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Artículos con la etiqueta Juan Pablo II


Quédate con nosotros, amigo fiel y apoyo seguro de la humanidad en camino por las sendas del tiempo.
Tú, Palabra viviente del Padre, infundes confianza y esperanza a cuantos buscan el sentido verdadero de su existencia.
Tú, Pan de Vida eterna, alimentas al hombre hambriento de verdad, de libertad, de justicia y de paz.

Quédate con nosotros, Palabra viviente del Padre, y enséñanos palabras y gestos de paz:
Paz para la tierra consagrada por Tu Sangre y empapada con la sangre de tantas víctimas inocentes;
Paz para los países del Medio Oriente y África donde también se sigue derramando mucha sangre;
Paz para toda la humanidad sobre la cual se cierne siempre el peligro de guerras fraticidas.

Quédate con nosotros, Pan de vida eterna, partido y distribuído a los comensales:
Dános también a nosotros la fuerza de una solidaridad generosa con las mltitudes que, aún hoy, sufren y mueren de miseria y de hambre, diezmadas por epidemias mortíferas o arruinadas por enormes catástrofes naturales.
Por la fuerza de tu Resurección, que ellas participen igualmente de una vida nueva.

También nosotros, hombres y mujeres del tercer milenio, tenemos necesidad de Ti, Señor resucitado.
Quédate con nostros ahora y hasta el fin de los tiempos.
Haz que el progreso material de los pueblos nunca oscurezca los valores espirituales que son el alma de su civilización.

Ayúdanos, te rogamos, en nuestro camino.

Nosotros creemos en Ti, en Ti esperamos, porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna (Juan 6, 68)

¡Mane nobiscum, Domine! ¡Aleluya!


Juan Pablo II


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¿No te parece extraño cómo un billete de 100.00 Nuevos Soles parece tan grande cuando lo llevas a la Iglesia, pero tan pequeño cuando lo llevas a la tienda?

¿No te parece extraño cuán larga parece una hora cuando oimos hablar de Dios, pero tan corta cuando un equipo juega fútbol solamente por 90 minutos?

¿No te parece extraño qué larga parece un hora cuando estás en la Iglesia, pero qué corta cuando te estás divirtiendo en algún lugar?

¿No te parece extraño que no puedas pensar en algo qué decir cuando rezas, pero no tienes ninguna dificultad en pensar de qué conversar frente a un amigo?

¿No te parece extraño cómo te emocionas cuando un partido de fútbol se extiende tiempo extra, pero te quejas cuando el sermón en la Iglesia es un poquito más largo de lo usual?

¿No te parece extraño lo difícil que es leer un capítulo de la Biblia, pero qué fácil es leer cien páginas de cualquier revista popular?

¿No te parece extraño cómo las personas desean los asientos del frente en cualquier juego ó concierto, pero hasta se esfuerzan en buscar los asientos de atrás en las Iglesias?

¿No te parece extraño que necesites dos o tres semanas de aviso para incluir un evento de la Iglesia en tu agenda, pero puedes ajustarla para otros eventos de último minuto?

¿No te parece extraño lo difícil que es aprender una verdad simple del Evangelio para compartirla con otros, pero qué fácil es para tí entender y repetir un chisme?

¿No te parece extraño cómo crees rápida y fácilmente qué dicen los periódicos u otros medios de comunicación, pero cuestionas lo que dice la Biblia?

¿No te parece extraño que todos quieran ir al Cielo, siempre y cuándo no tengan que creer, pensar, decir o hacer alguna cosa que requiera esfuerzo?

¿No te parece extraño cómo puedes enviar o recibir miles de chismes que se esparcen como regüero de pólvora, pero cuando empiezas a enviar mensajes acerca de Dios, la gente lo piensa dos veces antes de compartirlo con otros?

¿Es extraño, no te parece; te estás riendo, estás reflexionando?

No tengas miedo de hablar de Dios y dar gracias al Señor porque ¡Él es bueno!
"No tengáis miedo" fueron las primeras palabras que Juan Pablo II lanzó al mundo entero desde la Plaza de San Pedro, cuando inauguró su pontificado, el 22 de octubre de 1978.

Ahora que has leído o escuchado este mensaje, envíalo a todas las personas que consideres tus amigos (as). Si no lo haces, no tendrán mala suerte, pero se perderán la bendición de que les recuerden algo tan importante.

¡QUE DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA TE PROTEJA SIEMPRE BAJO SU MANTO!