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Virgen María, en este Adviento...
Puntos de Oración
15-DICIEMBRE-11


Fuente: http://personales.jet.es/mistica

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1.- Virgen María, en este Adviento dile a Dios Padre de nuestra parte que despierte su poder y venga a salvarnos; que el mundo está cada vez más alejado y muchos pierden la fe o nunca la han tenido. Virgen María, pídele esto al Padre por medio de tu Hijo que para eso vino a salvarnos.

2.- Señor, dadnos sacerdotes santos, obispos santos, almas consagradas santas; mira que urge y no se ve un despertar tremendo como se vio un terrible despertar a la impiedad en décadas pasadas.

3.- Que amanezca en nuestros corazones el Unigénito del Padre en el esplendor de la gloria para que su venida ahuyente las tinieblas del pecado y nos transforme en hijos de la luz.

4.- Haz de mí, Señor, que esté dominado por Ti; que seas lo principal, lo único necesario de mi vida; no permitas que la depresión ponga sus garras en mi alma como en algunos que no tienen esperanza.

5.- Restáurame; brille en mí tu rostro y sálvame, y ayúdame para que te ayude en la salvación del mundo.
La imagen de la Virgen Dolorosa -Virgen de la Soledad- y la imagen de María con su Hijo muerto en su regazo -la Piedad-, puede decirse que no faltan en ninguna iglesia, que es la advocación preferida de todas las madres, que han dado a luz a sus hijos con dolor y han tenido que sufrir tanto por ellos, por diversos motivos y con tanta frecuencia.

El ángel había dicho a María que era bendita entre todas las mujeres, y apenas nacido Jesús, ya la llamaba Simeón la Madre de los Dolores, ya le anunciaba que una espada le atravesaría el corazón. Uno de los castigos del pecado original era que la mujer alumbraría a sus hijos con dolor, y ahora Simeón le decía que ella, que estaba libre del pecado original no se libraría de alumbrarnos con dolor, unida a la cruz de Jesús.

Si El había de ser Varón de Dolores, Ella sería la Madre de los Dolores. Una Madona sin sufrimientos, junto a un Cristo sufriente, dice Fulton Sheen, sería una Madona sin amor. Cristo nos amó tanto que quiso morir para expiar nuestra culpa y quiso que su Madre sufriera con El.

La alegría del nacimiento, los pastores, los Magos, pasaron pronto, y llegó la amargura del destierro. Tras los gozos de la niñez, vinieron las palabras misteriosas de Jesús en el templo. Junto a la amable vida de familia, está la llamada "noche de Nazareth", noche que duró muchos años. Jesús sigue en el taller. María espera en la oscuridad de la fe.

Por fin sale a predicar. Le siguen las turbas, realiza milagros. Pero quieren despeñarle en Nazareth -iglesita de Nuestra Señora del Temblor- y los sabios y sumos sacerdotes le desprecian. Y llega la Pasión. María no aparece el Domingo de Ramos, pero no falta a la cita en la Calle de la Amargura. Y menos podía faltar en el calvario, junto a la Cruz de Jesús.

Ahí está la Madre de los Dolores sufriendo con su Hijo. Ahora repite el Fiat que un día pronunció. Entonces le costó poco, ahora le cuesta mucho. Lo repite con un profundo dolor. "Mirad si hay dolor semejante a mi dolor". Pero lo repite con firmeza, de pie. Es la Reina de los mártires, la gran sacerdotisa de la humanidad. Ofrece al Hijo y se ofrece ella misma.

Jesús es colocado en los brazos de su Madre. María se acordaría de Belén. Pero todo había cambiado. Ahora está muerto y desfigurado. Cuando Jesús fue sepultado, la soledad de la Virgen fue todavía mayor. "Otra vez como en Belén tu falda cuna le hacía y sobre El tu amor volvía a la angustias primeras... Señora, si tú quisieras contigo le lloraría".

Fuente: www.evangeliodeldia.org



Comentario al Evangelio del Dia

«Ahí tienes a tu madre»


«Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre». ¿Con qué derecho el discípulo que Jesús amaba es el hijo de la madre del Señor? ¿Con qué derecho ésta es su madre? Es porque ella había dado a luz, entonces sin dolor, al que es la causa de la salvación de todos cuando de su carne nació el Dios hecho hombre. Ahora es con gran dolor que ella da a luz estando de pié junto a la cruz.

A la hora de su Pasión, el mismo Señor había, justamente, comparado a los apóstoles con una mujer que da a luz, diciendo: «La mujer cuando va a dar a luz está triste porque le ha llegado su hora. Pero cuando el niño ya ha nacido se olvida de sus angustias pasadas, porque en el mundo ha nacido un ser humano» (Jn 16,21). ¿Cuánto más un hijo como él ha podido comparar una tal madre, esta madre que se encuentra de píe junto a la cruz, a una mujer que da a luz? ¿Qué digo, comparar? Ella es verdaderamente mujer, y verdaderamente madre y, en esta hora sufre auténticos dolores de parto. Ella no experimentó los dolores de parto cuando dio a luz a su hijo tal como las demás mujeres; es ahora que ella sufre, que es crucificada, que experimenta la tristeza como la que da a luz porque ha llegado su hora (cf Jn 13,1; 17,1)...

Cuando esta hora habrá pasado, cuando la espada de dolor habrá traspasado enteramente su alma que da a luz (Lc 2,35), entonces tampoco ella «se acordará ya más de la angustia sufrida, porque en el mundo ha nacido un ser humano» –el hombre nuevo que renueva todo el género humano y reina sin fin sobre el mundo entero, verdaderamente, más allá de todo sufrimiento, nacido inmortal, el primer nacido de entre los muertos. Sí, en la Pasión de su hijo único, la Virgen ha dado a luz la salvación para todos, por eso es en verdad la madre de todos.