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Publicado por: a20096205
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La mujer y la actividad política: historia de una inclusión / Mariana Olcese
Saturday, 8 October 2005

La mujer se ha encontrado históricamente excluida de la actividad política. La duplicidad entre público y privado, “el ámbito de la mujer es el hogar y el ámbito del hombre es la política”, es el principio en el que se basó la exclusión. Aquí, un breve recuento de la historia de la participación política femenina en el Perú, celebrando los 50 años desde que se reconoció el derecho a voto de la mujer.


El camino al voto

Los vientos liberales que soplaban sobre América Latina en el período después de las independencias de los países latinoamericanos se encuentran plasmados en las constituciones de la época. En ellas se define formalmente el concepto liberal de ciudadanía, aunque en la práctica esta excluía a los hombres no propietarios, a aquellos pertenecientes a sectores populares y a las mujeres. El voto es derecho exclusivo de la élite tanto económica como política que ocupa el Estado, y que favorece el liberalismo económico sobre el liberalismo político.

Al mismo tiempo, la Iglesia, tan cercana a la oligarquía, mantiene el control sobre la familia y la educación. Este último punto, la educación, en conjunto con el ingreso al mercado laboral, serán las puntas de lanza de la inclusión de las mujeres a la esfera política. La influencia de la Iglesia se tradujo en el “marianismo”, que consiste en asignar a la mujer una categoría moral superior a la del hombre, basado en la mitificación de la Virgen María madre.

Un ciclo de prosperidad y crecimiento económico entre 1880 y 1929 cambia la cara de las ciudades mediante la migración y la urbanización. Asociado al crecimiento de las ciudades surge la consolidación de un mercado interno, que a su vez favorece una incipiente industrialización. Nunca llegará a ser una gran industria, pero permitirá la aparición de un sector obrero.

En este período se abre la posibilidad, durante el oncenio de Leguía, de acceder a espacios donde pueda ampliarse la participación femenina. Estos son las Sociedades de Beneficencia Pública. Sin embargo, el debate no presentó una real apertura del espacio público para las mujeres, ya que se asumió que una mujer menor de 30 años no tenía educación suficiente para formar parte de estas organizaciones. Así, encontramos que sólo a las mujeres mayores de 30 con autorización marital se les permitió ingresar a las Sociedades.

También en este período las mujeres ya habían incursionando en la actividad política mediante el periodismo, y en la actividad literaria, como, por ejemplo, Clorinda Matto de Turner. A la vez, es en este momento de la historia de la inclusión femenina que las mujeres logran ser aceptadas en las universidades, específicamente en 1908. Sin embargo, ya había mujeres realizando estudios independientemente. Asimismo, las mujeres habían estado presentes como parte de las Jornadas de mayo de 1912 apoyando la candidatura de Billinghurst, y en la lucha por la jornada de ocho horas.

En la Constitución de 1933, después de siete sesiones de discusión, se aprobó el voto para la mujer en las elecciones municipales, propuesta presentada por la Unión Revolucionaria. Este voto se restringía a las mujeres mayores de edad, que en ese momento era 21 años, las casadas o que lo hayan estado, y las madres de familia. Sin embargo, las elecciones municipales no fueron instauradas hasta 1963.

De esta forma, el Estado pasa de estar centrado en la oligarquía y en la economía “hacia afuera”, a ser un Estado fuerte, populista y nacionalista. Este tipo de Estado tiene como sustento una base social que se movilice a favor del líder, consolidada mediante la integración de las clases populares a la economía urbana. Bajo esta lógica se incluye a sectores obreros, clases medias y profesionales y sus demandas. Así se extiende el derecho al sufragio.

Las mujeres, al integrarse al mercado laboral, en, por ejemplo, las industrias textiles, demandan reivindicaciones laborales, sociales y políticas. Siguiendo la línea de inclusión de sectores que permitan enfrentarse a las oligarquías exportadoras del período anterior, es en 1954, durante el gobierno de Manuel A. Odría, que se propone el derecho a voto para la mujer. Mediante la ley Nº12391, promulgada el 7 de setiembre de 1955, las mujeres alfabetas mayores de edad o mayores de 18 años casadas pueden elegir y ser elegidas.

La oposición a conceder el derecho a voto a la mujer no sólo se basó en la predominancia de cada género en el ámbito privado o público según correspondía. Además, también se planteaba que las mujeres serían influenciadas por sus maridos o por la Iglesia. Se asumía que los primeros no permitirían que las mujeres expresen su verdadera voluntad, y que la segunda perjudicaría el voto en el que predominaba la ideología antes que la fe. Aparte, por supuesto, de la suposición que el ingreso de la mujer a la esfera política destruiría la familia y el hogar.

Con la inclusión de las mujeres, el electorado se duplicó. No obstante, debe resaltarse que en nuestro país quienes promovieron el derecho a voto a la mujer fueron gobernantes conservadores. De esta forma era posible contrarrestar la creciente radicalización del electorado masculino, el cual se encontraba cada vez más movilizado, por lo que el voto concedido no significó un cambio en la forma de pensar sobre la mujer. Más bien se pensó que la influencia de la Iglesia conservadora sobre ella podría equilibrar los cambios sociales en curso. En las elecciones de 1956, fueron elegidas 1 representante para el Senado, y 8 representantes como diputadas.

Elegir y ser elegidas

El reconocimiento del voto a todos los peruanos mayores de 18 años por la Constitución de 1979 mediante el sufragio universal, implicó una mayor inclusión de la mujer en el sistema político. Esto no sólo se debe a que se disminuyó la edad necesaria para alcanzar la mayoría de edad, sino también a que dentro del sector analfabeto de la población, la mayoría son mujeres, y específicamente de zonas rurales. Según cifras del INEI, la tasa de analfabetismo de la población femenina mayor de 15 años en zonas rurales en el 2002 llegaba al 37,4%.

A partir de las elecciones de 1980, las mujeres en su conjunto tienen la capacidad de elegir y ser elegidas, por lo menos en teoría. Todavía se encuentran alrededor de 312 mil mujeres sin un documento de identidad que les permita ejercer su derecho al voto, según cifras del movimiento Manuela Ramos.

El sistema de cuotas, implementado en el Perú en 1997, ha sido también un avance en lograr la igualdad en la representación política. En América Latina las cuotas fueron establecidas primero por Argentina en 1991, por lo que su historia es bastante reciente. Las cuotas de género en el Perú sostenían inicialmente un 25% para listas al Congreso y municipios. En el año 2000 se aumentó la cuota para la lista al Congreso a 30%, y en el 2002 se hizo lo mismo con la cuota para municipios. Además, en el 2002 también se aplicó el 30% para las elecciones regionales.

A pesar de haber favorecido la igualdad en la representación, el sistema de cuotas todavía tiene un largo camino por delante. Por ejemplo, para el Congreso del 2000 se contaban 26 mujeres (21,6%) de 120 parlamentarios, y en el Congreso del año 2001 disminuyó la cantidad a 22 congresistas mujeres (18,3%). Sin embargo, sí se registra un aumento desde el 11,76% en el Congreso de 1995, al 18,3% de nuestro Congreso actual.

Sin intención de hacer propaganda a favor de la lideresa de UN, Lourdes Flores, el 2006 podría representar un hito en la historia de la participación política femenina en el Perú. Según las encuestas, al menos hasta el momento, una candidata es la que se encuentra en primer lugar en las preferencias de los electores para ocupar el cargo de presidente de la República. No resultaría sorprendente, además, que la inminente llegada de una mujer a la presidencia en Chile, Michelle Bachelet, favorezca enormemente a Lourdes Flores.

Mientras tanto, a 50 años de reconocer el derecho a voto de la mujer, el nuevo reto es permitir que todas las mujeres peruanas tengan las mismas posibilidades de participar en la toma de decisiones en sus comunidades y en el país. La ampliación de la democracia significa la inclusión de aquellos que se encuentran fuera, y ya conseguido el derecho a voto hace 50 años, ahora la meta es que todas sean verdaderas ciudadanas del país.

Mariana Olcese

Bibliografía:

León, Magdalena. Mujeres y participación política: avances y desafíos en América Latina. Santafé de Bogotá: Tercer Mundo editores. 1994

Movimiento Manuela Ramos: www.manuela.org.pe
Villanueva, Victoria y Elizabeth Herrera. 50 años del voto a las mujeres. Lima: Movimiento Manuela Ramos, Programa Derecho a la Participación Política y Ciudadanía. 2005

Asociación civil Transparencia: www.transparencia.org.pe

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El Voto Femenino
Todo político debe tentarlo.
Escribe FERNANDO TUESTA SOLDEVILLA

Hoy no hay campaña electoral seriamente diseñada si no se toma en cuenta a la gran población femenina votante. Sin embargo, este interés tiene en el Perú escasamente algo más de cuatro décadas, siendo el penúltimo país de la región, antes que Paraguay, en otorgar el voto a las mujeres.
LA mayoría de los movimientos de mujeres en el siglo XIX se estructuraron como movimientos "sufragistas". En 1869, las mujeres norteamericanas, luego de confrontaciones, muchas de ellas violentas, obtuvieron por primera vez en el estado de Wyoming su derecho al voto. Estos movimientos sufragistas luchaban, sin embargo, por el voto restringido. Exigían el voto sólo para las mujeres de las capas medias y capacitadas económicamente. Pero no es sino hasta inicios de siglo que las reivindicaciones femenistas hallaron el entusiasta apoyo de los partidos socialistas, quienes en el Congreso Internacional de Stuttgart (1907) asumieron la lucha por el voto para las mujeres, sin restricciones.
Después de 42 años de otorgarse el voto a las mujeres no es posible pensar la política sin ellas.
Progresivamente se fueron incorporando las mujeres a las organizaciones políticas. Nombres como la alemana Clara Zeltkin, la polaca Rosa Luxemburgo, las rusas Alexandra Kollontay, Angélica Balabanoff, N. Krupskaja o la inglesa Silvia Pankhust se consagraron como grandes lideresas en sus respectivas organizaciones.
Flora Tristán, pionera en la reivindicación de la mujer

EN EL PERU
En el Perú, por el peso de una sociedad aristocrática y oligárquica, la mujer fue abiertamente marginada en la política. No debe, sin embargo, dejar de anotarse que hubo intentos de pequeños núcleos aislados de mujeres que pidieron el voto femenino aunque restringido. Fueron las primeras socialistas mujeres, María Jesús Alvarado y Adela Montesinos, quienes plantearon como un derecho también de las mujeres el voto universal para todos, sin restricción. En la segunda década del siglo conformaron el grupo "Evolución femenina", que tenía como sustento luchar en pro de la cultura y derechos de la mujer. Otras como Zoila Aurora Cáceres y Elvira García y García luchaban, a su vez, por la educación general y el derecho al voto.
Fue, sin embargo, en los cruciales años '30, cuando la discusión sobre los derechos de la mujer se plantearon de manera más abierta. En el Parlamento, los grupos oligárquicos se opusieron al voto femenino al igual que al de los analfabetos; los apristas abogaron por el voto calificado, es decir, sólo a las mujeres que trabajan; y los socialistas, como Alberto Arca Parró, defendieron el voto femenino irrestricto, señalando sus reservas sobre la aplicación inmediata de dicha medida por las condiciones de inmadurez en que se encontraban las mujeres. Magda Portal, la poetisa y luchadora aprista de primera hora, tuvo una voz disidente en su partido. Más tarde, por su vanguardismo incómodo para la dirigencia, dejó las filas apristas. Finalmente, el Congreso Constituyente otorgó el derecho al voto para la mujer sólo para la elección municipal. Pero, ésta no se realizó sino hasta 1963. Los gobiernos de Sánchez Cerro (1931). Oscar R. Benavides (1936), Manuel Prado (1939) y José Luis Bustamante Rivero (1945) no cambiaron la situación de los derechos políticos de las mujeres.
La mujer peruana sufragó por primera vez en 1956. Ese año votó mayoritariamente por Prado
En la década del '50 nuestro país es gobernado por el general Manuel A. Odría, siendo testigo de profundos cambios en la sociedad: migración masiva del campo a la ciudad, conformación de las llamadas barriadas marginales, industrialización e incorporación creciente de la fuerza de trabajo proletaria y su organización gremial, conformación de un movimiento campesino. El General de la Alegría, fue el típico gobernante que combinó el oscurantismo represivo y el clientelismo con determinadas capas sociales, todo ello permitido por un contexto económico internacional de cierta bonanza de posguerra. En vista que no iba a volver a reelegirse como candidato único, como sucedió en 1950, cuando perpetró una de las mayores farsas electorales que se recuerda, decidió otorgar a través de la Ley 12391, el derecho de sufragio a las mujeres mayores de 21 años que supieran leer y escribir o a las casadas mayores de 18 años con el mismo requisito. El calendario marcaba: 5 de setiembre de 1955.
Odría pensaba que el voto de la mujer era conservador, por lo que encontraría un potencial aliado. Pero, el sentimiento antidictatorial al ochenio impidió que el general se presentara como candidato. Fue así como las elecciones de junio de 1956 permitió la presencia en el Parlamento, por primera vez, de mujeres. Estas fueron las pradistas Irene Silva, Lola Blanco, Carlota Ramos, Juana Ubillús, Manuela Billinghurst, la aprista María Gotuzzo y la acciopopulista Matilde Pérez Palacio. Eran mujeres de clase media y altas de la segmentada sociedad peruana. La segunda representación parlamentaria disminuyó ostensiblemente en el Congreso de 1963 con la sola participación de las reelegidas, María de Gotuzzo y Matilde Pérez Palacio. Igual número fue la representación femenina que llegó a ocupar un escaño en la Constituyente de 1978, con la pepecista Gabriela Porto de Power y la focepista Magda Benavides, primera sindicalista mujer en ocupar un cargo de esta naturaleza. De allí en adelante el número de representantes mujeres se incrementó en términos absolutos y porcentajes, y su variedad social y política permitió una mayor democratización de la representación parlamentaria.

EL SISTEMA DE CUOTAS
Si bien es innegable que la participación de la mujer en la vida nacional es incuestionable, esto no se ha traducido de modo significativo a nivel de la representación política institucional. Es así por ejemplo, que si el derecho a voto para las mujeres en el Perú tiene 42 años de vigencia, al ritmo de incorporación actual como representantes parlamentarias, se tendría que esperar hasta el año 2051 para que se llegue al 25% del total parlamentario. Pese a ser la mitad de la población electoral tenemos el siguiente panorama: a nivel parlamentario las mujeres sólo representan el 11%, no ha sido elegida ninguna presidenta ni vicepresidenta de la República; entre 1956-1995 sólo han sido elegidas 71 parlamentarias; sólo hemos tenido una presidenta del Congreso; en toda la historia republicana sólo han jurado 5 ministras; Lima sólo ha tenido una alcaldesa, pero no por elección sino por designación; desde 1963 sólo hemos elegido 41 alcaldesas provinciales y 21 distritales de Lima. Ante situaciones parecidas, en varios países se ha introducido en las legislaciones electorales el llamado "Sistema de Cuotas". El Perú también lo incorpora en la nueva Ley Orgánica de Elecciones, que está lista para promulgarse. En ella se estipula que las listas parlamentarias deben inscribir cuando menos 25% de mujeres.
Los críticos sostienen que el Sistema de Cuotas obliga a votar por algo que se impone. Se olvida que en el actual panorama de los partidos y listas independientes, la gran mayoría de la población no participa en su confección. Mal se haría en ser celosos en esta ocasión. Se dice también que la cuota permite que lleguen candidatas no capaces. Es posible, pero la historia parlamentaria ha sido mucho más benevolente con los hombres, que en porcentajes abrumadores se agruparían en esta categoría. Por lo demás, a los hombres no se les exige este requisito. Finalmente, se señala que las mujeres no están preparadas para tareas legislativas. Esto no hay forma de probarlo y depende de qué variables se consideren. Pero a modo de ejercicio, se puede escoger a la menos preparada del presente Parlamento y se tendrá con seguridad varios hombres en un nivel inferior. Nuevamente, se trata de exigir requisitos que ni los mismos hombres cumplen. En el fondo no se quiere reconocer que existe una desigualdad de hecho, que el Sistema de Cuotas es temporal, que por sí mismo no corrige las desigualdades, pero colabora para crear un escenario más propicio para la participación de la mujer. Por lo menos hay que observar esta experiencia con detenimiento, toda vez que la aplastante mayoría de hombres en los Parlamentos, ha resultado un fracaso repetido.
¿LAS MUJERES DECIDEN UNA ELECCION?
Muchos estrategas de campaña se han hecho esta pregunta. Siendo las mujeres la mitad de la población electoral del país, es evidente que su peso electoral es significativo. Sin embargo, no hay estudios que determinen las preferencias electorales de las mujeres. Hay que recordar que en nuestro país, a diferencia de otros, las mesas de sufragio no están diferenciadas por géneros, lo que no permite saber los resultados de una elección de hombres y mujeres de manera separada. Todo lo que se ha dicho hasta ahora son meras especulaciones. Sólo existen aproximaciones a partir de los resultados de los sondeos de opinión que nos proporcionan alguna información interesante. Lo primero que salta a la vista es que los tres hipotéticos candidatos mejor ubicados en la actualidad -Alberto Andrade, Alberto Fujimori y Javier Pérez de Cuéllar- tienen menores preferencias femeninas que masculinas. Situación que se invierte con Luis Castañeda Lossio y con mayor claridad con miembros de la oposición más reconocidos: Lourdes Flores, con mucha nitidez, Alan García y Javier Diez Canseco. Pese a ello ante la clásica pregunta ¿por quién votaría usted si las elecciones fueran mañana? un quinto de las mujeres son más cautas y aún no deciden. Esto sí es un hecho recurrente, pues un importante sector de las mujeres tardan un poco más que los hombres en tomar posturas políticas. Se toman su tiempo, colocando muchas veces a las elecciones en una situación impredecible. Lo cual está muy bien. Pero, resulta que las elecciones presidenciales no son mañana sino dentro de poco menos de tres años, donde mediará no sólo una parte importante de gestión gubernamental sino también una elección municipal en noviembre del próximo año que puede reubicar a los potenciales candidatos de manera muy distinta a la que tenemos por delante. Lo que sí es cierto es que 42 años después de otorgarse el voto a las mujeres no es posible pensar la política sin ellas. Toda campaña electoral deberá considerarlas como destacadas participantes y no sólo como un mercado electoral pasivo. Este es un evidente reto para todas las candidaturas que piensan competir seriamente.
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No Es Fácil Ganarlo
Las encuestas revelan que el voto femenino puede fluctuar en el curso de un proceso.
Conquistar el voto de la mujer es ahora el sueño de muchos políticos. Si antes, básicamente se pensaba en el voto de los hombres, ahora hay que pensar en el voto femenino que representa un volumen electoral muy atractivo. El presente informe, que incluye declaraciones de expertos en encuestas y de jóvenes estudiantes de la Universidad Católica, revela cambios muy importantes en el electorado femenino.
DESDE que el gobierno de Odría otorgara el voto a la mujer en setiembre de 1955, el sufragio de la mujer le ha dado una nueva e intrincada dimensión al escenario político peruano.
A propósito, un reciente estudio sobre el voto femenino en los procesos electorales de los últimos 25 años, realizado por Manuel Saavedra y Manuel Torrado, directores de las encuestadoras CPI y Datum, respectivamente, llega a conclusiones muy interesantes como, por ejemplo, que la participación de la mujer se ha incrementado, a tal punto que en estos momentos tanto ella como el hombre participan casi por igual en el acto del sufragio. Pero, en su concurso, es importante recalcar que sus opiniones y simpatías a veces se diferencian sustancialmente de las del hombres determinan virajes importantes.
Saavedra: ha logrado un mayor nivel de conciencia. Derecha, Torrado: ahora es más liberal.
El electorado femenino no es una perita en dulce como acaso algunos creen. Entre el '90 y '95, las encuestas revelan que el voto femenino denota un mayor grado de emotividad y puede cambiar de dirección en el curso de un proceso electoral.
Manuel Saavedra de CPI señala, por ejemplo, que el índice de simpatías de las limeñas hacia Vargas Llosa en tres encuestas realizadas entre la primera y segunda vuelta de las elecciones generales de 1990 varió de 34% el 30 de abril a 41% el 8 de mayo y 35% el 14 de mayo. En esa misma encuesta, las mujeres mostraban una menor simpatía por Alberto Fujimori que los hombres, quienes siempre lo apoyaron con más del 40%. La diferencia la marcaba un mayor grado de indecisión en el rubro `no sabe no opina'.
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Opinión de estudiantes refleja una nueva actitud.
Al final, el tsunami de Fujimori se convirtió en un resultado de 62 % a su favor contra 37 % de Vargas Llosa.
En las elecciones generales de 1995, en cambio, las limeñas apoyaron a Fujimori con índices parejos y semejantes a los de los hombres: 47% y 50% en las dos últimas encuestas de CPI, los que se sumaron a un 62% en el resultado final cuando se redujeron los indecisos.
Su entusiasmo por Alberto Andrade en el proceso municipal de ese año fue, a su vez, consistente según los sondeos de CPI: 45% en enero, 48 % en febrero y 54% en marzo. Las simpatías femeninas, en cambio, no pasaron de 48%.
Y las simpatías de las limeñas por Andrade han aumentado.
Según la última encuesta de Analistas & Consultores, a finales de setiembre, un 82% de las mujeres aprueban la gestión de Andrade en la alcaldía.
A su vez, un 66% de ellas desaprueba la gestión del presidente Fujimori, siendo más severas que el rechazo de 59.% de los hombres. (En el último sondeo de Imasen, 60% de las mujeres desaprueba al régimen.)
La mujer tiende a sentir más agudamente la escasez en el hogar y quizás por eso, entre las muchas razones que se dan para desaprobar al régimen, superan a los hombres 16 a 9% cuando dicen que "su política económica no está bien".
Un aspecto muy significativo en esta última encuesta de Analistas & Consultores: se observa que ahora las mujeres son más pesimistas que los hombres.
Fujimori: el 66% de ellas desaprueba su gestión. En cambio, se muestran entusiasmadas con la gestión de Andrade.
Un 45.5% de las mujeres dicen sentir desconfianza frente al futuro vs. un 38% de los hombres.
Para Alan García fue importante el voto femenino -dice Saavedra. En 1985 la presencia personal de AGP y la manera fácil de convencer caló muy profundo en las mujeres. Sin embargo, en los meses siguientes y previos a la hiperinflación, el porcentaje de aprobación a nivel de la mujer comenzaba a reflejar niveles menores de aprobación en relación a los hombres. En éstos tuvo mucho que ver la situación económica que empezó a ajustarse. La desaprobación de las mujeres se da por factores económicos.
Por otro lado se da una evolución importante en cuanto a opiniones y posiciones mucho más definidas que se manifiestan en las encuestas que se hicieron en los siguientes años sobre temas de interés nacional. Por ejemplo, cuando se hace encuestas sobre la condena del terrorismo, la reducción de porcentajes de abstención a preguntas importantes demostraba que se había dado una evolución en relación a los hombres. Cuando se tiene que opinar respecto a una gestión gubernamental, la de un alcalde distrital o provincial, o libertad de prensa, hay una decisión mucho más marcada.
Las chicas que desfilaron por las calles, hace unos meses, protestando por la destitución de los miembros del Tribunal de Garantías Constitucionales, dando una demostración de madurez e inquietud por los problemas del país, refleja una nueva manera de pensar en la mujer.
No obstante, la representación -luego de los comicios- de la mujer en la vida política nacional parece caer en un matiz de desencanto para estas jóvenes.
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Pionera
María Colina de Gotuzzo.
El 28 de julio de 1956, llegaron por primera vez al Parlamento nueve mujeres. Fue entonces todo un acontecimiento y la curiosidad en la gente por ver a las diputadas muy grande. Una de ellas fue María Colina de Gotuzzo, hoy una abuelita de 75 años de edad que, alejada del vértigo de la política, recuerda aquel día como una cosa muy pomposa y, sobre todo, emocionante. "de todas ellas solamente quedamos cuatro. Todavía Dios quiere mantenerme con vida", expresa
Fuente: http://www.caretas.com.pe/1485/voto/voto.htm