Skip to main content.

Artículos con la etiqueta adviento


Reflexiones del tiempo de Adviento
Publicada: 15 diciembre 2011


Herminio Piña Valladares
Presidente de la Asociación Católica de Abogados.
Correo electrónico: hjpv director@hotmail.com


adviento krouillong karla rouillon gallangos no recibas la eucaristia en la mano


Estamos en el tiempo de Adviento, un período importante de preparación para las fiestas de Navidad. La palabra latina "adventus" significa "venida" y se refiere a la conmemoración de la primera venida de Cristo, quien llegará de nuevo al final de los tiempos.

La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad de prepararnos en la esperanza por la llegada del Señor. El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos, ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Este tiempo de adviento es muy propicio para reflexionar sobre el inmenso amor de Dios Padre, ya que "tanto amó Dios al mundo que nos envió a su Hijo único, Jesucristo, nuestro Salvador" (Jn 3, 16).

Jesús nos enseña a dirigirnos al Padre eterno con la confianza que Él tiene como Hijo; con la venida de Cristo, ya no solamente se le llama Yahveh (el Señor), sino también nos atrevemos a invocar a Dios como nuestro Padre, porque está cerca, cuida, protege, comprende, perdona y se preocupa por cada uno de nosotros. A partir de la enseñanza de Cristo, quien vino a anunciar y a realizar su obra salvadora, la adoración no consistirá en cubrir los ojos y la cara con las manos, sino en abandonarse con confianza incondicional en las manos de Aquél que para siempre es y se llamará Padre nuestro.

Jesucristo nos enseña que podemos dirigirnos a Dios con la palabra hebrea "abbá" que significa "papá", o como los niños se dirigen con cariño a su progenitor: "Mi papito". Así, todos nosotros nos podemos dirigir a Dios como nuestro Padre, un Padre que es amor y bondad, un Padre que infunde confianza y paz, un Padre que nos ama mucho en virtud de que nos ha adoptado, por los méritos de Jesucristo, desde el bautismo como sus hijos. Cristo también nos enseña que el amor de Dios Padre es gratuito.

El hecho de que me ame Dios no depende de que yo lo merezca o no, de que yo sea justo o pecador. El Padre me ama gratuitamente. Él me comprende, porque sabe que de barro estoy formado, soy obra de sus manos y, sobre todo, me perdona y me da fuerza.

Me ama porque me ama, simplemente porque es mi Padre. ¿Acaso una madre o un padre busca algún porqué para amar a su hijo? ¡Cuánto más el Padre celestial..! (Cf Lc 11, 13).

Jesucristo nos explica en la parábola del hijo pródigo el inmenso amor de Dios Padre misericordioso. El evangelista Lucas nos narra que el hijo, después de derrocharlo todo viviendo desenfrenadamente, siente hambre, se arrepiente y decide regresar a casa de su padre y pedir perdón. Pero el evangelista resalta que el padre siempre lo esperó, lo recibe con alegría por haberlo recobrado sano y salvo, y le permite recuperar la condición de hijo. De acuerdo con el relato, cuando le informaron al padre que su hijo estaba en camino, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo cubrió de besos y dijo a sus servidores: "Preparen el banquete, tráiganle un vestido nuevo, colóquele el anillo en el dedo y sandalias en los pies, porque es el día mas feliz de mi vida, mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo he encontrado" (Lc 15, 11-24). La parábola nos dice a cada uno de nosotros: así es Dios Padre, comprensión, perdón y cariño.

Jesucristo también nos enseñó cómo debemos dirigirnos a Dios y por eso nos dejó un modelo de toda oración: "Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros Tu Reino, Hágase Tu voluntad en la Tierra como en el Cielo, Dános hoy nuestro pan de cada día y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, No nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal".

Reflexionemos con esperanza, sobre todo en familia, en este período de Adviento, que Jesucristo nos conduce a Dios nuestro Padre, que nos ama y bendice para que crezcamos en la confianza y disponibilidad. (Algunos párrafos de este artículo están inspirados en el libro "Muéstrame tu rostro", del padre Ignacio Larrañaga).

"HACED LO QUE EL OS DIGA"

Carlos Osoro, + Arzobispo de Valencia
16.DICIEMBRE.2011


carlos osoro arzobispo de valencia krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


En la Vigilia de la Inmaculada, comenté el texto de las bodas de Caná. Y algunos de los que asistieron me insistieron en que lo que había dicho allí lo pusiera por escrito. Quizá no vaya a decir exactamente lo mismo, pero sí que creo que en este tiempo de Adviento, proponer la persona de la Santísima Virgen María como modelo de quienes esperan al Señor es una gracia y una necesidad. Cuando estamos en el inicio del tercer milenio, en un momento crítico de la historia de nuestro mundo, donde los problemas y las necesidades de los hombres se multiplican, presentar a la Virgen María como la Madre que tiene un corazón que rebosa de amor, de ternura y de sensibilidad, que se nos manifiesta como una educadora que nos precede en el camino de la fe y nos indica cuál es el camino de la vida, es una gracia muy especial para todos nosotros.

La Virgen María nos convoca a todos nosotros a asistir a la fiesta que hay que celebrar en este mundo. Nuestro Señor viene para que los hombres hagamos una fiesta. Fiesta que no se puede realizar de cualquier modo. En ella tiene que estar presente Jesucristo para poder hacerla. Quizá, el drama más grande de esta humanidad es que a Él, a veces, se le elimina de esa fiesta. Entonces, no se puede realizar la fiesta o no sale de manera que todos los hombres puedan disfrutar de ese horizonte de paz y de amor que sólo Él instaura en los corazones. María es la primera en asistir a esta fiesta y la que está atenta a todas las personas y situaciones que hay en ella. Quiere que todos puedan vivirla y disfrutar de la fiesta. Se ha convertido en la primera misionera, en la que mejor nos dice y aclara cómo es posible celebrarla. Está atenta a nosotros, a todas las situaciones de los hombres. A esta fiesta acude su Hijo Jesucristo, que está presente en medio de todas las circunstancias de este mundo. Y en esta fiesta estamos los discípulos del Señor, invitados también. Pero es María la que nos convoca, la que presta atención a nuestras situaciones y la que nos advierte. Ella nos tiene mucho que decir.


las boda de cana carlos osoro arzobispo de valencia krouillong karla rouillon


Impresiona ver a la Virgen María dándose cuenta de la situación por la que atraviesa esta humanidad: no tiene lo necesario para realizar la fiesta. El Evangelio nos dice que faltaba vino. Nos falta lo necesario para hacer la fiesta. Entre otras cosas, no tenemos generosidad; abundan los egoísmos; el vivir para nosotros mismos; el disfrutar a costa de lo que sea, incluso de denigrar nuestra dignidad de personas creadas a imagen y semejanza de Dios. Nos falta el amor suficiente para donar totalmente la vida para que otros la tengan, para darnos por igual a todos los hombres y, muy especialmente, a quienes más lo necesitan. Nos faltan las esencias para construir la fraternidad. Nos consideramos más importantes que los demás. En nosotros perviven envidias, desórdenes diversos. Las diferencias, en vez de complementarnos, nos alejan cada día más unos de otros. El llenarnos de cosas nos endurece el corazón y nos cuesta compartir con los demás. Nos falta la presencia de Dios... Pues bien, éstas y otras muchas son las situaciones que nos impiden que hagamos ya en esta tierra la fiesta. Y la Virgen María se da cuenta de todas ellas. Por eso nos llama, como lo hizo en las bodas de Caná, a todos los que somos responsables de la fiesta. Y lo somos todos los hombres. Ella nos dice con toda claridad: “haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5). Es decir escuchad a mi Hijo. Poned atención a su Palabra. Oíd y estad atentos a la Verdad.

Es impresionante ver lo que nos dice María, nuestra madre, cuando observa que la fiesta no se puede realizar. En una frase, se nos manifiesta como Madre, como educadora, como maestra, como la mujer que sabe el arreglo que tiene este mundo y dónde encontrar la salud para que todos los hombres puedan celebrar la fiesta: “Haced lo que Él os diga”. Esta pequeña expresión encierra un mensaje importante y válido para todos los hombres de todos los tiempos. Significa fundamentalmente esto: escuchad a Jesús, mi Hijo; actuad según su Palabra; confiad en Él; aprended a decir “sí” al Señor en cada circunstancia de vuestra vida. Tenemos necesidad y urgencia de escucharle.

En estas pocas palabras: “haced lo que Él os diga”, María expresa el secreto más profundo de su vida. Pues ¿qué son estas palabras, sino todo lo que Ella es, hace y vive? Su vida, de hecho, ha sido un “sí” profundo al Señor. Un “sí” lleno de gozo y de confianza absoluta en Dios. María, la “llena de gracia”, la Virgen Inmaculada, ha sabido vivir toda su existencia completamente disponible para Dios. Ha estado totalmente de acuerdo con la voluntad de Dios, incluso en los momentos más difíciles, que alcanzaron su punto culminante en el Monte Calvario, al pie de la Cruz. Nunca ha retirado su “sí”, porque había entregado toda su vida en manos de Dios: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).

“Haced lo que Él os diga”. Esta breve frase contiene el programa de vida que María realizó como primera discípula del Señor. Es el programa de una vida que se apoya en un fundamento sólido que tiene como nombre Jesús. ¿Estaríamos dispuestos a apoyarnos en este programa? Sabemos que la fiesta solamente se puede realizar apoyados en Él. Con este convencimiento, como María, nos tenemos que hacer misioneros, es decir, dadores de una noticia que es importante para la vida y la construcción del presente y del futuro de esta humanidad. Hay que establecer la vida sobre fundamentos sólidos, capaces de resistir las adversidades. Hay que fundar la vida sobre roca. Creed en Dios y amad a Dios. La fe y el amor no se reducen a palabras o a sentimientos vagos. Creer en Dios y amar a Dios significa vivir toda la vida con coherencia, a la luz del Evangelio, significa comprometerse a hacer siempre lo que Jesús nos dice. Para ello, se necesita coraje, el que da escuchar al Señor y sólo a Él.

El mundo en el que vivimos atraviesa momentos de crisis. Quizá, la crisis más peligrosa que puede existir es el perder el sentido que tiene la vida. No decimos ninguna mentira si afirmamos que muchos de nuestros contemporáneos han perdido el verdadero sentido que tiene la vida y se refugian en sucedáneos que les hacen más difícil vivirla: el consumismo desenfrenado, la droga, el alcohol, la banalización del sexo. Es verdad que buscan la felicidad, la necesitan, pero el resultado es una profunda tristeza, que muy a menudo llega a la desesperación. ¿No sigue siendo en este momento urgente decir las mismas palabras que la Virgen María, “haced lo que Él os diga”? A los hombres y mujeres de nuestro tiempo, hay que seguir haciéndoles estas preguntas: ¿Cómo vivir mi vida de modo que no la arruine? ¿Sobre qué fundamentos construir mi vida para que sea verdaderamente bien lograda? ¿Cómo debo comportarme en situaciones complejas y difíciles como las que estamos viviendo en estos momentos en las que no hay trabajo, hay falta de pan para muchos, etc.?


Con gran afecto, os bendice

+ Carlos, Arzobispo de Valencia
Comparto con ustedes este Calendario para el Tiempo de Adviento ideal para que todos, niños y adultos, aprendamos a tener un propósito para cada día y así cambiar los malos hábitos y adquirir virtudes, mientras esperamos el Nacimiento del Niño Jesús.

calendario tiempo de advientos propositos intenciones krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


DESCARGAR CALENDARIO[536clicks]
El Adviento explicado por Benedicto XVI en 20 textos
Esperanza, Alegria y preparación tema principal en los mensajes de Adviento (206- 2011) del Papa
Autor: Redacción | Fuente: www.opusdei.es

santa padre benedicto xvi krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano adviento


"Si falta Dios, falla la esperanza. Todo pierde sentido", dice el Papa. En esta selección de textos de homilías pronunciadas al inicio del Adviento, habla de esperanza, de alegría y de preparación.

I domingo de adviento 2006

1) La primera antífona de esta celebración vespertina se presenta como apertura del tiempo de Adviento y resuena como antífona de todo el Año litúrgico: "Anunciad a todos los pueblos y decidles: Mirad, Dios v iene, nuestro Salvador" (...). Detengámonos un momento a reflexionar: no usa el pasado -Dios ha venido- ni el futuro, -Dios vendrá-, sino el presente: "Dios viene". Como podemos comprobar, se trata de un presente continuo, es decir, de una acción que se realiza siempre: está ocurriendo, ocurre ahora y ocurrirá también en el futuro. En todo momento "Dios viene".

2) El Adviento invita a los creyentes a tomar conciencia de esta verdad y a actuar coherentemente. Resuena como un llamamiento saludable que se repite con el paso de los días, de las semanas, de los meses: Despierta. Recuerda que Dios viene. No ayer, no mañana, sino hoy, ahora.

3) El único verdadero Dios, "el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" no es un Dios que está en el cielo, desinteresándose de nosotros y de nuestra historia, sino que es el Dios-que-viene. Es un Padre que nunca deja de pensar en nosotros y, respetando total mente nuestra libertad, desea encontrarse con nosotros y visitarnos; quiere venir, vivir en medio de nosotros, permanecer en nosotros. Viene porque desea liberarnos del mal y de la muerte, de todo lo que impide nuestra verdadera felicidad, Dios viene a salvarnos.

4) De una forma que sólo él conoce, la comunidad cristiana puede apresurar la venida final, ayudando a la humanidad a salir al encuentro del Señor que viene. Y lo hace ante todo, pero no sólo, con la oración.

I domingo de adviento 2007

5) La esperanza cristiana está inseparablemente unida al conocimiento del rostro de Dios, el rostro que Jesús, el Hijo unigénito, nos reveló con su encarnación, con su vida terrena y su predicación, y sobre todo con su muerte y resurrección.

6) Como se puede apreciar en el Nuevo Testamento y en especial en las cartas de los Apóstoles, desde el inicio una nueva espera nza distinguió a los cristianos de las personas que vivían la religiosidad pagana. San Pablo, en su carta a los Efesios, les recuerda que, antes de abrazar la fe en Cristo, estaban «sin esperanza y sin Dios en este mundo» (Ef 2, 12). Esta expresión resulta sumamente actual para el paganismo de nuestros días: podemos referirla en particular al nihilismo contemporáneo, que corroe la esperanza en el corazón del hombre, induciéndolo a pensar que dentro de él y en torno a él reina la nada: nada antes del nacimiento y nada después de la muerte.

7) Si falta Dios, falla la esperanza. Todo pierde sentido. Es como si faltara la dimensión de profundidad y todas las cosas se oscurecieran, privadas de su valor simbólico; como si no «destacaran» de la mera materialidad.

8) Dios conoce el corazón del hombre. Sabe que quien lo rechaza no ha conocido su verdadero rostr o; por eso no cesa de llamar a nuestra puerta, como humilde peregrino en busca de acogida. El Señor concede un nuevo tiempo a la humanidad precisamente para que todos puedan llegar a conocerlo.

9) Mi esperanza, nuestra esperanza, está precedida por la espera que Dios cultiva con respecto a nosotros. Sí, Dios nos ama y precisamente por eso espera que volvamos a él, que abramos nuestro corazón a su amor, que pongamos nuestra mano en la suya y recordemos que somos sus hijos. Esta espera de Dios precede siempre a nuestra esperanza, exactamente como su amor nos abraza siempre primero.

10) Cada hombre está llamado a esperar correspondiendo a lo que Dios espera de él. Por lo demás, la experiencia nos demuestra que eso es precisamente así. ¿Qué es lo que impulsa al mundo sino la confianza que Dios tiene en el hombre? Es una confianza que se refleja en el corazón de los pequeños, de los h umildes, cuando a través de las dificultades y las pruebas se esfuerzan cada día por obrar de la mejor forma posible, por realizar un bien que parece pequeño, pero que a los ojos de Dios es muy grande: en la familia, en el lugar de trabajo, en la escuela, en los diversos ámbitos de la sociedad. La esperanza está indeleblemente escrita en el corazón del hombre, porque Dios nuestro Padre es vida, y estamos hechos para la vida eterna y bienaventurada.

I domingo de adviento 2008

11) Todo el pueblo de Dios se pone de nuevo en camino atraído por este misterio: nuestro Dios es "el Dios que viene" y nos invita a salir a su encuentro. ¿De qué modo? Ante todo en la forma universal de la esperanza y la espera que es la oración, la cual encuentra su expresión eminente en los Salmos, palabras humanas en las que Dios mismo puso y pone continuamente la invocación de su venida en los labios y en el corazón de los creyentes.

12) "Señor, (...) ven de prisa" (v. 1). Es el grito de una persona que se siente en grave peligro, pero también es el grito de la Iglesia en medio de las múltiples asechanzas que la rodean, que amenazan su santidad, la integridad irreprensible de la que habla el apóstol san Pablo y que, en cambio, debe conservarse hasta la venida del Señor. Y en esta invocación resuena también el grito de todos los justos, de todos los que quieren resistir al mal, a las seducciones de un bienestar inicuo, de placeres que ofenden la dignidad humana y la condición de los pobres.

I domingo de adviento 2009

13) Adviento. Reflexionemos brevemente sobre el significado de esta palabra, que se puede traducir por "presencia", "llegada", "venida". En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su escondimiento para manifestarse con fuerza, o que se celebra presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra "Adviento" para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre "provincia" denominada tierra para visitar a todos; invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en él, a todos los que creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se quería decir substancialmente: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras.

14) El significado de la expresión "Adviento" comprende también el de visitatio, que simplemente quiere decir " visita"; en este caso se trata de una visita de Dios: él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí. En la vida cotidiana todos experimentamos que tenemos poco tiempo para el Señor y también poco tiempo para nosotros. Acabamos dejándonos absorber por el "hacer". ¿No es verdad que con frecuencia es precisamente la actividad lo que nos domina, la sociedad con sus múltiples intereses lo que monopoliza nuestra atención? ¿No es verdad que se dedica mucho tiempo al ocio y a todo tipo de diversiones? A veces las cosas nos "arrollan".

15) El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos, en silencio, para captar una presencia. Es una invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos dirige, signos de su atención por cada uno de nosotros. ¡Cuán a menudo nos hace percibir Dios un poco de su amor! Escribir -por dec irlo así- un "diario interior" de este amor sería una tarea hermosa y saludable para nuestra vida. El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia, ¿no debería ayudarnos a ver el mundo de otra manera? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como "visita", como un modo en que él puede venir a nosotros y estar cerca de nosotros, en cualquier situación?

16) En la vida, el hombre está constantemente a la espera: cuando es niño quiere crecer; cuando es adulto busca la realización y el éxito; cuando es de edad avanzada aspira al merecido descanso. Pero llega el momento en que descubre que ha esperado demasiado poco si, fuera de la profesión o de la posición social, no le queda nada más que esperar. La esperanza marca el camino de la humanidad, pero para los cristianos está animada por una certeza : el Señor está presente a lo largo de nuestra vida, nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no lejano, todo encontrará su cumplimiento en el reino de Dios, reino de justicia y de paz.

17) Existen maneras muy distintas de esperar. Si el tiempo no está lleno de un presente cargado de sentido, la espera puede resultar insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada, es decir, si el presente está vacío, cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grande, porque el futuro es del todo incierto. En cambio, cuando el tiempo está cargado de sentido, y en cada instante percibimos algo específico y positivo, entonces la alegría de la espera hace más valioso el presente. Queridos hermanos y hermanas, vivamos intensamente el presente, donde ya nos alcanzan los dones del Se&ntild e;or, vivámoslo proyectados hacia el futuro, un futuro lleno de esperanza. De este modo, el Adviento cristiano es una ocasión para despertar de nuevo en nosotros el sentido verdadero de la espera, volviendo al corazón de nuestra fe, que es el misterio de Cristo, el Mesías esperado durante muchos siglos y que nació en la pobreza de Belén.

18) Al venir entre nosotros, nos trajo y sigue ofreciéndonos el don de su amor y de su salvación. Presente entre nosotros, nos habla de muchas maneras: en la Sagrada Escritura, en el año litúrgico, en los santos, en los acontecimientos de la vida cotidiana, en toda la creación, que cambia de aspecto si detrás de ella se encuentra él o si está ofuscada por la niebla de un origen y un futuro inciertos.

19) Nosotros podemos dirigirle la palabra, presentarle los sufrimientos que nos entristecen, la impaciencia y las preguntas que brotan de n uestro corazón. Estamos seguros de que nos escucha siempre. Y si Jesús está presente, ya no existe un tiempo sin sentido y vacío. Si él está presente, podemos seguir esperando incluso cuando los demás ya no pueden asegurarnos ningún apoyo, incluso cuando el presente está lleno de dificultades.

I domingo de adviento 2010

20) Durante el tiempo de Adviento sentiremos que la Iglesia nos toma de la mano y, a imagen de María santísima, manifiesta su maternidad haciéndonos experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza a todos en su amor que salva y consuela.


I domingo de adviento 2011

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy iniciamos en toda la Iglesia el nuevo Año litúrgico: un nuevo camino de fe, a vivir juntos en las comunidades cristianas, pero también, como siempre, a recorrer dentro de la historia del mundo, para abrirla al misterio de Dios, a la salvación que viene de su amor. El Año litúrgico empieza con el Tiempo de Adviento: tiempo estupendo en el que se despierta en los corazones la espera de la vuelta de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal.

“¡Velad!”. Este es el llamamiento de Jesús en el Evangelio de hoy. Lo dirige no sólo a sus discípulos, sino a todos: “¡Velad!” (Mt 13,37). Es una llamada saludable a recordar que la vida no tiene sólo la dimensión terrena, sino que es proyectada hacia un “más allá”, como una plantita que germina de la tierra y se abre hacia el cielo. Una plantita pensante, el hombre, dotada de libertad y responsabilidad, por lo que cada uno de nosotros será llamado a rendir cuentas de cómo ha vivido, de cómo ha usado las propias capacidades: si las ha conservado para sí o las ha hecho fructificar también para el bien de los hermanos.

También Isaías, el profeta del Adviento, nos hace reflexionar hoy con una sentida oración, dirigida a Dios en nombre del pueblo. Reconoce las faltas de su gente, y en un cierto momento dice: “Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a tí; porque tu nos escondías tu rostro y nos entregabas a nuestras maldades” (Is 64,6).

¿Cómo no quedar impresionados por esta descripción? Parece reflejar ciertos panoramas del mundo postmoderno: las ciudades donde la vida se hace anónima y horizontal, donde Dios parece ausente y el hombre el único amo, como si fuera él el artífice y el director de todo: construcciones, trabajo, economía, transportes, ciencias, técnica, todo parece depender sólo del hombre. Y a veces , en este mundo que parece casi perfecto, suceden cosas chocantes, o en la naturaleza, o en la sociedad, por las que pensamos que Dios pareciera haberse retirado, que nos hubiera, por así decir, abandonado a nosotros mismos.

En realidad, el verdadero “dueño” del mundo no es el hombre, sino Dios. El Evangelio dice: “Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de la casa, si al atardecer o a media noche, al canto del gallo o al amanecer. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos” (Mc 13,35-36). El Tiempo de Adviento viene cada año a recordarnos esto para que nuestra vida reencuentre su justa orientación hacia el rostro de Dios. El rostro no de un “amo”, sino de un Padre y de un Amigo. Con la Virgen María, que nos guía en el camino del Adviento, hagamos nuestras las palabras del profeta. "Señor, tu eres nuestro padre; nosotros somos d e arcilla y tu el que nos plasma, todos nosotros somos obra de tus manos” (Is 64,7).

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 27 noviembre 2011

ALMA (CARTA A TI)

Fuente: REINA DEL CIELO

alma carta a ti reina del cielo krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


Alma.
Tú eres maravillosa, creada desde la Luz del Amor infinito
Imaginada desde los albores de los tiempos
Soñada como un niño es soñado por su madre recién encinta
Dibujada sobre un trozo de papel invisible, intocable y etéreo
Que es custodiado en el cielo como un testamento de eternidad.

Alma.
Tú estas hecha para cosas extraordinarias
Pensada para dejar un surco de amor en el mundo
Ideada en la perfección del plan que te espera
Para gloria y alegría de los habitantes del cielo
Y unida indisolublemente a la sombra de un madero.

Alma.
Tú eres presa valiosa para el destructor de vidas
Demasiado luminosa y hermosa como para ser ignorada
Desde que viniste al mundo él te ha estado observando
Buscando por donde herirte en tu hermosura
¡Es que tu luz y belleza lo ciegan e invitan a odiar!

Alma.
Te he visto esta noche, triste y llena de temor
Tu luz se ha cubierto de grises escamas
Tu hermosura dio paso a las arrugas de la corrupción
Tu sueño de realeza se ha cubierto de dudas
¿Dónde ha quedado tu destino de Gloria, tu brillo incandescente?

Alma.
Aun estás a tiempo, abre los ojos a tu verdadera naturaleza
Ya no sé que hacer para llamarte y despertarte
Te busco y te provoco, enciendo tu sorpresa y tu admiración
Y sin embargo tú caes nuevamente en ese sopor insoportable
Mira que las agujas del reloj corren de modo inexorable.

Alma.
Las arenas del tiempo se han vuelto en tu contra
Ya escucho venir el rugir del viento del este
Que arrastra y arranca de cuajo cuanto encuentra a su paso
Tu estas allí, desprotegida y expuesta a la tormenta
Mira que aun tienes tiempo, aun puedes abrazarte a Mi Cruz.

Alma.
Tú eres maravillosa, creada desde la Luz del Amor infinito
Imaginada desde los albores de los tiempos
Soñada como un niño es soñado por su madre recién encinta
No me dejes esperando, no hagas de Mi Plan un fracaso
Quiero que tú seas como el dibujo que un día hice de tu vida
Para que estés conmigo por siempre, por los siglos de los siglos.
Estamos iniciando un nuevo Año Litúrgico. Como cada año, por estas fechas, comenzamos a recordar los sucesos más importantes del plan de salvación de Dios para el hombre y, claro está que el primero de ellos es el Nacimiento de Jesucristo: la hermosa Fiesta de Navidad.

La redención del hombre se debe a la Muerte y Resurrección de Jesús, es decir a la Pascua, pero es lógico celebrar el inicio de esa gran manifestación del amor de Dios, o sea, su venida al mundo, el "Adviento".

Navidad y Adviento no son fiestas independientes. El Adviento nació como tiempo de preparación para celebrar la fiesta de la Navidad.
La propuesta es recorrer el camino previo a la Navidad (los cuatro domingos de Adviento) encendiendo cada domingo una vela y rezando en familia al hacerlo, además de tener un propósito de vida para cada día hasta el 24 de diciembre en que recibimos la Navidad.

Que todos los niños que ya reciben a Jesús Eucaristía asistan a la Santa Misa este domingo que comienza el Adviento y lleven su Corona de Adviento para que sea bendecida por el Sacerdote.


Mira este Video:

VIVE EL ADVIENTO


LA CORONA DE ADVIENTO


corona de adviento primer domingo navidad krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


Origen: La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Sugerencias
a) Es preferible elaborar en familia la corona de Adviento aprovechando este momento para motivar a los niños platicándoles acerca de esta costumbre y su significado.
b) La corona deberá ser colocada en un sitio especial dentro del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los niños de manera que ellos recuerden constantemente la venida de Jesús y la importancia de prepararse para ese momento.
c) Es conveniente fijar con anticipación el horario en el que se prenderán las velas. Toda esta planeación hará que las cosas salgan mejor y que los niños vean y comprendan que es algo importante. Así como con anticipación preparamos la visita de un invitado importante, estamos haciendo esto con el invitado más importante que podemos tener en nuestra familia.
d) Es conveniente también distribuir las funciones entre los miembros de la familia de modo que todos participen y se sientan involucrados en la ceremonia.


Fuente: ACIPRENSA
¡Viva Cristo Rey!
Cristo en tu inteligencia, Cristo en tus labios, Cristo en tu corazón, Cristo en tus obras”. Porque Cristo reina.



Este domingo 20 de noviembre es la FIESTA DE JESUCRISTO, REY DE UNIVERSO, último domingo del año litúrgico que pone fin al tiempo ordinario y da inicio al tiempo de adviento.

null


La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey. Un reinado que no es como los del mundo, sino que se trata del reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio.

null
"Su imperio es un Imperio Eterno, que nunca pasará,
y Su Reino no será destruido jamás"
Daniel (7, 13-14).


El Reino de Cristo es eterno y universal, es para siempre y para todos los hombres

El Santo Padre Benedicto XVI adelantó la imagen victoriosa de Jesús al hablar de la “verdadera realeza, vivida en el servicio y el don sí”, ubicando la soberanía de Cristo, no en el marco de los poderes temporales (en los que la democracia delega el poder legislativo, ejecutivo y judicial en diversas personas), sino en la del Reino de Dios; del Amor invicto con el que Cristo vence “las potencias del mundo”.

En la fiesta de JESUCRISTO, REY DE UNIVERSO distintas imágenes del Señor nos van perfilando cómo es Él y cómo se realiza su reinado en el universo. La primera tiene un profundo calado bíblico y pascual: Cristo es el Cordero degollado. Él fue la inocente víctima de la redención, llevado al matadero por los culpables. Pero el Cordero está en pie ya que ha vencido el mal y la muerte: «Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos».
Así pues, aunque parezca contradictorio Cristo reina, en primer lugar, desde el trono de la Cruz «ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz».

Pero ¿Reina Cristo en nuestras vidas? o, mejor ¿es Cristo el Rey de mi vida?

Cuando satisfacemos nuestro egoísmo perdemos lo que de eternidad nos quiere regalar Dios y nos entregó Jesucristo cuando, por nosotros y por nuestra salvación, se dejó clavar en una cruz.

Y situándonos en este momento del Calvario debemos examinar nuestros deseos de vida cristiana y de santidad; para “reaccionar” con un acto de fe ante nuestras debilidades y confiar ciegamente en Dios, haciendo el propósito de situarnos con absoluta sinceridad ante nuestro quehacer ordinario, reconocer nuestros pecados y tomar en serio la fe que profesamos.

Reconocer nuestro pecado debe conducirnos al dolor sincero, nuestra voluntad tiene que detestar ofender a Dios y llevarnos a una decisión más madura y más honda de identificarnos con Cristo y de perseverar, cueste lo que cueste, en la misión que Él nos ha encomendado y que nos empuja a ser “sal y luz del mundo.”

El consejo de mi confesor de “nunca hacer lo que Jesucristo no hubiera hecho” puede ser útil para una guía de vida que nos invite a reflexionar, diariamente, si lo que hacemos está bien o mal.

Estamos viviendo una época en la que todo es relativo, nada permanece, las familias ya nos son para siempre, en medio de todo este relativismo que vivimos la palabra de Dios insiste: hay un Rey Eterno que ofrece una vida eterna y un castigo eterno (el infierno).

Pero ese destino eterno va a depender de nuestra oración, de nuestra conducta cristiana en el trato con los demás y, especialmente, con los más insignificantes ¿Y quiénes son los insignificantes? Son las personas que pasan hambre, sed, andan de forasteros, desnudos, enfermos o encarcelados.
Los insignificantes son los que no significan nada para la sociedad, la política, la familia, el trabajo, la escuela, y resulta que hacerles el bien a ellos es el pase a la vida eterna.

Hace falta la entrega con obras y con verdad, no sólo con la boca.

El amor a Dios nos invita a llevar a pulso la cruz, sin dejarla de lado, a sentir también sobre nosotros el peso de la humanidad entera, compensándolo con nuestra oración hacia ella, y a cumplir dentro de nuestro estilo de vida los designios claros y amorosos de la voluntad del Padre.

Aceptemos sin miedo la voluntad de Dios en nuestras vidas, formulemos sin vacilaciones el propósito de edificar toda nuestra vida de acuerdo con lo que nos enseña y exige nuestra fe. (1)
Estemos seguros de que encontraremos lucha, sufrimiento y dolor, pero, si poseemos de verdad la fe, no nos consideraremos nunca desgraciados: también con penas e incluso con calumnias, seremos felices con una felicidad que nos impulsará a amar a los demás, para hacerles participar de nuestra alegría sobrenatural, echando fuera todas las preocupaciones que nos alejan de Él. (2)

null


¡Viva Cristo Rey!

Hay que reconocer a Cristo como Rey del Universo, sin anteponerle lo material de nuestro mundo y saber que no hay facultad alguna ni persona que se sustraiga a Su Soberanía, y que tal actitud servirá para santificar el alma y purificarla en aras de una más exacta perfección.

Cristo Reina y lo hará siempre hasta que vuelva a juzgar a vivos y a muertos. Eso lo dice el Credo y, como creemos en lo que decimos, hemos de hacer lo que creemos.

Exclamemos ¡Viva Cristo Rey! como última expresión de nuestras vidas y será la primera expresión que pronunciaremos cuando pasemos a la Casa del Padre.


(1) “Porque el Señor nos reclama tal como somos, para que participemos de su vida, para que luchemos por ser santos” dice San Josemaría Escrivá de Balaguer en su libro “Es Cristo que pasa”

(2) “Mirar a Cristo para comprender el sentido de la verdadera realeza, vivida en el servicio y en el don de sí” es la invitación del famoso Salmo real 110, a dicho el Papa Benedicto, en la síntesis de su Catequesis a los peregrinos de lengua española, en el Aula Pablo VI. CATEQUESIS DE BENEDICTO XVI



Texto del saludo del Santo Padre Benedicto XVI en español en su Catequesis a los peregrinos de lengua española, en el Aula Pablo VI. (16-11-2011)

Queridos hermanos y hermanas:

Dedicamos la última catequesis sobre la oración del Salterio al salmo 110, uno de los más famosos salmos sobre la realeza. La tradición de la Iglesia, siguiendo el uso y la interpretación que de él hizo el Nuevo Testamento, lo ha considerado siempre como uno de los textos mesiánicos más significativos. El rey que canta el Salmista es Cristo, el Mesías que instaura el Reino de Dios y vence a las potencias del mundo. Él es el verdadero Rey que con su resurrección ha entrado en la gloria y está sentado a la derecha del Padre. Él es también el verdadero y definitivo sacerdote que lleva a su cumplimiento definitivo el sacerdocio de Melquisedec y que, en el misterio del pan y del vino, dona la remisión de los pecados y la reconciliación con Dios. Así, este salmo nos invita a mirar a Cristo, su misterio pascual, para comprender el sentido de la verdadera realeza, vivida en el servicio y en el don de sí. Rezando con este salmo pedimos al Señor que nos ayude a caminar siguiendo a Cristo, el Rey Mesías, dispuestos a subir con Él al monte de la cruz para llegar con Él a la gloria.

Invito a todos a enriquecer vuestra relación con Dios con el rezo piadoso de los salmos, especialmente en la liturgia de las horas. Muchas gracias por vuestra visita.





CRISTO AYER Y CRISTO HOY,
CRISTO SIEMPRE SERÁ EL SEÑOR.
TÚ ERES DIOS Y ERES AMOR;
ME HAS LLAMADO ¡AQUÍ ESTOY!


1. ¡GLORIA AL SEÑOR! SUYO ES EL DON,
GRAN JUBILEO DEL PERDÓN.
TIEMPO DE GRACIA SINGULAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

2. ¡GLORIA AL SEÑOR! VAMOS A ÉL,
A SUS PROMESAS SIEMPRE FIEL,
SIEMPRE DISPUESTO A PERDONAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

3. ¡GLORIA AL SEÑOR! QUE SE ENCARNÓ
Y POR NOSOTROS PADECIÓ
SOBRE UNA CRUZ HASTA EXPIRAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

4. ¡GLORIA AL SEÑOR! EL NIÑO DIOS,
AL QUE LA VIRGEN ALUMBRÓ
JUNTO A BELÉN, EN UN PORTAL:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

5. ¡GLORIA AL SEÑOR! EN NAZARET,
HUMILDE OBRERO DEL TALLER,
LUZ QUE EN LA SOMBRA BRILLA YA:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

6. ¡GLORIA AL SEÑOR! EL BUEN PASTOR
QUE EN EL REDIL SU GREY DEJÓ
Y A SU OVEJUELA FUE A BUSCAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!
7. ¡GLORIA AL SEÑOR! MAESTRO Y DIOS,
ES EL CAMINO, EL SALVADOR;
ÉL NUESTROS PASOS GUIARÁ:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

8. ¡GLORIA AL SEÑOR! ÉL NOS AMÓ
Y EL JUEVES SANTO ENTREGÓ
SU CUERPO Y SANGRE EN VINO Y PAN:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

9. ¡GLORIA AL SEÑOR! ÉL SE INMOLÓ
CORDERO SANTO Y REDENTOR,
PARA CONCORDIA UNIVERSAL:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

10. ¡GLORIA AL SEÑOR! POR EL PERDÓN,
DESDE LA CRUZ, AL BUEN LADRÓN,
MISERICORDIA SIN IGUAL:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

11. ¡GLORIA AL SEÑOR! NO HAYA TEMOR,
ESTE MILENIO ESPERA A DIOS,
JESÚS VIVIENTE VOLVERÁ:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

12. ¡GLORIA AL SEÑOR! A NUESTRA VOZ,
.UNE LA VIRGEN SU ORACIÓN
Y EN CRISTO LLEGA A CULMINAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

13. ¡GLORIA A LA SANTA TRINIDAD,
Y GLORIA A DIOS EN LA UNIDAD,
DE NUESTRA FE LA LUZ VITAL!:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!