07/09/10 |
Publicado por: a19998163 | Categoría Benedicto XVI
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El eco de un mensaje
¿Qué podemos hacer nosotros, los cristianos de a pie, para ayudar al Papa en su ministerio de unidad y servicio a los cristianos y a la humanidad?
Autor:
Ramiro Pellitero | Fuente:
www.religionconfidencial.com
Un libro reciente, “Ataque a Ratzinger” (de Paolo Rodari y Andrea Tornielli, ed. Piemme, 2010), recoge, en su prefacio, el deseo, que algunos tenían, de que el pontificado de Benedicto XVI fuera breve y pasara inadvertido. El mismo Papa explicó que elegía el nombre de Benedicto en honor del santo patrono de Europa y también en recuerdo de Benedicto XV: un Papa que había trabajado por la paz, si bien su pontificado no había sido muy largo.
Lo de pasar inadvertido no cuadra con la actividad del Papa. Y como parece que no ha pasado tan velozmente como alguno deseaba -dicen con fina ironía los autores-, “visto que su pontificado está destinado a dejar un signo, se han multiplicado los ataques contra Benedicto XVI”. De ahí el título del libro.
Se preguntan estos dos expertos vaticanistas si el Papa está solo; responden que realmente no es así, porque muchas personas le apoyan, aunque sus colaboradores probablemente podrían ayudarle mejor en la organización del trabajo, las relaciones con los medios de comunicación, etc. No faltan quienes silencian su mensaje, lo obstaculizan o lo manipulan. Y en algunos casos se puede comprobar la existencia de verdaderas “alianzas” mediáticas para desprestigiarle.
El prefacio termina citando las palabras de Benedicto XVI en la Misa inaugural de su pontificado (24.IV.2005): “Rogad por mí, para que no huya, por miedo, ante los lobos”.
Ahora bien, cabe preguntarse, ¿qué podemos hacer nosotros, los cristianos de a pie, para ayudar al Papa en su ministerio de unidad y servicio a los cristianos y a la humanidad?
San Josemaría Escrivá de Balaguer escribió: “Nuestra Santa Madre la Iglesia, en magnífica extensión de amor, va esparciendo la semilla del Evangelio por todo el mundo. Desde Roma a la periferia. -Al colaborar tú en esa expansión, por el orbe entero, lleva la periferia al Papa, para que la tierra toda sea un solo rebaño y un solo Pastor: ¡un solo apostolado!” (Forja, 638).
Además de rezar y seguir trabajando cada uno lo mejor posible para gloria de Dios y servicio de la sociedad, podemos y debemos hacer eco a su mensaje, sirviéndole de altavoz con nuestra vida y nuestras palabras. No vale pensar: “Esto a mí no me afecta mucho, es cosa del Papa y sus colaboradores...”.
Es necesario que los cristianos -junto con otras muchas personas de buena voluntad- ayudemos a que se “escuche” y se valore el mensaje de Benedicto XVI, que no es otro sino el del Evangelio, renovado en nuestro tiempo. Hay que contrarrestar los silencios de algunos, la ineficacia de otros, las manipulaciones de ciertos medios de comunicación. Es preciso llegar, como podamos, individualmente o en grupo, a mucha gente, para explicar lo que realmente el Papa propone: la primacía del amor, el aprendizaje de la esperanza, la responsabilidad de todos por la promoción humana y el desarrollo integral de las personas. Para esto se requiere conocer bien sus grandes documentos (las tres encíclicas y la exhortación sobre la Eucaristía), así como sus principales mensajes y discursos.
Brevemente: se impone el estudio y el diálogo sobre lo que el Papa dice: ¿lo conocemos? ¿Hemos pensado en nuestras posibilidades para hacerle eco en todos los niveles de la sociedad?
Es éste un buen momento para que los jóvenes (porque son los que pueden tener más vigor para expresar su fe, y en los que la Iglesia y el mundo ponen su esperanza), sean convocados a “apiñarse” junto al Papa. Todos los cristianos hemos de sentir esta invitación a la unidad: primero a través de nuestra unión con Jesucristo, puesto que el Papa es el vicario de Cristo, cabeza del Cuerpo místico. También, planteándonos cada uno, según su lugar en la Iglesia y en el mundo, sus dones y circunstancias (edad, capacidad, estudios, responsabilidades, misión, carismas, etc.), “qué hacemos y qué podemos hacer”, además de rezar por el Papa y su ministerio, además de ser personalmente mejor cristianos y ayudar a otros a serlo, que es sin duda lo primero. Todo ello puede ser y será sin duda percibido por otros creyentes, y aun por personas que buscan un sentido transcendente de la vida.
Los estudiantes podrán hablar con sus compañeros, organizar grupos de encuentro y diálogo sobre los grandes temas del Papa. Otro tanto, por su parte, podrán hacer los educadores y comunicadores, los responsables de grupos y movimientos, los padres y madres de familia (y los abuelos), los sacerdotes en las parroquias y en las instituciones eclesiales, los profesionales con sus amigos, etc.. Todos podemos colaborar a nivel personal y social. Algunos podrán convocar a más personas, promover acciones de alcance cultural y público: adhesiones, entrevistas, publicaciones, etc., a nivel local, nacional o internacional.
Lo único que no deberíamos hacer es cruzarnos de brazos, pues eso significaría prolongar los silencios, las ineficacias y las manipulaciones. No podemos dejar al Papa solo, porque su misión -promover la unidad y la vida de los cristianos, testimoniar y fortalecer la fe, presidir e impulsar el Evangelio por el mundo, de forma que la humanidad se convierta en la gran familia de Dios- es también nuestra misión. Debemos hacernos eco de su mensaje, el Evangelio, con nuestra vida y nuestras palabras.
Una ocasión especialmente apropiada son los viajes del Papa, principalmente con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Se trata de trabajar para que muchos jóvenes se encuentren con él (físicamente o a través de los medios de comunicación), de modo que el Evangelio pueda hacerse vida -como una propuesta de sabiduría y belleza, de verdad, bien y alegría- en la vida del mundo.
02/07/10 |
Publicado por: a19998163 | Categoría Benedicto XVI
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EWTN explica mentiras de campaña contra el Papa y la Iglesia Católica
ALABAMA, 13 Abr. 10 (ACI).-En un programa especial de dos horas de EWTN Noticias se responde a la campaña difamatoria que los medios de comunicación han emprendido contra el Papa Benedicto XVI y la Iglesia Católica en los últimos días.
El director de ACI Prensa, Alejandro Bermúdez Rosell; el Padre Daniel Cardó, Capellán de Saint Malo Retreat Center de la Arquidiócesis de Denver (EEUU); el Padre Pedro Núñez; y Pepe Alonso, conductor de "Nuestra fe en vivo", discuten en una mesa redonda todo acerca de los recientes ataques mediáticos contra el Papa Benedicto XVI y la Iglesia Católica.
Asimismo, en el programa se trata verazmente los temas difamatorios que presentaron Associated Press y el New York Times contra el Santo Padre respecto al escándalo de cuatro sacerdotes pedófilos; y responde a las falaces acusaciones de encubrimiento por parte del Papa sobre el caso del P. Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.
21/06/10 |
Publicado por: a19998163 | Categoría Benedicto XVI
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Lea abajo, completo, el documento que será enviado al Vaticano y confirme su apoyo:
FIRME ESTE MENSAJE DE APOYO Y DESAGRAVIO AL SANTO PADRE
Católicos peruanos adhieren a mensaje de filial solidaridad a Su Santidad Benedicto XVI
A Su Santidad Benedicto XVI
Ciudad del Vaticano
Beatísimo Padre,
Los firmantes, fieles católicos peruanos, de rodillas ante vuestra Sagrada Persona, venimos a presentar a Vuestra Santidad nuestra profunda y sincera solidaridad ante las viles calumnias y torpes ataques de los que ha sido víctima en estas últimas semanas.
Con una hipocresía que tiene pocos antecedentes en la Historia, los mismos intelectuales, líderes políticos y órganos de prensa y televisión que sistemáticamente destruyen la inocencia de nuestros niños y adolescentes — por la difusión incesante de pornografía y la promoción de una cultura en la cual “es prohibido prohibir” — hoy se rasgan las vestiduras delante del abuso sexual de menores practicado por un cierto número de sacerdotes y religiosos indignos. Peor aún: tales corrientes llamadas “avanzadas”, ¡osan culpar por esos abusos innobles a la propia Iglesia, la cual, por su incesante predicación de la moral evangélica, no solamente irguió al mundo pagano del lodazal de una corrupción moral desenfrenada, sino que fue el baluarte de la virtud de la pureza a lo largo de veinte siglos!
¿Qué autoridad intelectual y moral tienen tales agresores para exigir la abolición del celibato eclesiástico,— ellos que glorifican la promiscuidad sexual desde la más tierna edad; ellos que distribuyen preservativos a niños, incitándoles a practicar el “sexo seguro”; que corrompen almas inocentes con sus “clases de educación sexual” pautadas por una visión hedonista y disoluta de la sexualidad; y que promueven las relaciones homosexuales, al punto de desear disminuir la edad legal de consentimiento para las mismas?
¿Acaso los abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos no son, en su inmensa mayoría, casos de homosexualidad con adolescentes, o sea, precisamente actos que esos mismos intelectuales, líderes políticos y órganos de prensa favorecen? ¿Ellos, que ahora atacan a la Iglesia y a vuestra Sagrada Persona?
Santo Padre, los iberoamericanos somos un pueblo intuitivo que sabe leer el fondo de los corazones: no nos dejamos engañar por las falacias del creciente estruendo publicitario que, en la persona del Papa, en verdad procura derribar al estandarte que él empuña; o sea, la bandera inmaculada de las enseñanzas morales de Aquel que es, para la humanidad entera, “el Camino, la Verdad y la Vida”.
Los promotores de la ofensiva publicitaria quieren evitar que los hombres de hoy, desengañados de las falaces promesas de felicidad atea de los heraldos de la “modernidad”, vuelvan su atención a la enseñanza tradicional de la Iglesia, incluidas vuestras oportunas denuncias de la “dictadura del relativismo” que, en nombre de la idolatría del hombre, apunta a eliminar cualquier freno a la libertad, legalizando el aborto y la eutanasia, favoreciendo las relaciones prematrimoniales, el divorcio y el seudo-matrimonio entre personas del mismo sexo.
Los que fomentan esos ataques contra Vuestra Santidad desean, en realidad, silenciar vuestra voz, porque ella se yergue para defender las raíces cristianas de la civilización occidental y para sostener el derecho de la Iglesia Católica a intervenir en el debate público respecto a las grandes cuestiones culturales y sociales contemporáneas, a la luz del Evangelio. Lo cual contraría los planes de aquellos que, en nombre del laicismo de Estado, hasta quieren eliminar de los lugares públicos el más sagrado símbolo religioso — el crucifijo, que nos recuerda la Pasión y Muerte de nuestro Divino Redentor.
Los diseminadores de las falsas acusaciones de que Vuestra Santidad habría encubierto — en Munich o en la Curia romana — a quienes cometieron abusos contra niños, paradójicamente son aquellos mismos que se indignaron con vuestra Instrucción de 2005, prohibiendo el acceso a los seminarios de candidatos con arraigada tendencia homosexual, o sea, los candidatos que tienen mayor probabilidad estadística de llegar a abusar sexualmente de adolescentes o de niños.
Promotores de la actual campaña de calumnias son también aquellos que no se conforman con el hecho de que Vuestra Santidad, cuando aún Cardenal-Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, denunció al comunismo como “la vergüenza de nuestro tiempo” y condenó la Teología de Liberación de inspiración marxista, que se propagaba en los medios católicos, y con relación a la cual, en fecha reciente, Vuestra Santidad reiteró su posición contraria, en el discurso a los Prelados de las Regionales Sur 3 y Sur 4 de la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil, en visita ad limina apostolorum.
Santo Padre: nosotros, católicos peruanos, sabemos leer en las entrelíneas de los noticiarios el significado más profundo del debate en curso. Y, fieles a las enseñanzas perennes de la Santa Iglesia, adherimos de todo corazón a los “valores no negociables” promovidos por Vuestra Santidad, es decir:
— la inviolabilidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural;
— la sacralidad de la familia fundada sobre el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer; y
— el derecho de los padres de educar a los hijos e inculcarles los principios morales y religiosos verdaderos.
Al manifestar nuestro total repudio a la innoble campaña de calumnias contra vuestra Sagrada Persona y al expresarle nuestra solidariedad, no somos movidos apenas por el sentimiento filial que anima a los fieles católicos al ver al dulce Vicario de Cristo en la Tierra atacado por las huestes del mal. Bien sabemos que Ubi Petrus, ibi et Ecclesia (“Donde está Pedro, allí también está la Iglesia”). Por eso, queremos hacer al mismo tiempo un acto de fe en la Iglesia Católica y, en particular, en aquellas enseñanzas perennes de su Magisterio que la “dictadura del relativismo” desea ver eliminados de nuestra legislación y de nuestras vidas.
Santidad, en medio de la borrasca, los corazones de millones de peruanos lo acompañarán en su valerosa defensa de los derechos de Dios y de los “valores no negociables”, con sus oraciones, con su fervor filial y con la energía que les viene del Sacramento de la Confirmación que los transformó en auténticos soldados de Cristo.
Bien sabemos, Santidad, y es con dolor que lo decimos, que en este momento en que la Iglesia debería enfrentar firme y cohesa la tempestad que se anuncia, entretanto se ve debilitada en su elemento humano por la acción de corrientes que en ella se infiltraron, y que llevaron a las impresionantes lamentaciones de Vuestro Predecesor Paulo VI cuando dijo que “la humareda de satanás” había penetrado en el Templo de Dios, refiriéndose además a un misterioso proceso de “autodemolición” en curso, después del último Concilio.
Pero tal situación, lejos de producir desánimo, vuelve aún más imperioso que cierren filas en torno de la Cátedra de Pedro aquellos que desean con toda el alma permanecer fieles a las enseñanzas evangélicas. Entre estos humildemente nos incluimos, siguiendo el ejemplo del grande y recordado lider católico brasileño del siglo XX, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira. Y por eso, al tomar conocimiento de esta Declaración, de iniciativa del Instituto que lleva su nombre, obtuvimos la correspondiente autorización para hacerla nuestra, considerando que expresa con precisión nuestro pensamiento y el sentimiento unánime de los católicos peruanos (Instituto Plínio Corrêa de Oliveira www.ipco.org.br).
Dentro de algunas semanas, con ocasión del décimo aniversario de la beatificación de la pequeña Jacinta Marto, y en el año en que se conmemora el centenario de su nacimiento, Vuestra Santidad pisará el suelo de Portugal, adonde la Santísima Virgen habló a los tres pastorcitos de Fátima.
Recordaremos entonces la visión profética que la misma Jacinta tuvo en el último período de su corta existencia y que la hizo sufrir tanto:
“Vi al Santo Padre en una casa muy grande, arrodillado delante de una mesa, llorando con las manos en el rostro; afuera de la casa había mucha gente y unos le tiraban piedras, otros le lanzaban maldiciones y le decían muchas palabras feas. ¡Pobrecito del Santo Padre, tenemos que pedir mucho por él!”
¿Estará llegando esa hora? La pregunta se impone y, por eso, con los mismos sentimientos de Jacinta, pedimos a la pequeña vidente y a Nuestra Señora de Fátima que intercedan ante Nuestro Señor Jesucristo y obtengan para Vuestra Santidad señaladas gracias de discernimiento y fortaleza, con las cuales pueda dirigir la Barca de Pedro con mano segura, en medio al “tsunami” publicitario, mediante el que pretenden hundirla. Esfuerzo vano, porque sabemos que, conforme a la promesa indefectible de Nuestro Señor, al fin “portae inferi non praevalebunt” (las puertas del infierno no prevalecerán contra ella).
Al elevar a Dios esa plegaria desde lo más hondo del corazón, depositamos a los pies de Vuestra Santidad nuestros más respetuosos