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¿QUÉ ES UN DEMONIO?

Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente. No tiene cuerpo, no existe en su ser ningún tipo de materia sutil, ni nada semejante a la materia, sino que se trata de una existencia de carácter íntegramente espiritual. Spiritus en latín significa soplo, hálito. Dado que no tienen cuerpo, los demonios no sienten la más mínima inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo. Por tanto la gula o la lujuria son imposibles en ellos. Pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias, pero sólo comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual, pues no tienen sentidos corporales. Los pecados de los demonios, por tanto, son exclusivamente espirituales.

Los demonios no fueron creados malos. Sino que al ser creados, se les ofreció una prueba, era la prueba previa antes de la visión de la esencia de la Divinidad. Antes de la prueba veían a Dios pero no veían su esencia. El mismo verbo ver resulta aproximativo, pues la visión de los ángeles es una visión intelectual. Como a muchos les resultará muy difícil entender cómo podían ver/conocer a Dios, pero no ver/conocer su esencia habría que proponer como comparación que sería como decir que ellos veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse. De todas maneras, aunque no penetraran su esencia, sabían que era su Creador, y que era santo, el Santo entre los Santos.

Antes de penetrar en la visión beatífica de esa esencia divina Dios les puso una prueba. En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Nadie les hizo así.Se sucedieron unas fases en la psicología de los ángeles antes de transformarse en demonios. Estas fases se dieron no en el tiempo material, sino el evo. Al darse en el evo, estas fases a los humanos nos parecería que fueron casi instantáneas. Pero lo que a nosotros nos parecería tan breve, para ellos fue muy largo. Las fases de transformación de ángel a demonio fueron las siguientes: Al comienzo les entró la duda, la duda de que quizá la desobediencia a la Ley divina fuera lo mejor. En el momento en que voluntariamente aceptaron la posibilidad de que la desobediencia a Dios fuera una opción a considerar ya pecaron. Al principio esa aceptación de la duda constituiría un pecado venial que poco a poco fue evolucionando al pecado grave. Pero al principio, ninguno de ellos en esta primera fase estaba dispuesto a alejarse irreversiblemente, ni siquiera el Diablo. Fue posteriormente cuando se fue asentando en sus inteligencias lo que su voluntad había escogido a pesar del dictamen de su inteligencia que les recordaba que tal desobediencia era contra razón. Pero sus voluntades se fueron alejando de Dios, y como consecuencia de ello sus inteligencias fueron aceptando como verdadero el mal que su voluntad había escogido. Sus inteligencias fueron consolidándose en el error. La voluntad de desobedecer se fue afianzando, haciéndose esa determinación cada vez más profunda.

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Descarga la SUMMA DAEMONIACA[30clicks] - Sacerdote Exorcista José Antonio Fortea

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QUIEN NO CREE EN EL DEMONIO, NO CREE EN EL EVANGELIO

¿CONOCE EL DEMONIO LO QUE PENSAMOS Y OYE LO QUE DECIMOS?

En nuestra lucha contra nuestro enemigo común, el diablo, debemos estar vigilantes y en oración para no vernos sorprendidos. Por eso es bueno conocer más para poder tener certezas en nuestra batalla de cada día.

1 Pedro 5, 8 :" Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el diablo, ronda como León rugiente, buscando a quien devorar. 9 Resistidle firmes en la fe.

 

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El pensamiento del hombre, considerado en sí mismo, no puede ser conocido sino por Dios y por la persona de quien tal pensamiento procede, como explica Santo Tomás de Aquino. Esto mismo dice la Sagrada Escritura: El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce? Yo, Yahveh, exploro el corazón, pruebo los riñones, para dar a cada cual según su camino, según el fruto de sus obras (Jer 17, 9-10). También San Pablo lo atestigua: ¿Qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? (1Co 2, 11).

Pero el demonio puede conjeturar cuáles son nuestros pensamientos por otra vía indirecta, a saber, nuestros estados anímicos y físicos, del mismo modo que un médico reconoce una afección psíquica por ciertos síntomas externos.

Nuestros pensamientos, en efecto, se traducen en alteraciones físicas, como el abatimiento corporal, la mirada opaca y la lentitud de movimientos manifiestan pensamientos de preocupación. Si esto ayuda a que los hombres entrevean con cierta probabilidad cuáles son los pensamientos ocultos de algunas personas, mucho más puede hacerlo tanto el ángel bueno como el malo, pues tienen más experiencia que nosotros sobre el modo de proceder de los hombres en general y de muchos de ellos en particular (por ejemplo, nuestros ángeles guardianes conocen muy bien nuestro modo habitual de pensar y obrar, y tienen el conocimiento de Dios). De aquí que San Agustín diga que “los demonios a veces descubren con toda facilidad las disposiciones de los hombres, y no sólo las que manifiestan de palabra, sino también las concebidas en el pensamiento”, porque en el cuerpo se refleja el estado del alma; pero el mismo santo, en su obra “Retractaciones” afirma que no puede asegurar cómo sucede esto.

Este conocimiento es, sin embargo, no sólo indirecto sino también puramente conjetural, es decir, aproximado.

Porque una misma persona puede tener movimientos físicos parecidos a pesar de que sus pensamientos o deseos de la voluntad sean distintos; más diferencia hay entre personas distintas que pueden reaccionar con parecidas manifestaciones orgánicas ante fenómenos psíquicos diversos.

El ángel malo, al no tener el conocimiento de Dios, puede ir más allá de estos hechos externos y tratar de atar cabos para deducir cuáles podrán ser nuestros pensamientos. Dice al respecto Lépicier: “Si bien en el presente estado de vida no podemos ejercitar nuestras facultades mentales sin el concurso de los sentidos, ya internos, ya externos, no obstante, sí puede una sola y misma modificación orgánica dirigirse a varios objetos; o en otros términos, puede servir para expresar diversos conceptos formales. Con nuestra voluntad libre podemos imprimir a nuestras operaciones mentales una infinidad de aspectos, y dirigirlas a finalidades diversísimas, de forma que no sea posible, ni siquiera a la aguda inteligencia angélica, conocer, contra nuestra voluntad, cuál sea nuestro propósito actual o la finalidad de nuestras operaciones mentales”. Y esto siempre y cuando Dios no quiera, por su parte, entorpecer las observaciones de los demonios respecto de alguna persona en particular. De aquí, por ejemplo, las grandes dudas que asaltaban a los demonios respecto de Jesús, como se pone en evidencia en las tentaciones en el desierto donde el diablo pone a prueba a Nuestro Señor para saber si realmente Él es el Mesías.

En cambio, de modo directo, es decir, los pensamientos tal cual están en nuestra mente o los deseos e intenciones en nuestra voluntad, no los pueden conocer, a menos que nosotros le abramos voluntariamente el alma. Así explica Santo Tomás de Aquino, hablando no sólo de los demonios sino de los ángeles en general. En las “Colaciones de los Padres del Desierto” Juan Casiano escribía: “Los espíritus inmundos no pueden conocer la naturaleza de nuestros pensamientos. Únicamente les es dado columbrarlos merced a indicios sensibles o bien examinando nuestras disposiciones, nuestras palabras o las cosas hacia las cuales advierten una propensión por nuestra parte. En cambio, lo que no hemos exteriorizado y permanece oculto en nuestras almas les es totalmente inaccesible. Inclusive los mismos pensamientos que ellos nos sugieren, la acogida que les damos, la reacción que causan en nosotros, todo esto no lo conocen por la misma esencia del alma, antes bien, por los movimientos y manifestaciones del hombre exterior”.

El demonio no sabe lo que pensamos ni lo que queremos a menos que nosotros voluntariamente le permitamos que lo conozca; puede sospechar lo que pensamos, pero no puede estar seguro. No hay ningún peligro en rezar en voz alta, por ejemplo, pues aunque sepa cuáles son nuestros planes nada puede contra ellos sin la permisión de Dios. Por otra parte, en nuestras oraciones no hay nada que debamos ocultar ya que, como explican San Agustín y Santo Tomás de Aquino, todo cuanto podamos rezar correctamente, se puede resumir, en última instancia en el “Padrenuestro” (“la oración dominical es perfectísima, porque, como escribe San Agustín, si oramos digna y convenientemente, no podemos decir otra cosa que lo que en la oración dominical se nos propuso”), y esta oración el demonio la conoce y nada puede hacer contra ella; podrá poner obstáculos, pero chocará siempre contra la eficacia que Jesús ha dado a las oraciones que hagamos en su nombre: Todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis (Mt 21, 22; cf. Mc 11, 24); Todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré (Jn 14, 13-14).

Además Nuestro Señor nos ha dado la clave para no caer en las argucias del tentador astuto: Mt. 26,41: "Vigilad y orad para no caer en la tentación; que el Espíritu esta pronto pero la carne es débil".

 

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En el corazón de mamita Santa María, la Bendición de Dios Todopoderoso Padre + Hijo + y Espíritu Santo + descienda sobre ustedes y los suyos y los acompañe siempre hasta la eternidad. Amén, Amén, Amén.

Enviado por: JOSÉ CERO

¿Dentro de la Iglesia a quién odia mas el demonio?

Enviado por: JORGE COQUI ORANTES
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La Iglesia cuenta en su seno con cardenales, arzobispos, pastores de todo tipo, teólogos, personas dedicadas a la caridad, misioneros, etc, etc. Pero lo que más odia el demonio es el ascetismo. Esto podemos decirlo con seguridad porque a nadie tienta tanto como al que se dedica a la ascesis.
Cualquiera, que esté dedicado a cualquier ministerio o función eclesial, lleve en ello los años que lleve, si se dedica a hacer la prueba de comenzar una vida más ascética, comprobará que las tentaciones se le multiplican por cien.
Ello se debe a que el maligno sabe muy bien que la ascesis es una fuerza poderosísima, es la fuerza de la Cruz. Y que la fuerza de la Cruz quebranta su influencia en este mundo. Alguien podría decir que lo que más debería temer el demonio es el amor, y que por tanto lo que más debería odiar él serían las obras de caridad. Pero el demonio sabe que al que comienza la vía del ascetismo, si persevera, Dios le concederá el don de la caridad en grado eximio. Mientras que el que se dedica a obras de caridad solamente, quizá nunca llegue a comenzar una vida ascética.
Hay personas que se han dedicado toda la vida a obras de caridad y, sin embargo, albergan en su espíritu muchos defectos. Uno puede dedicarse a ayudar a los pobres o a los enfermos, por ejemplo, y sin embargo hacerlo con murmuraciones, juicio crítico, desobediencias, etc. Mientras que el asceta si persevera en la purificación gradual de su alma obtendrá todos los dones.
Por eso el demonio odia mucho más al asceta que a la jerarquía eclesiástica o a los mismos exorcistas.
El exorcista expulsa a uno, dos, una docena de demonios... El hombre que se mortifica, quebranta de un modo mucho más poderoso la influencia demoníaca en este mundo por el mero hecho de sobrellevar sobre su cuerpo y su espíritu la pasión cotidiana de su vida crucificada.

DEFENDERNOS DEL MALIGNO

Fuente: AMERICA CATOLICA

 

Desde el inicio de su Pontificado en 1962, el Papa Pablo VI subrayó las necesidades más importantes de la Iglesia.

"Una de las necesidades más grandes de la Iglesia es la de defenderse de ese mal al que llamamos el demonio".

“Un ser viviente espiritual, pervertido y pervertidor, realidad terrible, misteriosa y temible".

Afirmaba que "Se separan de la enseñanza de la Biblia y de la Iglesia los que niegan a reconocer la existencia del diablo, o los que lo consideran un principio autónomo que no tiene, como todas las criaturas, su origen en Dios; y también los que lo explican como una seudo-realidad, una invención del espíritu para personificar las causas desconocidas de nuestros males".

"Nosotros sabemos -prosiguió Pablo VI- que este ser oscuro y perturbador existe verdaderamente y está actuando de continuo con una astucia traidora. Es el enemigo oculto que siembra el error y la desgracia en la historia de la humanidad."

"Es el seductor pérfido y taimado que sabe insinuarse en nosotros por los sentidos, la imaginación, la concupiscencia, la lógica utópica, las relaciones sociales desordenadas, para introducir en nuestros actos desviaciones muy nocivas y que, sin embargo, parecen corresponder a nuestras estructuras físicas o síquicas o a nuestras aspiraciones más profundas".

Estas expresiones, ¿Nos recuerdan a las del león rugiente  que ronda, buscando a quien devorar, de las que no habló San Pedro?

El diablo no espera a ser invitado para presentarse, más bien impone su presencia con una habilidad inaudita.

El Papa evocó también el papel de Satanás en la vida de Cristo. Jesús calificó al diablo de "príncipe de este mundo" tres veces a lo largo de su ministerio y el poder enorme que tiene Satanás para tentar a los seres humanos y de la presencia activa de este, en el mundo.

A lo largo de la historia moderna, No se ha subrayado bastante la realidad de las potencias del mal, que actúan en nosotros y en el mundo y la imperiosa necesidad de prepararnos para ese combate espiritual que se esta llevando a cabo en estos momentos en el mundo, en nuestra vida y en la de nuestros seres queridos.

La Iglesia Católica, desde su fundación por nuestro Señor hace dos mil años, es sistemáticamente atacada 

por, a través de los últimos Papas hablar y prevenir acerca de como trabaja el demonio desde el anonimato y desde la oscuridad y ahora los medios de comunicación con un resentimiento inesperado, en el que se acusa a  la Iglesia de retornar a creencias ya “superadas” por la “ciencia”, que declaraban

 que “¡El diablo está muerto y enterrado!”.

 Tremendo error y mentira diabólica.

¿Cómo explicar la violencia y la cólera de estas reacciones?

¿Cómo no darnos cuenta, bajo estas reacciones, la cólera del maligno?

 En efecto, satanás necesita el anonimato para poder actuar de manera eficaz.

¿Cuál no será su irritación, por tanto, cuando ve al Papa denunciar en “Urbi et orbi”, sus artimañas?

Es la cólera del enemigo que se siente desenmascarado y que exhala su despecho a través de sus secuaces como son los  masones, ateos, comunistas, new age,”guías espirituales”, iluminatis, políticos, millonarios, luciferinos,  testigos de jehová, anti-cristianos, etc .

Aprende a discernir.

Bendiciones.

Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. 

(Efesios 6, 12)

Capítulo XIV.- La lucha de los Santos contra el Diablo

Fuente: CONOZE.com

El Papa San Gregorio Magno nos ha dejado en sus Diálogos el relato de una violenta tentación de San Benito. Tuvo lugar en el monte Subiaco, en una gruta conocida hoy con el nombre de Sacro specto(santa gruta), lugar de frecuente peregrinación.

Una tentación tan fuerte...

"Un día, mientras estaba solo, el Tentador lo asaltó. Un pequeño pájaro negro, al que se denomina vulgarmente mirlo, se puso a revolotear alrededor de su cara y a posarse tan inoportunamente sobre su rostro que habría podido cogerlo con la mano si hubiera querido, pero hizo la señal de la cruz y el pájaro desapareció. Sin embargo, cuando el pájaro se fue, le sobrevino una tentación carnal tan fuerte como nunca antes había experimentado. Había visto en una ocasión anterior a una mujer; el espíritu maligno se volvió a poner delante de los ojos del alma y la iluminó con un fuego tal que el espíritu del servidor de Dios apenas podía retener en su corazón la llama del amor de modo que, vencido por la sensualidad, había decidido ya prácticamente abandonar el desierto. Pero de pronto, visitado por la gracia de Dios, volvió en sí. Y al ver una densa mata de ortigas y cardos que había crecido en las cercanías se despojó de su vestido y se tiró desnudo en este matorral de espinas agudas y de ortigas. Se revolcó durante largo tiempo y cuando salió tenía herido todo el cuerpo pero, gracias a las heridas de la piel, había expulsado de su corazón la herida del alma, porque había transformado la sensualidad en dolor. Infligiéndose un castigo, se había quemado virtuosamente por fuera, pero de este modo había extinguido la llama que le consumía por dentro."

San Gregorio Magno añade: "desde este momento, como él mismo aseguró a continuación a sus discípulos, dominó de tal modo la tentación de la sensualidad que nunca más le ocurrió nada parecido".

Fue así como el padre del monaquismo occidental, violentamente tentado por el diablo, consiguió la victoria por un gesto heroico de ascesis.

San Gregorio Magno señala que esta victoria sobre Satanás valió a Benito un aumento de influencia espiritual: muchos hombres, abandonados las vanidades del mundo, acudieron a la escuela de la ermita de Subiaco.

Una pregunta: ¿habríamos tenido la orden de los benedictinos y todas las familias religiosas procedentes de este tronco si San Benito, en una hora fatídica de su vida, no hubiera sabido resistir heroicamente al Tentador?

El demonio me inspiraba...

Una joven monja francesa sufrió también, el 7 de septiembre de 1890, en el Carmelo de Lisieux, la víspera de su profesión, una tentación plena de repercusiones sobre su vida e incluso sobre el desarrollo de la Iglesia universal.

"Se elevó en mi alma una tempestad como nunca antes había experimentado, escribe sor Teresa del Niño Jesús en la Historia de un alma. Nunca había tenido una sola duda sobre mi vocación pero era necesario que pasase por esta prueba. Por la noche, haciendo mi Vía Crucis después de maitines, mi vocación pareció un sueño, una quimera... la vida del Carmelo me pareció hermosa, pero el demonio me inspiraba la seguridad de que no estaba hecha para mí, que engañaba a las superioras avanzando por un camino al que no estaba llamada... Mis tinieblas eran tan grandes que no veía ni comprendía más que una sola cosa: ¡no tenía vocación! ¡Ah! ¿Cómo describir la angustia de mi alma?... Me parecía (algo absurdo, que muestra cómo esta tentación era del demonio) que si comunicara mis temores a mi maestra, me impediría pronunciar mis santos votos; sin embargo, quería hacer la voluntad del Buen Dios y volver al mundo antes que quedarme en el Carmelo haciendo la mía. Hice por tanto salir a mi maestra y, llena de confusión, le confié el estado de mi alma... Felizmente, vio con más claridad que yo, y me dio una seguridad completa; por otra parte, el acto de humildad que había hecho acabó por poner en fuga al demonio que pensaba quizá que no osaría confesar mi tentación. Tan pronto como acabé de hablar, mis dudas desaparecieron; sin embargo, para hacer más completo mi acto de humildad, quise confiar mi extraña tentación a nuestra Madre que se contentó con reírse de mí".

Se puede plantear la cuestión: ¿qué habría sucedido si, cediendo a estas falaces sugestiones de Satanás preocupado por alejar de su vocación religiosa a "la santa más grande de los tiempos modernos", Teresa Martín hubiera abandonado el Carmelo para volver al mundo? ¡Qué empobrecimiento para la Iglesia e incluso para el mundo si el diablo hubiera logrado impedir la potente influencia de la "maestra de la infancia espiritual"! ¡Y qué clamorosa victoria para el adversario del Reino de Dios!

El Papa Pío XI planteó una cuestión análoga a propósito de otra prueba victoriosamente superada. Evocando la tentación contra la castidad afrontada por Santo Tomás de Aquino en su prisión de Roccasecca, el Papa indicó que "si la pureza del santo hubiera ensombrecido en esta circunstancia, es probable que la Iglesia no hubiera tenido jamás su Doctor Angélico" (Encíclica Studiorum ducem).

Renunciar a su proyecto y hacer como todo el mundo

Como indica el cardenal Charles Journet "el espíritu maligno probó cruelmente" a Nicolás de Flue, patrón de Suiza (1417 - 1487). Fue al comienzo de su vida de eremita en el Ranft. Satanás le golpeaba "con tal violencia que los que venían a visitarle le encontraron varias veces medio muerto".

El Santo ermitaño cuenta que el diablo, según le parecía, había venido una vez "en forma de gentil hombre, con vestidos ricamente adornados, montado en un hermoso caballo. Después de un largo coloquio le había aconsejado renunciar a su propósito y actuar como los demás porque, de otra manera, no podría merecer la vida eterna".

Se trataba, por tanto, de impedir a Nicolás vivir únicamente para Dios y glorificarle a través de su vida de asceta y de contemplativo.

Un contemporáneo cuenta que "a menudo el demonio invadía la celda (de Nicolás de Flue) con un ruido tal que parecía que toda la construcción estaba a punto de hundirse. A veces se presentaba bajo formas horribles, asía a Nicolás por los cabellos y le sacaba fuera a pesar de su resistencia".

Y el cardenal Journet comenta: "Todo cristiano sabe que el príncipe de este mundo, que ha venido a tentar a Jesús en el desierto, no dejará reposar a sus discípulos, sobre todo a los mejores".

Como por encanto

Que Satanás se sabe disfrazar de acuerdo con las circunstancias, es algo que los santos han experimentado con frecuencia. Pienso en el padre Marie-Eugène, santo religioso carmelita (1894 - 1966) que he conocido bien. Su causa de canonización está iniciada. Profundo conocedor de Santa Teresa del Niño Jesús, hablaba de ella con ardor. Un día en el que, siendo un joven religioso, predicaba un retiro en un Carmelo en Francia, le advirtieron que una monja deseaba encontrarlo en el locutorio. Se dirigió hacia allí y se topó con el rostro de una religiosa... que se asemejaba exactamente al de Santa Teresa del Niño Jesús. "Comenzó a hablarme, y me hizo todo tipo de cumplidos." Le felicitó por su predicación, le aseguró que llegaría a ser un gran predicador, etc. cuanto más hablaba la religiosa más a disgusto se sentía al comenzar a sospechar cuál era el espíritu que animaba a su extraña visitante... Para tener el corazón en paz le preguntó: "Hermana, permitidme que os haga una pregunta: ¿qué es la humildad?". Ante estas palabras la religiosa despareció como por encanto. El padre Marie-Eugène reconoció al demonio. Porque, afirmaba, el diablo no puede resistir a la humildad. Satanás había tomado la forma de la pequeña santa de Lisieux para engañar más fácilmente al padre y hacerle caer en un pecado de orgullo.

No lo habría creído jamás

Corría el año 1862. La labor de San Juan Bosco en Turín se encontraba en pleno desarrollo. Al comienzo de febrero, sus colaboradores remarcaron, sin embargo, que la salud del fundador declinaba. Pálido, abatido, más fatigado que de costumbre, Don Bosco necesitaba evidentemente reposo.

Interrogado por sus hermanos, el santo acabó por revelar la causa de su enfermedad: -Tendría necesidad de dormir... Hace cuatro o cinco noches que no cierro los ojos...

-Entonces, dormid, le dijeron. No trabajéis hasta tan tarde por la noche...

-¡Oh!, no es que yo quiera velar, sino que hay alguien que me hace velar a pesar mío.

Don Bosco, ante la insistencia de sus hermanos, les reveló al fin el drama que cada noche, desde hacía una semana, sucedía en su habitación.

Desde hacía varios días, el espíritu maligno jugaba con el pobre Don Bosco y le impedía dormir... Apenas se dormía era despertado bruscamente por una voz de trueno que lo aturdía. Un viento tempestuoso invadía la habitación, lo sacudía y desparramaba sus papeles y sus libros.

Precisamente en estos días Don Bosco estaba ocupado en corregir las pruebas de un opúsculo de vulgarización sobre el diablo: El poder de las tinieblas.

Y esto no es todo. Algunas noches, apenas dormido, el santo fundador era despertado por la aparición en la puerta de su habitación de un monstruo horrible que se acercaba a su cama, dispuesto a lanzarse sobre él. Sucedía incluso que, en pleno sueño, una mano invisible le quitaba las mantas de la cama. A veces, una fuerza misteriosa hacía temblar incluso la cama del santo.

Compadecido, un religioso, el padre Angelo Savio, ofreció a Don Bosco dormir en una habitación vecina a la suya para que, en caso de alerta, pudiese levantarse pronto y prestarle asistencia.

A mitad de la noche siguiente, el joven salesiano se despertó de golpe por un estruendo tremendo. Aterrorizado, emprendió la huida "aunque era un hombre muy valiente".

Después de algunas semanas las vejaciones del mundo satánico contra Don Bosco cesaron.

-Os aseguro -dijo Don Bosco a sus amigos- que si me hubieran contado todo lo que he visto y oído, ciertamente, no lo habría creído.

Evocando delante de los jóvenes las terribles noches vividas entonces, Don Bosco fue interrumpido por un muchacho:

-¡Yo no tengo miedo del diablo!

-Cállate -respondió el santo con una voz vibrante que sorprendió a los testigos-. ¡Cállate, no digas eso! Tú no sabes lo que el diablo podría hacer si el Señor se lo permitiera!

-Sí, sí. Si yo viera al demonio, lo cogería por el cuello y sería él quien tendría problemas.

-No digas tonterías, te morirías de miedo si lo vieras.

-Entonces haría la señal de la cruz...

-Eso sólo tendría efecto durante un instante.

-Y usted, Don Bosco, ¿cómo hace para rechazarlo?

Don Bosco no reveló su secreto y añadió: «Lo que es cierto es que no deseo a nadie pasar por los terribles momentos por los que he pasado. Y hay que rezar a Dios para que no permita nunca a nuestro enemigo atormentarnos de esta manera».

¿Qué hubiera sucedido si, en lugar de resistir a las vejaciones de Satanás, San Juan Bosco se hubiera desanimado y hubiese renunciado a continuar su labor? ¡Qué vacío habría aparecido en la historia de la Iglesia y de la sociedad sin la obra de Don Bosco y de su familia religiosa!

Los ángeles de luz vencen a los ángeles de las tinieblas

¡Cómo aciertan los maestros espirituales cuando señalan que el diablo tienta perfectamente a los amigos de Dios que son más piadosos y a los hombres ya las mujeres destinadas a una misión especial en la Iglesia!

Ciertamente San Benito, Santa Teresa del Niño Jesús y San Juan Bosco han necesitado gracias especiales para rechazar la mano de Satanás durante las tentaciones. Ahora bien, Dios las concede ordinariamente por el ministerio de los ángeles custodios. Para que la lucha entre el hombre y Satanás no esté desequilibrada, observa Santo Tomás de Aquino, Dios nos asegura la ayuda de la gracia y la protección de los ángeles.

Así se compaginan dos textos densos de la Sagrada Escritura que abren perspectivas infinitas a nuestro espíritu.

Por un lado, la advertencia de San Pedro: "¡Sed sobrios y vigilad! Vuestro adversario, el diablo, anda como león rugiente buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe" (1 P 5, 8 - 9).

Por el otro, la confiada afirmación del Salmista: "No te llegará la calamidad ni se acercará la plaga a tu tienda. Pues te encomendará a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos, y ellos te levantarán en sus palmas para que tus pies no tropiecen en las piedras; pisarás sobre áspides y víboras y hollarás al león y al dragón" (Sal 91, 10 - 13).

Las insidias preparadas por los ángeles de las tinieblas son numerosas pero la ayuda que nos ofrecen los ángeles de la luz es poderosa; más poderosa.

El Rey Aram de Siria estaba en guerra con Israel. El profeta Eliseo, a quien quería capturar, se encontraba en Dota. Aram envió allí caballos, carros y una tropa nutrida, los cuales llegaron de noche y rodearon la ciudad. Al día siguiente, el criado del hombre de Dios se levantó muy temprano y salió: vio que un buen número de soldados rodeaba la ciudad con caballos y carros y dijo a Eliseo: "¡Ah, mi Señor! ¿qué vamos a hacer?". Eliseo respondió:"¡No temas! Los que están con nosotros son más numerosos que los que están con ellos". Eliseo rezó así: "¡Señor, ábrele los ojos para que vea!". El Señor abrió los ojos del criado y vio que la montaña estaba llena de caballos y carros de fuego que rodeaban a Eliseo" (cfr 2 R 6, 12 - 17).

***

Señor Jesús, tú que has vencido a Satanás por tu Pasión y Resurrección, dígnate disipar nuestro miedo al Malvado y a sus legiones, haciéndonos comprender que "los que están con nosotros son más numerosos que los que están con ellos".

***

Señor, dígnate concedernos que veamos con los ojos de la fe lo que no podemos ver con los ojos de la carne: "los caballos y carros de fuego", imagen del invisible ejército de ángeles de luz que nos rodea y nos custodia.

Capítulo XIII.- Cristo vencedor de Satanás

Fuente: CONOZE.com

"Considerando el mundo sin pesimismo, en la verdad, veo que las potencias de las tinieblas dominan, triunfan y amenazan con sumergirlo todo..." Así se expresaba hace poco tiempo, en el ocaso de su vida, un maestro espiritual contemporáneo, el siervo de Dios, padre Marie-Eugène del Niño Jesús, carmelita descalzo. Y añadía: "no se trata ciertamente de ver al diablo por todas partes, sino de saber que está ahí y que actúa. El enemigo está en el campo de batalla e ignorarlo es exponerse a sus ataques".

¿Esto significa que todos los pecados se cometen por instigación de Satanás y que él es gran responsable de los males del mundo contemporáneo?

Santo Tomás de Aquino rechaza una visión tan unilateral. El hombre herido por el pecado original puede deslizarse por sí mismo hacia el mal, sin ser empujado por una instigación exterior. En este sentido no se debería imputar al demonio todos los pecados que se cometen sobre la faz de la tierra. Contrariamente, la inclinación del hombre al mal no existiría sin el peso del pecado original. En este sentido, se puede decir que Satanás está indirectamente en el origen de todos los pecados.

Un lugar colateral

Recordar estas verdades es lo mismo que decir que la demonología debe ocupar en la doctrina católica un lugar no centra sino, en cierto sentido, "colateral", según la expresión de Juan Pablo II. "El Verbo está en el centro del Universo... Todas las cosas han sido creadas por Él y en vista de Él (Col 1, 16). Es decir, Cristo... está en el centro del universo... La verdad profunda... sobre Dios y sobre la salvación de los hombres constituye el contenido central de la Revelación... La verdad sobre los ángeles es en cierto sentido "colateral" aunque inseparable de la revelación central que es la existencia, la majestad y la gloria del Creador. Los ángeles no son criaturas principales en la realidad de la Revelación, y, sin embargo, pertenecen a ella plenamente".

En su estudio sobre la demonología de San Juan de la Cruz, el padre Nilo o.c.d., subraya que "hay quereservar la mejor parte de nuestras energías y de nuestras preocupaciones hacia aquellas realidades que causan directamente nuestra santificación: el amor paternal y misericordioso del Señor; nuestra unión con Cristo Cabeza y Mediador; la acción del Espíritu Santo por la gracia; las virtudes y los dones; la inhabitación de la Trinidad en el alma del justo; la intervención de la Madre de Dios en la aplicación de los frutos de la Redención; la protección de los ángeles y la intercesión de los santos".

¿Cómo juzgar fenómenos aparentemente diabólicos? "Aquí nos encontramos en el dominio de las tinieblas en el que hay que avanzar con una prudencia extrema. No se puede evitar la pregunta: ¿qué es lo que depende del psiquismo de cada uno y qué es lo que denota con nitidez influencias diabólicas? No poseemos criterios seguros y decisivos. Todo lo que podemos decir es que no resultad razonable aceptarlas en bloque como manifestaciones diabólicas -es la tentación de tipo espiritualista-, pero que tampoco es razonable rechazarlas en bloque como fenómenos de histeria o alucinación: es la tentación de tipo racionalista".

Está en juego nuestro destino

Existe, de todos modos, una cuestión mucho más importa para los cristianos comunes como nosotros: ¿cómo precaverse contra las insidias y las astucias del diablo cuya presencia amenazadora está asegurada por San Pedro? Porque, al fin y al cabo, lo que nos importa no son las especulaciones y las hipótesis de los demonólogos sino el conocimiento de nuestras concretas posibilidades de defensa. Está en juego tanto nuestras relaciones con Dios y con los hombres como nuestro destino eterno.

Ahora bien, todo lo que fortifica nuestra vida espiritual -oración, sacramentos y sacramentales, trabajo practicado con espíritu de fe y de amor- todas las actividades (cfr Lumen gentium, 41) contribuyen a reforzar nuestras estructuras espirituales y, por lo tanto, a prepararnos para los ataques y las astucias de Satanás.

Santo Tomás de Aquino subraya especialmente el papel de la Eucaristía y, con San Juan Crisóstomo, observa que "cuando volvemos a la Santa Mesa, somos como leones que soplan fuego, temibles para los demonios". ¿Y por qué razón nos hacemos temibles? Porque "entonces llevamos en nosotros a Cristo, vencedor de Satanás", comenta el Padre R. Garrigou-Lagrange o.p.

El enemigo más temible

Con un lenguaje de fuego, San Luis María Grignion de Montfort describe el poder extraordinario de María sobre los demonios: "María es el enemigo más terrible que Dios ha hecho contra el demonio... Él le ha dado, desde el paraíso terrenal, aunque entonces no estaba más que en su mente, tanto odio contra este maldito enemigo de Dios, tanta habilidad para descubrir la malicia de esta antigua serpiente, tanta fuerza para vencer, tumbar por tierra y destrozar a este orgulloso impío, que el diablo la teme no sólo más que a todos los ángeles y a los hombres sino, en cierto sentido, más que a Dios mismo. Y esto no porque la ira, el odio y la potencia de Dios no sean infinitamente más grandes que las perfecciones de María son limitadas sino, primero, porque como Satanás es orgulloso, sufre infinitamente más siendo vencido y castigado por una pequeña y humilde sierva de Dios: su humildad le humilla más que el poder divino; segundo, porque Dios ha dado a María un poder tan grande contra los diablos que éstos temen más, como se han visto a menudo obligados a confesar a pesar suyo por la boca de sus poseídos, uno de sus suspiros por un alma que las oraciones de todos los santos, y una de sus amenazas que todos los demás tormentos".

Estos transmisores de la gracia

El poder Marie-Eugène del Niño Jesús pone de relieve la fuerza de los sacramentales para detener el ataque del demonio. Nota que entre éstos Santa Teresa de Jesús utilizaba particularmente el agua bendita: "De muchas veces tengo experiencia que no hay cosa con que huyan más, para no tornar. Debe ser grande la virtud del agua bendita; para mí es particular y muy conocida consolación que siente mi alma cuando la tomo. Es muy ordinario sentir una recreación, que no sabría yo darla a entender, como un deleite interior que toda el alma me conforta. Esto no es antojo ni cosa que me ha acaecido sólo una vez, sino muy muchas y lo he mirado con gran advertencia".

La misma Santa Teresa cuenta como, después de ser atormentada cruelmente por el diablo, logró finalmente liberarse. "Como no cesaba el tormento, dije: si no se riesen, pediría agua bendita. Me la trajeron y me la echaron a mí, y no aprovechaba; la eché hacia donde estaba el demonio, y se fue y me quitó todo el mal, como si con la mano me lo quitaran, salvo que quedé cansada, como si me hubieran dado muchos palos".

"La Iglesia, comenta el padre Marie Eugène del Niño Jesús, en las diversas oraciones de la bendición del agua, pide con insistencia que a esta agua se le conceda el poder de "poner en fuga toda la potencia del enemigo, extirpar a este enemigo con todos los ángeles rebeldes y expulsarlo..., destruir la influencia del espíritu inmundo y alejar a la serpiente venenosa..." (cfr antiguo Ritual, bendición del agua). Se comprende, por lo tanto, añade el padre Marie Eugène del Niño Jesús, la deposición de la venerable Ana de Jesús, secretaria de la santa, en el proceso de beatificación: "La Santa no emprendía jamás un viaje sin llevar agua bendita. Sufría mucho si se le olvidaba. Por eso todas nosotros llevábamos un pequeño frasco de agua bendita colgado de la cintura y ella quería llevar el suyo"". ¡Es que la reformadora del Carmelo conocía por experiencia el poder de Satanás!

Alguno sonreía ante esta costumbre de una mujer extraordinaria, elevada por el Papa Pablo VI a la dignidad de Doctora de la Iglesia universal, pero sus consejos son válidos también para el hombre de hoy.

San Juan de la Cruz propone un expediente radical contra la influencia de Satanás en nuestra imaginación: en lugar de discutir con el Tentador, conviene elevar inmediatamente nuestro espíritu hacia Dios por un acto de fe o de amor. Es lo que el santo llama un acto "anagógico". Uniendo nuestros afectos a Dios, sucede que el alma deja las cosas de la tierra, se presenta delante de Dios y se une a él. La tentación del enemigo queda así frustrada y derrotada. La idea de realizar el mal queda sin objeto. En este momento el diablo ya no puede alcanzar ni herir al alma porque ya no se encuentra en el lugar en el que esperaba encadenarla por el juego de las imágenes.

La alegría espiritual, antídoto soberano

San Francisco de Asís padeció mucho a causa de los demonios. Como indica Tomás de Celano, su primer biógrafo, el Poverello recomendaba a sus hermanos la alegría espiritual como antídoto contra el poder del diablo. Francisco afirmaba que la Leticia spirituale es el remedio más seguro contra las mil astucias e insidias del enemigo. Decía, en efecto: "el diablo exulta sobre todo cuando puede quitar a los servidores de Dios la alegría del espíritu" (cfr Ga 5, 22). El demonio se esfuerza por echar polvo en los pliegues de la conciencia y ensuciar así el candor del espíritu y la pureza de la vida. Pero, proseguía San Francisco, si la alegría del espíritu llena el corazón, la serpiente intentará inyectar su veneno mortal completamente en vano. Los demonios no pueden causar mal alguno al servidor de Cristo cuando le ven santamente alegre. Cuando, al contrario, el espíritu está melancólico, desolado y doliente, se deja abrumar por la tristeza o conducir hacia cosas frívolas.

Francisco, añade Tomás de Celano, se esforzaba por permanecer siempre alegre de corazón y conservar la unción de la alegría. Evitaba con gran cuidado la melancolía al que denominaba el peor de todos los males. En cuanto notaba algún síntoma corría sin tardanza a la oración para no dar lugar a Satanás.

Santo Tomás de Aquino señala que existen tres medios que nos ayudan a rechazar los asaltos de Satanás: la alegría espiritual, la oración ferviente, el trabajo hecho con espíritu de fe. "La alegría espiritual arma al hombre contra Satanás; la alabanza de Dios es una fuerza que contribuye mucho a rechazar al diablo; el trabajo bien hecho elimina el ocio, terreno propicio para la acción de los demonios".

En la lucha contra Satanás, ¿no es interesante constatar la gran importancia que se asigna a la alegría espiritual por dos gigantes de la santidad, tan diferentes el uno del otro, como San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino? Sin embargo, pensándolo bien, no es de extrañar esta convergencia. Los santos, todos lo santos, ¿no son movidos por el mismo Espíritu, fuente inagotable de profunda alegría?

Capítulo XII.- Somos más fuertes

Fuente: CONOZE.com

Algunas semanas después del clamoroso discurso del Papa Pablo VI sobre la acción del demonio en el mundo contemporáneo y en la Iglesia, L´Osservatore Romano publicó una selección de artículos sobre demonología (17 de diciembre de 1972). Uno de los colaboradores, el profesor Seattle, resumía así su pensamiento: "Sí, por su astucia y por su poder, el demonio supera los límites de la naturaleza humana, no puede vencer a Cristo, nuestro hermano y nuestro Señor. Y tampoco nos puede vencer, en la medida en que estemos unidos a Cristo".

Los maestros espirituales insisten en ese punto: inferiores al diablo si contamos sólo con nuestras fuerzas naturales, somos decididamente superiores si estamos unidos a Cristo. "El alma que está unido a Dios -afirma San Juan de la Cruz- el demonio la teme como teme a Dios mismo".

Santa Teresa de Jesús confiesa, por su parte, que unida a Dios, no temía al demonio más que a una mosca o a una hormiga.

Así, San Pedro nos presenta al demonio como un león rugiente (1 P 5, 8) y Santa Teresa de Jesús como una mosca inofensiva. ¿Contradicción? ¿Evolución del pensamiento cristiano que, con el progreso de las ciencias, desmitificaría al diablo y se despediría de él según el título de un folleto (Abschied vom Teufel)? El autor fue objeto de una advertencia del Santo Oficio que le recordó los documentos del Magisterio sobre la existencia de los demonios.

No, no hay contradicción. Se trata de dos aspectos complementarios. Con el diablo sucede lo mismo que con el gigante Goliat. Según los mirasen los ojos de los Israelitas aterrados por su prestancia, o los ojos del joven David, que confiaba en el Dios de Israel, el gigante aparecía como un león sanguinario o como una mosca inofensiva.