20/11/09 | Publicado por: a19998163 | Categoría Poemas y Alabanzas a Dios
- Añadir comentario | Link permanente | Visto: 294 veces |
Quédate con nosotros, amigo fiel y apoyo seguro de la humanidad en camino por las sendas del tiempo.
Tú, Palabra viviente del Padre, infundes confianza y esperanza a cuantos buscan el sentido verdadero de su existencia.
Tú, Pan de Vida eterna, alimentas al hombre hambriento de verdad, de libertad, de justicia y de paz.
Quédate con nosotros, Palabra viviente del Padre, y enséñanos palabras y gestos de paz:
Paz para la tierra consagrada por Tu Sangre y empapada con la sangre de tantas víctimas inocentes;
Paz para los países del Medio Oriente y África donde también se sigue derramando mucha sangre;
Paz para toda la humanidad sobre la cual se cierne siempre el peligro de guerras fraticidas.
Quédate con nosotros, Pan de vida eterna, partido y distribuído a los comensales:
Dános también a nosotros la fuerza de una solidaridad generosa con las mltitudes que, aún hoy, sufren y mueren de miseria y de hambre, diezmadas por epidemias mortíferas o arruinadas por enormes catástrofes naturales.
Por la fuerza de tu Resurección, que ellas participen igualmente de una vida nueva.
También nosotros, hombres y mujeres del tercer milenio, tenemos necesidad de Ti, Señor resucitado.
Quédate con nostros ahora y hasta el fin de los tiempos.
Haz que el progreso material de los pueblos nunca oscurezca los valores espirituales que son el alma de su civilización.
Ayúdanos, te rogamos, en nuestro camino.
Nosotros creemos en Ti, en Ti esperamos, porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6, 68)
¡Mane nobiscum, Domine! ¡Aleluya!
Tú, Palabra viviente del Padre, infundes confianza y esperanza a cuantos buscan el sentido verdadero de su existencia.
Tú, Pan de Vida eterna, alimentas al hombre hambriento de verdad, de libertad, de justicia y de paz.
Quédate con nosotros, Palabra viviente del Padre, y enséñanos palabras y gestos de paz:
Paz para la tierra consagrada por Tu Sangre y empapada con la sangre de tantas víctimas inocentes;
Paz para los países del Medio Oriente y África donde también se sigue derramando mucha sangre;
Paz para toda la humanidad sobre la cual se cierne siempre el peligro de guerras fraticidas.
Quédate con nosotros, Pan de vida eterna, partido y distribuído a los comensales:
Dános también a nosotros la fuerza de una solidaridad generosa con las mltitudes que, aún hoy, sufren y mueren de miseria y de hambre, diezmadas por epidemias mortíferas o arruinadas por enormes catástrofes naturales.
Por la fuerza de tu Resurección, que ellas participen igualmente de una vida nueva.
También nosotros, hombres y mujeres del tercer milenio, tenemos necesidad de Ti, Señor resucitado.
Quédate con nostros ahora y hasta el fin de los tiempos.
Haz que el progreso material de los pueblos nunca oscurezca los valores espirituales que son el alma de su civilización.
Ayúdanos, te rogamos, en nuestro camino.
Nosotros creemos en Ti, en Ti esperamos, porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6, 68)
¡Mane nobiscum, Domine! ¡Aleluya!
Juan Pablo II









.jpg)








