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Homilía del sacerdote Franciscano P. Roger J. Landry, pronunciada en la Parroquia del Espíritu Santo en Fall River, MA (Estados Unidos) - Año 2010

Autor: Padre Roger J. Landry

 

La nota de ocho columnas de la semana pasada no se la llevó el desfile del Super Bowl ni quién sería el mariscal de campo, ni tampoco el discurso del Presidente al Estado de la Unión hablando de los operativos terroristas en los Estados Unidos. Nada de esto fue la noticia principal. Los encabezados fueron capturados por la muy triste noticia de que algunos sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston abusaron de jóvenes a quienes estaban consagrados a servir.

Es un escándalo mayúsculo, uno que muchas personas que durante largo tiempo han tenido aversión a la Iglesia a causa de alguna de sus enseñanzas morales o doctrinales, lo están usando como pretexto para atacar a la Iglesia como un todo, tratando de implicar que después de todo ellos tenían razón. Muchas personas se han acercado a mí para hablar del asunto. Muchas otras hubieran querido hacerlo, pero creo que por respeto y por no querer sacar a relucir lo que consideran malas noticias, se abstuvieron; pero para mí era obvio que estaba en su mente. Y por eso, hoy quiero atacar el asunto de frente. Ustedes tienen derecho a ello.

No podemos fingir como si no hubiera sucedido. Y yo quisiera discutir cuál debe ser nuestra respuesta como fieles católicos a este terrible escándalo. Lo primero que necesitamos hacer, es entenderlo a la luz de nuestra fe en el Señor. Antes de elegir a Sus primeros discípulos, Jesús subió a la montaña a orar toda la noche. En ese tiempo tenia muchos seguidores. Él habló a Su Padre en oración acerca de a quiénes elegiría para que fueran sus doce Apóstoles, los doce que Él formaría íntimamente, los doce a quienes enviaría a predicar la Buena Nueva en Su nombre. Él les dio el poder de expulsar a los demonios. Les dio el poder para curar a los enfermos. Ellos vieron como Jesús obró incontables milagros. Ellos mismos obraron en Su nombre numerosos milagros.

Pero, a pesar de todo, uno de ellos fue un traidor. Uno que había seguido al Señor, uno, a quien el Señor le lavó los pies, que lo vio caminar sobre las aguas, resucitar a personas de entre los muertos y perdonar a los pecadores, traicionó al Señor. El Evangelio nos dice que Él permitió que Satanás entrara en él y luego vendió al Señor por treinta monedas en Getsemaní, simulando un acto de amor para entregarlo. "!Judas," le dijo Jesús en el huerto de Getsemani, "con un beso entregas al Hijo del hombre!" Jesús no eligió a Judas para que lo traicionara.

Él lo eligió para que fuera como todos los demás. Pero Judas fue siempre libre y usó su libertad para permitir que Satanás entrara en él y, por su traición termino haciendo que Jesús fuera crucificado y ejecutado. Así que desde los primeros doce que Jesús mismo eligió, uno fue un terrible traidor. A VECES LOS ELEGIDOS DE DIOS LO TRAICIONAN. Este es un hecho que debemos asumir. Es un hecho que la primera Iglesia asumió. Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer.

En vez de ello, la Iglesia reconoció que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, sino por quienes sí lo viven. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once, gracias a cuya labor, predicación, milagros y amor por Cristo, nosotros estamos aquí hoy. Es gracias a los otros once -todos los cuales, excepto San Juan, fueron martirizados por Cristo y por el Evangelio, por el cual estuvieron dispuestos a dar sus vidas para proclamarlo- que nosotros llegamos a escuchar la palabra salvífica de Dios, que recibimos los sacramentos de la vida eterna.

Hoy somos confrontados por esa misma realidad. Podemos centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor, aquellos que abusaron en vez de amar a quienes estaban llamados a servir, o, como la primera Iglesia, podemos enfocarnos en los demás, en los que han permanecido fieles, esos sacerdotes que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y para servirlos a ustedes por amor. Los medios casi nunca prestan atención a los buenos "once", aquellos a quienes Jesús escogió y que permanecieron fieles, que vivieron una vida de silenciosa santidad. Pero nosotros, la Iglesia, debemos ver el terrible escándalo que estamos atestiguando bajo una perspectiva auténtica y completa.

El escándalo desafortunadamente no es algo nuevo para la Iglesia. Hubo muchas épocas en su historia, cuando estuvo peor que ahora. La historia de la Iglesia es como la definición matemática del coseno, es decir, una curva oscilatoria con movimientos de péndulo, con bajas y altas a lo largo de los siglos. En cada una de esas épocas, cuando la Iglesia llegó a su punto más bajo, Dios elevó a tremendos santos que llevaron a la Iglesia de regreso a su verdadera misión. Es casi como si en aquellos momentos de oscuridad, la Luz de Cristo brillara más intensamente.

Yo quisiera centrarme un poco en un par de santos a quienes Dios hizo surgir en esos tiempos tan difíciles, porque su sabiduría realmente puede guiarnos durante este tiempo difícil. San Francisco de Sales fue un santo a quien Dios hizo surgir justo después de la Reforma Protestante. La Reforma Protestante no brotó fundamentalmente por aspectos teológicos, por asuntos de fe -aunque las diferencias teológicas aparecieron después- sino por aspectos morales. Había un sacerdote agustino, Martín Lutero, quien fue a Roma durante el papado más notorio de la historia, el del Papa Alejandro VI. Este Papa jamás enseñó nada contra la fe -el Espíritu Santo lo evitó- pero fue simplemente un hombre malvado. Tuvo nueve hijos de seis diferentes concubinas. Llevó a cabo acciones contra aquellos que consideraba sus enemigos. Martín Lutero visitó Roma durante su papado y se preguntaba cómo Dios podía permitir que un hombre tan malvado fuera la cabeza visible de Su Iglesia. Regresó a Alemania y observó toda clase de problemas morales.

Los sacerdotes vivían abiertamente relaciones con mujeres. Algunos trataban de obtener ganancias vendiendo bienes espirituales. Privaba una inmoralidad terrible entre los laicos católicos. Él se escandalizó, como le hubiera ocurrido a cualquiera que amara a Dios, por esos abusos desenfrenados. Así que fundó su propia iglesia. Eventualmente Dios hizo surgir a muchos santos que combatieran esta solución equivocada y trajeran de regreso a las personas a la Iglesia fundada por Cristo.

San Francisco de Sales fue uno de ellos. Poniendo en riesgo su vida, recorrió Suiza, donde los calvinistas eran muy populares, predicando el Evangelio con verdad y amor. Muchas veces fue golpeado en su camino y dejado por muerto. Un día le preguntaron cuál era su postura en relación al escándalo que causaban tantos de sus hermanos sacerdotes. Lo que él dijo es tan importante para nosotros hoy como lo fue en aquel entonces para quienes lo escucharon.

Él no se anduvo con rodeos. Dijo: "Aquellos que cometen ese tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual a un asesinato, destruyendo la fe de otras personas en Dios con su pésimo ejemplo". Pero al mismo tiempo advirtió a sus oyentes: "Pero yo estoy aquí entre ustedes hoy para evitarles un mal aún peor. Mientras que aquellos que causan el escándalo son culpables de asesinato espiritual, los que acogen el escándalo -los que permiten que los escándalos destruyan su fe-, son culpables de suicidio espiritual."

Son culpables, dijo él, "de cortar de tajo su vida con Cristo, abandonando la fuente de vida en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía". San Francisco de Sales anduvo entre la gente de Suiza tratando de prevenir que cometieran un suicidio espiritual a causa de los escándalos. Y yo estoy aquí hoy para predicarles lo mismo a ustedes. ¿Cuál debe ser entonces nuestra reacción?

Otro gran santo que vivió en tiempos particularmente difíciles también puede ayudarnos. El gran San Francisco de Asís vivió alrededor del año 1200, que fue una época de inmoralidad terrible en Italia central. Los sacerdotes daban ejemplos espantosos. La inmoralidad de los laicos era aún peor. San Francisco mismo, siendo joven, había escandalizado a otros con su manera despreocupada de vivir. Pero eventualmente, se convirtió al Señor, fundó a los Franciscanos, ayudó a Dios a reconstruir Su Iglesia y llegó a ser uno de los más grandes santos de todos los tiempos. Una vez, uno de los hermanos de la Orden de Frailes Menores le hizo una pregunta. Este hermano era muy susceptible a los escándalos. "Hermano Francisco," le dijo, "¿qué harías tu si supieras que el sacerdote que está celebrando la Misa tiene tres concubinas a su lado?" Francisco, sin dudar un sólo instante, le dijo muy despacio: "Cuando llegara la hora de la Sagrada Comunión, iría a recibir el Sagrado Cuerpo de mi Señor de las manos ungidas del sacerdote."

¿A dónde quiso llegar Francisco? Él quiso dejar en claro una verdad formidable de la fe y un don extraordinario del Señor. Sin importar cuán pecador pueda ser un sacerdote, siempre y cuando tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia -en Misa , por ejemplo, cambiar el pan y el vino en la carne y la sangre de Cristo, o en la confesión, sin importar cuán pecador sea él en lo personal, perdonar los pecados del penitente, Cristo mismo actúa en los sacramentos a través de ese ministro. Ya sea que el Papa celebre la Misa o que un sacerdote condenado a muerte por un crimen celebre la Misa, en ambos casos es Cristo mismo quien actúa y nos da Su cuerpo y Su sangre.

Así que lo que Francisco estaba diciendo en respuesta a la pregunta de su hermano religioso al manifestarle que él recibiría el Sagrado Cuerpo de Su Señor que sus manos ungidas del sacerdote, es que no iba a permitir que la maldad o inmoralidad del sacerdote lo llevaran a cometer suicidio espiritual. Cristo puede seguir actuando y de hecho actúa incluso a través del más pecador de los sacerdotes. ¡Y gracias a Dios que lo hace!

Y es que si siempre tuviéramos que depender de la santidad personal del sacerdote, estaríamos en graves problemas.

Los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los primeros doce Apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero regresaron; uno de los doce traicionó al Señor y tristemente nunca regresó. Dios ha hecho los sacramentos esencialmente "a prueba de los sacerdotes", esto es, en términos de su santidad personal. No importa cuán santos estos sean o cuán malvados, siempre y cuando tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia, entonces actúa Cristo mismo, tal como actuó a través de Judas cuando Judas expulsó a los demonios y curó a los enfermos.

Así que, de nuevo, les pregunto: ¿Cuál debe ser la respuesta de la Iglesia a estos actos? Se ha hablado mucho al respecto en los medios. ¿Tiene la Iglesia que trabajar mejor, asegurándose que nadie con predisposición a la pedofilia sea ordenado? Absolutamente. Pero esto no sería suficiente. ¿Tiene la Iglesia que actuar mejor para tratar estos casos cuando sean reportados? La Iglesia ha cambiado su manera de abordar estos casos y hoy la situación es mucho mejor de lo que fue en los años ochenta, pero siempre puede ser perfeccionada.
Pero aún esto no sería suficiente. ¿Tenemos que hacer más para apoyar a las víctimas de tales abusos? ¡Sí, tenemos que hacerlo, tanto por justicia como por amor! Pero ni siquiera esto es lo adecuado. El Cardenal Law ha hecho que la mayoría de los rectores de las escuelas de medicina en Boston trabajen en el establecimiento de un centro para la prevención del abuso en niños, que es algo que todos nosotros debemos apoyar. Pero ni siquiera esto es una respuesta suficiente ¡La única respuesta adecuada a este terrible escándalo, -, como San Francisco de Sales reconoció en 1600 e incontables otros santos han reconocido en cada siglo-, es la SANTIDAD!

¡Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad! La santidad es crucial, porque es el rostro autentico de la Iglesia. Siempre hay personas -un sacerdote se encuentra con ellas regularmente, ustedes probablemente conocen a varias de ellas también-, que usan excusas para justificar por qué no practican su fe, por qué lentamente están cometiendo suicidio espiritual. Puede ser porque una monja se portó mal con ellos cuando tenían 9 años. O porque no entienden las enseñanzas de la Iglesia sobre algún asunto particular.

Indudablemente habrá muchas personas estos días -y ustedes probablemente se encontraran con ellas- que dirán: "¿Para qué practicar la fe, para qué ir a la Iglesia, si la Iglesia no puede ser verdadera, cuando los así llamados elegidos son capaces de hacer el tipo de cosas que hemos estado leyendo?" Este escándalo es como un perchero enorme donde algunos trataran de colgar su justificación para no practicar la fe. Por eso es que la santidad es tan importante. Estas personas necesitan encontrar en todos nosotros una razón para tener fe, una razón para tener esperanza, una razón para responder con amor al amor del Señor.

Las bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de hoy son una receta para la santidad. Todos necesitamos vivirlas más. ¿Tienen que ser más santos los sacerdotes? Seguro que sí. ¿Tienen que ser más santos los religiosos y religiosas y dar un testimonio aún mayor de Dios y del Cielo? Absolutamente. Pero todas las personas en la Iglesia tienen que hacerlo, ¡incluyendo a los laicos! Todos tenemos la vocación de ser santos y esta crisis es una llamada para que despertemos.

Estos son tiempos duros para ser sacerdote hoy. Son tiempos duros para ser católicos hoy. Pero también son tiempos magníficos para ser un sacerdote hoy y tiempos magníficos para ser católicos hoy. Jesús dice en las bienaventuranzas que escuchamos hoy: "Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes." Yo he experimentado de primera mano esta bienaventuranza, al igual que otros sacerdotes que conozco.
A principios de esta semana, cuando terminé de hacer ejercicio en un gimnasio local, salía yo del vestidor con mi traje negro de clérigo. Una madre, apenas me vio, inmediata y apresuradamente apartó a sus hijos del camino y los protegió de mí mientras yo pasaba. Me miró cuando pasé y cuando me había alejado lo suficiente, respiró aliviada y soltó a sus hijos como si yo fuera a atacarlos a mitad de la tarde en un club deportivo.

Pero mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer tales insultos y falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro. En tiempos pasados en Estados Unidos, la Iglesia era respetada. Los sacerdotes eran respetados. La Iglesia tenía reputación de santidad y bondad. Pero ya no es así. Uno de los más grandes predicadores en la historia estadounidense, el Obispo Fulton J. Sheen, solía decir que él prefería vivir en tiempos en los que la Iglesia sufre en vez de cuando florece, cuando la Iglesia tiene que luchar, cuando la Iglesia tiene que ir contra la cultura.

Esas épocas para que los verdaderos hombres y las verdaderas mujeres dieran un paso al frente y contaran. "Hasta los cadáveres pueden flotar corriente abajo," solía decir, señalando que muchas personas salen adelante fácilmente cuando la Iglesia es respetada, "pero se necesita de verdaderos hombres, de verdaderas mujeres, para nadar contra la corriente." ¡Qué cierto es esto!

Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para mantenerse a flote y nadar contra la corriente que se mueve en oposición a la Iglesia. Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundó su Iglesia. Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser cristianos.
Algunas personas predicen que en esta región la Iglesia pasará tiempos difíciles y quizá sea así, pero la Iglesia sobrevivirá, porque el Señor se asegurará de que sobreviva. Una de las más grandes réplicas en la historia sucedió justamente hace unos 200 años. El emperador francés Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo.

En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:

"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no podrá". Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su Iglesia!" El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá.! Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!"
Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?

El Cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase. El prometió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcará, no porque aquellos que van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo sigue en la barca y Él nunca la abandonará. La magnitud de este escándalo podría ser tal, que de ahora en adelante ustedes encuentren difícil confiar en los sacerdotes de la misma manera como lo hicieron en el pasado. Esto puede suceder y podría no ser tan malo.

¡Pero nunca pierdan la confianza en el Señor! ¡Es Su Iglesia! Aún cuando algunos de Sus elegidos lo hayan traicionado, Él llamará a otros que serán fieles, que los servirán a ustedes con el amor que merecen ser servidos, tal como ocurrió después de la muerte de Judas, cuando los once Apóstoles se pusieron de acuerdo y permitieron que el Señor eligiera a alguien que tomara el lugar de Judas y escogieron al hombre que terminó siendo San Matías, quien proclamó fielmente el Evangelio hasta ser martirizado por él.

¡Este es un tiempo en el que todos nosotros necesitamos concentrarnos aún más en la santidad! ¡Estamos llamados a ser santos y cuánto necesita nuestra sociedad ver ese rostro hermoso y radiante de la Iglesia! Ustedes son parte de la solución, una parte crucial de la solución. Y cuando caminen al frente hoy para recibir de las manos ungidas de este sacerdote el Sagrado Cuerpo del Señor, pídanle a Él que los llene de un deseo real de santidad, un deseo real de mostrar Su autentico rostro.

Una de las razones por las que yo estoy aquí como sacerdote para ustedes hoy es porque siendo joven, me impresionaron negativamente algunos de los sacerdotes que conocí. Los veía celebrar la Misa y casi sin reverencia alguna dejaban caer el Cuerpo del Señor en la patena, como si tuvieran en sus manos algo de poco valor en vez de al Creador y Salvador de todos, en vez de a MI Creador y Salvador. Recuerdo haberle dicho al Señor, reiterando mi deseo de ser sacerdote: "¡Señor, por favor, déjame ser sacerdote para que pueda tratarte como Tú mereces!" Eso me dio un ardiente deseo de servir al Señor.

Quizá este escándalo les permita a ustedes hacer lo mismo. Este escándalo puede ser algo que los conduzca por el camino del suicidio espiritual o algo que los inspire a decir, finalmente, "Quiero ser santo, para que yo y la Iglesia podamos glorificar Tu nombre como Tú lo mereces, para que otros puedan encontrarte en el amor y la salvación que yo he encontrado." Jesús está con nosotros, como lo prometió, hasta el final de los tiempos. Él sigue en la barca. Tal como a partir de la traición de Judas, Él alcanzo la más grande victoria en la historia del mundo, nuestra salvación por medio de Su Pasión, muerte y Resurrección, también a través de este episodio Él puede traer y quiere traer un nuevo renacimiento de la santidad, para lanzar unos nuevos Hechos de los Apóstoles en el siglo XXI, con cada uno de nosotros -y esto te incluye a TI- jugando un papel estelar.

Ahora es el tiempo para que los verdaderos hombres y mujeres de la Iglesia se pongan de pie. Ahora es el tiempo de los santos. ¿Cómo vas a responder tú?

El Papa: ´Los ataques a la Iglesia vienen también desde dentro´
Benedicto XVI condena duramente la actitud de la Curia respecto a los casos de pederastia

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A la derecha de estas líneas, el Papa Benedicto XVI contesta a las preguntas del periodistas que le acompañaban durante el vuelo hacia Lisboa. Reuter


EFE. LISBOA.
El Papa Benedicto XVI dijo ayer que el sufrimiento de la Iglesia viene de su interior, de los pecados que existen en la misma, no de sus enemigos de fuera. El Pontífice aseguró que el mensaje de Fátima tiene un "valor eterno", que es un llamamiento a la conversión y a la penitencia y que la novedad que podemos descubrir hoy en él es que no sólo desde fuera llegan los ataques a la Iglesia y al Papa, sino también desde su interior.
"La Iglesia tiene una profunda necesidad de aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender el perdón y la necesidad de justicia", aseguró Benedicto XVI a los periodistas que le acompañaban en el vuelo hacia Lisboa primera etapa de su viaje a Portugal, donde visitará también Fátima y Oporto.
Benedicto XVI afirmó que "aunque el mal ataca, el bien siempre está presente; Cristo es más fuerte que el mal y la Virgen es la garantía materna, la bondad de Dios tiene la última palabra en la historia".
El Pontífice respondió de esta manera a las preguntas de los periodistas sobre si el significado del mensaje de Fátima se refería en su Tercer Secreto al atentado que sufrió Juan Pablo II en la plaza de San Pedro del Vaticano en 1981 y a los sufrimientos que la Iglesia atraviesa por los casos de abusos sexuales por parte de curas y clérigos.

Juan Pablo II. El Papa subrayó que el mensaje de Fátima es para todos y no para unos pocos y que la visión del sufrimiento del Papa se personifica en Juan Pablo II cuando sufrió el ataque, aunque también el Tercer Secreto se refiere a otros sufrimientos de la Iglesia Católica. A este respecto, Benedicto XVI manifestó: "El Señor siempre nos ha dicho que la Iglesia sufrirá aunque de manera diferente hasta el final del mundo". Lo importante, según Benedicto XVI, es que el Tercer Secreto es "eterno" es un mensaje que vale para todos los tiempos, para todos los sufrimientos de la Iglesia y para todos los Papas. A este respecto –agregó–, la Iglesia Católica sufrirá siempre, aunque de diferentes maneras hasta el final de los tiempos.
Ésta es la gran novedad que Benedicto XVI ha introducido en este secreto que él mismo se encargó de desvelar e interpretar en junio de 2000, cuando fue revelado durante la visita de Juan Pablo II a Fátima para beatificar a los pastorcillos Francisco y Jacinta.
PRETEXTO PARA ATAQUES A LA IGLESIA

El “caso Garatea” y la dictadura del relativismo

Martes 29 de mayo de 2012

Fuente: TRADICIÓN Y ACCIÓN

A pesar de ser un asunto exclusivamente interno de la Iglesia, la sanción disciplinaria impuesta por el Arzobispo de Lima a un conocido religioso de ideas revolucionarias despertó una reacción airada en sectores que poco o nada tienen que ver con el catolicismo. Aquí explicamos el motivo de esa reacción, y hasta dónde pretende llegar.


Intentan cohibir la libertad de la Iglesia

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El Papa advierte sobre la “dictadura del relativismo”.
Días antes de ser elevado al supremo Pontificado, en abril de 2005, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger advirtió sobre la nueva tiranía que amenaza al Occidente y al mundo: la “dictadura del relativismo”, generadora de inéditas formas de persecución contra quienes se adhieren íntegramente a la Fe y la moral de la Iglesia.

Un anticipo palpable de cómo podrá ser tal dictadura lo dio la semana pasada el extraño coro de protestas que se levantó, desde sectores laicistas o de izquierda, contra la decisión del Arzobispado de Lima de suspender la licencia ministerial al P. Gastón Garatea. Tal medida era perfectamente justificada, ya que dicho sacerdote había manifestado posiciones incompatibles con la doctrina y la moral católicas en temas cruciales.

Siguiendo las seculares y sabias normas de la Iglesia, inicialmente el religioso fue apercibido por la Autoridad eclesiástica, en forma personal y en varias oportunidades. Tras esas correcciones fraternas vino finalmente la sanción, por persistir en sus posiciones equívocas. Fue un desenlace lógico, justo y razonable. Pero lo que sucedió después ya no tuvo nada de lógico...

El “caso Garatea” es un tema estrictamente eclesiástico. La Iglesia es, como se sabe, una societas perfecta, es decir, una institución que contiene en sí misma todos los medios para alcanzar su fin, y es por tanto plenamente autónoma del Estado en cuanto a su constitución, doctrina y vida interna. Ella posee una autoridad espiritual propia sobre todos sus miembros, tanto sacerdotes como fieles, que le cabe ejercer libre de interferencias.

No obstante, la sanción eclesiástica al P. Garatea dio lugar a un espectáculo surrealista y bochornoso: un enjambre de personas manifiestamente ajenas a la vida de la Iglesia —izquierdistas de varios matices, anticlericales, ateos, personajes de la farándula, agnósticos, etc.—, a los que se sumaron teólogos de la liberación, se levantaron en bloque para cuestionar la sanción y atacar a la Autoridad religiosa limeña. Arrogándose el papel de jueces supra-eclesiásticos, esos partidarios de la “tolerancia” a todo y con todos sacaron a relucir una manifiesta intolerancia contra el legítimo ejercicio del poder eclesiástico. Y esto, únicamente porque el Arzobispado cumplió con su deber de proteger a los fieles contra un sacerdote que difundía claros errores. Incluso circularon mensajes recogiendo firmas a favor del P. Garatea: uno de ellos, publicado a dos páginas en un diario de izquierda, criticaba la sanción como “injusta”.


El cargamontón de los relativistas

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Un plantón frente a la Nunciatura Apóstólica, en apoyo al sacerdote rebelde reunió apenas unas decenas de personas. Pero para el izquierdista “La República” fue una manifestación “masiva”...
¿Pero quiénes son esos críticos? ¿Cuál es su autoridad moral? ¿Qué títulos poseen para señalar lo que es justo o injusto en la Iglesia? —Veamos: entre los firmantes figuran un veterano comunista, Javier Diez Canseco; varios agnósticos declarados, como el pintor Fernando de Szyszlo; un literato escéptico, Alfredo Bryce, acusado de haber plagiado más de 30 veces a escritores peruanos e hispanoamericanos; la feminista pro-aborto Rocío Villanueva; la también defensora del aborto, Magaly Solier; el marxista y fundador del Partido Socialista Revolucionario, Marcial Rubio (paradójicamente actual rector de la PUCP...); actores de teatro muy apartados de la doctrina católica, como Alberto Ísola.

Apoyaron asimismo al P. Garatea los caviarísimos Diego García Sayán (recordado por haber excarcelado a cientos de presos por terrorismo) y Roberto Dañino; la inefable alcaldesa de Lima Susana Villarán, partidaria de todas las causas revolucionarias, que irónicamente considera al sacerdote rebelde “un ejemplo de cristiano”; el ex-rector de la PUCP Salomón Lerner, quien presidió la abstrusa y desacreditada “Comisión de la Verdad” [1]; el sacerdote chileno P. Diego Irarrázabal CSC, relativista extremado, quien incluso declaró estarse “convirtiendo a otras formas religiosas. Yo practico el servicio a la Pachamama y hago la challa” [2]; el infaltable ex sacerdote y atizador de conflictos sociales, Marco Arana. En fin, la lista es larga; pero podemos apostar que quien se tome el trabajo de recorrerla no reconocerá en ella a ningún defensor de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia, y sí a muchos defensores de posiciones frontalmente contrarias a la Fe católica.


Dime quién te defiende...

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Con tales personajes asumiendo la defensa del sacerdote en cuestión, ya se ve a qué corriente éste pertenece: “dime quién te defiende y te diré quién eres”, podríamos decir. Los antecedentes del P. Garatea lo muestran, además, alineado desde hace décadas con posiciones contestatarias a la Jerarquía de la Iglesia. Prototipo del “teólogo de la liberación”, fue dirigente del ONIS (Oficina Nacional de Información Social), que en los años 70 era “uno de los movimientos de sacerdotes de avanzada más conocidos de América Latina, junto con el grupo «Golconda» en Colombia o los Sacerdotes para el Tercer Mundo en Argentina”, señala el estudioso P. Jeffrey Klaiber S. J. [3]. Como se recuerda, de esos dos grupos surgieron los tristemente famosos “curas guerrilleros” Camilo Torres y Domingo Laín en Colombia, y Carlos Mujica y Antonio Puigjané en Argentina.

El ONIS del P. Garatea se caracterizaba, dice el mismo autor, por la nada sacerdotal “pretensión de comprender los grandes problemas socio-políticos mejor que los expertos y de ser los verdaderos intérpretes del sentir de las masas populares, y una actitud de desafío frente a la autoridad, que, en este caso, era la jerarquía eclesiástica” [4].

Ocultando estos antecedentes, y a falta de otra cosa para elogiar, los apologistas del sacerdote apelan al sentimentalismo y reivindican en términos líricos la preocupación de este por los pobres. ¿Pero qué revolucionario no invocó a los pobres como pretexto para sus perversos fines? Marx, Lenin, Abimael lo hicieron; ¡hasta el propio Judas, el traidor, lo hizo!; y “no porque él pasase algún cuidado con los pobres, sino porque era ladrón”, narra el Evangelio [5]. Pero lo que importa en el caso, y los panegiristas del P. Garatea eluden decir, es que —repetimos— el religioso infringió gravemente normas de la Iglesia, difundiendo ideas erróneas en materia moral, y recibió por ello una sanción justa y proporcionada.


* * *


En resumen, quienes atacan al Arzobispo de Lima por haber sancionado al cuestionado sacerdote, pretenden en el fondo cohibir la libertad de la Iglesia de ejercer su misión, y establecer así una nueva forma de dictadura, la dictadura del relativismo denunciada por Benedicto XVI. La hora de que los católicos unamos fuerzas para prevenirla y contrarrestarla está llegando.



Notas


[1] “Perú 21”, 18-5-2012

[2] DIEGO IRARRÁZABAL, Utopía autóctona, modernidad y evangelización, in “Tópicos ’90”, Santiago de Chile, N° 1, octubre 1990, p. 223.

[3] P. JEFFREY KLAIBER S.J., La Iglesia en el Perú, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1988. pp. 381-383.

[4] Idem ,Ibid. Destaque nuestro.

[5] Juan, 12, 9.


RESPALDO AL CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI SOBRE EL CASO GARATEA
El eco de un mensaje

¿Qué podemos hacer nosotros, los cristianos de a pie, para ayudar al Papa en su ministerio de unidad y servicio a los cristianos y a la humanidad?


Autor: Ramiro Pellitero | Fuente: www.religionconfidencial.com

Un libro reciente, “Ataque a Ratzinger” (de Paolo Rodari y Andrea Tornielli, ed. Piemme, 2010), recoge, en su prefacio, el deseo, que algunos tenían, de que el pontificado de Benedicto XVI fuera breve y pasara inadvertido. El mismo Papa explicó que elegía el nombre de Benedicto en honor del santo patrono de Europa y también en recuerdo de Benedicto XV: un Papa que había trabajado por la paz, si bien su pontificado no había sido muy largo.

Lo de pasar inadvertido no cuadra con la actividad del Papa. Y como parece que no ha pasado tan velozmente como alguno deseaba -dicen con fina ironía los autores-, “visto que su pontificado está destinado a dejar un signo, se han multiplicado los ataques contra Benedicto XVI”. De ahí el título del libro.

Se preguntan estos dos expertos vaticanistas si el Papa está solo; responden que realmente no es así, porque muchas personas le apoyan, aunque sus colaboradores probablemente podrían ayudarle mejor en la organización del trabajo, las relaciones con los medios de comunicación, etc. No faltan quienes silencian su mensaje, lo obstaculizan o lo manipulan. Y en algunos casos se puede comprobar la existencia de verdaderas “alianzas” mediáticas para desprestigiarle.

El prefacio termina citando las palabras de Benedicto XVI en la Misa inaugural de su pontificado (24.IV.2005): “Rogad por mí, para que no huya, por miedo, ante los lobos”.

Ahora bien, cabe preguntarse, ¿qué podemos hacer nosotros, los cristianos de a pie, para ayudar al Papa en su ministerio de unidad y servicio a los cristianos y a la humanidad?

San Josemaría Escrivá de Balaguer escribió: “Nuestra Santa Madre la Iglesia, en magnífica extensión de amor, va esparciendo la semilla del Evangelio por todo el mundo. Desde Roma a la periferia. -Al colaborar tú en esa expansión, por el orbe entero, lleva la periferia al Papa, para que la tierra toda sea un solo rebaño y un solo Pastor: ¡un solo apostolado!” (Forja, 638).

Además de rezar y seguir trabajando cada uno lo mejor posible para gloria de Dios y servicio de la sociedad, podemos y debemos hacer eco a su mensaje, sirviéndole de altavoz con nuestra vida y nuestras palabras. No vale pensar: “Esto a mí no me afecta mucho, es cosa del Papa y sus colaboradores...”.

Es necesario que los cristianos -junto con otras muchas personas de buena voluntad- ayudemos a que se “escuche” y se valore el mensaje de Benedicto XVI, que no es otro sino el del Evangelio, renovado en nuestro tiempo. Hay que contrarrestar los silencios de algunos, la ineficacia de otros, las manipulaciones de ciertos medios de comunicación. Es preciso llegar, como podamos, individualmente o en grupo, a mucha gente, para explicar lo que realmente el Papa propone: la primacía del amor, el aprendizaje de la esperanza, la responsabilidad de todos por la promoción humana y el desarrollo integral de las personas. Para esto se requiere conocer bien sus grandes documentos (las tres encíclicas y la exhortación sobre la Eucaristía), así como sus principales mensajes y discursos.

Brevemente: se impone el estudio y el diálogo sobre lo que el Papa dice: ¿lo conocemos? ¿Hemos pensado en nuestras posibilidades para hacerle eco en todos los niveles de la sociedad?

Es éste un buen momento para que los jóvenes (porque son los que pueden tener más vigor para expresar su fe, y en los que la Iglesia y el mundo ponen su esperanza), sean convocados a “apiñarse” junto al Papa. Todos los cristianos hemos de sentir esta invitación a la unidad: primero a través de nuestra unión con Jesucristo, puesto que el Papa es el vicario de Cristo, cabeza del Cuerpo místico. También, planteándonos cada uno, según su lugar en la Iglesia y en el mundo, sus dones y circunstancias (edad, capacidad, estudios, responsabilidades, misión, carismas, etc.), “qué hacemos y qué podemos hacer”, además de rezar por el Papa y su ministerio, además de ser personalmente mejor cristianos y ayudar a otros a serlo, que es sin duda lo primero. Todo ello puede ser y será sin duda percibido por otros creyentes, y aun por personas que buscan un sentido transcendente de la vida.

Los estudiantes podrán hablar con sus compañeros, organizar grupos de encuentro y diálogo sobre los grandes temas del Papa. Otro tanto, por su parte, podrán hacer los educadores y comunicadores, los responsables de grupos y movimientos, los padres y madres de familia (y los abuelos), los sacerdotes en las parroquias y en las instituciones eclesiales, los profesionales con sus amigos, etc.. Todos podemos colaborar a nivel personal y social. Algunos podrán convocar a más personas, promover acciones de alcance cultural y público: adhesiones, entrevistas, publicaciones, etc., a nivel local, nacional o internacional.

Lo único que no deberíamos hacer es cruzarnos de brazos, pues eso significaría prolongar los silencios, las ineficacias y las manipulaciones. No podemos dejar al Papa solo, porque su misión -promover la unidad y la vida de los cristianos, testimoniar y fortalecer la fe, presidir e impulsar el Evangelio por el mundo, de forma que la humanidad se convierta en la gran familia de Dios- es también nuestra misión. Debemos hacernos eco de su mensaje, el Evangelio, con nuestra vida y nuestras palabras.

Una ocasión especialmente apropiada son los viajes del Papa, principalmente con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Se trata de trabajar para que muchos jóvenes se encuentren con él (físicamente o a través de los medios de comunicación), de modo que el Evangelio pueda hacerse vida -como una propuesta de sabiduría y belleza, de verdad, bien y alegría- en la vida del mundo.
EWTN explica mentiras de campaña contra el Papa y la Iglesia Católica
ALABAMA, 13 Abr. 10 (ACI).-En un programa especial de dos horas de EWTN Noticias se responde a la campaña difamatoria que los medios de comunicación han emprendido contra el Papa Benedicto XVI y la Iglesia Católica en los últimos días.

El director de ACI Prensa, Alejandro Bermúdez Rosell; el Padre Daniel Cardó, Capellán de Saint Malo Retreat Center de la Arquidiócesis de Denver (EEUU); el Padre Pedro Núñez; y Pepe Alonso, conductor de "Nuestra fe en vivo", discuten en una mesa redonda todo acerca de los recientes ataques mediáticos contra el Papa Benedicto XVI y la Iglesia Católica.

Asimismo, en el programa se trata verazmente los temas difamatorios que presentaron Associated Press y el New York Times contra el Santo Padre respecto al escándalo de cuatro sacerdotes pedófilos; y responde a las falaces acusaciones de encubrimiento por parte del Papa sobre el caso del P. Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.


Lea abajo, completo, el documento que será enviado al Vaticano y confirme su apoyo:


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FIRME ESTE MENSAJE DE APOYO Y DESAGRAVIO AL SANTO PADRE

Católicos peruanos adhieren a mensaje de filial solidaridad a Su Santidad Benedicto XVI


A Su Santidad Benedicto XVI

Ciudad del Vaticano


Beatísimo Padre,

Los firmantes, fieles católicos peruanos, de rodillas ante vuestra Sagrada Persona, venimos a presentar a Vuestra Santidad nuestra profunda y sincera solidaridad ante las viles calumnias y torpes ataques de los que ha sido víctima en estas últimas semanas.


Con una hipocresía que tiene pocos antecedentes en la Historia, los mismos intelectuales, líderes políticos y órganos de prensa y televisión que sistemáticamente destruyen la inocencia de nuestros niños y adolescentes — por la difusión incesante de pornografía y la promoción de una cultura en la cual “es prohibido prohibir” — hoy se rasgan las vestiduras delante del abuso sexual de menores practicado por un cierto número de sacerdotes y religiosos indignos. Peor aún: tales corrientes llamadas “avanzadas”, ¡osan culpar por esos abusos innobles a la propia Iglesia, la cual, por su incesante predicación de la moral evangélica, no solamente irguió al mundo pagano del lodazal de una corrupción moral desenfrenada, sino que fue el baluarte de la virtud de la pureza a lo largo de veinte siglos!

¿Qué autoridad intelectual y moral tienen tales agresores para exigir la abolición del celibato eclesiástico,— ellos que glorifican la promiscuidad sexual desde la más tierna edad; ellos que distribuyen preservativos a niños, incitándoles a practicar el “sexo seguro”; que corrompen almas inocentes con sus “clases de educación sexual” pautadas por una visión hedonista y disoluta de la sexualidad; y que promueven las relaciones homosexuales, al punto de desear disminuir la edad legal de consentimiento para las mismas?

¿Acaso los abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos no son, en su inmensa mayoría, casos de homosexualidad con adolescentes, o sea, precisamente actos que esos mismos intelectuales, líderes políticos y órganos de prensa favorecen? ¿Ellos, que ahora atacan a la Iglesia y a vuestra Sagrada Persona?

Santo Padre, los iberoamericanos somos un pueblo intuitivo que sabe leer el fondo de los corazones: no nos dejamos engañar por las falacias del creciente estruendo publicitario que, en la persona del Papa, en verdad procura derribar al estandarte que él empuña; o sea, la bandera inmaculada de las enseñanzas morales de Aquel que es, para la humanidad entera, “el Camino, la Verdad y la Vida”.

Los promotores de la ofensiva publicitaria quieren evitar que los hombres de hoy, desengañados de las falaces promesas de felicidad atea de los heraldos de la “modernidad”, vuelvan su atención a la enseñanza tradicional de la Iglesia, incluidas vuestras oportunas denuncias de la “dictadura del relativismo” que, en nombre de la idolatría del hombre, apunta a eliminar cualquier freno a la libertad, legalizando el aborto y la eutanasia, favoreciendo las relaciones prematrimoniales, el divorcio y el seudo-matrimonio entre personas del mismo sexo.

Los que fomentan esos ataques contra Vuestra Santidad desean, en realidad, silenciar vuestra voz, porque ella se yergue para defender las raíces cristianas de la civilización occidental y para sostener el derecho de la Iglesia Católica a intervenir en el debate público respecto a las grandes cuestiones culturales y sociales contemporáneas, a la luz del Evangelio. Lo cual contraría los planes de aquellos que, en nombre del laicismo de Estado, hasta quieren eliminar de los lugares públicos el más sagrado símbolo religioso — el crucifijo, que nos recuerda la Pasión y Muerte de nuestro Divino Redentor.

Los diseminadores de las falsas acusaciones de que Vuestra Santidad habría encubierto — en Munich o en la Curia romana — a quienes cometieron abusos contra niños, paradójicamente son aquellos mismos que se indignaron con vuestra Instrucción de 2005, prohibiendo el acceso a los seminarios de candidatos con arraigada tendencia homosexual, o sea, los candidatos que tienen mayor probabilidad estadística de llegar a abusar sexualmente de adolescentes o de niños.

Promotores de la actual campaña de calumnias son también aquellos que no se conforman con el hecho de que Vuestra Santidad, cuando aún Cardenal-Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, denunció al comunismo como “la vergüenza de nuestro tiempo” y condenó la Teología de Liberación de inspiración marxista, que se propagaba en los medios católicos, y con relación a la cual, en fecha reciente, Vuestra Santidad reiteró su posición contraria, en el discurso a los Prelados de las Regionales Sur 3 y Sur 4 de la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil, en visita ad limina apostolorum.

Santo Padre: nosotros, católicos peruanos, sabemos leer en las entrelíneas de los noticiarios el significado más profundo del debate en curso. Y, fieles a las enseñanzas perennes de la Santa Iglesia, adherimos de todo corazón a los “valores no negociables” promovidos por Vuestra Santidad, es decir:

— la inviolabilidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural;

— la sacralidad de la familia fundada sobre el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer; y

— el derecho de los padres de educar a los hijos e inculcarles los principios morales y religiosos verdaderos.

Al manifestar nuestro total repudio a la innoble campaña de calumnias contra vuestra Sagrada Persona y al expresarle nuestra solidariedad, no somos movidos apenas por el sentimiento filial que anima a los fieles católicos al ver al dulce Vicario de Cristo en la Tierra atacado por las huestes del mal. Bien sabemos que Ubi Petrus, ibi et Ecclesia (“Donde está Pedro, allí también está la Iglesia”). Por eso, queremos hacer al mismo tiempo un acto de fe en la Iglesia Católica y, en particular, en aquellas enseñanzas perennes de su Magisterio que la “dictadura del relativismo” desea ver eliminados de nuestra legislación y de nuestras vidas.

Santidad, en medio de la borrasca, los corazones de millones de peruanos lo acompañarán en su valerosa defensa de los derechos de Dios y de los “valores no negociables”, con sus oraciones, con su fervor filial y con la energía que les viene del Sacramento de la Confirmación que los transformó en auténticos soldados de Cristo.

Bien sabemos, Santidad, y es con dolor que lo decimos, que en este momento en que la Iglesia debería enfrentar firme y cohesa la tempestad que se anuncia, entretanto se ve debilitada en su elemento humano por la acción de corrientes que en ella se infiltraron, y que llevaron a las impresionantes lamentaciones de Vuestro Predecesor Paulo VI cuando dijo que “la humareda de satanás” había penetrado en el Templo de Dios, refiriéndose además a un misterioso proceso de “autodemolición” en curso, después del último Concilio.

Pero tal situación, lejos de producir desánimo, vuelve aún más imperioso que cierren filas en torno de la Cátedra de Pedro aquellos que desean con toda el alma permanecer fieles a las enseñanzas evangélicas. Entre estos humildemente nos incluimos, siguiendo el ejemplo del grande y recordado lider católico brasileño del siglo XX, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira. Y por eso, al tomar conocimiento de esta Declaración, de iniciativa del Instituto que lleva su nombre, obtuvimos la correspondiente autorización para hacerla nuestra, considerando que expresa con precisión nuestro pensamiento y el sentimiento unánime de los católicos peruanos (Instituto Plínio Corrêa de Oliveira www.ipco.org.br).

Dentro de algunas semanas, con ocasión del décimo aniversario de la beatificación de la pequeña Jacinta Marto, y en el año en que se conmemora el centenario de su nacimiento, Vuestra Santidad pisará el suelo de Portugal, adonde la Santísima Virgen habló a los tres pastorcitos de Fátima.

Recordaremos entonces la visión profética que la misma Jacinta tuvo en el último período de su corta existencia y que la hizo sufrir tanto:

“Vi al Santo Padre en una casa muy grande, arrodillado delante de una mesa, llorando con las manos en el rostro; afuera de la casa había mucha gente y unos le tiraban piedras, otros le lanzaban maldiciones y le decían muchas palabras feas. ¡Pobrecito del Santo Padre, tenemos que pedir mucho por él!”

¿Estará llegando esa hora? La pregunta se impone y, por eso, con los mismos sentimientos de Jacinta, pedimos a la pequeña vidente y a Nuestra Señora de Fátima que intercedan ante Nuestro Señor Jesucristo y obtengan para Vuestra Santidad señaladas gracias de discernimiento y fortaleza, con las cuales pueda dirigir la Barca de Pedro con mano segura, en medio al “tsunami” publicitario, mediante el que pretenden hundirla. Esfuerzo vano, porque sabemos que, conforme a la promesa indefectible de Nuestro Señor, al fin “portae inferi non praevalebunt” (las puertas del infierno no prevalecerán contra ella).

Al elevar a Dios esa plegaria desde lo más hondo del corazón, depositamos a los pies de Vuestra Santidad nuestros más respetuosos

Una serie de videos que nos explican no sólo cómo responder a las críticas, sino cómo actuar ante estos ataques contra nuestra Iglesia Católica.