La familia es una referente importante sobre la salud de una sociedad. En este sentido la familia peruana tiene entre sus haberes el haber podido sobrevivir a muchas crisis morales, políticas y económicas que sufrió el país en décadas anteriores. Si nos podemos a reflexionar sobre la familia creo que no acabaríamos de hacerlo en unas cuantas líneas pues hay muchos aspectos que abordar en un estudio de la familia en el Perú. Lo que se con este artículo es de alguna manera dar algunos apuntes a partir de su observación de la familia peruana específicamente de la familia que vive en Huaycán. En este micro clima social de necesidades y posibilidades se puede proyectar los que está sucediendo con la familia en el Perú haciendo un ejercicio de síntesis.

Haciendo un poco de historia y geografía podemos decir que Huaycán es una “comunidad autogestionaria” urbana que actualmente tiene más de 160 mil habitantes divididos en zonas desde la letra A hasta la Z, cada una se subdivide en unidades comunales de vivienda (UCV) y unidades de vivienda comercial (UVC). Huaycán está ubicada en el Kilometro 16,5 de la carretera central.

Retomando el tema de la familia podemos decir que en una “cultura de la pobreza” las familias tienen aspiraciones muy limitadas y limitantes de su desarrollo individual y colectivo. Las fuerzas de todos sus miembros están dirigidas en hacerse con reunir los productos mínimos de la canasta familiar que les permitan conseguir la energía suficiente para el trabajo y el estudio del día siguiente. Para ello utilizan el capital social y las técnicas de reciprocidad que su cultura les proporciona y de los oficios caracterizados para tal fin.

Las familias llegadas a Huaycán en su mayoría de la sierra central del Perú tiene un nivel de educación bajo y por lo general son familias con altas tasas de fecundidad. Gozan de un nivel de migración estacionario y mantienen algún tipo de vínculo social con las familias de origen en su pueblo natal.

Los trabajos de sus miembros se vuelven estacionarios y la familia se agencia de energías suficientes como para distribuirlas entre sus miembros más vulnerables como son los hijos menores. La fuerza de trabajo no discrimina entre edad o género pues de lo que se trata es de agenciar los medios para el requerimiento mínimo de energías. Casi no hay tiempo libre ni espacio físico para realizarlo. El tiempo es fijado por el trabajo y muchas veces es un trabajo autogenerado por la persona que ve una posibilidad de hacerse con un negocio como comerciante ambulatorio dependiendo del género y la edad en que se encuentre. Si es una mujer lo más probable es que venda su fuerza de trabajo en hacer las tareas la cocina, bordados y limpieza mientras que el varón pueda disponer de sus relaciones sociales en tener un empleo temporal como reciclador. Las competencias del varón y la mujer se distribuyen de dependiendo de su género pero su trabajo goza de mayor prestigio y retribución que el de los demás miembros de la familia pues tiene momentos libres que los gasta no con la familia sino en espacios sociales que le permiten ejercer su masculinidad como juegos de fulbito, en bares o paseos con amantes.

La familia sigue los mismo patrones culturales de sus antecesores, los cambios pueden apreciarse de manera superficial y por genero, son los varones son los que por lo general tienen mayor accesos a los servicios públicos que brindan las instituciones en cambio las mujeres no logran incluirse y gozar de los servicios que brinda la vida en la ciudad por estar en las tareas domesticas y limitarse a criar a los hijos. La madres generalmente no descansan en su vida fértil ya que cuando no están trabajando fuera de casa lo están haciendo en el espacio domestico. Por ello se originan los problemas familiares debido a las desavenencias que existen entre la distribución del trabajo y la retribución de la cual gozan ambos géneros. En medio de la crisis de la familia, la familia de Huaycán también ha sufrido la desintegración de sus miembros, la madres solteras y las separaciones de las parejas resultan una constante. Podemos observar en una familia que tanto el varón como la mujer cuando deciden rehacer un vínculo sentimental lo hacen con hijos de anteriores relaciones.

Podemos apreciar también que dentro de estas familias se encuentra el mito de la educación formal como vía de salir de la situación de la pobreza y de incluir entre sus metas el de poseer un negocio propio y el de tener una casa propia si es que la familia está viviendo en la casa de los suegros o de forma alquilada. Para alcanzar estos objetivos el capital humano y el capital social y cultural con que cuentan las familias son una cultura del trabajo desarrollada en su diario vivir y una res social que les permite agenciarse de recursos como la comida y la casa y por último una cultura del ahorro.

Todos estos recursos son lastimosamente desaprovechados por su poca vinculación con una perspectiva del desarrollo muy limitante que no logra mantener proyectos a nivel familiar ni comunitario a excepción de las reuniones para solicitar los servicios básicos para alguna unidad vecinal comunal (UCV). Podemos decir que los dirigentes tienen una gran responsabilidad y las familias un gran reto que consiste en vincular a las familias de Huyacán con el horizonte de desarrollo entendido como la capacidad de decidir en una sociedad de consumo las posibilidades de su desarrollo individual y colectivo conservando su identidad cultural.

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