Día de la Independencia de México


Ángel de la Independencia en México DF (foto de Juan Luis Orrego)

Ayer 16 de septiembre, los mexicanos recordaron los 199 años del inicio de su proceso independentista cuando, en 1810, se levantó el cura Miguel Hidalgo. A diferencia del movimiento separatista peruano, liderado por criollos y con objetivos sociales limitados, el mexicano tuvo en sus inicios una base popular importante y planteó reformas sociales radicales. Primero se produjo una revolución social (Hidalgo/Morelos) que desembocó en el fracaso; luego, una larga contrarrevolución; y, por último, el triunfo de una revolución conservadora conducida por el general Iturbide, quien se coronó emperador con el nombre de Agustín I.

Antes de la independencia, la aristocracia mexicana estaba compuesta por unas 50 familias que acaparaban gran número de funciones económicas y cargos públicos. Un grupo cuyos miembros eran en su mayoría españoles y que hacían fortuna con el comercio ultramarino; invertía sus beneficios en las minas y haciendas y operaba sobre todo en la exportación. Otros grupos se dedicaban a la minería y a la agricultura que abastecía al sector minero. Todos ellos gastaban mucho en ostentación, mantener su posición social dentro del ejército y favorecer a la Iglesia. También preferían aliarse con la burocracia de la monarquía, por matrimonio o interés, que enfrentarse con ella. Sabían que su influencia tenía un límite, que España dificultaba el desarrollo mexicano, que gravaba la riqueza de México y administraba ese territorio como una colonia. Pero aunque todo esto los distanciase de los Borbones, no por ello se inclinaban a la independencia.

1. La revolución social.- Fue Miguel Hidalgo y Costilla (1810), párroco criollo del pueblo de Dolores, quien se sublevó contra el estado español tras el fracaso de la Junta de Querétaro (movimiento criollo en el cual había participado). Junto a 60 mil pobladores de Guanajuato, en su mayoría indígenas, dio el Grito de Dolores en el que postuló la independencia de España, una reforma agraria radical y declaró abolidos el tributo y la esclavitud. Provocó una contrarrevolución; derrotado y ejecutado por las fuerzas criollas y españolas, es considerado en México el “padre de la independencia”. Luego, José María Morelos (1813-1814), párroco mestizo, tomó el mando de la primera revolución social luego de la ejecución de Hidalgo. Intentó salvar la revolución de la anarquía y la violencia indiscriminada y, sin abandonar los objetivos sociales radicales, intentó ampliar su base política; los criollos no le respondieron. Fue capturado y ejecutado.

2. La contrarrevolución.- Los grupos guerrilleros sobrevivientes, inconexos y distribuidos por todo el país, fueron atacados sistemáticamente por el ejército realista organizado por el virrey Calleja (algo así como un “Abascal” en el Virreinato mexicano). El enérgico Calleja fue sustituido, en 1816, por el moderado Juan Ruiz de Apodaca. Pero tuvo que enfrentarse en 1817 al movimiento independentista acaudillado por el guerrillero español Francisco Javier Mina quien, para combatir el absolutismo de Fernanado VII, marchó a México y organizó un movimiento con la ayuda inglesa y norteamericana. Mina fracasó en su intento de tomar Guanajuato y fue fusilado en 1818.

3. La revolución conservadora.- Fue Agustín de Iturbide (1821), un militar y terrateniente criollo que luchó junto a los españoles contra Hidalgo y Morelos, quien lideró un movimiento antiespañol y antipopular cuando España volvió al liberalismo (1820) y llevó a México a la independencia (1821). Sus ideas conservadoras quedaron plasmadas en el Plan de Iguala. Su conservadurismo político y social se expresó en su forma de gobierno, un imperio con él como emperador (1821-1823); forzado por los republicanos a la abdicación y el exilio, intentó volver en 1824, y fue capturado y fusilado.

El Plan de Iguala pretendía una nación católica y unida en la que españoles y mexicanos serían iguales, las distinciones de castas serían abolidas y los cargos estarían al alcance de todos los ciudadanos. El nuevo régimen, sin embargo, fue pensado para ser aceptado por las masas, no para que las beneficiara. El Plan garantizaba la estructura social existente. La forma de gobierno sería la monarquía constitucional. Las propiedades, privilegios y doctrinas de la Iglesia eran preservados. Las propiedades, derechos y cargos de todos aquellos que lo tuvieran quedaban garantizados, con la excepción de los que se habían opuesto a la independencia. El plan creaba así las tres garantías: la religión, la independencia, la unión.

A modo de conclusión.- En México, la elite criolla aspiraba a la autonomía dentro de una monarquía constitucional, pero fue derrotada por los absolutistas en 1808 y desbordada por los insurgentes en 1810. Las rebeliones populares dirigidas por los curas Hidalgo y Morelos provocaron una reacción realista muy dura, que los criollos consideraron preferible a la anarquía. Pero la contrarrevolución defraudó las esperanzas de reforma y autonomía que los criollos habían concebido, los cuales, entonces, se acogieron con alivio al término medio que les ofrecía el general Iturbide: independencia con ideología reformista, pero sin cambio social. Esta revolución conservadora encontró en la Iglesia una aliada.

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