presencia de lo foráneo y andino y el lenguaje de la ayahuasca, constituyen la atmósfera adecuada en el registro histórico  a través de un objeto singular: el medallón dorado y sus poderes ancestrales. Sin embargo,  confinar el eje narrativo a una sola temática, sería desmerecer su sentido colectivo y la carga misteriosa que adopta cada pasaje literario.

Así, la historia de Gunter Henninger, un ex oficial nazi y la permanente búsqueda de este tesoro incaico de parte de un grupo judío, traspone el conflicto histórico no solo de  una generación, sino conlleva la angustia de un sujeto perseguido: Fabián Contreras, quien por el ser el último miembro generacional de su familia, no se exime de esta memoria violenta y que a su vez va deconstruyendo  los rezagos de sendero luminoso en el país. Asimismo, el tópico de venganza por la desaparición de su padre es una arista que lo interpela directamente con el sistema político de nuestra sociedad.

Cabe resaltar que esta imagen de lo perseguido se evidencia desde la figura de Mario Contreras, padre de Fabián, quién desde  niño concibe dicha amenaza como una sensación inexplicable pero vital. Ese “miedo” inevitable del personaje por los raíces de su historia asoma cada viaje y se nutre sutilmente en las relaciones de familia, pareja y  patriotismo.

La transición de lugares que va desde Alemania, España, Paraguay y Perú, especialmente Cusco y Arequipa, revelan también el proceso psicológico de los personajes a través de los múltiples diálogos con cada ciudad visitada. Si Arequipa tiene la esencia de ser la “Ciudad de los Volcanes” y Cusco, el misterio de un código secreto, Ayacucho es el espacio del desencuentro y la violencia, no por solo por tradición histórica sino por cuestiones aprehendidas. Cada ciudad es un personaje que se ha definido por su construcción cultural, su posición frente a otras se alude siempre desde la óptica del Otro. Por tanto, un panorama disgregado y fragmentado es fácil de domesticar por el poder del discurso positivista.

Es notorio el énfasis del autor por señalar el Cusco como lugar de muerte y vida, de batallas perdidas, de discursos vacíos, pero que reclaman un espacio en la memoria de la colectividad. Los amores del espíritu aventurero de Fabián, también se amalgaman en esa búsqueda de lo enigmático; lo bello y oscuro se materializa en esa mujer-ciudad, complementándola con los rituales de ceremonia y dolor que entretejen la visión performativa de Fabián en la situación de prófugo de su misma historia.

De otro lado, la conjugación no solo referentes históricos y geográficos, sino de personajes literarios como Carlos Oquendo de Amat y César Vallejo ─en tanto semblanza e influencia de su calidad poética─ enriquecen el bagaje cultural de esta historia, así como los intereses del autor por el cine y el alter ego de su personaje.

Sin embargo, Fabián Contreras no es otro arquetipo en la construcción de la novela, es una síntesis de mestizaje ─bávara, español y chanka─ donde los ejes del campo y la ciudad, lo libre y lo establecido, trastocan el laberinto de su propia historia, pues es él un intercesor entre dos políticas culturales: Europa y América, que a su vez d-enuncia una historia incompleta, dentro de la misma Historia. Valga diferenciarlo de un agente conciliador que armoniza dos discursos opuestos como lo fue Garcilaso de la Vega.

Ya el crítico  literario y filósofo alemán Walter Benjamin refería el análisis  del pasado  a partir del presente, criticando la idea del tiempo como algo homogéneo, estático o lineal. La única forma de deconstruir la historia es a través de un devenir no temporal,  una dialéctica que necesita una réplica y respuesta. Así, Fabián esboza las líneas de los conflictos sociales y políticos a través de la memoria y no de la historia, como discurso establecido.

El símbolo del medallón incaico y el hecho de no ser poseído por alguien apunta hacia lo oculto, describe una estrategia, una idea metafísica contra el poder no solo de lo simbólico sino de lo que aún no vemos. Tras la valla de los hechos insólitos, la historia es otra forma de violencia inscrita en la estética de lo ilustrado y racional, en términos de Slavoj Žižek, una violencia objetiva. En consecuencia, no se necesita ser héroe para cambiar el discurso de la historia solo el espacio para replantearlo desde su mismo contenido.

Por ello, Carlos Flores Guerra-Portilla es un escritor que equilibra magistralmente el discurso de lo metafísico y lo no tan místico. En ese ámbito, el manejo hábil del lenguaje, la trama ingeniosa y la naturaleza contemplativa de su prosa conllevan una realidad literaria donde la historia es una metáfora más, es el mismo personaje de lo que otros han narrado. Sin duda, esta  apuesta por el libro es una travesía fascinante del que auguramos una próspera continuación.

 

 

La vida es breve: una antología de pequeño aliento

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Por Giuliana Catari:

Si bien el microrrelato es un género que remonta sus orígenes a la tradición oral, hoy sus características han variado a raíz del modernismo hispanoamericano. Así, la brevedad resulta ser un elemento insuficiente para determinar la calidad del texto pues la mini ficción se presenta como una propuesta literaria que requiere también de estilo, precisión y busca parodiar la historia a través de la velocidad de los tiempos.

Con este preámbulo justificamos la aparición del texto La vida es breve (Lima, Ed. Vicio Perpetuo, 2014) a cargo del editor Julio Benavides Parra; una antología de microrrelatos que congrega veintiocho voces de autores nacionales e internacionales, quienes en un espacio de 300 palabras juegan entre los temas de la inocencia, la cotidianeidad, lo absurdo, lo fantástico, el amor y el infortunio de la vida.

Entre los autores peruanos tenemos a Maynor Freyre (Lima, 1941), escritor y periodista, que presenta el cuento: “! Papá, llévame contigo a Lima!”, quien con magistral sutilidad logra describir la historia de un delincuente y su ensoñación por el amor de su familia.

También se destaca la participación de escritores que escapan del centralismo limeño como la del escritor y director de la revista “Sieteculebras”, Mario Guevara Paredes (Cusco, 1956), con el texto “Dos mundos”, cuento que mejor contrasta las realidades sociales a través de un juego de niños.

De otro lado, está Christian Reynoso (Puno, 1978), destacado escritor y periodista, que con “La voz”, nos envuelve con sagacidad y buen manejo de estilo en la intriga de la historia de un hombre preso que dialoga con el eco de su conciencia.

“Un nombre aristocrático” de Manuel Centeno Cruz (Huaraz, 1987) es otro de los relatos que mejor reúne las características de este género y que rescata con tono sarcástico y de inocencia la historia del “nombre” de un futuro hijo en la sociedad mediática.

La arequipeña María Escalante con “Dafne” revela con absoluta pericia una singular historia de conflictos, soledad y tragedia en torno a la dueña de una herencia y el misterio de su muerte.

“Carretera al norte” del arqueólogo Pedro Vargas se construye entre lo fantástico y lo insólito, donde lo cotidiano de un viaje a la carretera se estriba con lo ominoso de la realidad y viceversa.

Otra estupenda historia es “Rolling Stone” de Daniel Yupanqui. El cuento hace gala de ironía a propósito del nombre del famoso grupo y lo relaciona con los problemas de salud que aquejan al narrador.

Entre los autores internacionales encontramos a Gisel Mendonca (Portugal, 1975) con “Cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que se vuelva realidad”, una historia sucinta e intensa que evidencia el peligro del deseo y el límite de su magnitud.

Sin duda una selección de fabulosas lecturas de pequeño aliento -en la ironía monterrosiana- que alimentan el universo literario y describen con ingenio y tenacidad la realidad crítica de la sociedad. Algunas historias se muestran más sórdidas que otras y convierten las tensiones de la vida en finales indecisos que se permean entre el dolor o la risa y aunque a veces lo cotidiano rebose la escritura, la dosis reflexiva se hace presente en el terreno lúdico.

Como el maestro Monterroso lo anunciaba en Tríptico: “El humor y la timidez generalmente se dan juntos (…). El humor es una máscara y la timidez otra. No dejes que te quiten las dos al mismo tiempo”.

Fuente: http://www.losandes.com.pe/Cultural/20141116/84128.html

 

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Juan Cristóbal. La última “canción” de un poeta.

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Por Giuliana Catari:

Tras más de 50 años dedicados a la producción literaria y luego de publicado su último poemario “Desde una aparente serenidad”, el audaz y controversial poeta Juan Cristóbal reafirma su retiro de la poesía, teniendo en su haber elogiosos poemarios como: “El Osario de los Inocentes”, “Estación de los desamparados, “La isla del Tesoro”(al alimón con Jorge Teillier), “Los rostros ebrios de la noche”, “En los bosques de cervezas azules: Antología 1971-1999”, entre otros.

En esta última entrevista, el vate peruano y Premio Nacional de Poesía nos recibe en la tranquilidad de su casa para conversar sobre la poesía, producción literaria y su despedida del campo lírico.

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Eran cerca de las tres de la tarde y aún no atinaba con la dirección de su casa. La inquietud y mis ganas de conocerlo intentaban jugarme un desliz para este tertulia literaría. Sin embargo, este albur del destino no impediría mi camino por las estrechas calles de Magdalena, como testigos fieles del encuentro con uno de los más grandes poetas de la generación del 60. A pocos metros de la avenida, me esperaba Juan Cristóbal. Me sentí afortunada.

Ingresé en la pequeña sala. La habitación rodeada de cuadros del Che Guevara, fotografías familiares y literarias y el sonido de las palomas revoloteando sobre el tejado de una tarde limeña creaban la atmósfera necesaria para el inicio de nuestra conversación.

Poesía y generación

De entrada la pregunta crucial que sobrevuela mi interés sobre su labor literaria era conocer el significado de la poesía para el vate peruano: “Es una síntesis, una posibilidad de encuentro con el inconsciente”, me responde. “Una interacción compleja de lo interno y de relación con los problemas sociales”. Según Juan Cristóbal la definición implicaba múltiples puntos de vista, dependiendo de cómo cada poeta lo asimile en una forma de vida.

En cuanto refiero mi pregunta sobre la generación de poetas del 60, JC esboza una leve sonrisa pues son pocos los poetas que considera en este grupo, destacando la figura de Juan Ojeda como alguien consecuente y de convicción: “Recuerdo que aunque la crítica de entonces no lo reconocía como tal -pues no formaba parte del poder cultural como Hinostroza, Marco Martos o Cisneros- la compañía y reconocimiento de algunos amigos como el poeta Julio Nelson, entre otros, nos permitió establecer una amistad más cercana. Él murió muy joven pero demostró siempre entereza por la poesía en la vida y eso es algo que no se puede olvidar”, dice JC.

Los rostros ebrios de la noche

Este poemario que le valió un Premio Copé en 1997 representa no solo un galardón en su poesía sino una etapa importante de su vida: “Con este libro inicio un marcado distanciamiento con el surrealismo no solo por el lenguaje sino también por los tres factores que influyeron con la realidad de mi vida: Primero, por el tiempo que estuve en prisión y conocí a mi esposa; segundo, por la militancia política de izquierda; y tercero, porque me acerqué a una realidad muy triste y dura”, nos dice el poeta. El poemario conlleva un lenguaje marginal y de sentido colectivo, donde el poeta confiesa haberle reprochado a la poesía sobre su realidad y su aparente conformismo con la sociedad. Un enfrentamiento visceral que trasciende al mismo lenguaje poético y que reclama la voz de estos personajes que transitan en la clandestinidad y se descubren a través de la experiencia del poeta.

A propósito de esta experiencia el vate recuerda una anécdota: “Caminaba una de esas noches por la Avenida La Marina con ganas de beber una cerveza con alguien, cuando me encuentro con unas de estas “muchachas” y la invito a beber conmigo, pero le aclaro que solo esa es mi intención y no quiero otra relación. Ella me acepta y empezamos a conversar, le pregunto si alguna vez pensaba dejar este trabajo, ella no se inmuta y responde que sí, le gustaría tener una familia y empezar otra vida, pero que no era fácil pues tendría que tratarse con un psicólogo y eso implicaba muchas cosas”. La lucidez de la muchacha me impactó y ayudó mucho en mis reflexiones posteriores sobre la calle y la realidad.

Por eso: “A diferencia del grupo “Hora cero” que también denota un lenguaje popular, en ese libro busco la profundidad de lo cotidiano y lo marginal hasta encontrarme con esa realidad desconocida sin afanes de postura superfluas”, agrega el poeta.

Periodismo, testimonio y política

Todos murieron” de 1987 es uno de los libros de corte periodístico en la que JC hace un análisis del genocidio” sucedido en los penales del Frontón. Este libro se constituye como una fuente testimonial de la violencia de la época y a partir de ello complementará con su poesía. “Creo que el escritor como ser humano es un ciudadano que tiene responsabilidades no solo con la poesía sino con la sociedad”, afirma el poeta.

Después de aquella frase comprendí mejor la importancia de la posición ideológica que debe tener un poeta o individuo con su realidad. JC como militante socialista no escatimaba sus convicciones políticas sobre el panorama político del Perú: “En el Perú solo existen dos grupos de izquierda: la seudo – izquierda representada por una burocracia nacionalista, mientras que la segunda es una lucha revolucionaria constituida por la violencia y barbarie de los tiempos. Es decir, aún no existe una fuerza de izquierda que represente al Perú y siga creyendo en el socialismo”, sostiene con energía.

Jorge Teillier y “La isla del Tesoro”

El apellido Teillier suena en la voz del poeta peruano como el canto de un jilguero en madrugada. “Era un hombre muy culto, tierno e inteligente”, indica el poeta. El recuerdo lo invade y la mirada se pierde en los ojos cansados de la belleza de la infancia.

La relación de JC con el poeta chileno fue de vital importancia para su vida y poesía pues desde que se conocieron en 1965 encontraron muchas afinidades literarias. De allí el surgimiento de un extraordinario poemario epistolar “La Isla del Tesoro”, una serie de correspondencias construidas durante 30 años y que por las circunstancias hostiles que vivieron ambos poetas, lo hicieron a manera de códigos filibusteros y de piratas. La trascendencia de este poemario era porque escapaba de lo personal a lo literario y lo político: “Por eso gritamos, como caballos desbocados en el viento: ¡Vivan las lágrimas lentas de los pobres! ¡Abajo las retamas y los resplandores morados del infierno!”.

Le comento a JC sobre Los poetas de los lares, un ensayo de Jorge Teillier que propone una visión desmitificadora de la poesía chilena y busca ir más alla del yo romántico poético -como Huidobro, Neruda y Pablo de Rokha- e intenta que seamos observadores simples del universo. Una visión que JC también comparte pues para él ese lenguaje nos acerca a la realidad. “El lenguaje poético de Teillier usa el hablar de los seres anónimos, donde la voz cotidiana expresa también una esencia poética”.

Libros, momentos y poesía

En este punto del diálogo, JC se lleva las manos al rostro y los frágiles dedos acarician la barbilla blanca del poeta con ligera incertidumbre. La cuestión de definir cuáles eran los textos vitalicios en la etapa de su poesía implicaba resumirla -mas no reducirla- a cuatro momentos que él considera: El primero sería “Osario de los Inocentes” por el despliegue del lenguaje surrealista; mientras que “La Isla del Tesoro”, “Poblando los Silencios” y “Desde una aparente serenidad” constituyen lo real, el sentimiento de la muerte y la nostalgia del futuro en el arte poética del autor.

Desde una aparente serenidad (Lima, Tribal, 2014)

El título del poemario sugiere una leve ironía del libro desde el espacio del poeta y su mirada, asi como la distancia desde la que ahora me observa en el sillón de madera: “Mi decisión de esta despedida se resume en este poemario, como parte de un viaje interior de más de 50 años, una reflexión que apunta a un espacio más para con mi familia, mis nietos, la vida que algunas veces no pude disfrutar”, dice el poeta. Sus palabras se aligeran de la carga de los años y transmite la lucidez de quien no reclama volver al pasado sino recordarnos esa nostalgia.

Esta última publicación va dedicado a Juan Gonzalo Rose, poeta que tuvo mucha influencia como Teillier en su adscripción poética y está llena de reflexiones íntimas y de sentido colectivo, que apelan a la memoria, la incertidumbre como una forma de conocimiento y se convergen en la lucidez de su experiencia como lo dice uno de sus versos: “un poeta/no es el que escribe como un naúfrago salido de un sueño(…), sino el que puede decir/(…)”no conozco la muerte/pero abro todas mis puertas y ventanas/para estampar firmemente mi desdicha”.

Entre otros poemas de libro existe uno denominado “Póstumo”, una revelación que acompaña al poeta desde el 2011 y que sin embargo perdurará en la posteridad de los días.

Confesión

Las horas pasan y el silencio de las palomas indican el sonido morturio del tiempo. Esta última palabra me remite a la variable condicional: hubiera…JC lo sabe perfectamente, por eso cuando le pregunto sobre qué le hubiera gustado ser, me responde con voz trémula: “Mi anhelo era ser guerrillero, pero me faltó más entereza”. Confiesa también si tuviera algo qué mejorar en su vida, sería el de ser un mejor hombre, padre y esposo”.   Un deseo que probablemente logre con el pasar de los años así como con la sensatez con la que ha llegado hasta ahora.

Sé que mi retiro se aproxima por el advenimiento de las sombras. Guardo la cámara de video en su estuche, no sin antes despedirme con esa imagen precisa que le atribuyó el poeta chileno Jorge Teillier a Juan Cristóbal en un poema: la de “Leyenda” porque en ese entonces el seudónimo de nuestro vate peruano aún no tenía mucho reconocimiento, pero que en palabras sabias del mismo Teillier, le dijo: “tu nombre en la posteridad sería Leyenda”. Un vaticinio con el que todos coincidimos.

 

 

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