Manuel González Prada: el primer peruano moderno

Entrevista a Juan Luis Orrego en Biblioteca Imprescindibles Peruanos publicada por el diario El Comercio

La obra en prosa de González Prada es una consecuencia de la guerra con Chile. ¿Se puede decir que con la derrota nace tanto el Perú contemporáneo como su primer pensador moderno?

Históricamente sí, pues el Perú moderno nace después del fracaso de la primera república, marcado por el caudillismo, el derroche del guano y la derrota contra Chile. Horas de lucha se termina de escribir, a pesar del criticismo de su autor, cuando nacía lo que Basadre llamó la “República Aristocrática”, un periodo marcado por el consenso político, la estabilidad institucional y un crecimiento y desarrollo autónomos. Ahora, si bien es cierto que antes de la Guerra del Pacífico hubo algunos políticos e intelectuales que denunciaron la decadencia o la inmoralidad (Fernando Casós, por ejemplo), Gonzáles Prada se presenta como un “libre pensador” convertido al anarquismo, al anticlericalismo e, incluso, al ateísmo; no hay duda que es tributario de una pensamiento que le era ajeno a cualquier crítico precedente. Es también moderno porque se perfiló en uno de los intelectuales de mayor trascendencia en el desarrollo de las ideas políticas del siglo XX peruano. Influyó notablemente en el pensamiento de la Generación del 900 y en las ideas de Haya de la Torre y Mariátegui.

José Carlos Mariátegui escribió: “González Prada no interpretó este pueblo, no esclareció sus problemas, no legó un programa a la generación que debía venir después. Mas representa, de toda suerte, un instante –el primer instante lúcido– de la conciencia del Perú”. ¿Considera que esta es una apreciación correcta?

Si tenemos en cuenta que el estilo de Gonzáles Prada se quedó en el discurso, el ensayo o el estilo panfletario, la opinión de Mariátegui se ajustaría a lo correcto. No hay en el autor de Páginas libres un libro orgánico, una investigación sólida y documentada sobre un tema en particular o un programa político integral y de largo aliento para el país. El libro que comentamos aparece en 1908 y, aun año antes, en Francia, Francisco García Calderón ya había publicado Le Pérou contemporain, primer libro de interpretación de la realidad peruana desde la óptica del civilismo más “progresista”. Para algunos, su figura tampoco calzaría en el perfil de maestro, pues su espíritu libre le impidió formar un grupo o una generación de discípulos. Sin embargo, sus ideas, que eran como latigazos a la conciencia nacional, su espíritu hipercrítico, casi incendiario, y su lucidez para captar lo que otros no veían o no querían poner por escrito, lo colocan como referente del intelectual que es percibido como la “reserva moral” de un país.

A través de su vida González Prada fue positivista, liberal, librepensador y anarquista. ¿De él se puede decir que legó una ideología o de un espíritu de denuncia?
Más que una ideología, nos legó un espíritu de denuncia, una voz de alarma, por ejemplo, ante la mediocridad y la corrupción públicas. De allí su ascendencia, especialmente en los jóvenes (como en el caso del joven Haya de la Torre), por ese espíritu de rebeldía ante el orden establecido.

Es notoria su influencia en la obra de Mariátegui y Haya de la Torre, sobre todo en lo que respecta al problema del indio. ¿Cómo se puede evaluar la importancia de Páginas Libres y Horas de Lucha en el derrotero del siglo XX peruano?
En efecto, para nuestro autor el Perú estaba formado, básicamente, por una multitud de indios diseminados en la Cordillera. El problema del indio –añadió- había sido creado por la Conquista por la crueldad y la ambición de los invasores. El indio, sin embargo, no era inferior al blanco o al mestizo. Su problema se resolvería dándole educación de calidad e independizarlo de las tres “autoridades” que lo explotaban (el gamonal, el prefecto y el cura) para que logre mejores condiciones sociales y económicas en la vida nacional. La república criolla, concluyó Gonzáles Prada, no había cambiado el estado de postración del hombre andino. Estas ideas tuvieron enorme influencia no solo en Haya o Mariátegui sino también en la generación de intelectuales indigenistas de la década de 1920. Asimismo, al afirmar que los grandes problemas del Perú, provenían del legado de España, una nación atrasada a la que había que olvidar si queríamos construir un país moderno, fue uno de los precursores, también a nivel intelectual, de lo que luego las ciencias sociales, en la segunda mitad del siglo XX, llamó la “herencia colonial” para explicar la realidad peruana.

Nada escapa del fuste de Horas de Lucha. ¿Cómo encajó la sociedad peruana este ataque contra ella?
A corto plazo, en casi nada. La “República Aristocrática”, dominada por el civilismo, siguió su curso, sin grandes sobresaltos, hasta 1919. El modelo económico, orientado a la exportación, y la situación del indio, a pesar de la rebelión de Rumi Maqui (Puno, 1915), se mantuvieron casi inalterables. Por su lado, la Generación del 900, encabezada por José de la Riva-Agüero y los hermanos Francisco y Ventura García Calderón, si bien en un inicio se entusiasmó con las ideas del ilustre librepensador, no encontró sitio en el Partido Civil. Los García Calderón se fueron del país antes de la publicación de Horas de lucha y Riva-Agüero, luego de la creación de un partido que no tuvo arraigo popular y del golpe de Leguía, se autoexilió y, de su liberalismo inicial, emigró a posturas más conservadoras. En todo caso, las luchas obreras que se dieron durante estos años sí estuvieron teñidas por las ideas anarquistas defendidas por Gonzáles Prada y algunos inmigrantes europeos, especialmente italianos, asentados en Lima.

Luis Alberto Sánchez señala que la obra de González Prada ha pasado por diversos procesos de apreciación y negación. ¿No es una ironía de la historia hacer de él un autor “oficial”? ¿Ha terminado siendo más importante para la literatura que para la política?
Desde muy joven, Luis Alberto Sánchez fue admirador de las ideas de Gonzáles Prada y, cuando escribió su historia de la literatura peruana, lo incluyó en un lugar protagónico. Para bien o para mal, sabemos que la obra de Sánchez estableció el canon de los autores y las obras que debían formar parte de la literatura nacional. De allí que aparezca un escritor tan contestatario (y solitario) formando parte de la lista “oficial” de autores peruanos.

En Horas de Lucha se aprecia el germen de varias corrientes que no aflorarían sino hasta varias décadas después, como el feminismo, el vegetarianismo, el laicismo y hasta incluso un indigenismo más sociológico que romántico, por llamarlo de alguna forma. ¿Qué tan adelantado estaba González Prada a su época?
No sé si “adelantado”, aunque por lo menos bastante “actualizado” con las corrientes ideológicas e intelectuales de su época. Su formación académica, su estancia en Europa y el deseo de estar al día con las nuevas ideas hicieron de él también un hombre cosmopolita. Cuando leemos Horas de lucha constatamos su gran dominio de la historia, de los autores clásicos y los pensadores de su tiempo.

¿Por qué un peruano debería leer Horas de Lucha ahora? ¿Cuál es su vigencia más de cien años después?
Porque nunca debe perderse el horizonte crítico, la capacidad de rebelarse o de indignarse frente al atropello, la corrupción la explotación o la inoperancia. Esa es, en el fondo, su vigencia. Frente al acomodamiento, a la mirada al costado o a la contemplación pasiva, Horas de lucha es un llamado a la reflexión y a la acción. También es un llamado a la honestidad intelectual, a la coherencia entre el pensamiento y la vida práctica.

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