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Acto de Desagravio de S.S. Pío XI

ACTO DE DESAGRAVIO DE S.S. PÍO XI

¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.

Más recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Más, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos.

Amén.

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Miércoles de Ceniza

MIÉRCOLES DE CENIZA

Hoy en día los católicos -de los que asisten a misa- desconocen el verdadero sentido del Miércoles de Ceniza y de la Cuaresma, y por este desconocimiento no lo viven y por ello no reciben la Gracia de una sincera conversión, que es precisamente la idea de esta época.

El miércoles de ceniza es el inicio de la solemne apertura del ayuno cuaresmal, ayuno que es un tiempo de expiación de los pecados previo a la celebración de la Semana Santa y los misterios de la Redención del Hombre.

El ayuno cuaresmal al que da inicio el miércoles de ceniza es lo que los católicos conocemos como Cuaresma, la cual ha sido instituida por la Iglesia para recordarnos la necesidad de la penitencia en nuestra vida, imitando el ayuno de cuarenta de días de Jesús en el desierto y poder así obtener de Dios la Gracia de una verdadera conversión antes de comenzar a celebrar la Pascua, cuya celebración también nos tiene aseguradas una incontable cantidad de Gracias para nuestro crecimiento espiritual y santidad.

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¿De dónde se obtienen las cenizas?

Si tú conservas tus Palmas de Semana Santa del año pasado, no las deseches, debes averiguar en tu Parroquia cuando será la quema de palmas -generalmente es dos semanas antes del miércoles de ceniza- e ir y donar al párroco tus palmas para la quema de cenizas. Si puedes hacer la labor de recolectar en tu vecindario o escuelas las palmas de sus hogares mejor, ya que cada año se realiza la quema de cenizas para este fin.

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Stipendia peccati mors

El miércoles de ceniza es fiesta de precepto y hay que asistir a la Santa Misa obligatoriamente, pero más que asistir por cumplir hay que asistir sabiendo que ese día es el comienzo de cuarenta días en los cuales harás un examen de conciencia riguroso para, ayudado por el ayuno y la penitencia, lograr hacer una sincera confesión de vida para obtener la Gracia de una verdadera conversión.

En este día escucharás al sacerdote decir las palabras: “Acuérdate que polvo eres y al polvo volverás”  (Génesis 3. 19), frase que nos recuerda la sentencia pronunciada por Dios a Adán en el Paraíso. Y es que la muerte que nosotros conocemos hoy en día es fruto del pecado (Romanos 6. 23), así como nos explica San Pablo  “Así, pues, como por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos habían pecado”  (Romanos 5.12).

Pero las Sagradas Escrituras no sólo no explican la razón de nuestro pesar, también nos anuncian la posibilidad de encontrar el remedio, pues en Su Hijo encarnado, muerto y resucitado, Dios vuelve a abrir el Cielo a los hombres.

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La Cuaresma es Tradición

Todo el simbolismo que vemos en la celebración de la Santa Misa tiene sus raíces en la tradición de la Iglesia primitiva quienes practicaban la penitencia y el ayuno en esta época del año, para luego ir a confesar sus pecados, y preparase de manera digna y llegar en estado de Gracia a la celebración de la Pascua. Por ello San Agustín nos enseña: “¿Quieres que tu oración vuele hasta Dios? Pues ponle las dos alas del ayuno y la limosna”.

Y es que la manera de vivir la Cuaresma para el cristiano incluye necesariamente el sacrificio: sacrificio que te permitirá dominar el cuerpo y fortalecer el espíritu, sacrificio que te ayudará a dejar los vicios y los malos hábitos que entorpecen tu camino de santidad, sacrificio que te encaminará a una vida de mayor oración y menos cosas mundanas, sacrificio que pocos católicos están dispuestos a hacer hoy en día pues no quieren abandonar aquello que les ata al mundo y que tanto disfrutan, sacrificio que -bien hecho- se resume en Ayuno y Penitencia.

¿Por qué la Santísima Virgen nos repite en todas sus apariciones marianas que debemos hacer: Oración, Reparación y Penitencia? Porque el mundo está sumido en el pecado, porque con la oración equilibraremos en la balanza de la Justicia Divina el peso del bien contra el peso del mal, porque con la reparación nosotros mismos estamos reparando el daño causado con nuestros pecados y con ello acortamos nuestra estancia en el Purgatorio, porque con la penitencia es que ponemos en práctica la reparación las consecuencias de nuestros propios pecados y también los del mundo entero.

El Ayuno

Como nos dice el Sacerdote Exorcista José Antonio Fortea en su Blog: “El ayuno tiene indudables efectos espirituales. Uno de ellos es que llena al alma de gusto por las cosas del Reino de los Cielos. Con una medida tan simple, es siempre sorprendente como el espíritu se fortalece.”

Y a su vez -con tres sencillas ideas- el Padre Fortea nos recomienda tres clases de ayuno.

  1. El ayuno eclesiástico: Es el de el Miércoles de Ceniza o el Viernes Santo. Consiste en hacer una sola comida normal en el día, y una frugal colación a la hora del desayuno y de la cena. Por ejemplo, una fruta, o un poco de pan, o un yogur.
  2. El ayuno a pan: Consiste en hacer tres comidas al día, pero sólo a pan y agua.
  3. El ayuno de la cena: Consiste en irse a la cama sin cenar. Este ayuno se puede hacer dos o tres veces a la semana. Pudiéndose tomar una fruta a la hora de la cena si se desea. Otras personas pueden preferir el ir al trabajo sin desayunar. Muchos os dirán que ir sin desayunar es una locura: que no se rinde, que después comes más, etc. pero en las iglesias orientales ésta es una práctica común.

Verán que hacer ayuno en los cuarenta días de Cuaresma no es cosa para morirse, todo está en saber escoger el más adecuado para cada uno.

Yo también tengo un ayuno para recomendarles, y es que pueden escoger una hora en la que ustedes hagan una oración diaria (las 12 pm, la 1 pm, las 2 pm, las 3 pm) y desde que se levantan no comer nada hasta esa hora, solo mucha agua, y almorzar inmediatamente después de terminar su oración diaria.

Personalmente escogí las 3 pm, hora en que rezo la Divina Misericordia, y en los días en que ayuno, desde que me levanto hasta las 3 pm solo bebo mucha agua, y solo luego de terminar la oración debida, recién ahí almuerzo.

La Reparación

La reparación es tan impopular en nuestros días, que como no se habla de ella tampoco se practica. Si conocieran la importancia que tiene el hacer reparación para sus almas sería cosa de todos los días el hacerla.

Reparación es el acto o hecho de hacer enmienda, implica la intención de restaurar las cosas a su condición de normalidad y pureza, a cómo estaban antes de que algo malo fuese hecho; es decir, que toda acción tiene consecuencias, y ante la comisión de un pecado existen consecuencias también como la ofensa hecha a Dios, la mancha o muerte para tu alma y el daño causado al prójimo o a la Iglesia.

Con respecto a Dios, reparación significa recompensar con mayor amor por el fracaso en el amor a causa del pecado; significa restaurar lo que fue injustamente tomado y compensar con generosidad por el egoísmo que causó la injuria.

Como verás, la confesión de tus pecados no basta, debes reparar el daño causado.

Si las almas pecadoras que obtuvieron de Dios la Gracia de la salvación y por ella fueron a parar al Purgatorio hubieran hecho reparación de sus pecados, el tiempo de su Purgatorio se habría acortado, pues habrían tenido menos deudas ante Dios, por esto decimos en el Padrenuestro “y perdónanos nuestras deudas” para recordarnos las deudas que tenemos ante Dios.

A las cinco últimas generaciones se les ha enseñado a rezar diciendo “y perdónanos nuestras ofensas”, sin embargo, esta idea es incompleta y saca de la mente la idea de reparación para quien no la conoce, pues la ofensa hecha a Dios, Dios te la perdona si le pides perdón en la Confesión, pero la deuda contraída porque tú pecaste no se te perdona con la Confesión, sino con la reparación del pecado cometido.

Para quien no lo entienda es así: si robaste, entonces devuelves lo robado; si difamaste, entonces limpias la honra mancillada; si mentiste, entonces aclaras la verdad; y esto debe hacerse en la misma medida en que se hizo el daño, por ejemplo: si difamaste a alguien por internet, lo correcto es que uses el mismo medio para aclarar la verdad, pues debes pensar en la cantidad de personas a las que llegó el daño y que probablemente hiciste pecar.

Si por alguna razón justificada no está en tus posibilidades el poder hacer reparación, puedes ofrecer tus oraciones, la Santa Misa y horas de adoración eucarística por esa persona a la que hiciste el daño. Si está dentro de tus posibilidades el ofrecer disculpas a esa persona que ofendiste o dañaste estás obligado a hacerlo y además a repararle el daño causado. Esto es reparación y para lograrla hay que poner en práctica la penitencia.

La Penitencia

Para darnos una idea de las consecuencias del pecado, San Felipe Neri nos deja el ejemplo de una penitencia un poco rara.

San Felipe Neri era un santo con gran sentido común. Trataba a sus penitentes de una manera muy práctica, para que se les grabe en sus conciencias el daño que causaba el pecado y así dejaran de pecar.

Una señora tenía la costumbre de irse a confesar donde él y casi siempre tenía el mismo cuento que decir: el de calumniar a sus vecinos.

Por ello, san Felipe, le dijo: “De penitencia vas a ir al mercado, compras un pollo y me lo traes a mí. Pero de regreso lo vas desplumando, arrojando las plumas en las calles conforme caminas”. 

La señora pensó que ésta era una penitencia rara, pero deseando recibir la absolución, hizo conforme se le había indicado y por fin regresó donde San Felipe Neri. “Bueno, Padre, he completado mi penitencia” le dijo y le mostró el pollo desplumado.

“Oh, de ningún modo la has completado”le dijo el santo. “Ahora regresarás al mercado y en el camino recoges todas las plumas y las pones en una bolsa. Entonces regresas donde mí con la bolsa”.

¡Pero eso es imposible!lloró la señora–, ¡esas plumas deben de estar ahora por toda la ciudad!. 

“Es ciertoreplicó el santo–, pero tienes aún menor oportunidad de recoger todas las calumnias que has dicho sobre tus vecinos”.

Como verán, a los sacerdotes santos les importa tu santidad, no les basta que reces un Padrenuestro, tres Avemaría y un Yo Pecador, quieren que se te grabe en la mente que pecar es malo para tu alma y que tiene consecuencias en el mundo natural y también en el mundo sobrenatural. 

Repito que la sola confesión de los pecados no basta, hay que hacer reparación y para lograrlo hay que poner en práctica la penitencia, la que tú creas que puedes hacer bien, pero hacerla al final de cuentas y ofrecerla como reparación de tus pecados a Dios.

Una de las razones por las que los católicos hoy en día no hacen penitencia es porque afirman que los métodos de penitencia que conocemos de los santos o de los religiosos de siglos pasados son extremos, como el uso del cilicio (usado por muchos entre ellos Santa Catalina de Siena), cadenas en la cintura sujetas muy apretadas con un candado (cuya llave Santa Rosa de Lima tiró al pozo de su casa para que sus padres no le quiten la cadena), una corona de clavos que presionaba constantemente la cien, latigazos en la espalda (puestos en práctica por muchos entre ellos Santa Teresa de Jesús y San Juan María Vianney), poner chapitas o piedritas dentro de los zapatos (sin dejar que otros vean el dolor que les causaban), dormir en el suelo (puesto en práctica por muchos incluyendo a San Francisco de Asís, que no lo hacía por pobre) y también están las llamadas Disciplinas Externas de San Francisco de Sales y las Penitencias Externas de San Ignacio de Loyola.

Ten presente que estas prácticas eran severas maneras de causar dolor al cuerpo porque el espíritu estaba siendo tentando; pero claro, a ti no te hace falta imitarlas porque a ti no se te aparece ni te tienta salvajemente Satanás, como sí les sucedía a ellos, y claro que siendo ellos santos tenían mucho que perder, por ello, no es necesario que imites estas prácticas si no lo deseas, ya que puedes hacer Penitencia de muchas formas comenzando por cosas muy sencillas que aquí te recomendamos:

  • Escoge la actividad en tu hogar que no te gusta hacer, a mi por ejemplo no me gusta planchar, pero quizás a ti no te guste hacer la cama, lavar los platos, aspirar la casa, limpiar los baños, etc.; pues bien, la próxima vez que tu mamá o tu abuela necesiten ayuda en la casa ofrécete a hacer eso que no te gusta, pero debes hacerlo bien y con amor, y debes ofrecer eso que vas a hacer a Dios como penitencia. Si la actividad te lo permite y estas a solas, puedes rezar mentalmente una oración mientras la haces o cantar canciones de alabanzas a Dios. La idea es mantener la mente con pensamientos santos para que puedas superar esa tarea que te disgusta y puedas hacerla con amor para que tu ofrecimiento tenga valor ante Dios.
  • Si un día estás muy cansado y solo quieres echarte en tu cama suavecita a dormir, puedes poner la frazada o sleeping en el suelo y acostarte ahí, sin almohadas, de espaldas al suelo, hasta que te duermas, pero debes hacerlo bien y con amor, y debes ofrecerlo a Dios como penitencia. Ten presente que sólo sentirás un poco de incomodidad, pero considerando que cambias tu cama por el suelo estando tan cansado, ese ofrecimiento tendrá mucho valor para Dios.
  • Si observas bien, cada día hay una comida o postre que te encanta y que comes casi a diario, puede ser el café de las mañanas (sin el cual sientes que te mueres), puede ser que te encanta el arroz, las carnes o los chocolates, todos tenemos un gustito que no podemos resistir. Pues bien, dado que te gusta tanto, la idea es que no lo comas en un tiempo determinado, pero debes hacerlo bien y con amor, y debes ofrecerlo a Dios como penitencia. Puedes escoger una semana, un mes, o los cuarenta días de Cuaresma y le ofreces a Dios que durante este tiempo no lo vas a comer, pero ten en cuenta que es ¡lo que más te gusta en el mundo! y debes cumplirlo, verás que al terminar habrás dominado mucho tus impulsos y ese ofrecimiento tendrá mucho valor para Dios.
  • También existen los defectos, los vicios y los malos hábitos adquiridos, muchos saltan a la vista pero otros sólo tú te los conoces, pues escoge el peor que te encuentres y cógelo del pescuezo listo para deshacerte de él. Cuando lo tengas bien identificado, ponte un tiempo de prueba en el cual vas a dejar de hacerlo (una semana, quince días, un mes) y ofrécele a Dios el no hacerlo durante este tiempo, pero debes hacerlo bien y con amor, y debes ofrecerlo a Dios como penitencia. Deberás estar muy vigilante para no volverlo a cometer durante el tiempo que hayas escogido, pero al terminar ese tiempo, que puede ser corto o largo, verás que lo habrás dominado -y no él a ti- y ese ofrecimiento tendrá mucho valor ante los ojos de Dios.
  • Otra forma de hacer penitencia es para muchos hacer el Camino de Santiago Apóstol, un trayecto de 760 kms a pie, en el que los penitentes van en oración por terrenos y climas nada fáciles de sobrellevar, cargando sus mochilas, hospedándose en diferentes ciudades durante el trayecto hasta llegar a Santiago de Compostela, pero debes hacerlo bien y con amor, y debes ofrecerlo a Dios como penitencia, y al terminarlo tendrás la gran recompensa al ingresar a la Catedral de Santiago de Compostela de recibir ahí la confesión y participar de la Santa Misa, celebrada de manera muy tradicional con el enorme incensario ya mundialmente conocido. Este camino atrae hoy en día a muchos turistas que incluso lo hacen en bicicleta, pero es y siempre ha sido una manera de hacer penitencia para los que han sabido aprovecharlo.
  • Si vas a visitar un Santuario por una promesa que hiciste a Dios, a la Virgen o a algún Santo, puedes ingresar de rodillas al Santuario, pero recuerda que la idea es hacerlo de manera seria y rezando durante todo el trayecto, y debes hacerlo bien y con amor, y ofrecerlo a Dios como penitencia. Te aseguro que hacerlo no es fácil, pues deberás superar muchos miedos y vergüenzas, además de los comentarios maliciosos de quienes no comprenden lo que haces, pero por tener este grado de dificultad es que ese ofrecimiento tendrá mucho valor ante los ojos de Dios. Para aquellos que vean a alguien haciendo un ofrecimiento de este tipo les sugiero cerrar la boca y no servir de boca a los demonios, pues pueden truncar una reparación que esa persona estaba haciendo a Dios y asumir ustedes las consecuencias de ello, la cual verán el día de su Juicio personal ante Dios.
  • En la Procesión del Señor de los Milagros que se realiza todos los meses de Octubre en la ciudad de Lima, Perú, yo he visto a muchos fieles acompañar al Cristo de Pachacamilla sin zapatos, totalmente descalzos. Esta es una manera muy común y nada fácil de hacer penitencia, pues el trayecto de la procesión es bastante largo y dura horas, bajo el sol que calienta la pista, que a su vez no es del todo lisa, y los penitentes le acompañan orando y cantando descalzos desde su salida del Templo de Las Nazarenas hasta la Iglesia donde pernoctará hasta la procesión del día siguiente. Si te animas recuerda que debes hacerlo bien y con amor, y ofrecerlo a Dios como penitencia.

¿Sabías que la Reina Isabel la Católica pidió a Dios que si su esposo el Rey Fernando el Católico regresaba vivo de la batalla dada en Toro ella caminaría descalza desde el puente medieval de la ciudad hasta llegar al Convento de los Dominicos? Pues es un hecho histórico y tras la victoria de Toro, la Reina Isabel, descalza y vestida con una sencilla túnica, acompañada de su esposo el Rey Fernando y séquito, salió en procesión cruzando el puente medieval que aún se conserva en Toro, hasta llegar al Convento de los Dominicos. ¡Y lo hizo en época de nieve y frío! pero así son las penitencias, son un asunto entre la criatura y Dios, y nada ni nadie se interponen.

Lo bueno es que estas pequeñas formas que hemos compartido de practicar la penitencia las puedes hacer en cualquier época del año, no solamente durante la Cuaresma, y puedes volverlas a comenzar cuando te sientas preparado para ello.

Como te decía líneas arriba, la Santísima Virgen nos pide Oración, Reparación y Penitencia, las cuales puedes ofrecer en reparación por tus pecados y también por los del mundo entero. Los Santos que hoy están en los altares sabían que era muy necesario interceder y reparar las ofensas y sacrilegios que tanto ofenden al Señor.

La práctica hace al Santo

La penitencia o mortificación es una práctica olvidada también por muchos sacerdotes, que si las practicaran, aunque sea las sencillas, serian sacerdotes santos.

El Santo Cura de Ars, al escuchar a un sacerdote quejarse de la poca afluencia de feligreses a su Iglesia le dijo: “¿Ha predicado usted? ¿Ha orado? ¿Ha ayunado? ¿Ha tomado disciplinas? ¿Ha dormido sobre duro? Mientras usted no se decida a esto, no tiene derecho a quejarse”.

Y es que el ayuno, la reparación, la penitencia y también la oración tienen sus frutos, si los quieres ver ponlos en práctica, y recuerda que es “creer para ver” y no al revés.

Que Dios les conceda a todo en esta Cuaresma la Gracia de una sincera confesión y una verdadera conversión.

Karla Rouillon Gallangos.

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Y recuerda que los demonios son RESPONSABLES del pecado en el mundo, pero tú eres CULPABLE por no haber resistido la tentación y por ofender a Dios con el pecado. ¡Confiésate bien!

Para hacer una buena confesión ayúdate con tu GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN, con la cual revisarás los Mandamientos de Dios y de la Iglesia y verás en cuáles has ofendido tú a Dios con el pecado.

Descárgala aquí en PDF: GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN

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¿Como llegar a ser Santos?

¿Cómo llegar a ser Santos?

Los Santos se hacen en la Tierra, con las rodillas, la penitencia y la oración. No basta la confesión, también hay que hacer reparación.

Todos estamos llamados a ser Santos ¿pero cómo lo logramos hoy en día en un mundo tan materialista y egoísta? No es fácil pero ahí les va mi experiencia y la que aconsejan muchos Santos Sacerdotes -sin dejar de lado a las apariciones marianas y a los místicos que aconsejan lo mismo.

Conversión

Es darte cuenta que no vives tu vida de acuerdo a lo que Dios espera de ti. Dios te ha dado el libre albeldrío pero también te ha dado talentos para que los uses para tu bien y para ayudar a otros. Debes ver dentro de ti mismo y encontrar cuáles son estos dones y tratar ponerlos en práctica, pero no sin Dios. Dios es y siempre debe ser el eje de tu vida y y el centro de todo lo que haces, Él te guiará a usar esos talentos de la mejor manera para tu salvación y la de muchos y todo lo que haces debe ser siempre con mucho amor y desprendimiento (sin buscar retribución), siempre para mayor Gloria de Dios, es decir, para que muchos más también conozcan a Dios.

Parte importantísima de la conversión de vida es la confesión. Si tú decides acercarte a Dios no puedes acercarte sucio y llenos de cargas pesadas que te impidan llegar a él, debes dejar tus pecados y tus lágrimas en el confesionario, y luego debes hacer reparación de tus pecados.

Recuerda que los demonios son RESPONSABLES del pecado en el mundo, pero tú eres CULPABLE por no haber resistido la tentación y por ofender a Dios con el pecado.

Si la penitencia no lleva al esfuerzo interior que elimina el pecado y a practicar las virtudes, no puede ser agradable a Dios, que quiere ser servido con corazón humilde, puro, sincero, nos dice San Agustín; por eso, debes confesar tus pecados con la sincera enmienda de no volverlos a cometer más, sabiendo que el pecado es ofensa contra Dios, y que tú ofendiste a Dios con cada uno de tus pecados. Esto es lo importante.

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Consejos del Padre Carlos Cancelado para hacer una buena Confesión

El Padre Carlos Cancelado recomienda que una vez tomada la decisión de confesarte bien, debes REZAR para pedir a tu Santo Ángel de la Guarda que te ayude a recordar todos tus pecados, luego debes hacer tu EXAMEN DE CONCIENCIA revisando los MANDAMIENTOS DE DIOS, uno por uno, y si quieres escribirlos para no olvidarlos (pero luego de decirlos al confesor debes asegurarte de romper la lista).

Debes tener verdadero DOLOR DE TUS PECADOS y firme PROPÓSITO DE ENMIENDA, es decir, que luego de conocer y recordar tus pecados debes no querer volverlos a cometer jamás. Antes de ir a confesarte debes orar a Dios y pedirle un BUEN SACERDOTE QUE TE COMPRENDA Y TE ACONSEJE BIEN, pedirle a tu Santo Ángel de la Guarda y a San Miguel Arcángel que te guíen en tu camino para encontrar el Confesor que Dios quiere, para que te protejan en el camino y que no permitan que los demonios se interpongan e impidan tu confesión.

Debes ir primero al SAGRARIO y leerle todos tus pecados a JESÚS, tal y como se los vas a decir al Sacerdote; luego debes ir al Confesionario y debes CONFESAR TODOS TUS PECADOS QUE HAS RECORDADO sin ocultar ninguno ni justificarte, solo lee la lista que has hecho y los que hayas olvidado los recordarás ahí mismo.

Una vez que hayas terminado de leerle la lista (no tiene que ser en voz alta) puedes rezar el Señor Mío Jesucristo antes de entrar al confesionario. Es preferible que busques los confesionarios antiguos que son cerrados para que te sientas más cómodo.

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío
­por ser Vos quien sois­
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberos ofendido.
También me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia,
propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Ingresa en el confesionario, el sacerdote dirá “Ave María Purísima” y tú responderás “Sin Pecado Concebida Santísima”, te preguntará cuándo fue la última vez que te confesaste y dirás “Padre no me confieso desde hace …. (tanto tiempo), luego te preguntará qué pecados deseas confesar y dirás “Padre, quiero pedirle perdón a Dios por …. (comienzas a leer tu lista)”.

El sacerdote te va a escuchar y te va a aconsejar, no te calles nada porque es pecado grave callarte un pecado en el confesionario, suéltalo todo y sin vergüenza que Dios ya sabe lo que haz hecho y ahora quiere perdonarte. Si tú no le pides perdón a Dios él no puede perdonarte. Recuerda que el morir sin confesar los pecados mortales es condenación al infierno. No te calles nada, pues nada puedes ocultarle a Dios.

El sacerdote te va a dar un consejo o una llamada de atención por algo y no tengas vergüenza que es Jesucristo mismo quien está ahí, te va a dar tu penitencia y te va a absolver de tus pecados diciendo las mejores palabras que jamas hayas escuchado en tu vida «Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» y tú respondes “AMÉN”.

El sacerdote te dirá “puedes ir en paz” y tú respondes “demos gracias a Dios” y le agradeces al sacerdote si quieres.

Por último, en la Iglesia te arrodillas donde tú quieras y deberás cumplir la PENITENCIA que te dé el Sacerdote Confesor y LISTO. Espera la Santa Misa y comulga con tu alma limpia, sé constante y fuerte para no volver a pecar.

Puedes ayudarte con esta GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN

Penitencia

La penitencia es para muchos algo muy exagerado, pero se refiere al ayuno y la mortificación. Hay muchos tipos de ayuno, algunos son suaves otros más severos, todo depende de la persona, nadie te obliga a hacer un ayuno severo, debes empezar con sacrificios pequeños.

Igual es con la mortificación, nadie dice que seas severo contigo mismo, pero “puedes algo hacer lo que no te gusta hacer” como limpiar los baños, tender la cama, barrer o planchar, sacar la basura, algo que no te guste hacer pero hacerlo con amor ofreciéndole tus sacrificios y esfuerzo a Dios, por las BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO y por la conversión de los pecadores.

Aquí te damos más ideas de MORTIFICACIÓN Y PENITENCIAS PEQUEÑAS con las que puedes empezar.

Oración

No podemos ser santos sin oración, yo te recomiendo el ROSARIO DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL, el SANTO ROSARIO y la CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA

Reparación

Está bien que hayas confesado tus pecados, y mejor aún que en esta nueva etapa de tu vida hagas oración, reparación y penitencias, como lo ha pedido la Santísima Virgen en Fátima, pero si robaste debes reponer lo robado, si difamaste o mentiste debes decir la verdad y aclarar lo mal dicho, si ofendiste a Dios debes ahora hacer actos de adoración, si hablaste mal de los sacerdotes o de la Iglesia ahora debes aclarar la verdad y defender a los sacerdotes y a la Iglesia de los cuales Dios se sirve para que tú seas santo.

Esto es hacer reparación y uno de sus beneficios es que equilibra la balanza de los actos buenos y malos de tu vida ante Dios, lo que finalmente acortará tu Purgatorio.

Te comparto estas prédicas del Padre Carlos Cancelado sobre COMO LLEGAR A SER SANTOS – PARTE 01COMO LLEGAR A SER SANTOS – PARTE 02

Tambien puedes encontrarnos en la página de Facebook GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN

Que Dios les conceda a todos las Gracias que necesiten.

Karla Rouillon Gallangos

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