Archivo por meses: mayo 2010

Historia de las tiendas por departamentos en Lima (1)


Hermoso local de Oeschle, inaugurado en 1917, en el Portal de Botoneros (Plaza de Armas)

Entre finales del siglo XIX e inicios del XX, cuando Lima y su elite pretendían emular a París, alentadas por el crecimiento económico, empezaron a aparecer en el centro de la ciudad una serie de tiendas o almacenes que importaban toda clase de artículos, básicamente europeos. Estos negocios, regentados en su mayoría por inmigrantes, traían ropa, artefactos electrónicos, instrumentos musicales, bicicletas, muebles, máquinas de escribir y un sinfín de mercaderías que eran la aspiración de toda familia limeña, interesada por emular el estilo de vida y el consumo de la burguesía del Viejo Continente. Sin embargo, estas tiendas eran relativamente “especializadas”, pues se dedicaban a traer un rubro específico para cubrir el mercado de consumidores. Quizá las tiendas de los chinos eran las que ofrecían la mayor variedad de productos, aunque su público objetivo eran los grupos populares y algunas familias de “clase media”.

También existían, al igual que en las demás capitales latinoamericanas, tiendas o sucursales de los grandes almacenes europeos que se dedicaban a traer artículos europeos o norteamericanos por pedido, a través de catálogos. Almacenes famosos, como los parisinos La Maison du Bon Marche o Galerie Lafayette, tenían “oficinas” en nuestra capital y los limeños podían soñar con algún artículo de lujo o una exclusividad. Incluso, había tiendas donde se podían adquirir obras de arte; por ejemplo, esculturas de mármol italiano para decorar casas, jardines, tumbas en el Cementerio General y algunos espacios públicos. Cabe destacar que, paralelamente a la instalación de estos modernos negocios, la publicidad también avanzaba, y en los periódicos y revistas de la época se promocionaban toda clase de artículos en avisos muy sofisticados por sus diseños y mensajes.

Pero, hasta 1917 , Lima no contaba aún con una tienda por departamentos o un gran almacén como había en París, Londres o Nueva York (el primero de estos grandes almacenes fue La Maison du Bon Marche, fundado en París en 1852). Ese año se abrió Oeschle, una gran tienda de cuatro pisos, en la Plaza de Armas, que ofrecía una amplia variedad de productos orientados a cubrir diversas necesidades como ropa para damas, caballeros y niños, menaje del hogar, decoración, juguetes, etc. El hermoso edificio de la Casa Oeschle era propiedad del inmigrante alemán Augusto Fernando Oeschle quien, desde 1888, había abierto en Lima una pequeña tienda dedicada a la venta de hilos, botones y encajes traídos de Europa. Pronto el negocio creció con la llegada de textiles, perfumes, juguetes y demás artículos hasta que el empresario alemán, en 1917, decidió dar el gran salto y abrir la primera tienda por departamentos entre el portal de Botoneros y el Pasaje Olaya. Cabe destacar que la firma Oeschle siempre se destacó por su innovación, elemento clave en este tipo de negocios, no solo en los artículos que importaba sino en la infraestructura del local. El señor Oeschle, por ejemplo, antes de abrir el gran almacén en el Portal de Botoneros, instaló en su tienda el primer ascensor que operó en Sudamérica. Pero si algo recuerdan los limeños de entonces de Oeschle eran los juguetes que traía la tienda, tanto así que, en los años treinta, la sección juguetes se “independizó” y la empresa abrió la que fue la juguetería más importante de Lima. Otro servicio que ofrecía Oeschle era la venta por catálogo. Si un cliente no encontraba lo que necesitaba en la tienda, lo podía pedir de cualquier lugar de Europa o Estados Unidos. En 1945, murió el fundador y fue reemplazado por su hijo Alex Oeschle Pruss.

Lógicamente, con los años, le vino la competencia a Oeschle. A inicios de la década de los cincuenta, la familia Brescia le vendió una manzana de los terrenos que tenía en San Isidro a la firma norteamericana Sears Roebuck, que ya operaba en Lima a través de una oficina de venta por catálogos. El local del nuevo gran almacén de Sears, proyecto del arquitecto Linder, se abrió en 1953, en lo que era una chacra, frente al tranvía Lima-Chorrillos, en la actual Vía Expresa, cuadra 32 del Paseo de la República. Era una tienda de venta de artículos para el hogar y de ropa; asimismo, tenía su cafetería o snack bar. En sus primeros años, el éxito de Sears consistió en que la mayor parte de su mercadería era importada y que su sistema de crédito era más flexible que las otras tiendas de Lima. Cabe destacar que su frase, “Entera satisfacción o la devolución de su dinero”, se convirtió en el lema primordial de la empresa. Con los años, Sears abrió cuatro locales más en la capital: en el Jirón de la Unión (cuadra 5), en Miraflores (cuadra 7 de la avenida Larco), en Pueblo Libre (avenida Sucre) y en Plaza San Miguel. Sears se transformó, en 1984, en SAGA (siglas de la empresa colombiana “Sociedad Andina de Grandes Almacenes”); en 1996, la compró la chilena Falabella.


Local de Sears en San Isidro, inaugurado en 1953

Interior de Sears de San Isidro

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Nuevo Libro: ‘Los Checa en la Audiencia de Quito y en el Perú’

La Directora del Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú y el Presidente del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas tienen el agrado de invitar a usted a la presentación del libro Los Checa en la Audiencia de Quito y en el Perú, del doctor Ernesto A. Spangenberg Checa, conmemorando el 70° aniversario de la fundación del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. La cita es el jueves 13 de mayo a las 7:00 p.m. en el Jirón Camaná 459, Centro Histórico. Playa de estacionamiento disponible en Jirón Camaná 435.

Este libro, genealógico e histórico, cuenta la historia de la familia que fundó don Ignacio de Checa y Carrascosa de la Torre, abogado andaluz (1720-1785), a quien la corona española nombró en 1757 corregidor de Loja y Zamora en la Audiencia de Quito. De su casamiento con una criolla quiteña, doña Josefa Cabrera de Barba y Guerrero, nacieron diez hijos varios de los cuales cumplieron funciones de gobierno durante los últimos años del dominio español y la época de la Independencia, tanto en los territorios que después serían Ecuador como en el norte del Perú. Algunos de los Checa brillaron en el norte peruano como agricultores visionarios y benefactores públicos. También como educadores, hombres de letras, diplomáticos, legisladores, jueces. Su presencia ha quedado marcada en la historia regional.

La presentación estará a cargo de los señores: Jaime Velando Prieto, y doctor Fernando Jurado Noboa, miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador.

Margarita Guerra Martinière y Diego J. Herrera Vegas agradecen su asistencia.

Mayores informes a los teléfonos 626-6600 anexos 6601-6602 -6618. Visite nuestra página web e infórmese: http://www.pucp.edu.pe/ira o escriba a los correos electrónicos ira@pucp.edu.pe e dira@pucp.edu.pe.

Sobre el autor.- Ernesto A. Spangenberg Checa, nació en Buenos Aires en 1945, hijo de padre argentino y madre limeña. Ha sido funcionario judicial y Juez Federal. Desde hace treinta años ejerce su profesión de abogado. Enseñó en la Universidad de Buenos Aires. Genealogista, presidió el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas durante quince años (1994-2009). Es miembro correspondiente del Instituto Peruano de Investigaciones Genealógicas, del Instituto de Estudios Militares del Perú y de la Sociedad Amigos de la Genealogía (S.A.G.) del Ecuador. Lo es en España de la Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. Vinculado a San Miguel de Piura, integra la Asociación Cultural Tallán, que nuclea a estudiosos de la historia, costumbres y letras de esa región. Ha dictado conferencias y publicado diversos trabajos de carácter genealógico en España, Perú, Bolivia, Guatemala y Argentina.

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Nuevo libro: ‘Pensamiento y acción: la filosofía peruana a comienzos del siglo XX’

La directora del Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú invita a la presentación del libro Pensamiento y acción. La filosofía peruana a comienzos del siglo XX, de Pablo Quintanilla, César Escajadillo y Richard Orozco. La cita es el jueves 6 de mayo a las 6:00 p.m, en el Auditorio de Humanidades de la PUCP. (Avenida Universitaria 1801, San Miguel).

Este libro se propone reconstruir y analizar las dos tradiciones que tuvieron mayor influencia en el desarrollo de la filosofía peruana a comienzos del siglo XX: el espiritualismo francés y el pragmatismo estadounidense, concentrándose en la recepción que hubo en el Perú de Henri Bergson y de William James. Al hacerlo, no solo se interesa por desentrañar los matices conceptuales de uno de los momentos de mayor vigor filosófico en el pensamiento nacional, sino también la vinculación que estos debates intelectuales tuvieron con los procesos históricos y sociales que vivió el Perú en aquellos años. El libro ha sido publicado por el Instituto Riva-Agüero de la PUCP, año 2010.

Margarita Guerra Martinière agradece su asistencia.

Instituto Riva-Agüero
Pontificia Universidad Católica del Per
Jr. Camaná 459 – Lima 1
Teléfonos (5 11) 626-6600 y (5 11) 626-6602
Fax (5 11) 626-6618
e-mail: dira@pucp.edu.pe
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Historia de los Alcaldes de Lima: Luis Bedoya Reyes y Eduardo Dibós Chapuis

Luis Bedoya Reyes (1964-1970).- Fue el primer alcalde de Lima por votación popular; además, gobernó la ciudad por dos periodos consecutivos. En 1963, postuló por la alianza AP-DC y obtuvo el 49% de los votos frente a la candidata de la oposición APRA-UNO, doña María Delgado de Odría, que se quedó con el 44% de los votos. Luego, en las elecciones de 1966, repitió el triunfo con el 51% de los votos, esta vez frente al ingeniero Jorge Grieve, candidato de la Coalición. Sus dos administraciones estuvieron dedicadas a modernizar la municipalidad de Lima, imponiendo un nuevo concepto en la gerencia. Como todos recuerdan, su mayor obra fue la construcción de la Vía Expresa del Paseo de la República; también levantó el nuevo Mercado Central, el paso a desnivel de la plaza Unión, el monumento a Ramón Castilla, el nuevo Puente del Ejército, el Puente Dueñas, el ensanche de los jirones Cuzco y Riva-Agüero (ex-Arequipa), la biblioteca municipal “Garcilaso de laVega”, el asfaltado de la avenida Perú, el Paseo de flores y vivanderas del Parque de la Reserva, la prolongación de la avenida aviación, entre otras obras; asimismo, ante el cierre del sistema de tranvías, impulsó la circulación de los primeros bussings.


Luis Bedoya en las obras del “Zanjón”

Eduardo Dibós Chappuis (1970-1973).- Deportista, corredor de autos y personaje de gran carisma, en 1970 fue nombrado Alcalde de Lima por el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado. Con el objetivo de modernizar Lima y celebrar el Sesquicentenario de la Independencia, se propuso hacer un circuito de amplias avenidas en el centro histórico de Lima, como la avenida de la Emancipación (ampliando la estrecha calle Arequipa y tumbando la casa Beltrán), y los jirones Lampa y Camaná. También inauguró la “Portada China” donada por la colonia china, el 12 de noviembre de 1971, en la calle Capón. Finalmente, dio impulso a la construcción del circuito de playas de la Costa Verde (cuyo “ideólogo” fue al arquitecto y alcalde de Miraflores Ernesto Aramburú Menchaca). Falleció, estando en el cargo, el 15 de octubre de 1973. Es uno de los alcaldes más recordados.


Casa Beltrán, demolida para la construcción de la avenida Emancipación

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Historia de los Alcaldes de Lima: Luis Gallo Porras (1934-37 y 1948-49)


Monumento a Pizarro en el atrio de la Catedral de Lima, colocado en las celebraciones por el IV Centenario de la fundación española de Lima

Si bien gobernó nuestra ciudad en dos periodos, el primero es el que más se recuerda por haber coincidido con el IV Centenario de la fundación de Lima. Durante esos años, Gallo Porras continuó, en lo básico, la expansión de Lima diseñada en los años 20 por Leguía e interrumpida por la crisis económica que estalló en 1929. Superada parcialmente aquella dura coyuntura, su administración se destacó en estos puntos:

1. Se culminaron las obras complementarias y de ornato de la Plaza San Martín.
2. Se construyó el primer tramo del Paseo de la República (desde el final de los jirones Unión y Carabaya hasta el Parque de la Exposición.
3. Se ejecutó y concluyó la avenida Salaverry, que unía la plaza Jorge Chávez con la avenida del Ejército (fue inaugurada el 5 de octubre de 1936).
4. Se construyó un nuevo puente sobre el río Rímac, el Puente del Ejército (en la prolongación de la avenida Alfonso Ugarte). La construcción de este cuatro puente (existían los puentes de Piedra, el Balta y el de palo) fue realizada a medias entre el Ministerio de Fomento, que hizo la estructura de acero, y la Junta Pro Desocupados, que hizo los terraplenes y el movimiento de tierra para reducir el cauce del río de 500 a 60 metros. Constituido por una estructura de acero de 60 metros de longitud y 13 metros de ancho, fabricada en la planta Gute Hoffnunghuste, la obra fue adjudicada a la firma alemana Ferrostaal-Essen, y fue inaugurada el 31 de diciembre de 1936.
5. Se inauguró la pista del nuevo aeropuerto de Limatambo el 3 de diciembre de 1935.
6. Se implantó el sistema automático en el servicio telefónico de Lima y Miraflores que entró en funcionamiento el 13 de septiembre de 1936; luego se hizo extensivo, gradualmente, para el Callao, San Isidro, Barranco, Chorrillos, Magdalena y San Miguel.
7. Se remodeló (ensanchó) la avenida Wilson y su prolongación hasta La Colmena

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Historia de los Alcaldes de Lima: los años del Oncenio de Leguía


El presidente Leguía en las celebraciones del Centenario

Como sabemos, Lima experimentó una de sus mayores transformaciones durante los once años que gobernó Augusto B. Leguía. Entre 1919 y 1930, fueron alcaldes de la ciudad Manuel Yrigoyen Diez Canseco (1919-20), Ricardo Espinoza (1920), Pedro Pablo Mujica Carassa (1920-21), Pedro Rada y Gamio (1922-25), Andrés Dasso Hoke (1926-29) y Luis Albizuri (1930). De todos ellos, los más significativos, además por su estrecho vínculo con el Presidente, fueron Pedro Rada y Gamio y Andrés Dasso. Sin embargo, como coincide la mayoría de historiadores, el verdadero alcalde de la ciudad fue el mismo Leguía. Podríamos decir, sin ninguna exageración, que Leguía estuvo por encima de los alcaldes y que él, con un grupo de empresarios, fue el que diseñó la transformación de la ciudad.

En estos años, al margen de los “regalos” que recibió Lima por las celebraciones del Centenario, el gobierno y el capital privado invirtieron buena parte de tiempo y dinero en modernizar la antigua ciudad de los virreyes. Se inauguró la Plaza San Martín y el monumento al Libertador argentino en 1921; en la misma Plaza, por iniciativa privada, se construyeron el Hotel Bolívar y el Teatro Colón. Se abrieron nuevas avenidas como Leguía (hoy Arequipa), Progreso (hoy Venezuela), La Unión (hoy Argentina), Nicolás de Piérola, Costanera y Brasil; se construyeron algunos edificios públicos como el Ministerio de Fomento, el Palacio Arzobispal y otros se reconstruyeron como el Palacio de Gobierno luego del incendio de 1921; también se iniciaron las obras del edificio del Congreso y el Palacio de Justicia. Se fundaron nuevos barrios o distritos como La Victoria, Santa Beatriz, San Isidro, Magdalena del Mar y San Miguel. Se construyó la Atarjea para brindar de agua potable a Lima y se hicieron obras de alcantarillado.

Para el Centenario de 1921, Lima fue, como soñaba Leguía, la gran capital latinoamericana. Las colonias de extranjeros residentes en el Perú no se quedaron atrás y embellecieron la capital con valiosos obsequios: los alemanes regalaron la Torre del Reloj del Parque Universitario; los italianos el Museo de Arte Italiano; los ingleses el antiguo estadio de madera; los franceses una estatua a la Libertad; los españoles un Arco Morisco; los chinos una gran Fuente de Mármol; los belgas el monumento al Trabajo; los japoneses el monumento a Manco Cápac en el barrio de La Victoria; los norteamericanos un monumento a George Washington; y los mexicanos la efigie del Cura Hidalgo. Luego, para el Centenario de 1924, se inauguraron los monumentos al almirante Du Petit Thouars y al general Sucre; también el Museo Arqueológico, el Hospital Arzobispo Loayza, las salas Bolívar y San Martín en el Museo Bolivariano (hoy Nacional de Antropología e Historia), el Palacio Arzobispal y el Panteón de los Próceres. Y como si esto fuera poco, en un acto verdaderamente insólito, se plantó el “árbol del Centenario”.

Para el arquitecto Juan Günther, durante el “Oncenio”, se inició en Lima y en su área de influencia inmediata, tres procesos urbanos que darían paso a la transformación radical de su tejido urbano tradicional hacia la ciudad actual:

1. Un cambio, brusco para la época, del índice de crecimiento demográfico
2. Una evolución del concepto de vida urbana por parte de sus habitantes (siguiendo el molde norteamericano, con el uso del automóvil y la mudanza de las familias de la elite fuera del centro histórico).
3. El inicio de la destrucción sistemática de los edificios tradicionales del centro histórico para ser reemplazados por oficinas de edificios de varios pisos.

Finalmente, esta época representó el último intento del estado peruano de modernizar su capital tratando de convertirla en una ciudad todavía armónica. En otras palabras: el gobierno de Leguía es la rótula entre la Lima de antaño, de la que nos hablan sus cronistas, muy “románticos algunos, y la Lima de hoy.


Inauguración de la plaza San Martín

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Historia de los Alcaldes de Lima: los años de la República Aristocrática


Postal de Lima con el retrato del alcalde Federico Elguera (fuente: limadeayer.comli.com)

La ley electoral de 1896 estableció que las elecciones edilicias se hicieran por votación directa de los vecinos, peruanos o extranjeros, de 21 años o casados, y que supieran leer y escribir. Así, los municipios emanados del sufragio popular revolucionaron la administración urbana, especialmente la de Lima. Esta ley le dio a nuestra ciudad una serie de buenos alcaldes, como Juan Martín Echenique, Federico Elguera, Guillermo Billinghurst, Nicanor Carmona (bisabuelo de Alberto Andrade Carmona), Luis Miro Quesada de la Guerra y Manuel Irigoyen Diez Canseco. De esta lista, destacamos tres administraciones edilicias, las de Elguera (cuya administración fue la más larga y activa), Billinghurst (futuro presidente del Perú) y Miro Quesada (con quien los limeños consumieron, por vez primera, agua potable).

Federico Elguera Seminario (1901-1908).- Nació y murió en Lima (1860-1928), fue escritor, se educó en París y estudió Letras y Derecho en San Marcos. Durante la guerra con Chile, integró la “Legión Carolina” de San Marcos y participó en la batalla de Miraflores. Fue diputado por Yauyos y, en 1899, viajó a Buenos Aires, urbe cosmopolita y de notable adelanto metropolitano, factores que influyeron en su visión drástica de la modernización de nuestra capital; también hizo un viaje por Europa, donde se dio cuenta, una vez más, de lo rezagada que estaba Lima en materia de infraestructura y vida cultural. Como alcalde de Lima, en su gran “esfuerzo civilizador”, entre sus obras más importantes, figuran:

1. La modernización de la Plaza de Armas
2. La inauguración del monumento a Bolognesi
3. La construcción del mercado de la Aurora y del Baratillo
4. La pavimentación y el asfaltado de las calles de Lima.
5. La iluminación eléctrica de la capital.
6. La promoción del transporte con tranvías eléctricos.
7. En el aspecto sanitario, canalizó las aguas servidas, inauguró baños públicos, dotó de agua potable al Parque de la Exposición, creó el instituto de bacteriología y el lazareto para leprosos.
8. En el ámbito cultural, inauguró la pinacoteca Ignacio Merino e impulsó la construcción del hoy Teatro Segura, inaugurado como teatro municipal el 14 de febrero de 1909.

Escribió en El Comercio con el seudónimo de “Barón de Keef”; junto a Federico Blume, escribió Letrillas satíricas para diferentes medios y tradujo varias obras al castellano. Como destacado intelectual, ejerció en forma exitosa cargos diplomáticos. Posteriormente, fue designado presidente de la Comisión Centenario de la Independencia.

Guillermo Billinghurst (1909-1912).- Desde la alcaldía de Lima, Billinghurst se consagró como el “benefactor de los pobres”, ganando un indiscutible apoyo popular al realizar obras de canalización y agua potable que mejoraron el pobre saneamiento urbano, construir viviendas para los obreros y abaratar los precios de las subsistencias. Fue la primera autoridad “populista” del Perú moderno. En su Memoria de 1910 como alcalde escribió: “Mientras que en Lima el callejón y el solar inmundo continúen arrancando al noventa por ciento de nuestro capital vivo no tenemos derecho a llamarnos un pueblo culto”. En efecto, durante toda su administración mostró preocupación por la situación en que vivían los sectores más pobres de Lima. En tal sentido, una de sus medidas más dramáticas ocurrió en 1911 cuando, con el pretexto de mejorar la ciudad y sus calles, mandó derribar el célebre callejón de Otaiza (muy sucio y hacinado), donde vivía una gran cantidad de chinos, y abrió la calle que viene a ser la actual séptima cuadra del jirón Andahuaylas. Dicha calle no existía en antes de 1911 y se conoce con el nombre de Billinghurst. La calle Capón quedó cortada con la construcción de esta calle (el famoso callejón Otayza quedaba en donde es la esquina del jirón Andahuaylas con el jirón Ucayali), pero esta medida no sirvió para que los chinos pudieran salir del centro (como algunos querían) sino que se quedaron en las inmediaciones creando el “barrio chino” que perdura hasta nuestros días.

Luis Miro Quesada de la Guerra (1916-1918).- Hasta 1917, los limeños no consumían “agua potable”, pues el agua proveniente de La Atarjea era producto de filtraciones, buena parte de la cual tenía su origen en acequias de regadío y, desde su captación, hasta su destino final, no tenía ningún tipo de tratamiento que la hiciera apta para el consumo humano. Para colmo de males, entre la población ni siquiera se había generalizado la costumbre hogareña de “hervir agua”. Bajo la administración municipal de esta época fue que, después de casi 400 años, la población de Lima por fin pudo usar y beber agua realmente potable. En mayo de 1917, gracias al impulso y gestiones del alcalde Luis Miró Quesada en materia de sanidad, se instaló en la Caja de Aforos, a la entrada de La Atarjea, una “Planta de Clorinación”, la primera de su género en el Perú. De esta manera, el agua llegaba purificada al reservorio de Ansieta antes de su distribución en la capital. Al poco tiempo también se comenzó a aplicar alúmina al agua para eliminar su turbidez.


Luis Miro Quesada de la Guerra

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Historia de los Alcaldes de Lima: Manuel Pardo (1869-1870)


Manuel Pardo

En 1869, una Junta de Notables nombró a Manuel Pardo y Lavalle en el sillón de Nicolás de Ribera. Por primera vez en la historia de la ciudad de Lima, según Carmen McEvoy, un alcalde, al tomar posesión del cargo, expuso su programa de acción. Hubo tres puntos centrales en su discurso inaugural:

a. la creación de rentas al Consejo
b. la fundación de escuelas municipales
c. la limpieza y embellecimiento de la ciudad

En efecto, para cumplir su plan de gobierno, Pardo:

1. Buscó rentas alternativas, como el impuesto predial, y el pago de los usuarios por el sistema de canalización del agua; también gestionó un préstamo de 100 mil soles, el primero en la historia municipal.

2. Estas rentas fueron invertidas al mejoramiento de la higiene y el embellecimiento de Lima; a la remodelación y empedramiento del mercado de la Concepción y del local del mercado de la Aurora; la canalización de las antiguas acequias que recorrían superficialmente la ciudad, envenenando con sus exhalaciones la atmósfera, los jardines y los paseos; la construcción de canales ce desagües; el empedrado y el cambio de nomenclatura de las calles

3. Respecto a las escuelas para la educación popular, Pardo opinaba que el estado había descuidado este rubro, denunciando la negligencia y el abuso (corrupción) en a la administración educativa. Insistió en la necesidad de una reorganización completa que contemplara locales, profesores, mobiliario y población para las escuelas. Durante la gestión de Pardo, el número de alumnos creció de 500 a 2,097. También intentó estimular, mediante premios, el cumplimiento de los deberes cívicos en los sectores populares, tanto a los alumnos, padres de familia como profesores.

4. Respecto a las fiestas cívicas, en la celebración del 2 de Mayo se premió a los huérfanos o viudas de las víctimas; también se hicieron desfiles y recordatorios. Con ocasión de las Fiestas Patrias, se inauguró una Exposición Industrial, la primera que tuvo lugar en el Perú. En ella, se dieron premios a las compañías de bomberos y a los artesanos.

Finalmente, las obras de saneamiento urbano que emprendió Pardo las hizo, en parte, por la experiencia traumática que significó la epidemia de fiebre amarilla que azotó Lima en 1868, cuando Pardo era director de la Beneficencia Pública de Lima. Asimismo, su experiencia en la alcaldía de Lima, sobre todos sus preocupaciones por la educación del pueblo, le servirían de mucho para, luego, postular a la presidencia de la República en las elecciones de 1871.
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