Archivo por meses: noviembre 2010

Arquitectura y arquitectos en Lima: Ricardo Malachowski

Ricardo de la Jaxa Malachowski (Prochorowa, Odessa, 1887-Lima, 1972).- De origen polaco, este arquitecto se graduó, con honores, en la Escuela de Bellas Artes de París. Trabajó en la capital francesa hasta 1911, cuando la embajada de nuestro país en Francia tuvo el encargo de seleccionar a un arquitecto para organizar los estudios de arquitectura en la Escuela Nacional de Ingenieros de Lima; asimismo, ejecutar proyectos y estar a cargo de las obras del gobierno peruano. Malchowski firmó un contrato por dos años y llegó al Perú el 22 de diciembre de 1911. De inmediato, se lo presentaron al ex alcalde de Lima, Federico Elguera, quien ahora se encargaba de presidir la Comisión para las celebraciones del Centenario de la Independencia. Cuando Leguía, entonces presidente en su primer periodo, lo conoce, le pide que instale en la sacristía de la capilla del Palacio de Gobierno su taller de diseño, local que el arquitecto polaco usó por algún tiempo.

Lo cierto es que a partir de 1912, Malachowski empieza a desarrollar una extensa y fructífera labor docente en la Escuela de Ingenieros, que duró 33 años, formando varias promociones de arquitectos. También ejerció un importante papel en la industria de la construcción, al capacitar personal técnico (artesanos, albañiles, carpinteros, etc.) que lo apoyaron en los distintos proyectos que llevó a cabo. Cabe destacar que, en 1914, contrajo matrimonio con María Benavides Diez Canseco, por lo que se quedó a radicar en nuestro país.

El aporte arquitectónico de Malachowski fue decisivo. Entre la extensa lista de proyectos y obras diseñadas y construidas, sin citar las residencias en Lima y balnearios, podemos mencionar:

a. Caja de Depósitos y Consignaciones (1915).- Ubicada entre los jirones Azángaro y Huallaga, es de estilo académico francés; su exterior se basa en una fórmula neobarroca.

b. Edificio Rímac (1919-24).- Ubicado en el Paseo de la República, también es conocido como Casa Roosevelt. Fue construido por la Compañía de Seguros Rímac para albergar departamentos de uso residencial, aunque se convirtieron en oficinas; es de estilo francés.

c. Palacio Arzobispal (1924).- Ubicado entre los jirones Junín y Carabaya, en la Plaza de Armas, en su diseño Malachowski tomó como referencia al Palacio Torre Tagle. La fachada es neobarroca, en piedra reintegrada, con balcones de cajón tallados en madera de cedro; rematando el edificio hay una escultura de granito de Santo Toribio de Mogrovejo. También hay dos astas: una para la bandera peruana y la otra para la del Vaticano.
d. Palacio de Gobierno (1926-38).- El proyecto lo inició, por iniciativa de Leguía, el arquitecto francés Claude Sahut; durante el gobierno de Benavides, Malachowski recibió el encargo de culminar su construcción. Su estilo es clásico afrancesado.

e. Fachada del Teatro Municipal.- Clásico afrancesado.

f. Club Nacional (1929).- Considerado, por su estilo uno de los clubes más elegantes del mundo, en su diseño también colaboró el arquitecto Enrique Bianchi.

g. Banco Italiano (1929).- Aquí retoma el estilo aplicado en la Caja de depósitos y Consignaciones, pero se apoya en un academicismo más romano que francés.

h. Palacio Legislativo (1938).- Ubicado en la Plaza Bolívar, Malachowski se encargó de culminar su construcción, tantas veces interrumpida desde antes de 1908.

i. Interior del Palacio Municipal (1943-44).- Malachowski se encargó de la distribución interna y su ornamentación. Por ello, vemos hoy que sus interiores son de estilo renacentista francés, como la escalera principal, de mármol blanco. En sus galerías, observamos cuadros peruanos del siglo XIX e inicios del XX. Son notables el Salón de Recepciones (diseñado como salón de baile y con las pinturas de Ignacio Merino), la Sala de los Espejos (aquí hay un juego de reloj y candelabros dorados de estilo rococó), el Salón Atahualpa (llamado así porque albergó el cuadro de Luis Montero “Los funerales de Atahualpa”), la Biblioteca Municipal (tallada en madera de estilo rococó) y el Salón de Sesiones (donde hay un retrato de Francisco Pizarro, obra del pintor español Vila Prades).


Postal del edificio Rímac

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Arquitectura y arquitectos en Lima: introducción


El Paseo Colón y la Plaza Bolognesi hacia 1910

A partir de la recuperación económica y política, luego del desastre de la guerra con Chile, se inició un periodo de expansión urbanística y arquitectónica de Lima, acompañado por un proceso de “europeización” de la ciudad. Par empezar, el presidente Piérola, asesorado por Santiago Basurco, dictó medidas para prohibir el uso del abobe y la quincha en las construcciones. Si bien esto tardó en producirse, lo cierto es que el uso del concreto armado y el ladrillo se fue imponiendo gradualmente. A nivel arquitectónico, predominó el eclecticismo, con cierto énfasis en el estilo academicista, influenciado por la Ecole Beaux-Arts de París. Las residencias en el Paseo Colón, el edificio de la Compañía de Seguros Rímac en el Paseo de la República, la Plaza Dos de Mayo, la Plaza Bolognesi, la sede del Club Nacional, el edificio del Banco Italiano, la Plaza San Martín o el nuevo Palacio de Justicia son ejemplos de esta tendencia europeísta. Paralelamente, a partir de los años 20, otros estilos, como el neoperuano o el neoinca, empiezan a aparecer en un contexto ya de claro “eclecticismo” que sería el predominante a partir de la siguiente década.

Durante los años 30 y 40, se impone en nuestra ciudad un claro “eclecticismo arquitectónico”, marcado por diversos estilos, como el académico europeo, el neoperuano, el neoincaico, el neorrenacentista, el moderno con recreación clásica, el art deco y el buque, entre otros. Por su lado, la vivienda tipo chalet pudo ser académico francés, tudor, vasco, buque, neocolonial, andino y californiano, principalmente.

Algunos ejemplos.- Entre el estilo académico tenemos el Edificio Rímac (Ricardo Malachowski, 1919-24), la Plaza Dos de Mayo (Ricardo Malachowski, 1924), el Club Nacional (Ricardo Malachowski y Enrique Bianchi, 1929) y el Palacio de Justicia (Bruno Paproki, 1926-38); en el neoperuano, la fachada de la Escuela de Bellas Artes (Manuel Piqueras, 1920-24); en el neoincaico, el Museo de la Cultura Peruana (Malachowski, 1924); en el neorrenacentista, el Edificio Minería (1920-24); en el neocolonial, el Palacio Arzobispal (Ricardo Malachowski y Claudio Sahut, 1919-24); y, en el moderno, el Edificio Gildemeister (W.B. Lange, 1928).

Los arquitectos.- Hasta la década de 1930, eran muy pocos los arquitectos que trabajaban en Lima como profesionales. Ricardo de la Jaxa Malachowski y Claudio Sahut, ambos extranjeros, habían egresado de la Escuela de Bellas Artes de París. De los peruanos, la mayoría había estudiado en el extranjero, como Rafael Marquina (graduado en la Universidad de Cornell, Estados Unidos), Héctor Velarde (formado en Europa) y Emilio Harth-Terré (con estudios en la antigua Escuela de Ingenieros de Lima). Ellos constituyen la “primera generación” de arquitectos peruanos.

A la “segunda generación”, quizá la más coherente de al historia de la arquitectura peruana, pues estuvieron identificados con los lineamientos de la revista El Arquitecto Peruano, pertenecen Fernando Belaunde Terry (director de la publicación), Enrique Seoane Ros, Luis Ortiz de Zevallos, Alfredo Dammert, Carlos Morales Macchiavello y Luis Dorich. Cabe destacar que, hasta 1943, la arquitectura no era una carrera en nuestro país; se estudiaba como un curso especializado para ingenieros civiles. El Perú debe a la “segunda generación” la organización de la arquitectura como carrera universitaria cuando se fundó, en la antigua Escuela Nacional de Ingeniería (ENI, hoy UNI), el Departamento de Arquitectura; su primer jefe fue Rafael Marquina, a quien se le considera el padre de la nueva disciplina científica en nuestro país; entre sus primeros profesores, estuvieron Malachowski, Velarde, Belaunde, Harth-Terré y Paul Linder.
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Bicentenario de Argentina: la huella de los argentinos en Lima (2)


Imagen noctura del día de la inauguración del monumento a San Martín en 1921

Argentina en el Centenario de la Independencia del Perú (1921).- Como era de esperarse, cuando en 1921 el gobierno de Leguía organizó las celebraciones por los 100 años de nuestra Independencia, la efeméride tuvo un claro corte sanmartiano. En primer lugar, se decidió construir la plaza San Martín, con el monumento al Libertador al centro, y darle a la ciudad un nuevo espacio público, de corte republicano, paralelo a la Plaza de Armas, el tradicional espacio público de los limeños pero con reminiscencias coloniales. Ojo que durante el Protectorado, San Martín ordenó cambiar de nombre a la Plaza de Armas por Plaza de la Independencia; sin embargo, este decreto no tuvo mucha incidencia pues se impuso la costumbre y los limeños siguieron llamando a la plaza como desde el siglo XVI.

Hasta 1919, existía en este lugar una plaza muy modesta, con losetas sencillas, y unos cuantos postes y arbustos. Leguía quería darle a la ciudad una plaza elegante, de prestancia y qué mejor ocasión que el Centenario para inaugurarla en homenaje al Libertador argentino. Para desarrollar el proyecto, se tuvieron que construir graderías para salvar los desniveles producidos por la antigua estación del tren (San Juan de Dios) y contratar picapedreros de La Paz y Arequipa, quienes tuvieron que trabajar (en las canteras de granito de Amancaes) fabricando las baldosas para el pavimento y los bloques para los muros de la nueva plaza. Otro problema fue que, según el diseño, las balaustradas y las bancas debían ser de mármol. Lo más fácil hubiera sido contratar su construcción en Italia (Carrara), pero se decidió importar la maquinaria y crear una “industria del mármol” para aprovechar las canteras de Atocongo; los talleres de la nueva industria estuvieron ubicados en la vieja avenida de La Unión. La solemne inauguración de la plaza y el monumento a San Martín ocurrió el 27 de julio de 1921, con la presencia del presidente Leguía y de todas las delegaciones invitadas para el histórico evento.

El monumento a San Martín.- Con esta obra, el Estado saldaba una deuda de gratitud con el Libertador argentino. El concurso fue ganado por el escultor español (valenciano) Mariano Benlliure, director de la Academia Española en Roma. A pesar de que la maqueta fue objeto de severas críticas (como las de los escritores Federico Larrañaga, L. Macagno y Teófilo Castillo, quien la describió como “algo monótono, con sabor a presepio italiano, demasiado planimétrico, poco decorativo, más pictórico que escultórico”), el monumento se inauguró como parte de un proyecto mayor. La nueva Plaza San Martín se construyó sobre un espacio ocupado por el Hospital San Juan de Dios, frente donde se encontraba la Estación del Ferrocarril. El trabajo de diseño y jardinería fue encargado al escultor español Manuel Piqueras Cotolí.Retomando el monmento, como lo observamos hasta hoy, el aspecto del Libertador en la escultura fue objeto de crítica desde su maqueta. En la imagen, cabalgando algo arrogante, San martín cruza los andes, de Argentina a Chile, por el Paso de los Patos, situado a 4 mil metros sobre el nivel del mar, de ahí la nieve en la cordillera. En concordancia, el escultor añadió un abrigo al uniforme de granadero. Sin embargo, se dijo que l conjunto no recogía las dificultades de la travesía, con un San Martín mirando hacia la derecha en actitud serena, y un caballo avanzando a paso lento sin denotar cansancio, del que incluso se dijo lucía pesado y perezoso. A esta observación se sumó otra: que se trataba de un episodio ocurrido en otro territorio, alejado de los acontecimientos que precipitaron la Independencia del Perú. En fin, diversas caricaturas publicadas en los medios locales hicieron escarnio del monumento. Se dijo, para dar más detalles, que el caballo era pesado y algo perezoso. Escritores como L. Macagno y Federico Larrañaga, y artistas como Teófilo Castillo, cuestionaron el tributo al que nos declaró la independencia el sábado 28 de julio de 1821 en nuestra Plaza de Armas.

La delegación argentina en 1921.- Para las celebraciones del Centenario, la delegación argentina estuvo presidida por el monseñor Luis Duprat, arzobispo interino de Buenos Aires. Otro ilustre personaje de la “embajada” rioplatense fue el general Carlos I. Martínez, quien tuvo la jefatura de las tropas que formaron el día de la inauguración del monumento al Libertador. Pero la delegación también estuvo compuesta por un batallón de los famosos “Granaderos a Caballo General San Martín”, cuyos vistosos uniformes se convirtieron en una de las grandes atracciones en los desfiles que se organizaron por esos días en la ciudad . Para alojar a este batallón se tuvo que remodelar (ya que estaba muy abandonado) el Cuartel San Martín, ubicado en la avenida del Ejército (Miraflores). Se culminaron las cuadras, los salones, el comedor y los dormitorios para los oficiales; también se acondicionaron las caballerizas para el ganado. En un gesto muy amable, al final de su estancia en nuestra capital, los “granaderos” obsequiaron sus caballos y sus lanzas al ejército del Perú.

El local de la Embajada argentina.- Finalmente, en un gesto de verdadera amistad con el país que vio nacer al libertador San Martín, el Estado peruano donó el edificio para que funcione la Embajada de argentina en Lima; el local, diseñado al estilo neocolonial o neohispano, se ubicó en la primera cuadra de la avenida Leguía (hoy Arequipa) y, hasta la actualidad, funciona como sede de la legación diplomática rioplatense. Cuando el gobierno peruano donó el edificio para la Embajada de Argentina en Lima, el gobierno argentino, en reciprocidad, obsequió el local que ocupa actualmente la Embajada del Perú en Buenos Aires. El diseño del inmueble fue obra de arquitecto argentino Alejandro Bustillo y el dueño originario del edificio fue Alberto del Solar Dorrego, miembro de una tradicional familia porteña. La construcción quedó lista en 1928. La donación de este inmueble quedó registrada por Escritura Pública del 5 de agosto de 1942, y fue suscrita a nombre del Perú por el entonces Embajador en Argentina, el mariscal Óscar R. Benavides.

La avenida Argentina.- Esta avenida se abrió como consecuencia del éxito de la apertura de la avenida Progreso (hoy Venezuela). La idea era unir la zona norte del Callao con los nacientes barrios industriales de Lima, ubicados en los alrededores de la plaza La Unión. La iniciativa también respondía a las obras portuarias que se iban a iniciar, justamente, al norte de la bahía del Callao: la nueva avenida debía culminar en esa zona del puerto. El que financió y llevó a cabo la obra fue el empresario Santiago Poppe, quien recibió del gobierno una serie de facilidades y franquicias, especialmente al derecho que se le otorgó en expropiar, a una tasación establecida por ley, una faja de 100 metros a cada lado de la arteria. Cuando se terminó de construir, en 1927, la avenida tenía una longitud de 10 kilómetros y una pista de concreto reforzado de 8 metros de ancho y 6 pulgadas de espesor. El costo de la obra ascendió a un millón de soles, fue inaugurada el 5 de octubre y se constituyó en la vía más recta entre Lima y el Callao. Cabe destacar que esta avenida fue inaugurada con el nombre de La Unión; en 1930, tras la caída de Leguía, fue rebautizada como “Argentina”.

Argentina en el distrito de Barranco.- En 1912, el entonces alcalde de Barranco, Aurelio Souza, inició la construcción del Paseo Roque Sáenz Peña, rodeado por un elegante grupo de residencias de estilo europeo, en su mayoría “afrancesadas”; luego, durante las décadas del 20 y del 30, se añadieron otras casonas con motivos góticos, tudor y moriscos. Asimismo, en el recorrido del Paseo, hay un pedestal con una escultura en mármol de “Neptuno”, que luce la túnica con el pecho descubierto y con corona. Lleva el nombre del general argentino Roque Sáenz Peña.

Asimismo, en el cruce de Sáenz Peña con San Martín, hay un monumento, en forma de obelisco, en honor al Libertador argentino. Su historia es algo complicada, pues no siempre esta escultura estuvo en Barranco. En realidad se trató de un obsequio hecho por el coronel Lorenzo Pérez Roca a la ciudad de Lima en 1906. En un principio, esta obra de Roselló, estuvo ubicada cerca de la entrada al Parque de la Exposición y reemplazó al monumento a Colón que fue trasladado unos metros más allá, al centro de la avenida 9 de Diciembre (hoy Paseo Colón). El obelisco, que en es entonces estaba coronado por un Ángel de la Victoria o de la Coronación, fue trasladado a Barranco en 1922 y fue, inexplicablemente, partido en dos: la parte mayor del obelisco y la escultura de San Martín, en la Alameda Sáenz Peña; el resto del obelisco y el Ángel, en la Av. Bolognesi; en el terremoto de 1940, el Ángel se cayó y se destruyó.

San Martín en el Callao.- La provincia del Callao también tiene su Plaza San Martín, ubicada en la cuadra 7 de la avenida Grau (ex Buenos Aires). El monumento tiene una placa en la que se lee: “El Callao por iniciativa del comité patriótico, al fundador de la independencia nacional, Generalísimo Don José de San Martín, Libertador del Perú”. También tiene los escudos de Perú y Argentina y, al centro, las palabras del Libertador cuando proclamó la independencia. Sin embargo, no siempre este monumento estuvo en este lugar. Revisemos la historia. Este monumento estuvo ubicado, hasta 1944, frente a la Iglesia Matriz, en el pequeño parque ubicado entre el edificio de la Cámara de Comercio del Callao y La Prefectura y entre las calles Manco Capac y Constitución, cuando todavía existía la Estación del Ferrocarril. Fue inaugurado en este lugar en 1921, año del Centenario de nuestra Independencia.

La influencia argentina en el Perú, 1900-1950.- Como sabemos, Argentina fue una potencia económica mundial hasta la década de 1950, cuando inicia su declive debido, en gran medida, al populismo desatado por el peronismo. En aquella “época dorada”, el país de la carne y del trigo (uno de los “graneros” del planeta) miraba a Europa, especialmente a Francia. No era un país que “exportaba” gente sino, más bien, era receptor de miles de migrantes provenientes de muchos países de Europa. Si hubo familias argentinas que salieron de su país, lo hicieron a las grandes capitales europeas, especialmente París, a disfrutar de sus fortunas y vigilar, desde el Viejo Mundo, sus negocios. Por ello, en Lima nunca hubo una gran colonia argentina, por lo menos hasta la década de 1950. En cambio sí hubo, especialmente en Lima, una gran influencia argentina pero de tipo académico y cultural. En 1918, por ejemplo, estalló el movimiento de la Reforma Universitaria en Córdova, que influyó a toda una generación de intelectuales latinoamericanos. En el Perú, Haya de la Torre fue el que más se vio guiado por este movimiento que buscaba que el gobierno de las universidades sea más democrático y que los estudiantes estén más involucrados con los problemas nacionales y la labor social (en la ciudad de Córdova, Argentina, hay una avenida con el nombre de Haya de la Torre, justo donde se encuentra el campus de la Universidad Nacional de Córdova). Desde Buenos Aires, por ejemplo, llegaban las novedades editoriales. Las últimas obras de filosofía, historia, literatura, derecho y medicina que se producían en Europa llegaba a través de sus traducciones por las grandes editoriales argentinas, como Losada. Toda librería limeña, que se preciara de estar actualizada, debía tener libros impresos en Argentina. Asimismo, muchos jóvenes peruanos, atraídos por el prestigio de las universidades rioplatenses, iban a estudiar sus carreras allá, especialmente derecho y medicina. Finalmente, muchas compañías de teatro o de ópera que actuaban en el Teatro Colón de Buenos Aires, eran requeridas por los empresarios para que vengan a Lima.

Otros campos de influencia fueron la música, el cine y la radio. Respecto a la música, no cabe duda que el tango gozó de gran popularidad, así como las películas de cine, muchas de ellas protagonizadas por Libertad Lamarque. Cabe recordar, por ejemplo, que los primeros discos de música criolla se grabaron en Buenos Aires. En el campo de la radio, hasta los años 50, fueron muy populares las radionovelas (o “teatros del aire”), cuyos guiones eran comprados por los empresarios peruanos en Argentina. Toda esta influencia cultural argentina fue mermando hacia los años cincuenta, cuando fue desplazada por la mexicana.

Argentina y el fútbol peruano.- A partir de la década de 1970, muchos futbolistas argentinos llegaron al Perú contratados por clubes profesionales. De todos ellos, los que más destacaron fueron los arqueros, especialmente tres: Humberto Horacio Ballesteros, Ramón Quiroga y Óscar Ibañez; los tres se nacionalizaron peruanos y se quedaron a residir en nuestro país. El primero de ellos, Ballesteros, llegó en 1971 (procedente del “Lanús”) contratado por Universitario de Deportes; defendió el arco crema cuando la “U” alcanzó el subcampeonato de la Copa Libertadores en 1972. Cuentan que el dictador Velasco se opuso a que, ya nacionalizado peruano, el popular “HH” defienda el arco de la selección peruana para las eliminatorias del mundial de Alemania 74 (hoy es dueño de una pequeña pizzería en el Centro Comercial “El Trigal”, en Velasco Astete con Benavides). Ramón Quiroga tuvo una historia distinta. Llegó de Rosario Central a defender la valla del “Sporting Cristal”. Se nacionalizó peruano y fue el arquero titular de la selección peruana en los mundiales de Argentina 78 y España 82 (incluidas las eliminatorias para ambos torneos). Luego fue entrenador y, actualmente, se desempeña como periodista deportivo. No detallamos más la figura de Quiroga pues habría que entrevistarlo. De Óscar Ibáñez, nacionalizado peruano en 1997 y arquero titular de la selección peruana en las eliminatorias para Francia 98 no hablamos mucho por ser una historia muy reciente.

El Rincón Gaucho.- Es quizá el restaurante de carnes más célebre y el más antiguo de Lima. Ubicado originalmente en el Parque Salazar de Miraflores, fue inaugurado, el 21 de marzo de 1963, por Juan Domingo Núñez y Dora Stolar de Núñez. Debido ala construcción de Larcomar en los años noventa, su local se trasladó a la última cuadra de la avenida Armendariz, también en Miraflores.

El apoyo del Perú a la Argentina en la Guerra de las Malvinas (1982).- A lo largo del siglo XX, hubo hasta tres coyunturas en las que hubo un sincero acercamiento entre Perú y Argentina. El primero se produjo durante los años del fracasado plebiscito de Tacna y Arica. Varios políticos y juristas argentinos avalaron y respaldaron la posición del Perú frente a la “chilenización” de aquellas provincias cautivas. El segundo momento ocurrió cuando estalló el conflicto entre Perú y Ecuador en 1941; recordemos que Argentina fue uno de los “garantes” del Protocolo de Río de Janeiro, documento que ratificaba los derechos soberanos de nuestro país sobre Tumbes, Jaén y Maynas. Finalmente, el último momento se dio en 1982, durante la guerra entre Argentina y la Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas. Desde un principio, el Perú, que en ese entonces era gobernado por el arquitecto Fernando Belaunde, vio con simpatía las reivindicaciones argentinas y trató de mediar en la disputa, pero todo fracasó cuando se produjo el hundimiento del Belgrano por los submarinos británicos. En una operación solidaria con Argentina, desde el Perú hubo envíos de equipos y material bélico, incluida una escuadra de por lo menos diez aviones caza bombarderos Mirage, artillados con misiles teledirigidos; asimismo, nuestra Marina de Guerra colaboró en el transporte de material bélico desde Israel hasta Argentina. Cabe destacar que en estas operaciones el gobierno de Belaunde no actuó en solitario: toda la opinión pública supo expresar su lealtad sanmartiniana.

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Bicentenario de Argentina: la huella de los argentinos en Lima


Monumento al gran estadista Domingo Faustino Sarmiento en Lima

¿Qué están celebrando los argentinos este año? Hace 200 años se produjo en Buenos Aires la Revolución de Mayo, cuando un levantamiento popular destituyó al último virrey del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros. Fue el punto de inicio de la independencia de la actual República Argentina. El movimiento independentista, inspirado por el criollo Mariano Moreno, y sostenido en su primera etapa por el general Manuel Belgrano, y por uno de los organizadores de la defensa de Buenos Aires, Juan Martín de Pueyrredón, inició la organización de las provincias y envió tres expediciones contra los realistas al Alto Perú, Paraguay y Montevideo. Belgrano derrotó a los realistas en Salta y Tucumán pero fue derrotado en el Alto Perú por las tropas del virrey del Perú, Fernando de Abascal. Cuando las tropas regresaban, se hizo cargo del ejército José de San Martín, nombrado en 1814 gobernador de la provincia de Cuyo (cuya capital es la ciudad de Mendoza). El Acta de Independencia de la futura Argentina se firmó en Tucumán el 9 de julio de 1816. Desde Mendoza, el general San Martín, para garantizar la independencia del Río de la Plata, se dedicó a preparar el Ejército Libertador, que debía cruzar los Andes, independizar Chile y atacar el Perú por el mar.

La huella de San Martín en el Perú.- El Perú no solo le debe al gran Libertador argentino el haber proclamado nuestra independencia el sábado 28 de julio de 1821 en la plaza de armas de Lima, punto de partida de nuestra vida como país soberano. Durante su Protectorado, que se prolongó desde agosto de 1821 a septiembre de 1822, San Martín dictó una serie de medidas y algunas de ellas, hasta hoy, tienen vigencia:

1. Fundó los tres primeros ministerios: Relaciones Exteriores, Guerra y Marina (el actual Ministerio de Defensa es su heredero) y Hacienda (llamado así hasta la década de 1960, cuando cambió de nombre a Economía y Finanzas).
2. Fundó la Biblioteca Nacional (su primer director fue Mariano José de Arce)
3. Seleccionó la letra y música del Himno Nacional
4. Fundó la Orden del Sol
5. Adquirió los primeros buques de la Armada Peruana, que puso al mando del vicealmirante Jorge Martín Guisse
6. Instaló el primer Congreso Peruano en la capilla de la antigua Universidad de San Marcos

Tras su retiro del Perú, pasó breve tiempo en su natal Argentina y se autoexilió para siempre en Europa, concretamente en Francia. Culminada la independencia, tras la victoria de Ayacucho, el segundo Congreso peruano aprobó otorgar una pensión vitalicia al Libertador, que recién se regularizó durante el primer gobierno de Ramón Castilla, en 1848, gracias a los ingresos por la venta del guano; incluso Castilla lo invitó a venir a vivir al Perú, a cuenta del estado, pero el Libertador, amablemente, declinó la oferta. Murió el 17 de agosto de 1850 en la localidad francesa de Boulonge-sur-Mer.

Mariano Necochea: vino con San Martín y se quedó en el Perú.- Uno de los personajes que vino con San Martín al Perú fue el general Mariano Necochea, nacido en Buenos Aires en 1792 y que antes había participado en la independencia del Río de la Plata y Chile. Apoyo a Álvarez de Arenales en su expedición por la Sierra y apoyó a San Martín durante los meses que duró el Protectorado. Tras el retiro del Libertador, se quedó en Lima y apoyó a Bolívar, quien lo nombró gobernador de Lima, primero, y director de la Casa de la Moneda, después. No estuvo en la batalla de Ayacucho pero sí en Junín. No apoyó la Confederación Perú-Boliviana de Santa Cruz y, en sus últimos años, retomó la dirección de la Casa de la Moneda. Es considerado héroe de nuestra Independencia y ostentó el título de Mariscal del Perú. Murió en 1849 en su casa de Miraflores. En Lima hay cuatro lugares que recuerdan su memoria. El primero es el “Parque Mariano Neciochea”, en Miraflores, donde está la escultura del Intihuatana por Fernando de Szyszlo; el segundo es el “Monumento a Necochea”, en San Isidro (cruce de Javier Prado con Pershing, frente al grifo Primax); el tercero es su mausoleo en el cementerio Presbítero Maestro; y el cuarto es su sarcófago en el Panteón de los Próceres.

Sarmiento en Lima.- A inicios de la década de 1860, estuvo en Lima, de visita oficial, el gran escritor y estadista Domingo Faustino Sarmiento, futuro presidente de la Argentina, entre 1868 y 1874, considerado uno de los “creadores” de la nación argentina. La presencia del autor de Facundo o civilización y barbarie (1845), un clásico de la literatura rioplatense, se debió a un Congreso Americano, convocado por nuestra Cancillería debido a la amenaza la flota española y el inminente conflicto con la antigua Madre Patria. El Perú invitaba a las repúblicas americanas del Pacífico a un Congreso para declarar a América una sola familia dispuesta a defender su independencia de la amenaza española. De esta manera, el Congreso se instaló el 15 de octubre de 1864 y sesionó hasta el 13 de marzo de 1865 en el Palacio Torre Tagle. Sarmiento vino en representación de su país. Cabe destacar que cuando Sarmiento fue presidente de su país estuvo a favor de que Argentina se plegara al Tratado de Alianza Secreta entre Perú y Bolivia; sin embargo, cuando el tema fue debatido en el Congreso argentino, se desestimó la adhesión. Hoy, en Lima, hay un monumento a Domingo Faustino Sarmiento, ubicado en la cuadra tres de la avenida Arenales, donado por la ciudad de Buenos Aires a Lima en mayo de 1931.

Sáenz Peña en Lima.- Cuando estalló la infausta Guerra del Pacífico, un joven argentino, de 28 años de edad, vino desde su patria a defender nuestra bandera y resistió heroicamente, en el Morro de Arica, junto a Francisco Bolognesi, el asalto de las tropas chilenas aquel inolvidable 7 de junio de 1880. Este notable abogado y político argentino, nacido en Buenos Aires en 1851, sería presidente de su país entre 1910 y 1914. Su obra más notable, como mandatario, fue la Ley Sáenz Peña, que instauró en Argentina (y por vez primera en América Latina) el voto universal, secreto y obligatorio. Sáenz Peña, gran amigo del Perú, fue invitado por el gobierno de José Pardo, en 1905, para que viniera a Lima y presidiera la inauguración del monumento a Francisco Bolognesi; asimismo, debía recibir una medalla de oro dada por el Congreso y los galones de general de brigada del Ejército Peruano. La familia Sáenz Peña (el futuro presidente de Argentino llegó al Callao con su esposa y su hija) fue recibida y atendida por todo lo alto. Fue alojado en las principales habitaciones de la casa de don José Ignacio Chopitea, ubicada en la calle de la Minería (hoy primera cuadra de la avenida Emancipación), y decorada espacialmente para la ocasión con mobiliario art noveau.

Según Jorge Basadre, entre otras, las atenciones al ilustre visitante incluyeron:

a. Carreras de gala en el moderno y lujoso Hipódromo de Santa Beatriz
b. Banquete presidencial
c. Agasajo del presidente José Pardo y de su esposa, Carmen Heeren Barreda, en su residencia particular
d. Recepción en casa del Héroe de la Breña, Andrés A. Cáceres
e. Banquete de los ariqueños y arequipeños en el Club de la Unión
f. Revista militar en la Escuela Militar de Chorrillos
g. Baile de gala en el Club Nacional, en el que se estrenó el val “Tanzweker”, del maestro Kuapil
h. Velada literario-musical organizada por los colegios de LimaBanquete que le ofreció Augusto B. Leguía
i. Reunión social en el Club Naval del Callao
j. “Picnic” ofrecido por los condes de Canevaro en el fundo Caudivilla (Carabayllo)
k. “Gimkana” en el en el hipódromo de Santa Beatriz organizada por el Lima Polo & Hunt Club
l. Incorporación a la Facultad de de Ciencias Políticas y administrativas de San Marcos como miembro honorario
m. Velada en la Biblioteca Nacional organizada por Ricardo Palma
n. “Garden Party” ofrecido por el alcalde de Lima, Federico Elguera, en el Parque de la Exposición

El día de la inauguración del monumento, el 5 de noviembre de 1905, Sáenz Peña, vestido de uniforme de gala de general peruano, frente al bronce que inmortalizaba al Héroe del Morro, pronunció las siguientes palabras: Coronel Bolognesi; uno de tus capitanes vuelve, de nuevo a sus cuarteles, desde la lejana tierra Atlántica, llamado por los clarines que pregonan tus hechos esclarecidos desde el Pacífico hasta el Plata, y desde el Amazonas hasta el seno fecundo del golfo de México… Yo vengo desde la ruta de mi consecuencia, siguiendo la estela roja de mi coronel, fulgor de grana que conmovió el Pacífico con las tempestades de la guerra y que hoy contemplo alumbrada por los resplandores de la paz en el fausto concierto de la gratitud, en la marcha triunfadora del engrandecimiento nacional.Hoy, en la cuadra 5 de la avenida Javier Prado oeste, los limeños pueden apreciar un monumento a Sáenz Peña, obra del escultor nacional José Vivanco Quintanilla.

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El arco de Santa Clara (Cuzco)

Es uno de los pocos símbolos que quedan de la Confederación Perú-boliviana. Fue mandado a construir por el mariscal Andrés de Santa Cruz, en 1835, para celebrar la unión del Perú y Bolivia en la ya mítica Confederación. Su diseño es muy bello y, según el arquitecto José García Bryce, puede considerarse el arco republicano más bello del Perú: la forma se inspira directamente en la de los arcos romanos de tres luces enmarcadas por columnas sobre pedestale sen ambas caras, pero transformando este modelo considerablemente.


Un grabado del arco en 1863

Otro grabado del arco en el siglo XIX (al costado, el Colegio de Ciencias del Cuzco)

Actual vista del arco de Santa Clara (foto de Juan Luis Orrego)

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Nuevo libro: ‘Historiografía occidental: un tránsito por los predios de Clío’

Historiografía occidental. Un tránsito por los predios de Clío es un recuento sesudo y detallado orientado al conocimiento y definición de la historiografía en occidente. Desde los grandes maestros de la antigüedad como Herodoto, Tucídides y Jenofonte, hasta las nuevas tendencias, enfoques y puntos de vista como la etnohistoria, el estructuralismo y la interdisciplinariedad. Liliana Regalado de Hurtado es doctora en Historia y profesora principal del Departamento de Humanidades PUCP. Es autora de El rostro actual de Clío. Historiografía contemporánea: desarrollo, cuestiones y perspectivas y Clío y Mnemósine. Estudios sobre historia, memoria e historia del tiempo reciente, obra con la que obtuvo el Premio Anual de Investigación PUCP 2007. El libro será presentado el miércoles 10 de noviembre a las 6 p.m. en la Sala de Grados de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP. Los comentarios estarán a cargo de Claudia Rosas y Francisco Quiroz.
El ingreso es libre. Sigue leyendo