EL AMBIENTE RELIGIOSO CULTURAL DE SAN PABLO
Hoy comienzo un nuevo ciclo de catequesis, dedicado al gran apóstol san Pablo. Como sabéis, a él está consagrado este año, que va desde la fiesta litúrgica de los apóstoles San Pedro y San Pablo del 29 de junio de 2008 hasta la misma fiesta de 2009. El apóstol san Pablo, figura excelsa y casi inimitable, pero en cualquier caso estimulante, se nos presenta como un ejemplo de entrega total al Señor y a su Iglesia, así como de gran apertura a la humanidad y a sus culturas.
Así pues, es justo no sólo que le dediquemos un lugar particular en nuestra veneración, sino también que nos esforcemos por comprender lo que nos puede decir también a nosotros, cristianos de hoy. En este primer encuentro, consideraremos el ambiente en el que vivió y actuó. Este tema parecería remontarnos a tiempos lejanos, dado que debemos insertarnos en el mundo de hace dos mil años. Y, sin embargo, esto sólo es verdad en apariencia y parcialmente, pues podremos constatar que, en varios aspectos, el actual contexto sociocultural no es muy diferente al de entonces.
Un factor primario y fundamental que es preciso tener presente es la relación entre el ambiente en el que san Pablo nace y se desarrolla y el contexto global en el que sucesivamente se integra. Procede de una cultura muy precisa y circunscrita, ciertamente minoritaria: la del pueblo de Israel y de su tradición. Como nos enseñan los expertos, en el mundo antiguo, y de modo especial dentro del Imperio romano, los judíos debían de ser alrededor del 10% de la población total. Aquí, en Roma, su número a mediados del siglo I era todavía menor, alcanzando al máximo el 3% de los habitantes de la ciudad. Sus creencias y su estilo de vida, como sucede también hoy, los distinguían claramente del ambiente circunstante. Esto podía llevar a dos resultados: o a la burla, que podía desembocar en la intolerancia, o a la admiración, que se manifestaba en varias formas de simpatía, como en el caso de los "temerosos de Dios" o de los "prosélitos", paganos que se asociaban a la Sinagoga y compartían la fe en el Dios de Israel.
Como ejemplos concretos de esta doble actitud podemos citar, por una parte, el duro juicio de un orador como Cicerón, que despreciaba su religión e incluso la ciudad de Jerusalén (cf. Pro Flacco, 66-69); y, por otra, la actitud de la mujer de Nerón, Popea, a la que Flavio Josefo recordaba como "simpatizante" de los judíos (cf. Antigüedades judías 20, 195.252; Vida 16); incluso Julio César les había reconocido oficialmente derechos particulares, como atestigua el mencionado historiador judío Flavio Josefo (cf. ib., 14, 200-216). Lo que es seguro es que el número de los judíos, como sigue sucediendo en nuestro tiempo, era mucho mayor fuera de la tierra de Israel, es decir, en la diáspora, que en el territorio que los demás llamaban Palestina.
No sorprende, por tanto, que san Pablo mismo haya sido objeto de esta doble y opuesta valoración de la que he hablado. Es indiscutible que el carácter tan particular de la cultura y de la religión judía encontraba tranquilamente lugar dentro de una institución tan invasora como el Imperio romano. Más difícil y sufrida será la posición del grupo de judíos o gentiles que se adherirán con fe a la persona de Jesús de Nazaret, en la medida en que se diferenciarán tanto del judaísmo como del paganismo dominante.
En todo caso, dos factores favorecieron la labor de san Pablo. El primero fue la cultura griega, o mejor, helenista, que después de Alejandro Magno se había convertido en patrimonio común, al menos en la región del Mediterráneo oriental y en Oriente Próximo, aunque integrando en sí muchos elementos de las culturas de pueblos tradicionalmente considerados bárbaros. Un escritor de la época afirmaba que Alejandro "ordenó que todos consideraran como patria toda la ecumene... y que ya no se hicieran diferencias entre griegos y bárbaros" (Plutarco, De Alexandri Magni fortuna aut virtute, 6.8). El segundo factor fue la estructura político-administrativa del Imperio romano, que garantizaba paz y estabilidad desde Bretaña hasta el sur de Egipto, unificando un territorio de dimensiones nunca vistas con anterioridad. En este espacio era posible moverse con suficiente libertad y seguridad, disfrutando entre otras cosas de un excelente sistema de carreteras, y encontrando en cada punto de llegada características culturales básicas que, sin ir en detrimento de los valores locales, representaban un tejido común de unificación super partes, hasta el punto de que el filósofo judío Filón de Alejandría, contemporáneo de san Pablo, alaba al emperador Augusto porque "ha unido en armonía a todos los pueblos salvajes... convirtiéndose en guardián de la paz" (Legatio ad Caium, 146-147).
Ciertamente, la visión universalista típica de la personalidad de san Pablo, al menos del Pablo cristiano después de lo que sucedió en el camino de Damasco, debe su impulso fundamental a la fe en Jesucristo, puesto que la figura del Resucitado va más allá de todo particularismo. De hecho, para el Apóstol "ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Ga 3, 28). Sin embargo, la situación histórico-cultural de su tiempo y de su ambiente también influyó en sus opciones y en su compromiso. Alguien definió a san Pablo como "hombre de tres culturas", teniendo en cuenta su origen judío, su lengua griega y su prerrogativa de "civis romanus", como lo testimonia también su nombre, de origen latino.
Conviene recordar de modo particular la filosofía estoica, que era dominante en el tiempo de san Pablo y que influyó, aunque de modo marginal, también en el cristianismo. A este respecto, podemos mencionar algunos nombres de filósofos estoicos, como los iniciadores Zenón y Cleantes, y luego los de los más cercanos cronológicamente a san Pablo, como Séneca, Musonio y Epicteto: en ellos se encuentran valores elevadísimos de humanidad y de sabiduría, que serán acogidos naturalmente en el cristianismo.
Como escribe acertadamente un experto en la materia, "la Estoa... anunció un nuevo ideal, que ciertamente imponía al hombre deberes con respecto a sus semejantes, pero al mismo tiempo lo liberaba de todos los lazos físicos y nacionales y hacía de él un ser puramente espiritual " (M. Pohlenz, La Stoa, I, Florencia 1978, p. 565). Basta pensar, por ejemplo, en la doctrina del universo, entendido como un gran cuerpo armonioso y, por tanto, en la doctrina de la igualdad entre todos los hombres, sin distinciones sociales; en la igualdad, al menos a nivel de principio, entre el hombre y la mujer; y en el ideal de la sobriedad, de la justa medida y del dominio de sí para evitar todo exceso. Cuando san Pablo escribe a los Filipenses: "Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta" (Flp 4, 8), no hace más que retomar una concepción muy humanista propia de esa sabiduría filosófica.
En tiempos de san Pablo existía también una crisis de la religión tradicional, al menos en sus aspectos mitológicos e incluso cívicos. Después de que Lucrecio, un siglo antes, sentenciara polémicamente: "La religión ha llevado a muchos delitos" (De rerum natura, 1, 101), un filósofo como Séneca, superando todo ritualismo exterior, enseñaba que "Dios está cerca de ti, está contigo, está dentro de ti" (Cartas a Lucilio, 41, 1). Del mismo modo, cuando san Pablo se dirige a un auditorio de filósofos epicúreos y estoicos en el Areópago de Atenas, dice textualmente que "Dios... no habita en santuarios fabricados por manos humanas..., pues en él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 24.28). Ciertamente, así se hace eco de la fe judía en un Dios que no puede ser representado de una manera antropomórfica, pero también se pone en una longitud de onda religiosa que sus oyentes conocían bien.
Además, debemos tener en cuenta que muchos cultos paganos prescindían de los templos oficiales de la ciudad y se realizaban en lugares privados que favorecían la iniciación de los adeptos. Por eso, no suscitaba sorpresa el hecho de que también las reuniones cristianas (las ekklesíai), como testimonian sobre todo las cartas de san Pablo, tuvieran lugar en casas privadas. Entonces, por lo demás, no existía todavía ningún edificio público. Por tanto, los contemporáneos debían considerar las reuniones de los cristianos como una simple variante de esta práctica religiosa más íntima. De todos modos, las diferencias entre los cultos paganos y el culto cristiano no son insignificantes y afectan tanto a la conciencia de la identidad de los que asistían como a la participación en común de hombres y mujeres, a la celebración de la "cena del Señor" y a la lectura de las Escrituras.
En conclusión, a la luz de este rápido repaso del ambiente cultural del siglo I de la era cristiana, queda claro que no se puede comprender adecuadamente a san Pablo sin situarlo en el trasfondo, tanto judío como pagano, de su tiempo. De este modo, su figura adquiere gran alcance histórico e ideal, manifestando elementos compartidos y originales con respecto al ambiente. Pero todo esto vale también para el cristianismo en general, del que el apóstol san Pablo es un paradigma destacado, de quien todos tenemos siempre mucho que aprender. Este es el objetivo del Año paulino: aprender de san Pablo; aprender la fe; aprender a Cristo; aprender, por último, el camino de una vida recta.
LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO
Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy estará dedicada a la experiencia que san Pablo tuvo en el camino de Damasco y, por tanto, a lo que se suele llamar su conversión. Precisamente en el camino de Damasco, en los inicios de la década del año 30 del siglo I, después de un período en el que había perseguido a la Iglesia, se verificó el momento decisivo de la vida de san Pablo. Sobre él se ha escrito mucho y naturalmente desde diversos puntos de vista. Lo cierto es que allí tuvo lugar un viraje, más aún, un cambio total de perspectiva. A partir de entonces, inesperadamente, comenzó a considerar "pérdida" y "basura" todo aquello que antes constituía para él el máximo ideal, casi la razón de ser de su existencia (cf. Flp 3, 7-8) ¿Qué es lo que sucedió?
Al respecto tenemos dos tipos de fuentes. El primer tipo, el más conocido, son los relatos escritos por san Lucas, que en tres ocasiones narra ese acontecimiento en los Hechos de los Apóstoles (cf. Hch 9, 1-19; 22, 3-21; 26, 4-23). Tal vez el lector medio puede sentir la tentación de detenerse demasiado en algunos detalles, como la luz del cielo, la caída a tierra, la voz que llama, la nueva condición de ceguera, la curación por la caída de una especie de escamas de los ojos y el ayuno. Pero todos estos detalles hacen referencia al centro del acontecimiento: Cristo resucitado se presenta como una luz espléndida y se dirige a Saulo, transforma su pensamiento y su vida misma. El esplendor del Resucitado lo deja ciego; así, se presenta también exteriormente lo que era su realidad interior, su ceguera respecto de la verdad, de la luz que es Cristo. Y después su "sí" definitivo a Cristo en el bautismo abre de nuevo sus ojos, lo hace ver realmente.
En la Iglesia antigua el bautismo se llamaba también "iluminación", porque este sacramento da la luz, hace ver realmente. En Pablo se realizó también físicamente todo lo que se indica teológicamente: una vez curado de su ceguera interior, ve bien. San Pablo, por tanto, no fue transformado por un pensamiento sino por un acontecimiento, por la presencia irresistible del Resucitado, de la cual ya nunca podrá dudar, pues la evidencia de ese acontecimiento, de ese encuentro, fue muy fuerte. Ese acontecimiento cambió radicalmente la vida de san Pablo. En este sentido se puede y se debe hablar de una conversión. Ese encuentro es el centro del relato de san Lucas, que tal vez utilizó un relato nacido probablemente en la comunidad de Damasco. Lo da a entender el colorido local dado por la presencia de Ananías y por los nombres tanto de la calle como del propietario de la casa en la que Pablo se alojó (cf. Hch 9, 11).
El segundo tipo de fuentes sobre la conversión está constituido por las mismas Cartas de san Pablo. Él mismo nunca habló detalladamente de este acontecimiento, tal vez porque podía suponer que todos conocían lo esencial de su historia, todos sabían que de perseguidor había sido transformado en apóstol ferviente de Cristo. Eso no había sucedido como fruto de su propia reflexión, sino de un acontecimiento fuerte, de un encuentro con el Resucitado. Sin dar detalles, en muchas ocasiones alude a este hecho importantísimo, es decir, al hecho de que también él es testigo de la resurrección de Jesús, cuya revelación recibió directamente del mismo Jesús, junto con la misión de apóstol.
El texto más claro sobre este punto se encuentra en su relato sobre lo que constituye el centro de la historia de la salvación: la muerte y la resurrección de Jesús y las apariciones a los testigos (cf. 1 Co 15). Con palabras de una tradición muy antigua, que también él recibió de la Iglesia de Jerusalén, dice que Jesús murió crucificado, fue sepultado y, tras su resurrección, se apareció primero a Cefas, es decir a Pedro, luego a los Doce, después a quinientos hermanos que en gran parte entonces vivían aún, luego a Santiago y a todos los Apóstoles. Al final de este relato recibido de la tradición añade: "Y por último se me apareció también a mí" (1 Co 15, 8). Así da a entender que este es el fundamento de su apostolado y de su nueva vida.
Hay también otros textos en los que expresa lo mismo: "Por medio de Jesucristo hemos recibido la gracia del apostolado" (Rm 1, 5); y también: "¿Acaso no he visto a Jesús, Señor nuestro?" (1 Co 9, 1), palabras con las que alude a algo que todos saben. Y, por último, el texto más amplio es el de la carta a los Gálatas: "Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los Apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco" (Ga 1, 15-17). En esta "auto-apología" subraya decididamente que también él es verdadero testigo del Resucitado, que tiene una misión recibida directamente del Resucitado.
Así podemos ver que las dos fuentes, los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de san Pablo, convergen en un punto fundamental: el Resucitado habló a san Pablo, lo llamó al apostolado, hizo de él un verdadero apóstol, testigo de la Resurrección, con el encargo específico de anunciar el Evangelio a los paganos, al mundo grecorromano. Al mismo tiempo, san Pablo aprendió que, a pesar de su relación inmediata con el Resucitado, debía entrar en la comunión de la Iglesia, debía hacerse bautizar, debía vivir en sintonía con los demás Apóstoles. Sólo en esta comunión con todos podía ser un verdadero apóstol, como escribe explícitamente en la primera carta a los Corintios: "Tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído" (1 Co 15, 11). Sólo existe un anuncio del Resucitado, porque Cristo es uno solo.
Como se ve, en todos estos pasajes san Pablo no interpreta nunca este momento como un hecho de conversión. ¿Por qué? Hay muchas hipótesis, pero en mi opinión el motivo es muy evidente. Este viraje de su vida, esta transformación de todo su ser no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o evolución intelectual y moral, sino que llegó desde fuera: no fue fruto de su pensamiento, sino del encuentro con Jesucristo. En este sentido no fue sólo una conversión, una maduración de su "yo"; fue muerte y resurrección para él mismo: murió una existencia suya y nació otra nueva con Cristo resucitado. De ninguna otra forma se puede explicar esta renovación de san Pablo.
Los análisis psicológicos no pueden aclarar ni resolver el problema. Sólo el acontecimiento, el encuentro fuerte con Cristo, es la clave para entender lo que sucedió: muerte y resurrección, renovación por parte de Aquel que se había revelado y había hablado con él. En este sentido más profundo podemos y debemos hablar de conversión. Este encuentro es una renovación real que cambió todos sus parámetros. Ahora puede decir que lo que para él antes era esencial y fundamental, ahora se ha convertido en "basura"; ya no es "ganancia" sino pérdida, porque ahora cuenta sólo la vida en Cristo.
Sin embargo no debemos pensar que san Pablo se cerró en un acontecimiento ciego. En realidad sucedió lo contrario, porque Cristo resucitado es la luz de la verdad, la luz de Dios mismo. Ese acontecimiento ensanchó su corazón, lo abrió a todos. En ese momento no perdió cuanto había de bueno y de verdadero en su vida, en su herencia, sino que comprendió de forma nueva la sabiduría, la verdad, la profundidad de la ley y de los profetas, se apropió de ellos de modo nuevo. Al mismo tiempo, su razón se abrió a la sabiduría de los paganos. Al abrirse a Cristo con todo su corazón, se hizo capaz de entablar un diálogo amplio con todos, se hizo capaz de hacerse todo a todos. Así realmente podía ser el Apóstol de los gentiles.
En relación con nuestra vida, podemos preguntarnos: ¿Qué quiere decir esto para nosotros? Quiere decir que tampoco para nosotros el cristianismo es una filosofía nueva o una nueva moral. Sólo somos cristianos si nos encontramos con Cristo. Ciertamente no se nos muestra de esa forma irresistible, luminosa, como hizo con san Pablo para convertirlo en Apóstol de todas las gentes. Pero también nosotros podemos encontrarnos con Cristo en la lectura de la sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia. Podemos tocar el corazón de Cristo y sentir que él toca el nuestro. Sólo en esta relación personal con Cristo, sólo en este encuentro con el Resucitado nos convertimos realmente en cristianos. Así se abre nuestra razón, se abre toda la sabiduría de Cristo y toda la riqueza de la verdad.
Por tanto oremos al Señor para que nos ilumine, para que nos conceda en nuestro mundo el encuentro con su presencia y para que así nos dé una fe viva, un corazón abierto, una gran caridad con todos, capaz de renovar el mundo.
Papa Francisco: No tengamos miedo de ser cristianos y vivir como cristianos
VATICANO, 07 Abr. 13 / 10:27 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras previas al rezo del Regina Coeli, ante las miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro para participar en la oración mariana, el Papa Francisco exhortó a los fieles a no tener miedo “de ser cristianos y de vivir como cristianos”.
El Santo Padre señaló que “el Espíritu de Cristo Resucitado expulsa el miedo del corazón de los Apóstoles y los impulsa a salir del Cenáculo para llevar el Evangelio”.
“¡Tengamos también nosotros más coraje para testimoniar la fe en Cristo Resucitado! ¡No debemos tener miedo de ser cristianos y de vivir como cristianos!”, exclamó.
Los cristianos, señaló, “debemos tener este coraje de ir y anunciar a Cristo Resucitado. Porque Él es nuestra paz. Él ha hecho la paz con su amor, con su perdón, con su sangre, con su misericordia”.
“La Iglesia es enviada por Cristo resucitado a transmitir a los hombres la remisión de los pecados, y así hacer crecer el Reino del amor, sembrar la paz en los corazones, para que se afirme también en las relaciones, en las sociedades, en las instituciones”.
El Santo Padre además subrayó que “la verdadera paz, esa paz profunda, viene de hacer la experiencia de la misericordia de Dios”.
El Papa recordó que hoy se celebra el Domingo de la Divina Misericordia, “por voluntad del Beato Juan Pablo II, que cerró sus ojos a este mundo precisamente en la vigilia de esta celebración”.
“El evangelio de Juan nos refiere que Jesús apareció dos veces a los Apóstoles encerrados en el Cenáculo: la primera, la misma tarde la Resurrección, y aquella vez no estaba Tomás, quien dijo: si no veo y no toco, no creo. La segunda vez, ocho días después, estaba también Tomás. Y Jesús de dirigió precisamente a él, lo invitó a mirar las heridas, a tocarlas; y Tomás exclamó: ‘¡Señor mío y Dios mío!’”, recordó el Santo Padre.
“Entonces Jesús dijo: ‘Porque me has visto has creído. ¡Dichosos los que no han visto y han creído!’”.
El Papa señaló que quienes habían creído sin ver fueron “otros discípulos, otros hombres y mujeres de Jerusalén que, aun no habiendo encontrado a Jesús resucitado, creyeron por el testimonio de los Apóstoles y de las mujeres”.
“Esta es una palabra muy importante sobre la fe, podemos llamarla la bienaventuranza de la fe. Bienaventurados los que han creído sin haber visto”.
Francisco señaló que “en todo tiempo y en todo lugar son bienaventurados aquellos que, a través de la Palabra de Dios, proclamada en la Iglesia y testimoniada por los cristianos, creen que Jesucristo es el amor de Dios encarnado, la Misericordia encarnada. ¡Y esto vale para cada uno de nosotros!”.
Al recordar que esta tarde, hora de Roma, celebrará la Eucaristía en la Basílica de San Juan de Letrán, la Catedral del Obispo de Roma, pidió que “recemos juntos a la Virgen María, para que nos ayude, Obispo y Pueblo, a caminar en la fe y en la caridad”.
“Confiados siempre en la Misericordia del Señor. Él siempre nos espera. Nos ama. Nos ha perdonado con su sangre y nos perdona cada vez que vamos a Él a pedirle perdón. Tengamos confianza en su Misericordia”, concluyó.
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Fuentes:
ACIPRENSA,
EL COMERCIO, PUNTO EDU
Caso PUCP
Es oficial: VATICANO RETIRA TÍTULOS DE PONTIFICIA Y CATÓLICA A UNIVERSIDAD PERUANA
ROMA, 20 Jul. 12 / 06:40 pm (ACI/EWTN Noticias).-
En un comunicado con fecha 20 de julio la Sala de Prensa del Vaticano informó que la Santa Sede decidió retirar a la Pontificia Universidad Católica del Perú el derecho a usar en su denominación los títulos de "Pontificia" y de "Católica".
A continuación ACI Prensa reproduce el texto íntegro del comunicado:
"La Santa Sede, con Decreto del Emmo. Secretario de Estado, en base a específico mandato Pontificio, ha decidido conforme a la legislación canónica retirar a la Pontificia Universidad Católica del Perú el derecho a usar en su denominación los títulos de ‘Pontificia’ y de ‘Católica’.
La mencionada Universidad, fundada en 1917 y erigida canónicamente con Decreto de la Santa Sede en 1942, a partir de 1967 ha modificado unilateralmente sus Estatutos en diversas ocasiones perjudicando gravemente los intereses de la Iglesia.
A partir de 1990, la Universidad ha sido requerida por la Santa Sede en múltiples ocasiones a adecuar sus Estatutos a la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (15 de agosto de 1990), sin que haya respondido a esta exigencia legal.
Tras la Visita Canónica realizada en diciembre de 2011 y la entrevista del Rector con el Emmo. Cardenal Secretario de Estado en febrero de 2012, tuvo lugar un ulterior intento de diálogo en vista de adecuar los Estatutos a la ley de la Iglesia.
Recientemente, mediante dos cartas dirigidas al Emmo. Secretario de Estado, el Rector ha manifestado la imposibilidad de realizar cuanto se le requería, condicionando la modificación de los Estatutos a la renuncia por parte de la Archidiócesis de Lima al control de la gestión de los bienes de la Universidad.
La participación de la Archidiócesis de Lima en el control de la gestión patrimonial de esta entidad ha sido confirmada en varias ocasiones con sentencias de los Tribunales civiles del Perú.
Ante esta actitud por parte de la Universidad, confirmada además por otras iniciativas, la Santa Sede se ha visto obligada a adoptar las mencionadas medidas, ratificando en cualquier caso el deber que sigue teniendo dicha Universidad de observar la legislación canónica.
La Santa Sede seguirá atentamente la evolución de la situación de esta Universidad, deseando que en un futuro próximo las Autoridades académicas competentes reconsideren su posición con el fin de poder revisar las presentes medidas.
La renovación requerida por la Santa Sede hará que la Universidad responda con más eficacia al cometido de llevar el mensaje de Cristo al hombre, a la sociedad y a las culturas, según la misión de la Iglesia en el mundo".
Para ver una copia del decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano sobre la pérdida de los títulos de "Católica" y " Pontificia", haga click en:
http://www.aciprensa.com/Docum/decretopucp.pdf
EX PUCP INFORMA QUE RECIBIÓ DECRETO DEL VATICANO RETIRÁNDOLE TÍTULOS DE "PONTIFICIA" Y " CATÓLICA"
LIMA, 20 Jul. 12 / 08:31 pm (ACI).-
La ex Pontificia Universidad Católica del Perú (ex PUCP) informó en un escueto comunicado que recibió esta tarde el decreto del Vaticano en el que se le retira los títulos de "Pontificia" y "Católica", indicando que su Asamblea Universitaria se reunirá el lunes 23 de julio para debatir el asunto, sin dar más detalles al respecto.
El comunicado señala que el texto lo recibieron de manos del Nuncio Apostólico, Monseñor James Green a las 4:00 p.m. (hora local).
"El Rectorado informa que habiendo sido programada con antelación una sesión de Asamblea Universitaria para el lunes 23 de julio, este documento será presentado, en dicha reunión, para que la Asamblea Universitaria sea informada y debata al respecto", concluye el texto.
ESTE ES EL TEXTO COMPLETO DE LA CARTA DEL CARDENAL BERTONE AL RECTOR DE LA EX PUCP
ROMA, 20 Jul. 12 / 08:27 pm (ACI).-
A continuación publicamos el texto íntegro de la carta del Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, enviada al Rector de la ex PUCP, Marcial Rubio Correa:
Vaticano 11 de julio de 2012
Señor Rector:
La Santa Sede ha seguido con particular atención la evolución de la situación de la Pontificia Universidad Cató1ica del Perú. (PUCP), especialmente tras la Visita canónica del Emmo. Card. Peter Erdo y su visita a Roma el pasado 21 de febrero.
Durante la conversación que mantuvimos en aquella oportunidad, por mandato del Santo Padre le comuniqué, en sustancia, la ‘exigencia legal’ de adecuar los Estatutos de esa Universidad a la legislación canónica de la Constitución Apostó1ica Ex Corde Ecclesiae, como debería haberse hecho ya desde 1990.
Ese ha sido en todo momento el claro requerimiento que la Santa Sede les ha hecho como obvio requisito para que sean reconocidas y garantizadas adecuadamente la identidad y la misión específicas de esa Universidad.
He sido informado detalladamente par el Nuncio Apostó1ico en el Perú, Su Excelencia Monseñor James Green, de las reuniones que han tenido en la sede de la Nunciatura Apostó1ica, así como de sus propuestas. Atendiendo al pedido que Usted le hizo, se amplió el plazo para la adecuación de los Estatutos desde el 8 al 18 de abril último.
Debo comunicarle ahora la notable decepción con que esta Secretaria de Estado ha ido percibiendo la orientación que ese Rectorado daba a la problemática, particularmente en la carta N. 068/12.R del 13 de abril de 2012 y en la sorprendente carta N. 095/12.R, del 9 de mayo de 2012, publicada como ‘Aviso’ en el Diario ‘La Republica’ el 11 de mayo de 2012. Llama particularmente la atención el modo de presentar en ella las indicaciones recibidas de la Santa Sede y el papel desempeñado por el Arzobispo de Lima. Esa interpretación ha sido causa de desinformación para la comunidad universitaria, para los fieles y los ciudadanos en general.
Como he tenido modo de expresarle antes, la situación irregular que viene atravesando la Universidad no es reciente y ha sido materia de seria preocupación de los tres últimos Arzobispos de Lima, no solamente del actual. La Universidad ha venido incumpliendo las disposiciones legales establecidas, que se ha advertido reiteradamente por escrito.
Consta en nuestros archivos que los últimos Estatutos de la PUCP fueron aprobados, como corresponde a una Universidad Pontificia, por la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades en 1946 y a ellos se han ido incorporando modificaciones aprobadas por la misma Congregación en los años 1957, 1964 y 1967.
Desde la última fecha, las Autoridades de la mencionada Universidad, sin previa y necesaria aprobación de la Santa Sede, han realizado múltiples y sustanciales modificaciones de los mismos perjudicando gravemente los derechos de la Iglesia. A la luz del Acuerdo vigente entre Perú y la Santa Sede y del Derecho Canónico consideramos que dichas modificaciones son ilegítimas y que a través de ellas se está ocasionando un expolio a la Iglesia.
Habiendo recibido de su parte una respuesta negativa al requerimiento de la Santa Sede, debo constatar que en las Autoridades de la Universidad que Usted regenta no hay voluntad de corregir esa arbitrariedad, y que pretenden que la Iglesia renuncie a sus legítimos derechos al servicio de la educación católica.
Esta actitud no reconoce la legítima autonomía de que goza la Iglesia para organizar sus instituciones educativas, como es el caso de la PUCP, en total observancia de las leyes civiles vigentes en el País y del Acuerdo entre el Estado peruano y la Santa Sede. La autonomía de las Universidades Católicas ha sido siempre plenamente reconocida por la Iglesia, dentro del ámbito de sus normas, porque el necesario aporte de la libertad es imprescindible para una sana actividad de estudio e investigación comprometida en la búsqueda de la Verdad, empeño que debe presidir todo esfuerzo por ampliar las múltiples dimensiones del conocimiento y del saber.
Por el contrario, dejando de lado el requerimiento que ha sido hecho a esa Universidad de acomodarse a la ley canónica, del todo compatible con la legislación peruana, ese Rectorado responde que, como ‘premisa’ para adecuarse a la ley de la Iglesia es necesaria una ‘negociación’ con el Arzobispado de Lima que impida el control de este sobre la administración del patrimonio de la Universidad.
Sobre este punto se han pronunciado los tribunales del Perú. Se trata de un derecho-deber a favor de la Iglesia de Lima, que busca sólo garantizar la transparencia y ejemplaridad en dicha administración patrimonial y su adecuación a los fines fundacionales de esa Universidad. Son objetivos que interesan por igual a todos los fieles de esa comunidad eclesial.
Sorprende aun, el hecho que ese Rectorado anteponga un problema ‘que, al fin y al cabo, es exclusivamente un asunto de bienes materiales’, como decía Usted en su carta del pasado 13 de abril, al deber que esta Secretaria de Estado le recordaba de observar la legalidad eclesial.
Ambas cuestiones poseen su propia autonomía. Una ‘solución integral’, como Usted dice, que no respete los elementos de justicia que hay en una cuestión y en la otra, representa una solución contraria a la justicia. La primera exigencia, incondicional, que esa Universidad tiene que cumplir es la de ajustarse al Derecho y adecuar sus Estatutos a la legislación canónica.
A la luz de cuanto he escrito y después de tantos años de diálogo y tentativos para restablecer la legítima autonomía propia de una Universidad Católica, la Santa Sede se ve obligada a adoptar las necesarias medidas en relación con esa Universidad.
A la presente carta le adjunto el Decreto de la Santa Sede al respecto. A Usted, Sr. Rector, le incumbe una concreta responsabilidad en la presente situación ya que, por razón del cargo, tiene la misión de hacer cumplir en la comunidad universitaria las leyes y disposiciones de la Iglesia.
Con todo el respeto le saluda atentamente y le encomienda
Tarcisio Cardenal Bertone
Secretario de Su Santidad
EN CARTA A RECTOR, VATICANO RESPONSABILIZA A AUTORIDADES DE LA EX PUCP
Marcial Rubio / Cardenal Tarcisio Bertone
ROMA, 20 Jul. 12 / 08:27 pm (ACI/EWTN Noticias).-
En una carta con fecha 11 de julio, el Secretario de Estado Vaticano,
Cardenal Tarcisio Bertone, informó al rector de la ahora ex Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) la decisión de la Santa Sede de retirarle los títulos de "Pontificia" y "Católica" por la persistente negativa de las autoridades de esta casa de estudios de adecuar sus estatutos a "la legislación canónica de la
Constitución Apostó1ica Ex Corde Ecclesiae, como debería haberse hecho ya desde 1990".
En la carta, el Cardenal Bertone sostiene que al rector
Marcial Rubio "le incumbe una concreta responsabilidad en la presente situación" y recuerda los numerosos esfuerzos de la Iglesia por evitar este desenlace.
"La situación irregular que viene atravesando la Universidad no es reciente y ha sido materia de seria preocupación de los tres últimos Arzobispos de Lima, no solamente del actual. La Universidad ha venido incumpliendo las disposiciones legales establecidas, que se ha advertido reiteradamente por escrito", afirma.
El Cardenal Bertone precisa que desde 1967 las autoridades de la universidad "sin previa y necesaria aprobación de la Santa Sede, han realizado múltiples y sustanciales modificaciones" de los estatutos "perjudicando gravemente los derechos de la Iglesia".
"A la luz del Acuerdo vigente entre Perú y la Santa Sede y del Derecho Canónico consideramos que dichas modificaciones son ilegítimas y que a través de ellas se está ocasionando un expolio a la Iglesia", denuncia.
"Habiendo recibido de su parte una respuesta negativa al requerimiento de la Santa Sede, debo constatar que en las Autoridades de la Universidad que Usted regenta no hay voluntad de corregir esa arbitrariedad, y que pretenden que la Iglesia renuncie a sus legítimos derechos al servicio de la educación católica", explica el Cardenal.
La autoridad vaticana también aclara que es el rectorado de la exPUCP quien condiciona el tema de los estatutos a
"una ‘negociación’ con el Arzobispado de Lima que impida el control de este sobre la administración del patrimonio de la Universidad".
El Cardenal Bertone recuerda a Rubio que el tema de los estatutos no está vinculado a los procesos judiciales por la herencia de Riva Agüero entre la PUCP y el Arzobispado de Lima.
"Ambas cuestiones poseen su propia autonomía. Una ‘solución integral’, como Usted dice, que no respete los elementos de justicia que hay en una cuestión y en la otra, representa una solución contraria a la justicia. La primera exigencia, incondicional, que esa Universidad tiene que cumplir es la de ajustarse al Derecho y adecuar sus Estatutos a la legislación canónica".
El Purpurado también expresa "la notable decepción" del Vaticano por la forma como el rectorado trató la negociación en los medios de comunicación desinformando a la comunidad universitaria, los fieles y los ciudadanos en general.
"A la luz de cuanto he escrito y después de tantos años de diálogo y tentativos para restablecer la legítima autonomía propia de una Universidad Católica, la Santa Sede se ve obligada a adoptar las necesarias medidas en relación con esa Universidad", concluye la carta.
Aquí puede leer el texto completo de la carta del
Cardenal Bertone al rector
Marcial Rubio:
http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=37663
22 de julio del 2012
"LA PUCP SE RIGE POR LAS LEYES PERUANAS Y NO POR EL DERECHO CANÓNICO"
Nuestro rector, Marcial Rubio, actualmente de viaje, dialogó con .edu acerca del reciente decreto del Vaticano.
Fuente:
PUNTO EDU
¿Qué implica la prohibición de utilizar los términos Pontificia y Católica?
Es un hecho lamentable para todos los que somos católicos y que termina haciendo daño a la misma Iglesia, especialmente en su relación con los jóvenes. No es la mejor muestra de tolerancia y respeto a las libertades que se decrete que una universidad católica no puede llamarse como tal, pero que sus bienes materiales sí. La PUCP tiene registrada la denominación de Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Este es nuestro nombre oficial y a través de él somos reconocidos nacional e internacionalmente. Tenemos el pleno derecho a seguir utilizándolo mientras lo consideremos conveniente. Cualquier decisión que se tome al respecto es potestad de los organismos de gobierno de la propia Universidad.
El decreto del Vaticano señala que la PUCP está sometida al derecho canónico y que su patrimonio posee la condición de bien eclesiástico, ¿cuál es su opinión al respecto?
Es una afirmación inexacta. La PUCP es una institución peruana, constituida en el Perú, inscrita como asociación civil y domiciliada en el Perú, que se rige por la legislación peruana y no por el derecho canónico. Por lo tanto, los bienes de la PUCP son propiedad de la PUCP y están protegidos por la Constitución y las leyes peruanas. Esto está claro hasta para el mismo Arzobispado de Lima que litiga contra nosotros en los tribunales peruanos pretendiendo administrar bienes que son nuestros y no de la Santa Sede.
¿Cómo queda, entonces, la relación de la PUCP con la Iglesia?
La PUCP es respetuosa de los valores católicos que han guiado por 95 años su existencia y todo el país es testigo de los esfuerzos que hemos hecho para hallar, mediante el diálogo, una solución integral a nuestras diferencias con la Iglesia. Lamentablemente, la gravedad de los términos planteados por el reciente decreto nos obligará a revisar la relación estatutaria que mantenemos con ella.
¿Cuál es su mensaje a la comunidad universitaria de la PUCP?
De tranquilidad. Todos los derechos y atribuciones de la PUCP están plenamente vigentes y todas nuestras actividades académicas y administrativas se seguirán conduciendo con absoluta normalidad. La Constitución y las leyes peruanas nos protegen. La PUCP otorga sus grados y títulos a nombre de la nación peruana porque así lo dispone la ley universitaria peruana. Nuestros profesores, estudiantes y trabajadores continuarán esforzándose por impulsar la excelencia académica puesta al servicio del país. A quienes somos autoridades, nos toca seguir defendiendo la autonomía y los legítimos derechos de la comunidad universitaria de la PUCP frente a cualquier intento externo de afectarlos.
EX PUCP ESCOGE VÍA DE LA CONFRONTACIÓN LEGAL CON LA IGLESIA CATÓLICA
LIMA, 24 Jul. 12 / 08:40 am (ACI/EWTN Noticias).-
La Asamblea Universitaria de la ex PUCP reunida ayer en sesión decidió optar por la confrontación legal con la Iglesia Católica al "deplorar" el decreto emitido por la Secretaría de Estado del Vaticano que la despojó de sus títulos de "Pontificia" y "Católica".
En un comunicado dado a conocer al final de su sesión realizada este lunes 23 de julio, la ex PUCP señaló que el decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano "contiene diversos aspectos que se oponen a los derechos reconocidos en la Constitución Política y en la legislación peruana –como el derecho a la identidad–, al pretender prohibir el uso de los términos ‘Pontificia’ y ‘Católica’".
Asimismo indican que tienen el "compromiso" de "hacer respetar su denominación oficial, la cual goza de reconocido prestigio nacional e internacional, y está expresada en los grados y títulos que otorga a nombre de la Nación".
El comunicado concluye indicando que los miembros de la Asamblea Universitaria de la ex PUCP
"expresan su reconocimiento y respaldo a la gestión que viene realizando el Rectorado de la Universidad en la conducción de las relaciones con la jerarquía de la Iglesia, en conformidad con los acuerdos adoptados previamente por la Asamblea Universitaria".
La respuesta de la ex PUCP, que desde mucho antes de las negociaciones no ha querido acatar las disposiciones de la Iglesia para adecuar sus estatutos a la Ex Corde Ecclesiae, conduce este tema hacia el ámbito legal del derecho internacional.
Como explicó ayer el experto en derecho eclesiástico y miembro del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, Dr. Gustavo Flores Santana, "a la Santa Sede le asiste el derecho de prohibir el uso del título de ‘Pontificia’ y ‘Católica’ por los fundamentos que en el mismo decreto se señalan muy claramente".
Entre otras cosas, el decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano señala que el Concordato, tratado entre el Estado Peruano y la Santa Sede, permite a la Iglesia regir las normas de las instituciones vinculadas a ella.
Flores dijo además que el hecho que la ex PUCP no pueda usar los títulos antes indicados "no trae como consecuencia que haya dejado de ser una universidad fundada por la Iglesia y que no se deba seguir sujetando al régimen canónico".
En su opinión, "sería lo mejor para la referida universidad (y para todos en general) que sus autoridades acaten lo dispuesto por la Santa Sede (lo que implica ya no emitir títulos con ese nombre), o mejor aún, decidan adecuar sus estatutos a la Ex Corde Ecclesiae".
Dado que la ex PUCP ha decidido seguir en rebeldía, ahora el caso debe resolverse "directamente conforme a las reglas de los tratados internacionales según la Convención de Viena, por ser un asunto de naturaleza internacional".
En este caso, precisó el experto, el poder judicial peruano no tiene competencia y es posible que la Nunciatura Apostólica realice gestiones ante el Ministerio de Relaciones Exteriores para que el decreto del Vaticano "sea respetado por las instancias públicas" como la Asamblea Nacional de Rectores.
Sobre el comunicado de la ex PUCP, la Agrupación Universitaria Riva Agüero, que reúne a estudiantes y profesores de esa universidad, rechazó los "términos empleados para aludir a los documentos oficiales emitidos por la Santa Sede".
"Resulta incongruente que autoridades y alumnos miembros de la Asamblea Universitaria, pertenecientes a una universidad que dice ser católica, ‘deploren’ un decreto emitido bajo la autoridad del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI".
Por ello, lamentan "la ausencia de honestidad y seriedad de parte de las autoridades de la ex PUCP al referir que nuestros esfuerzos y, directamente, nuestra Carta Pública a la Asamblea Universitaria respondan a un ‘pánico’ y ‘desinformación’ frente al ‘ataque’ del Vaticano".
La Agrupación Universitaria Riva Agüero precisa luego que "es contrario a la verdad afirmar que la universidad se rige únicamente bajo la normativa nacional, desconociéndose deliberadamente la naturaleza jurídica con la que se originó al ser una institución de la Iglesia Católica, ya que la legislación internacional garantiza la aplicación conjunta del derecho canónico y la legislación nacional de cada país a las diversas instituciones de la Iglesia Católica".
Esta agrupación ha lanzado una petición en línea para que la universidad acate lo ordenado por la Santa Sede. Hasta el momento lleva más de 1300 firmas. Ayer entregaron más de 800 a la asamblea que se reunió para tratar el tema.
Para verla y firmarla, puede ingresar a:
http://www.ipetitions.com/petition/carta-publica-a-la-asamblea-universitaria-de-la/
DECANO DE LA PRENSA PERUANA: AUTORIDADES DE EX PUCP NO TIENEN SENTIDO DEL ABSURDO
LIMA, 24 Jul. 12 / 10:01 am (ACI).-
El decano de la prensa peruana, el diario El Comercio, publicó hoy una aguda crítica a la ex PUCP en la que señala que a las autoridades de esta universidad parece faltarles el sentido del absurdo, tras haber "deplorado" el decreto del Vaticano que la despoja de los títulos de "Pontificia" y "Católica", e insistir al mismo tiempo en usarlos sin respetar las normas de la Iglesia.
A continuación ACI Prensa reproduce la nota editorial en su integridad:
Todos los nombres
No es solo la identidad de la PUCP la que está en juego en el conflicto en torno de su nombre
En este Diario no coincidimos con la opinión que concibe a la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) como una institución sectaria abocada a la creación de alumnos de una determinada tendencia política. Muchos de quienes trabajamos aquí hemos sido alumnos y profesores de esa universidad y podemos dar fe del amplio respeto por la libertad de cátedra que prima en la misma y de la elevada calidad de la enseñanza que se imparte en buena parte de sus cursos.
No creemos, sin embargo, que esta loable labor pueda realizarse pasando por sobre terceros, incluyendo, ciertamente, el derecho que cada cual tiene sobre su nombre. Más en concreto, pensamos que la respuesta (cuyo sentido ha sido confirmado luego por la Asamblea Universitaria) que ha dado el rector al decreto del Vaticano retirando a la PUCP el permiso a usar los nombres de "católica" y "pontificia" va más allá del campo de lo errado para bordear el del cinismo.
Y es que, al margen de todos los tecnicismos jurídicos que comenzarán a esgrimirse de ambos lados, ¿es coherente que alguien pueda decir que el explícito rechazo del Papa es indiferente a su derecho a llamarse "pontificia" –literalmente, "perteneciente o relativo al pontífice"–?
Similarmente, ¿tiene sentido que uno insista en publicitarse como "católico" contra la declarada opinión del pontífice, siendo la religión católica, para bien o para mal, una religión organizada y jerárquica, donde este tiene la última palabra? ¿No es hasta una falta de pudor insistir en llamarse con el nombre de una organización que no obliga a nadie a afiliarse a ella cuando al mismo tiempo uno está haciendo saber públicamente que no está dispuesto a cumplir sus reglas?
Más aún, si los miembros de esta organización ponen gran valor en tener bien marcada su esencia y sus diferencias sobre la base de estas reglas, ¿no es también esta insistencia una falta de respeto hacia ellos?
Las autoridades de la PUCP no pueden tratar como una pura forma, vacía de significado y por lo tanto asignable a cualquier contenido, a un nombre que una institución lleva casi 2000 años llenando.
Especialmente considerando cómo ha marcado a la historia de la Iglesia Católica su incesante esfuerzo por definir –en infinidad de debates, concilios, decisiones papales y demás– lo que la representa y lo que no.
Naturalmente, todos podemos discrepar de todas las decisiones que ha tomado en este sentido, pero no tenemos el derecho de quitarles a los católicos la libertad de definirse y diferenciarse por medio de ellas.
Hablar, por lo demás, de una "universidad católica" no es, como se ha dicho, el equivalente de, por ejemplo, hablar de una eventual farmacia llamada "católica". Las universidades católicas son un tipo de "producto" específico que tiene la Iglesia Católica alrededor del mundo: son universidades que están regidas por el derecho canónico con una serie de reglas determinadas (en la que figura, entre otras, la ya famosa institución del Gran Canciller).
Por eso la PUCP no tomó simple y unilateralmente el nombre de "católica" y de "pontificia", inscribiéndolos bajo legislación peruana, como hoy quieren dar a entender sus autoridades. No. Recibió el permiso eclesiástico para constituirse como una "universidad católica" al momento de su fundación en 1917, siendo reconocida como tal ese mismo año por el Estado Peruano, y luego recibió del Vaticano el título de "pontificia" en 1942.
Por el mismo motivo presentó todos sus estatutos para revisión al Vaticano hasta 1967, cuando dejó de cumplir con esta obligación, pretendiendo desde esa fecha seguir con la franquicia, por así decirlo, sin cumplir con sus reglas. Algo que, sea quien sea la franquiciadora, es un acto de prepotencia.
Ni Enrique VIII, en fin, pese a lo decidido que estaba a enfrentar a Roma, pretendió seguir llamando a la Iglesia de Inglaterra "católica" cuando rompió con el Papa y decidió crear una Iglesia con sus propias reglas. Y vaya que hubiera podido hacerlo "bajo ley inglesa": era un monarca absoluto, la ley inglesa la hacía él.
Si hubiese querido que esta ley hiciese como que el término "católica" no identificase a la Iglesia romana, que llevaba desde el siglo II llamándose así, hubiera podido hacerlo. Pero por lo visto tenía algo que parece estarle faltando, para pesar de los que la queremos, a las autoridades de la PUCP:
sentido del absurdo.
Para leer la nota original puede ingresar a:
http://elcomercio.pe/actualidad/1445883/noticia-editorial-todos-nombres
VATICANO PIDE A OBISPOS PERUANOS NO DEJARSE INSTRUMENTALIZAR POR RECTORADO DE EX PUCP
Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano
LIMA, 23 Jul. 12 / 11:10 am (ACI/EWTN Noticias).-
El Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, solicitó a los obispos del Perú que no se dejen instrumentalizar por el rectorado de la ex PUCP, luego que la Santa Sede decidiera retirarle los títulos de "Pontificia" y "Católica".
En una carta enviada por el Cardenal al Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), con copia a los demás obispos del Perú, se ruega evitar que esta institución "sea instrumentalizada por el rectorado de la universidad".
En el texto dada a conocer el domingo 22 de julio por el diario peruano El Comercio, el Cardenal Bertone exhorta al también Arzobispo de Ayacucho a apoyar la posición de la Santa Sede y el Arzobispado de Lima yrechazar "con vigor cualquier intervención contraria".
La misiva del Vaticano también "considera inapropiada la participación de cinco miembros de la Conferencia Episcopal, que además no habían sido elegidos por la Asamblea Plenaria de los Obispos del Perú, en un organismo previsto por unos estatutos que no han sido legítimamente aprobados".
Este pedido de la Santa Sede se da luego de que el pasado 17 de abril los obispos respaldaran a la universidad, a través de un comunicado, en su pedido de buscar una "solución integral", que ponía como condición que el Arzobispado de Lima deje de lado los juicios por la herencia Riva-Agüero.
En su testamento, don José de la Riva Agüero, el intelectual católico que donó las tierras en las que está la ex PUCP, puso como condición para ello que, a perpetuidad, hubiera un representante de la Iglesia en la junta administradora.
"Ese comunicado ha contribuido a la desinformación y por eso será conveniente que la conferencia repare la desinformación", afirma el Cardenal Bertone.
El texto de abril al que se hace alusión en la carta del Cardenal Bertone fue firmado por Mons. Salvador Piñeiro, Mons. Miguel Cabrejos, Arzobispo de Trujillo; Mons. Pedro Barreto, Arzobispo de Huancayo; Mons. Norberto Strotmann, Obispo de Chosica; y Mons. Gaetano Galbusera, Vicario Apostólico de Pucallpa.
La carta del Cardenal Bertone también señala: "no quiero por último dejar de manifestar también la perplejidad" que han causado algunas iniciativas promovidas por la ex PUCP como los reconocimientos a Gregorio Peces-Barba, ideólogo anticatólico español y uno de los autores intelectuales de la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía en España, y al Padre Gastón Garatea, sacerdote impedido de ejercer su ministerio sacerdotal en la arquidiócesis de Lima por sus posturas contrarias a la doctrina católica.
La misiva del Cardenal Bertone también se refiere a la programación del ciclo de lectura del libro "Teología de la Liberación: perspectivas" del padre de la teología marxista de la liberación, el sacerdote Gustavo Gutiérrez, con el respaldo del Departamento de Teología de la ex PUCP.
El Comercio señala finalmente que buscó a Mons. Piñeiro pero no tuvo respuesta.
MONSEÑOR PIÑEIRO: AÚN ES POSIBLE QUE EX PUCP SE PONGA A DERECHO
LIMA, 23 Jul. 12 / 06:02 pm (ACI).-
El Presidente de la Conferencia Episcopal del Perú (CEP), Mons. Salvador Piñeiro, manifestó que en el caso de la ex PUCP todavía existe una posibilidad de que se ponga a derecho.
Durante una conferencia de prensa, realizada esta tarde en la sede de la CEP, con ocasión del lanzamiento de la Cadena Interreligiosa de Oraciónpor el Diálogo y la Paz, el Prelado reconoció y apoyó la decisión de laSanta Sede en el caso de la ex PUCP.
"Si la Santa Sede después de estudiar los documentos ha dado esta resolución hay que aceptarlo. Hay que aceptar la normativa de la Iglesia. Hemos insistido mucho para que la Universidad Católica se adecuara a los estatutos que da la Iglesia".
El Presidente de la CEP se refirió así al Decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano con fecha 11 de julio, con el que la Santa Sede decidió retirar a referida universidad los títulos de "Pontificia" y "Católica".
Mons. Piñeiro señaló que el mismo Decreto todavía deja una posibilidadpara que la ex PUCP se ponga a derecho. "Hay en el documento que da la Santa Sede en el tercer acápite una posibilidad de encontrar unasolución y un diálogo".
El tercer párrafo del decreto dice textualmente que: "Se declara al mismo tiempo que la citada Universidad, como persona jurídica publica que es de la Iglesia, sigue sometida a la legislación canónica en las materias en que está actualmente vinculada, aunque por las razones indicadas haya sido privada del derecho de utilizar en su denominación los títulos de "Pontificia" y de "Católica" y que la Santa Sede seguirá empeñándose en el pleno respecto de la disciplina canónica".
Puede ver el íntegro del decreto aquí:
http://www.aciprensa.com/Docum/decretopucp.pdf
Al referirse a la participación de algunos obispos en la Asamblea universitaria de la ex PUCP, el Prelado dijo que "los estatutos no estaban aprobados. Entonces los cinco obispos que nos faculta el estatuto actual de la Universidad Católica para participar en la Asamblea fuimos nombrados de buena voluntad. No hemos ido de una manera imperativa sino para buscar el diálogo".
Sobre la posible decisión de la ex PUCP de mantener el nombre de Católica y Pontificia, Mons. Piñeiro manifestó que ese problema "lo tendrá que resolver los peritos".
El Presidente del Episcopado concluyó diciendo que está situación de la ex PUCP "es una llamada de atención para que sepamos obedecer. Nos cuesta obedecer y por eso hay que estar atentos a la voz de quienes tienen mayores responsabilidades en la Iglesia".
EXPERTO EXPLICA SITUACIÓN LEGAL DE LA EX PUCP
LIMA, 23 Jul. 12 / 03:53 pm (ACI).-
El experto en derecho eclesiástico,
Gonzalo Flores Santana, explicó la situación legal de la ex PUCP, luego que el Vaticano decidiera retirarle los títulos de "Pontificia" y "Católica", y explicó que es derecho de la Santa Sede prohibir su uso.
En declaraciones a ACI Prensa, el también miembro del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa dijo que "a la Santa Sede le asiste el derecho de prohibir el uso del título de ‘Pontificia’ y ‘Católica’ por los fundamentos que en el mismo decreto se señalan muy claramente". (Puede ver el decreto aquí:
http://www.aciprensa.com/Docum/decretopucp.pdf )
Entre otras cosas, el decreto de la Secretaría de Estado del Vaticano señala que el Concordato, tratado entre el Estado Peruano y la Santa Sede, permite a la Iglesia regir las normas de las instituciones vinculadas a ella.
Flores dijo además que el hecho que la ex PUCP no pueda usar los títulos antes indicados "no trae como consecuencia que haya dejado de ser una universidad fundada por la Iglesia y que no se deba seguir sujetando al régimen canónico".
En su opinión, "sería lo mejor para la referida universidad (y para todos en general) que sus autoridades acaten lo dispuesto por la Santa Sede (lo que implica ya no emitir títulos con ese nombre), o mejor aún, decidan adecuar sus estatutos a la Ex Corde Ecclesiae".
Flores señala además que si la universidad insiste en rebelarse "estaremos en un escenario en el que la Santa Sede a través de la Nunciatura, realizará coordinaciones con el Ministerio de Relaciones Exteriores, para que lo que ha decretado sea respetado por las instancias públicas".
Una de esas instancias sería la Asamblea Nacional de Rectores (ANR), "al amparo de lo dispuesto por el Tratado Internacional entre el Perú y la Santa Sede, que establece que la Iglesia Católica es autónoma e independiente y el Estado garantiza el respeto a su régimen canónico".
Ante la pregunta sobre la probable dilatación del proceso, Flores dijo que "por el comportamiento rebelde" de la universidad "sería posible (y también muy lamentable) que sus autoridades decidan realizar acciones dilatorias como tratar de acudir al poder judicial y buscar obtener resoluciones que impidan momentáneamente que la ANR acate lo dispuesto por la Santa Sede (este escenario no es imposible debido al poder judicial que tenemos)".
Flores precisó además que el Poder Judicial del Perú "no sería competente para tratar este asunto porque el Estado peruano le ha garantizado a la Iglesia inmunidad jurisdiccional, en aquellos asuntos que estén regulados por el Tratado que han celebrado entre ellos".
El experto resaltó que "lo que correspondería es que este tema (insisto en caso la universidad se siga rebelando) debe resolverse directamente conforme a las reglas de los tratados internacionales según la Convención de Viena, por ser un asunto de naturaleza internacional".
"Por lo antes indicado, aun en el escenario más descabellado (que el poder judicial se arrogue una competencia que no tiene), tarde o temprano este tema se resolvería a través de los mecanismos establecidos en el derecho internacional", concluye el Dr. Flores que es también exalumno de la ex PUCP.
Autor: S.S. Benedicto XVI
Fuente:
http://www.vatican.va/
Extraído de:
Catholic.net
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012
«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24)
Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2012
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.
1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).
La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.
El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.
2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.
Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.
Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).
3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.
Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.
Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).
Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.
Vaticano, 3 de noviembre de 2011
BENEDICTUS PP. XVI