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¿Cómo entrar en la presencia de Dios?

La oración es entrar en la presencia de Jesús y dejar que Él se descalce para entrar en nuestro corazón

Autor: Padre Guillermo Serra, LC

Fuente: CATHOLIC.NET

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La oración es entrar en la presencia de Jesús y dejar que Él se descalce para entrar en nuestro corazón. Acercarse a él por medio de nuestro corazón humano, con actos de fe, esperanza y caridad. Con la humildad de quien se sabe necesitado y deseoso de ser perdonado, levantado y restaurado en su dignidad original.

«Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra». Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz». (Lc 7,36-38; 44;-50)

La fe me pone a sus pies en adoración

Esta mujer pecadora había escuchado hablar a Jesús y sus palabras llegaron profundamente a su corazón. Buscaba la oportunidad de tener un encuentro con Él. En su corazón daba vueltas a lo que le diría, cómo justificaría su presencia, qué le pediría.... Un día, aprovechó que el Señor iría a comer con un fariseo para presentarse ante Él.

Cargaba a cuestas muchos pecados y la soledad era su única compañera. Abandonada, señalada por todos, indigna se acercó en silencio hasta ponerse detrás de Jesús, sentada a su sus pies.

El primer paso para entrar en la oración y ponernos a los pies de Jesús es "escuchar". Escuchar quizás hablar de Él, interesarse, dejarse interpelar por su nombre y avanzar hacia Aquél que siempre está "pasando" a nuestro lado. Descubrir tantas invitaciones que nos hace cada día. Así, poco a poco, ante su presencia real y amorosa, no tendremos miedo de acercarnos como somos. Cargando nuestra historia, nuestros pecados, miserias, pero también y sobre todo, nuestras esperanzas, deseos, anhelos de auténtica felicidad, paz y amor.

Tener fe en el Maestro es hacer silencio a nuestro alrededor, a lo que otros dicen, piensan, incluso a lo que yo mismo pienso o digo de mí. Es presentarme a quien me conoce mejor de lo que yo me conozco para que Él me diga quién soy yo, y qué tengo que hacer con mi vida. Es dejar que sus pies caminen por mi alma, que el Camino se haga peregrino en mi corazón, que sea viajero en mi interior, Pastor de mis esperanzas, temores, deseos, heridas.

A los pies de Jesús esta mujer se siente libre porque se siente respetada, protegida y querida. Jesús la mira y se deja amar. Qué hermosa definición de lo que es nuestro encuentro con Cristo. Ser mirados y dejarnos amar por Él, dejarnos "hacer" de nuevo, ser creados por su amor, modelados, acariciados, renovados en esa imagen que Él tiene de nosotros en su corazón.

La esperanza riega sus pies con mis lágrimas

Su mirada esta fija en los pies de Jesús. No se atreve de momento a levantar sus ojos, quiere comenzar esta obra de conversión con un gesto humilde, de servicio, de cariño. Los pies de Jesús están llenos del polvo del camino. Un polvo que es una imagen de las historias de hombres y mujeres de su época que ha conocido, visitado y redimido. Es el polvo del hombre que se pega en los pies del peregrino por excelencia. ¡Benditos pies! «Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!» (Is 52,7)

Los ojos se llenan de lágrimas que son como perlas que se ofrecen al Rey de su alma. Arrepentimiento, conversión, dolor, contrición. Cada una de esas lágrimas son un canto de amor y de adoración. La alegría superficial de una vida de pecado se transforma en una alegría profunda que se expresa con el agua que también nace del corazón de esta mujer y que transforma su mirada. Estas lágrimas son como un colirio que le ayudan a ver mejor a Dios. Colirio de fe y esperanza. Su vida ahora sí tiene sentido, todavía hay posibilidad de redención cuando hay arrepentimiento y esperanza. Ha aprendido a no esperar nada de los hombres y esperar en el Hombre-Dios.
Estar a los pies de Jesús es descubrir un nuevo paisaje lleno de esperanza. Esperar en Jesús no es esperar de Él, sino esperarle a Él. Y decirle en silencio estas palabras:

"Descálzate oh Jesús porque estás pisando tierra sagrada. Sí, como pediste a Moisés que se descalzase ante la zarza ardiente, hoy te digo que mi corazón es esa zarza ardiente. Descálzate porque mi vida quiere ser tierra redimida, tierra virgen, tierra que dé fruto. Déjame regarla con las lágrimas de mi arrepentimiento para que así mi corazón arda siempre ante tu presencia"

El amor derrama el perfume de mi corazón

El amor que expresa el corazón arrepentido es motivado por el deseo de conversión, de transformar una vida para vivir de verdad, vivir para el Amor y en el Amor. Así, lo que antes podría ser un arma para atraer al pecado, su cabello, ahora lo utiliza para enjugar las lágrimas, para secar los pies de Jesús. Todo tiene un sentido diverso, el amor buscar expresarse en modos nuevos y más profundos, llenos de libertad y de seguridad. No teme este gesto, porque sabe que está segura junto al Maestro.

El amor no se queda ahí, tiene que transformar su vida y su exterior. Derrama el perfume de su corazón ahora ya sanado. Es el perfume que "salta" hasta la vida eterna, que da vida, que redime, santifica y convierte.

El amor del Maestro es silencioso en este momento. Se deja amar y así, también está amando. Su silencio no es rechazo, es aprobación. Su silencio se convierte en diálogo para que sólo hablen los corazones.

En tu vida también tienes que derramar en la oración el perfume de tu corazón, también tienes que hacer gestos concretos en tu interior. Vivir para Él significa abrir puertas, descubrir heridas, limpiar rencores, ser libre para recibir la libertad que sólo Dios puede dar.

Ahora sí, cuando nuestro amor ha adorado, se ha postrado ante el Maestro, ha derramado lágrimas de arrepentimiento y ha desprendido el perfume del corazón, podemos decir que estamos en la presencia del Señor.

Escúchalo y verás que te dice: Porque has amado mucho, se te ha perdonado mucho. Tu fe te ha salvado. Vete en paz.

LA MORAL CATOLICA
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Primera Parte
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Fuente: ACIPRENSA
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LA MORAL CATÓLICA
La moral no es una jaula ni una prisión que quita la libertad. El conjunto de reglas, prohibiciones y mandatos que propone, sirve por el contrario para custodiar la libertad, para que el hombre pueda alcanzar, como individuo y como comunidad, su plena realización. Como las reglas de la salud tienen como fin el garantizar nuestro bienestar físico, así las normas morales son las condiciones necesarias para conducir a la persona al pleno desarrollo de sus capacidades de conocimiento y de amor.

Tomemos como ejemplo las reglas establecidas por la justicia. Si se respetan, se sirve en una sociedad ordenada y pacífica. Si, por el contrario, no son respetadas se dan gravísimos abusos, como robos, homicidios, discordias, engaños, egoísmos de todo tipo, etc.

Otro ejemplo significativo lo ofrecen las normas para conservar el medio ambiente. Si son respetadas, entonces el medio ambiente ayuda al hombre a vivir feliz. En caso contrario pueden derivarse consecuencias tan graves que pongan en peligro la misma existencia humana.

Las reglas, como se ve, no obstaculizan sino que facilitan y favorecen la consecución de los resultados que nosotros deseamos.

Comprendamos así las palabras de Jesús: "Si quieres entrar en la vida, observa los mandamientos" (Mt. 19, 17).

1. ¿Qué es la moral católica?

La moral católica es el conjunto de las normas que enseñan al hombre cómo debe comportarse para vivir según Dios, y así realizarse así mismo y alcanzar después de esta vida la felicidad eterna del Paraíso.

2. ¿Es posible resumir en pocas palabras la enseñanza de la moral católica?

Se puede resumir en pocas palabras la enseñanza de la moral católica diciendo que la cosa más importante, es más, la única cosa verdaderamente importante es vivir, crecer y perseverar hasta el final en la gracia de Dios, observado los mandamientos y evitando el pecado, sobre todo el pecado mortal, para merecer así la felicidad eterna.

3. ¿Es difícil practicar la moral católica?

La moral católica es exigente y comprometida, porque nos propone un ideal altísimo, el de vivir como hijos de Dios, pero somos ayudados en nuestro camino por los ejemplos de Nuestro Señor Jesucristo, de la Virgen María y de los Santos, y sobre todo por la gracia del Espíritu Santo que nos da en los sacramentos y podemos siempre pedir en la oración. La dificultad del empeño es después compensada por aquella gratificación, paz y alegría interior que derivan de la conquista de todo gran ideal.

LAS ACCIONES HUMANAS

La moral se ocupa de las acciones humanas. Las verdaderas acciones humanas son aquellas que dimanan de la libre voluntad del hombre.

¿Pero el hombre es verdaderamente libre? Ciertamente sí, inequívocamente: puedo querer una manzana o una pera, o también no querer nada. Los distintos condicionamientos (familia, escuela, costumbres) en la mayoría de los casos no quitan la libertad, pero la pueden limitar. Por lo tanto es necesario afirmar que la libertad de base permanece, y todos tenemos la experiencia, no obstante los condicionamientos, de que podemos obrar según nuestro arbitrio.

Admitiendo, pues, que la verdadera acción humana es aquella que es libre, la moral no mira si nuestra acción es importante o no, si es eficaz o no, si es aplaudida o no. Lo que cuenta para la moral es si la acción que estamos realizando es buena o mala. Decir por tanto que las acciones son morales o inmorales equivale a decir que las acciones son buenas o malas.

Todas las parábolas de Jesús, en particular la del buen samaritano (Lc. 10, 30ss), indican cuáles son las acciones buenas que se han de hacer, y cuáles las malas que se han de evitar.

4. ¿De qué acciones se ocupa la moral?

La moral se ocupa de las acciones humanas, es decir, de aquellas acciones que el hombre realiza con conciencia y deliberación, y que por lo tanto implican su libertad y su responsabilidad.

5. ¿Qué es la libertad?

La libertad es la capacidad, arraigada en la razón y en la voluntad, de obrar o no obrar, o bien, de hacer una cosa en vez de otra. Ella pone a la persona en condición de dirigirse a sí misma.

6. ¿Existen factores que pueden mermar la libertad y la responsabilidad del hombre?

La libertad y la responsabilidad del hombre pueden ser disminuidas o anuladas por la ignorancia, por la violencia, por el temor y por varios condicionamientos psíquicos o sociales.

7. ¿La ignorancia atenúa siempre la responsabilidad de una culpa?

La ignorancia atenúa y hasta quita la responsabilidad de una culpa en la medida en que ella misma no esa culpable.

8. ¿También las pasiones disminuyen la responsabilidad?

Las pasiones, esto es, aquellas emociones o movimientos de la sensibilidad que empujan a obrar o a reaccionar de modo instintivo, disminuyen la responsabilidad sólo cuando son padecidas involuntariamente, de ordinario aumentan la responsabilidad.

9. ¿Cuál es el influjo de los hábitos sobre la responsabilidad?

Como las pasiones, así también los hábitos pueden disminuir o aumentar la responsabilidad según que sean sufridos involuntariamente, o bien cultivados voluntariamente.

10. ¿En base a qué podemos decir que una acción humana es buena o mala?

La bondad o no de una acción humana depende de tres factores: del objeto, de las circunstancias y del fin.

11. ¿Qué es el objeto?

El objeto, o contenido, es el bien, verdadero o presunto, sobre el que recae directamente la acción.

12. ¿Qué son las circunstancias?

Son las diversas situaciones que se unen al objeto, o contenido, modificándole en una cierta medida el valor moral.

13. ¿Qué es el fin?

El fin, llamado también intención, es aquello a lo cual tiende el hombre al realizar una acción determinada.

14. ¿En qué modo estos tres factores actúan para que una acción humana sea buena o mala?

Para que una acción determinada sea moralmente buena deben ser buenos los tres factores. Por el contrario, para que sea más o menos mala basta que sea más o menos malo uno solo de ellos.

15. ¿No es cierto que lo que cuenta es sólo la intención?Una intención buena no puede jamás hacer bueno aquello que en sí mismo es malo. El fin no justifica los medios.

16. ¿Hay, pues, acciones que jamás es lícito realizar, ni siquiera con las mejores intenciones?

En el caso en que el objeto o contenido de la acción sea intrínsecamente malo jamás es lícito quererlo, ni siquiera con las mejores intenciones: por ejemplo, jamás es lícito, en ningún caso, matar a un inocente.

17. ¿Qué es la conciencia?

La conciencia es el juicio de la razón mediante el cual la persona valora si la acción que va a realizar, o que ya ha realizado, es buena o mala.

18. ¿Cómo se puede calificar la conciencia?La conciencia puede ser verdadera (recta) o falsa (errónea).

19. ¿Qué significa esta distinción?

La conciencia es verdadera o falsa según que su juicio concuerde o no con la verdad objetiva de la ley moral.

20. ¿Es siempre pecado ir contra la conciencia?

Sí, es siempre pecado. Y el pecado es grave si el objeto o contenido de la acción es juzgado como grave.

21. ¿Si se sigue la propia conciencia (y por tanto si es de buena fe), pero se realizan de hecho acciones objetivamente malas, se comete pecado?

Se comete pecado cuando se es culpable de la propia ignorancia y de la consiguiente incapacidad de dar una correcta valoración de las propias acciones. Y esto ocurre a menudo, porque no todos se preocupan de instruirse y de educar su conciencia.

22. ¿Cómo se educa la propia conciencia?

Siguiendo y profundizando la enseñanza de la Iglesia, que es nuestra madre en la fe y ha sido encargada por Nuestro Señor Jesucristo de instruir a los bautizados en la verdad.

23. ¿Qué debe hacer el que se encuentra en la duda d conciencia?

Quien se encuentra en la duda de conciencia, antes de obrar debe esclarecer la duda. Jamás es lícito realizar una acción si se duda que sea pecado.

 Segunda Parte

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¿Es rentable ser bueno?

¿Hay que ladrar con los perros y morder con los lobos? ¿Es rentable ser cordero?

 

Autor: José Luis Martín Descalzo

Fuente: 24 pequeñas maneras de amar

 

Quiero contarles a ustedes la historia de Piluca. Resulta que, en el colegio donde yo fui muchos años capellán, había dos hermanitas -Piluca y Manoli- que eran especialmente simpáticas y diablillos. Y un día, hablando a las mayores (y a Piluca entre ellas) les expliqué como todos los que nos rodean son imágenes de Dios y cómo debían tratar a sus padres, a sus hermanas, como si tratasen a Dios. Y Piluca quedó impresionadísima.

Aquel día, al regresar del colegio, coincidió con su hermana pequeña en el ascensor. Y, como Piluca iba cargadísima de libros, dijo a Manoli: "Dale al botón del ascensor". "Dale tú", respondió la pequeña. "Dale tú, que yo no puedo", insistió Piluca. "Pues dale tú, que eres mayor", replicó Manoli. Y, entonces, Piluca sintió unos deseos tremendos de soltar los libros y pegarle un mamporro a su hermanita. Pero, como un relámpago, acudió a su cabeza un pensamiento. ¿Cómo la voy a pegar si mi hermanita es Dios? Y optó por callarse y por dar como pudo al botón. Luego, jugando, se repitió la historia. Y comiendo. Y por la noche. Y todas las veces que Piluca sentía deseos de estrangular a su hermana, se los metía debajo de los tacones porque no estaba nada bien estrangular a Dios.

A la mañana siguiente, cuando volvieron del colegio, veo yo a Piluca que viene hacia mí, arrastrando por el uniforme a su hermana con las lágrimas de genio en los ojos, y me grita: "Padre, explíquele a mi hermana que también yo soy Dios, porque así no hay manera de vivir".

Comprenderéis que me reí muchísimo y que, después de tratar de explicar a Manoli lo que Piluca me pedía, me quedé pensativo sobre un problema que me han planteado muchas veces: ¿Ser buena persona es llevar siempre las de perder? En un mundo en el que todos pisotean, si tú no lo haces ¿no estarás llamado a ser un estropajo? ¿Hay que ladrar con los perros y morder con los lobos? ¿Es "rentable" ser cordero?

Las preguntas se las traen. Y, en una primera respuesta, habría que decir que ser bueno es una lata, que en este mundo "triunfan" los listos, que es más rentable ser un buen pelota que un buen trabajador, que para hacer millones hay que olvidarse de la moral y de la ética.

Pero, si uno piensa un poquito más, la cosa ya no es tan sencilla. ¿Es seguro que ese tipo de "triunfos" son los realmente importantes? Y no voy a hablar aquí del reino de los cielos. En ese campo yo estoy seguro de que la bondad da un ciento por uno, rentabilidad que no da acción alguna de este mundo.

Pero quiero hacer la pregunta más a nivel de tierra. Y aquí mi optimismo es tan profundo que estoy dispuesto a apostar porque, más a la corta o más a la larga, ser buena persona y querer a los demás acaba siendo rentabilísimo.

Lo es, sobre todo, a nivel interior. Yo, al menos, me siento muchísimo más a gusto cuando quiero que cuando soy frío. Sólo la satisfacción de haber hecho aquello que debía me produce más gozo interior que todos los triunfos de este mundo. Moriría pobre a cambio de morir queriendo. Pero es que, incluso, creo que el amor produce amor. Con excepciones, claro.

¿Quién no conoce que el desagradecimiento es una de las plantas más abundantes en este mundo de hombres? ¡Cuántas puñaladas recibimos de aquellos a quienes más hemos amado! ¡Cuántas veces el amor acaba siendo reconocido... pero tardísimo!

Esa es la razón por la que uno debe amar porque debe amar y no porque espere la recompensa de otro amor. Eso llevaría a terribles desencantos.

Y, sin embargo, me atrevo a apostar a que quien ama a diez personas, acabará recibiendo el amor de alguna de ellas. Tal vez no de muchas. Cristo curó diez leprosos y sólo uno volvió a darle las gracias. Tal vez esa sea la proporción correcta de lo que pasa en este mundo.

Pero aún así, ser querido por uno de los diez a quienes hemos querido, ¿no es ya un éxito enorme? Por eso me parece que será bueno eso de amar a la gente como si fuesen Dios, aunque la mitad nos traten después como demonios.

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¿Cómo evitar las distracciones en la oración?

Me pongo a rezar y al poco tiempo mi mente está en otro lado.

 

Autor: Padre Evaristo Sada LC
Fuente: CATHOLIC.NET

 

Me pongo a rezar y al poco tiempo mi mente está en otro lado. Por más que intento, no logro concentrarme. Pasa lo que al niño con déficit de atención. El multitasking, tan apreciado en los dispositivos electrónicos, es un enemigo en la oración.

1. Rezar exige disciplina:

La vista ve una cosa, los oídos oyen otra cosa, el gusto gusta otra cosa.... La imaginación imagina una cosa, la memoria recuerda otra cosa... La mente piensa una cosa, la voluntad quiere otra cosa... Los 5 sentidos, los sentidos interiores (memoria e imaginación) y las facultades superiores (inteligencia y voluntad) pueden atender cosas diferentes a la vez y cada una a su manera. La concentración depende del dominio que tengamos sobre nuestros sentidos y facultades. Hay personas a quienes se les facilita la concentración, otras a las que se les dificulta de manera especial.

Para concentrarnos debemos disciplinarnos.

Lo sabe todo buen estudiante. Imaginemos a un universitario que debe resolver un complicado problema de álgebra en menos de quince minutos. Mientras lo hace tiene delante un televisor encendido, la música estridente a todo volumen, está chateando con su novia, la imaginación en el mejor gol de la temporada que espera presenciar por la tarde en el estadio y la memoria en la fiesta de anoche... Si quiere resolver el problema de álgebra debe concentrarse. Y esto requiere disciplina: apagar la televisión, quitar esa música, decirle a su novia que la buscará más tarde, quitar todo elemento que pueda distraerle, cerrar la puerta y tal vez también las cortinas, sentarse correctamente y centrar toda su atención en el problema que debe resolver.

Cuando hacemos oración necesitamos centrarnos, concentrarnos. Para concentrarnos tenemos que ayudarnos eligiendo la hora, el lugar, la postura, el ambiente, etc. Ir al lugar que más te ayude, ordinariamente ayudan más los espacios pequeños, cerrados, bien ventilados, silenciosos, con poca luz. Tomar una postura respetuosa, cómoda, atenta (puede ser sentado con la espalda recta, de rodillas o como más ayude a cada uno). Apartar o cerrar las puertas a todo aquello que distraiga o pudiera distraer (ruidos, imágenes, objetos, personas, desorden...), poner aquello que ayude a concentrarse (postura adecuada, ojos cerrados, luz cálida, un crucifijo, una veladora, las gotas de un fuente serena...). Elegir la hora en que la mente esté más serena: para algunos será al inicio del día, para otros al atardecer.

Cuanto más se hace oración, más se facilita la concentración y más se forma el hábito de recogimiento. Pero en esta materia de las distracciones nadie puede decir que tiene la batalla ganada, siempre será una dificultad y siempre exigirá disciplina.

2. Rezar exige voluntad

Para orar es necesario un ambiente de quietud. Quietud es tranquilidad, sosiego, reposo, calma, estabilidad. Una quietud del cuerpo, pero sobre todo quietud interior, quietud profunda. La quietud podemos llevarla con nosotros a todas partes aunque estemos rodeados de ruidos y jalonados por la actividad cotidiana.

Por más agradable que algo sea, si se trata de algo exigente, se requiere la intervención de la voluntad que debe decir: "Yo quiero hacer esto y lo quiero hacer bien". Tomas las riendas de todas tus facultades y te esfuerzas por hacer aquello que quieres hacer. En el caso de la oración lo que quieres hacer es centrarte en la persona de Cristo, pensar en Él, estar con Él. Y pedirle al Espíritu Santo que te lo conceda.

Distraerse significa verse atraído por otra cosa que te atrae con más fuerza. Si tú quieres centrar toda tu atención en la persona de Cristo y hay estímulos que te atraen y te distraen (ruidos, personas, objetos, recuerdos, pendientes....), necesitas actuar tu voluntad y hacer lo que quieres hacer.

Cuando algo te distraiga, puedes valerte de eso mismo para regresar a Dios. Por ejemplo: si te distrae una persona que está haciendo ruido, puedes hacer de eso materia de tu conversación con Jesús y decirle: "Como ves, Señor, soy débil y me distraigo con facilidad; te pido por esa persona, y a mí ayúdame a conocerte mejor, ahora quiero estar a solas contigo profundizando en esta faceta de tu personalidad que estaba contemplando..." Y vuelves a tomar el hilo de tu meditación o contemplación a través de un diálogo muy natural con Jesús.

Si se te dificulta mucho la concentración, puedes probar si te ayuda ponerte a escribir en la oración tus coloquios con Cristo.

Y todo esto, no por un afán voluntarista, de quien piensa que la oración "se la hace solo", o de quien piensa que reza mejor cuanto más concentrado está. Buscamos más bien disponer nuestra alma, disponer todo nuestro ser, para escuchar a Dios, para dejarle actuar, para no oponer obstáculo a su gracia. Es como el "sí" de María en la encarnación del Hijo de Dios. Ella dice que sí quiere y el Espíritu Santo se encarga del resto.

3. Rezar exige atender al Huésped

"Cuando ores, entra a tu cuarto, cierra la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto..." (Mt 6,6) Dios habita en nosotros desde nuestro bautismo, es el huésped de nuestra alma, nosotros somos morada de Dios. Un huésped merece atención. Del anfitrión se espera que esté con el huésped mientras le acompaña en su casa. El Espíritu Santo está siempre con nosotros, dentro de nosotros. Por tanto, espera que le pongamos atención y estemos con Él.

Lo más común es que nuestro espíritu ande ocupado en muchas cosas y le cueste centrarse en la presencia de Dios vivo. Al orar, hay que dejar todas las criaturas a un lado. Actuar nuestra fe y recordar la presencia de Dios, contemplar en la fe al Dios que me invade y me da vida desde dentro. "Olvido de lo creado, memoria del Creador, atención a lo interior y estarse amando al Amado." (San Juan de la Cruz).

La vida interior consiste en volver nuestra mirada, nuestro oído, nuestro pensamiento, nuestros afectos al Espíritu Santo que mora en nuestro corazón. El hábito que debemos formar es el de una atención amorosa al Espíritu Santo, dulce huésped de nuestra alma.

Él es la Fuente de la quietud profunda. Al volcar toda tu persona hacia Dios, en Él reposas, su presencia te llena de confianza, te serena, es fecundo manantial de paz. Lo que buscamos, pues, es que el centro de nuestra atención esté en Dios, en actitud de adoración, en un clima de fe, de amor y de confianza.

Alguien podrá decir: todo esto ya lo sé. La pregunta no es si ya lo sabes, sino si ya lo haces. Y si lo haces siempre.

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El matrimonio... todo lo que quieres saber

Autor: Padre José María de Jesús

Fuente: CATHOLIC.NET

El Matrimonio no es un simple contrato. Es un compromiso mutuo por el cual cada uno acepta vivir la vida del otro. Las preocupaciones de uno se vuelven las preocupaciones del otro, como también las alegrías son compartidas.

INDICE

Introducción general
1.- El amor espiritual
2.- Entenderse en el matrimonio
3.- Familia, en diálogo con Dios
4.- Familia, comunidad al servicio del hombre
6.- Designio de Dios sobre el matrimonio y la familia
8.- Virtudes en la vida conyugal
9.- El Sacramento del Matrimonio
11.- Sexualidad conyugal
12.- La transmisión de la vida
13.- Regulación natural de nacimientos
14.- Santidad y Procreación responsable
15.- Educación de los hijos
20.- Familia creyente y evangelizadora
21.- Apostolado familiar
22.- Participación en la sociedad

El matrimonio... todo lo que quieres saber

Autor: Padre José María de Jesús

Fuente: CATHOLIC.NET

Para nuestros novios

Queridos hermanos:

Si los novios mostraran con su Padre del Cielo las mismas atenciones y pruebas del amor que tienen para su amado(a), el rostro del mundo cambiaría.

Pues la sabiduría les pide someterlo todo a Dios en primer lugar, ya que nada está vinculado en la tierra que no haya pasado primero por sus manos, y en donde este vínculo no existe, reinan la anarquía y el egoísmo. Por lo tanto, tengan confianza y abran su corazón al Cielo. El Espíritu Santo sabrá aconsejarlos.

Jóvenes, ¿por qué tienen tanta prisa en ir hacia su amada(o), si aún no conocen bien su corazón? ¿Por qué desean tanto seguir los caminos de los hombres y tan pronto? Aprendan primero a conocerse: vean cuales obstáculos pueden surgir en su amor y cómo pueden remediarlos antes de comprometerse por el Sacramento del Matrimonio. Pues el hombre y la mujer son como la vid, que, si no es protegida contra las agresiones exteriores, sufren la enfermedad y la muerte. El viñador admira un día su viña por su belleza y alaba su trabajo con una gran sonrisa, pero si la más mínima hoja es tocada por la enfermedad, toda la viña estará en gran peligro.

Sondeen, pues, su corazón y su alma, futuros esposos, y sean humildes uno para con el otro. Reconozcan sus debilidades, sus faltas, sus imperfecciones pero no se detengan en eso. Consideren su “sanación”juntos, pues al unir sus corazones, serán más fuertes en el amor. Tengan un espíritu de discernimiento, y si creen que sus defectos están demasiado anclados en ustedes y que su voluntad es demasiado débil, esperen todavía haberlos probados antes de unir a su vida la del otro ser. Pues sus defectos se volverán las preocupaciones de él (de ella), y serán íntimamente mezclados a su vida, ya que está escrito: “Y los dos serán uno solo” (Gn 2,24). 

El Matrimonio no es un simple contrato. Es un compromiso mutuo por el cual cada uno acepta vivir la vida del otro. Las preocupaciones de uno se vuelven las preocupaciones del otro, como también las alegrías son compartidas.

La complementariedad del masculino y del femenino debe ser mantenida, cueste lo que cueste. Con ayuda de la intuición femenina, los problemas pueden ser resueltos gracias a la esposa si ella acepta aliarse con el Espíritu Santo más que con el poder de sus encantos. Con respecto al esposo, por la fuerza de su voluntad y de su cuerpo, él trae al hogar el orden y el equilibrio. La educación de los hijos debe ser una obra común y los padres deben entenderse para orientarse siempre en la misma dirección. Deben mostrar hacia sus hijos mucho amor y saber castigarlos cuando es necesario.

Si en el Matrimonio el padre y la madre no tienen ideas comunes, si sus corazones no son unidos en el Espíritu Santo para dar a sus hijos una educación como Dios lo desea, ¿cómo el vínculo entre los esposos podrá ser duradero? Si está fundado nada más en la atracción de la carne, está condenado de antemano al fracaso, a las disputas, a las frustraciones, a las palabras hirientes, a las burlas, a la insatisfacción, al error y a la mentira. Si se funda ante todo sobre el amor común del Cielo, entonces Dios ilumina a los esposos, los conduce y los guía. El ahuyenta sus temores, libera sus corazones de los asaltos de la impureza y bendice su descendencia. Ya que está dicho que “la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios”(1Co. 15,50), si desean asociar Dios a su vida, no provoquen la carne, pues es débil. Novios, no esperen de su futura unión la legalización de placeres que les serían ya permitidos sin freno: no olviden que también en la pareja casada, Dios no habita en el egoísmo, aun si éste es compartido por los dos. Que los esfuerzos que realizan en este campo antes de su matrimonio no sean por nada una acumulación de tensiones que se desahoguen después aún más vivamente, sino más bien una escuela de voluntad y de autodominio que los lleve a un amor aún más santo y más respetuoso. Si no, como el arco tenso libera la flecha, sus impulsos liberados herirán mortalmente su pureza.

Unan sus almas en la oración, en el conocimiento, en la fe, en la caridad más profunda, en el amor, en el respeto y ténganse confianza.

Nunca olviden que las menores imperfecciones deben ser combatidas antes del Matrimonio a fin de que cada uno ofrezca al otro el mejor regalo: su persona entera. Un tiempo de prueba es necesario que no debe ser demasiado breve. Si no, numerosos sufrimientos amenazarían con marcar su vida. Si piensan poder aceptarlos y ofrecerlos al Padre, que así sea, pero la vida no es tan fácil. Que el Espíritu Santo los ilumine pues, a fin de que sepan no comprometerse en una vía que quizá no es la buena y cuyas trampas les serían ocultas por su ceguera. Que el Señor los guíe y los inspire.

El matrimonio... todo lo que quieres saber

Autor: Padre José María de Jesús

Fuente: CATHOLIC.NET

Capítulo 1: El amor espiritual

Queridos hermanos:

No teman a los apegos cuando son espirituales, pues los vínculos del amor espiritual no pueden ser rotos, sino por el demonio que pone todo de su parte a veces para corromperlo. Una sana amistad y también un tierno afecto nunca han sido condenables. Pero si quieren agradar al Señor, deben en cada instante estar dispuestos a renunciar a todo, incluso sus afectos particulares – entendemos, a renunciar provisionalmente– pues si se apegan demasiado humanamente a cosas o a seres, y que de repente les son quitados, sufrirán mucho e incluso se rebelarán, tan grandes serán su desilusión y su pena. Sí, habrán amado, pero habránamado mal. Habrán amado de manera egoísta, demasiado personal, haciendo siempre girar todo alrededor de ustedes mismos, de su vida, de su comodidad, de su gozo, de sus sentidos. Dichosos aquellos que saben amarse con amor espiritual, pues este amor no muere. Es el amor de los seres que se mantienen espiritualmente unidos en Dios por un mismo amor verdadero y fuerte que nada podrá quebrar, ni la guerra, ni el alejamiento, ni la muerte.

¡Cuántos seres se han amado, han sido separados por las circunstancias en el sufrimiento y han continuado amándose en el plan espiritual, único plan capaz de conservar un amor tan puro tanto tiempo! Pues en el amor espiritual, no hay barreras, ni normas, ni vergüenza, ni pasión. ¡Ah! Hermanos, si los seres humanos supieran amarse con amor espiritual, todos sus problemas, todas sus interrogaciones, todos sus fantasmas, todos sus temores y hasta sus pulsiones las más elementales se derrumbarían y serían transcendidos, sublimados, en Dios su Creador. El amor espiritual es puro y caritativo, y los seres que lo viven en las comunidades cristianas, la pareja o la familia, que es la primera de las comunidades, son la mayoría de las veces radiantes de alegría y de felicidad.

Es este amor que permite al esposo y a la esposa que pierde su cónyuge de afirmar que el ausente está todavía presente, y a veces aun más fuertemente que antes. ¡Esto es una bella Gracia del Cielo! Aquellos o aquellas para quienes la unión carnal les hace tanto falta, que otra unión está pronto considerada, probablemente no han conocido los lazos del amor espiritual, que no es por nada egoísta y no busca, cueste lo que cueste, a colmar un vacío, a aprovecharse de una presencia, de una protección, de una ayuda, de una sirvienta, de un cuerpo... Pocos hombres entienden de hecho que el amor espiritual es de esencia divina.

Pureza y caridad, el amor espiritual es también renuncia: renuncia a todos los actos, palabras o pensamientos que podrían venir a empañarlo. Si el afecto y la ternura expresan su fuerza en la carne, si la unidad y el intercambio de las almas le dan su potencia, no debe ser ensuciado por la expresión del egoísmo humano a través de la satisfacción desenfrenada de los sentidos, cuyo dominio le da al contrario todo su valor.

Hermanos, lean el capitulo 7 de la Primera Carta a los Corintios y mediten las palabras de Pablo. La mancha lastima el alma y, en lugar de satisfacerla como satisface los sentidos, la perturba y la atormenta. Desafortunadamente, en nuestro mundo actual, pocos son los que entienden esto y menos aun los que lo viven a través de un amor conyugal virtuoso, esencialmente espiritual.

¡Ah! Hermanos,¡ que dulzura, que plenitud, que confianza, que generosidad en este amor verdadero que ya es del Cielo!

Amor del Mesías por los hombres,
Amor de novios, amor de esposos,
Amor casto y sincero,
Amor total, amor entero,
Amistad franca y bella,
Regalo resplandeciente de pureza.

Hermanos, vivan eso sin esperar, y sin atormentarse el espíritu con cuestiones de normalidad anatómica o fisiológica. Cuántos son los que, para obtener la prueba de esta normalidad, se lanzan, a cuerpo descubierto, en la impureza y el vicio asociando a ello cada uno de sus sentidos: la vista y el oído en espectáculos malsanos públicos y privados, lecturas vergonzosas, llamadas indignas, invitaciones al desenfreno, actos impúdicos, orgías interminables...

Hombres, ustedes que han sido dotados de una agudeza espiritual particular, ¡lánzense más bien a cuerpo perdido en la Obra de Amor del Padre! Sean sus hijos cariñosos, sus instrumentos fieles. Regresen, hijos pródigos. Nunca es demasiado tarde para renunciar al mal, pues el Padre les traerá satisfacciones muy superiores a las de los sentidos...

Hermanos, por favor, sepan humiliarse y pedir perdón. Conviertan su corazón y abracen la verdadera fe. Amen siempre la Santa Virgen quien es tan dulce y tan buena por todos sus hijos arrepentidos. Oren y guarden animo. Si a veces la vida les parece dura, piensen en las víctimas de las guerras y de la hambruna, piensen en los pobres y a los minusválidos, a los heridos, a los condenados. Si cambiarían su cruz por la suya, quizá tendrían que lamentarlo, ustedes que se quejan tan frecuentemente... Sean bendecidos, queridos hermanos y guarden confianza.

Sus hermanos