Archivo por meses: enero 2009

Los balnearios del sur de Lima: San Bartolo (2)

Los orígenes del San Bartolo moderno se remontan a principios del siglo XX y están vinculados a los pescadores de Chilca. Uno de ellos fue Román O. Gentile Huapaya, hijo de un inmigrante italiano y de una chilcana. Gentile solía recorrer la playa de lo que entonces solo se conocía como Curayacu. En 1921 le mostró las playas a un antiguo amigo suyo, Juan Borea Carboni, y juntos decidieron fundar un pueblo en sus alrededores. Cuenta la tradición oral que Borea quería ponerle San Bartolomé, en memoria de su padre, pero Gentile argumentó que ya existía un pueblo con ese nombre y que, por tanto, era mejor ponerle San Bartolo, y así se quedó.

Juan Borea Carboni fue quien se encargó de hacer los trámites ante el gobierno y convencer a inmigrantes italianos, españoles y alemanes a establecerse en el nuevo pueblo o al menos construir una casa de veraneo. Uno de los primeros inmigrantes en veranear fue Klaus Schmitz. A partir de 1934, un nuevo grupo de pescadores, en su mayoría provenientes de Chilca, llegaron a San Bartolo para quedarse. Entre ellos sobresalieron Flaviano Manco -y su esposa Eulogia Navarro Carrillo-, Antonio Carrillo Huapaya, y Emiliano Huambachano Ramos. El matrimonio Manco-Navarro fue la priemra pareja en establecerse permanentemente en San Bartolo y fueron los dueños del primer restaurante, “El Patillo”.

Cuentan que cuando Gentile y Borea recién comenzaban a ejecutar sus planes para el desarrollo del nuevo balneario, organizaron una misa para bendecir la playa y darle el nombre de San Bartolo. Luego de la misa, colocaron una cruz de cemento y fierro en el “Cerro del Bufadero”, como una forma simbólica de tomar posesión de la playa. La cruz fue hecha por el italiano Cayetano Gaona. Cuentan que, alrededor de 1957, la cruz desapareció, según algunos por orden de la municipalidad, según otros porque se cayó sola producto del paso de los años. La tradición oral cuenta que Román Gentile subió al cerro y, excavando, encontró los restos de la Cruz y se los llevó a su casa. La población le pidió que la Cruz original fuera repuesta y así se hizo (Carlos Augusto Rivas, vecino de San Bartolo, dice que la Cruz original se encuentra deteriorada y que no es posible su restauración).

En los años cuarenta, Juan Enrique Campero crea la Rural Sociedad Anónima que comienza a urbanizar San Bartolo con el objetivo de convertirlo en lugar de veraneo para familias limeñas. Así comienzan aaparecer las primeras casas de “material noble” y algunos antiguos veraneantes se establecen de forma definitiva. En 1946, San Bartolo se convierte en distrito y Juan Enrique Campero es su primer alcalde. El edificio municipal, que mantiene un impecable estilo barco, fue construido poco después.

Con el crecimiento de San Bartolo aumentaron las necesidades de sus habitantes, quienes estaban cansados de tener que viajar hasta Chilca o Lurín para escuchar una misa. Fue así como los vecinos decidieron construir la Ermita de San Bartolo. Fue inauguarada en 1949 y la madrina fue nada menos que María Delgado de Odría, esposa del presidente del Ochenio. Así empieza el “romance” del general Odría con San Bartolo. Al “General de la Alegría” le gustó tanto el nuevo balneario que decidió construirse una casa para pasar el verano y dejar la vieja residencia de la Perla en el Callao. Además, Odría ordenó construir pistas en todo San Bartolo, incluyendo aquellos lugares donde aún no había casas. Pero para que no lo acusaran de favoristismo, también impulsó la urbanización -como vimos- de Punta Negra y Punta Hermosa (la casa de Odría está muy cerca de la Municipalidad).

A medida de que el balneario iba creciendo, se vio la necesidad de que los vecinos se asociaran. Así se fueron creando los primeros clubes, como el Club Deportivo San Cristóbal, fundado por Teodoro Rodríguez Javier. Pero sin lugar a dudas, el club más importante fue el Club de Pesca y Deportes Náuticos de San Bartolo, fundado en 1954 por iniciativa de Carlos Leigh Barreto y Carlos Pastrana Vélez. El Club fue el centro de las fiestas del carnaval y de otras actividades de esparcimiento de residentes y veraneantes. Más tarde, en 1959, Arturo Pie, Arturo Fulema y Juan Cabreizo, entre otros, fundaron el Club de Golf Cruz de Hueso (1959); este club se ubicaba en la Quebrada de Cruz de Hueso, en el límite con Punta Negra.

En los años ochenta, un grupo de pilotos de la antigua empresa de aviación Aeroperú decidió organizar la Asociación de Aviones Ultralivianos del Perú. A partir de ese entonces, el vuelo de aeronaves ultraligeras se convirtió en parte del paisaje no solo de San Bartolo sino también de otros balnearios de la zona. Un detalle curioso acerca de los clubes de San Bartolo es que a pesar de ser un balneario donde se practica mucho el surf, el Club de Tabla de San Bartolo recién se creó en 2004. Sin lugar a dudas, las playas de San Bartolo presentan varios atractivos. “Playa Norte” es ideal para la práctica del surf; por su parte, “Curayacu” y “Playa Sur” presentan paisajes extraordinarios; uno de los atractivos naturales más distintivos es el célebre “Bufadero”.


Vista parcial de la playa y del Club Náutico de San Bartolo



Lafamosa casa del general Odrìa tal como luce hoy

La Ermita de San Bartolo, inauguarada en 1949

El palacio municipal, interesante ejemplo de la “moda barco” de los años 50

En este local funcionaba el antiguo cine de San Bartolo
(fotos de Juan Luis Orrego)

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Los balnearios del sur de Lima: San Bartolo (1)

Nuestra historia de San Bartolo se remonta a los tiempos prehispánicos, en el sitio arqueológico de Cerro Paloma, donde se han encontrado restos de una antigüedad de 4 mil años. Se trata de huesos, dientes y otros restos humanos entre los innumerables conchales. Cerro Paloma debió tratarse de una pequeña aldea de horticultores y pescadores de unas 15 familias que dormían en viviendas de forma ovalada. La novedad de este asentamiento es que a cierta distancia de la zona hay una construcción cuadrangular de muros rojizos; es decir, ya existía una separación entre los espacios de vivienda y los locales públicos. En lo que discrepan los arqueólogos es en la función que cumplía este edificio rojizo: ¿Era un templo o un recinto para reuniones grupales? Más allá de la polémica, sabemos que los habitantes de Cerro Paloma fueron los primeros pobladores de una zona que mil años después reunirá a pescadores.

Un poco más allá del propio San Bartolo se encuentra el recinto de Curayacu, que algunos arqueólogos vinculan a Chavín. Los restos de huesos, conchas, piedras y alimentos han permitido determinar que los pobladores de Cuyrayacu eran pescadores que utilizaban pequeños anzuelos hechos con huesos y conchas. Además, se encontraron entierros individuales y comunales en que los muertos estaban en posición fetal. Entre los múltiples restos de una cerámica rojiza se encontraron dos estatuillas pequeñas de color chocolate; una de ellas fue llamada el “Bebé de Chocolate” y la otra es la famosa “Venus de Curayacu”, que recorrió hace poco México y París como parte de una exposición sobre la mujer durante el Perú precolombino. Hoy, esta “Venus” se encuentra en el museo de Pueblo Libre.

La zona que hoy ocupa San Bartolo luego fue ocupada por los Incas. Se cuenta que luego de recorrer y conquistar buena parte de los Andes, el inca Pachacútec se encontarba cansado y algo enfermo. Al llegar a la costa, se dirigió a una playa que, según contaban, tenía poderes curativos. Una vez instalado en el lugar sugerido, Pachacútec decidió entrar al mar para comprobar las cualidades de sus aguas. Dicen que el Inca no solo se curó de sus males sino que se sintió con tanta energía que exclamó curayacu, que traducido al castellano quiere decir “agua que cura”. No se sabe mucho de esta zona durante el periodo colonial. Curayacu vuelve a entrar en nuestra historia cuando desembarcaron en sus playas las tropas chilenas durante la Guerra del Pacífico.


Tropas chilenas en Curayacu


Playa de Curayacu

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Los balnearios del sur de Lima: Punta Negra

La playa “Punta Rocas” marca el inicio del distrito de Punta Negra. A diferencia de Punta Hermosa y San Bartolo, sus playas son amplias y de mar abierto. Luego de Punta Rocas, se encuentra una amplia playa llamada “El Puerto”, nombre curioso para una playa en la que no se puede sali a navegar. Un gran peñasco, conocido como “El Gigantón”, divide al “Puerto” de la “Bikini”, un apequeña playa encerrada entre peñascos en la que se encuentra el boquerón de Punta Negra. Luego sigue la “Playa Revés”, curioso nombre por su fuerte contracorriente o resaca que jala a los bañistas mara dentro; es la única playa de esta parte del litoral que tiene letreros que anuncian que está prohibido bañarse. Acercándonos a San Bartolo, se encuentran “Santa Rosa”, otra playa amplia con mucho espacio para caminar y disfrutar de la arena.

La vida de los años fundacionales de Punta Negra era muy apacible a pesar de algunos que otro conflicto entre los veraneantes (muchos de ellos de origen italiano como los Carbone, Danovaro, Cogorno, Figari, Renegri y D’Onofrio) y los residentes permanentes del pueblo (la mayoría de Chilca o “chilcanos”). La vida transcurría entre el mercado, la iglesia (especialmente en las fiestas del patrón San José) y el coliseo de gllos, que quedaba en el actual colegio de secundaria. Como no había electricidad en el distrito, el alcalde D’Onofrio (`pariente de los dueños de la fábrica de helados) hizo traer dos generadores. Este fue un recurso muy común en los balnearios del sur. En la entrada a Punta Negra, al frente de la antigua Carretera Panamericana, se encontraba la emblemática bodega de don Augusto, por muchos años la única del distrito. En la misma calle, aún se puede encontrar los dos primeros restaurantes, “El Pescadito” y el “Punta Negra”.

La vida de los veraneantes giraba en torno al Club Social y Deportes de Punta Negra, fundado en 1955 a orillas de la palya “Bikini”. Como el mar de Punta Negra no permite un club náutico, los deporttes más practicados eran el´fulbito, el vóleybol y la natación. Las competencias con los otrs balnerios eran muy comunes. Con el paso del tiempo, el juego de la paleta frontón se convirtió en el deporte más popular del club. Además de los deportes, el Club Social y Deportes Punta Negra se caracterizó, en sus primeros años, por sus celebraciones del carnaval: los corsos, los disfraces y las reinas del carnaval eran el centro de las celebraciones.

Por último, muchas zonas de Lima tiene su toque excéntrico o pintoresco y se convierte en su referente. El “Castillo Melgar” de Punta Negra es el ingrediente exótico de los antiguos balnearios del sur. Carlos Enrique Melgar, además de antiguo militante aprista y abogado de los personajes más pintorescos de la Lima de la segunta mital del siglo XX, como el ladrón “Tatán”, es el dueño de castillo. La construcció combina, sin ninguna simetría, muros de estilo neo inca con balcones coloniales, pagodas orientales y torres ojivales, además de estar decorada con los objetos más disímiles: un verdadero monumento a lo kitsch.


Balneario de Punta Negra (flickr.com)

“Castillo Melgar” en Punta Negra (flickr.com)

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Los balnearios del sur de Lima: Punta Hermosa

Luego del impulso que le dio el general Manuel A. Odría a San Bartolo, otros militares y arquietctos urbanistas se lanzaron a buscar nuevos lugares de veraneo. Es así como empiezan a poblarse playas que luego serían conocidas como Punta Hermosa y Punta Negra; ambos balnearios fueron elevados a la categoría de distritos en 1954.

Los primeros veraneantes que llegaron a Punta Hermosa solían pasar el día e irse. Sin embargo, la presencia de estos limeños de cñlase media y alta atrajo a pobladores de las zonas vecinas que vieron la posibilidad de hacer buenos negocios con los veranmeantes. Fue así que Matías Espichán y Francisca Huapaya, provenientes de la hacienda “Las Palmas” (Pachacamac), decidieron construir primero un pequeño kiosco y luego una csa en loq ue hoy es Playa Central o Playa Negra (la casa aún existe). Luego llegaron la familia Rosales (de Lurín), el pescador Godofredo Vásquez y Rufino Bermúdez, entre otros. Estos nuevos pobladores encontraron en la pesca, la albañilería y el comercio su fuente de ingresos.

Al mismo tiempo, las familias limeñas comenzaron a cosntruir sus casas de playa y a pasar más tiempo en Punta Hermosa. Así fueron llegando Juan Fassoli, David Howie, el coronel Francisco de sales Torres (quien sería el primer alcalde de Punta Hermosa), Gastón García Rada, Alejandro Wiese, Carlos Orezzoli, Jorge Bruce y Juan Camet, entre otros. Los confliuctos entre veraneantes limeños y residentes permanentes fueron relativamente frecuentes en los inicios del distrito.

A principios de los años sesenta, la alcaldía promovió la construcción de llamado “Barrio Obrero” de Punta Hermosa, como una forma de reconocer a los pobladores dedicados a la albañiolería y la pesca. Las faamilias fundadoras del nuevo barrio colocaron una cruz en el cerro cercanoa ssu viviendas como una forma de agradecer a Dios. Con el tiempo, estos pobladores rebautizaron al Barrio Obrero como “Urbanización Villa Santa Cruz”.

Además de las fiestaas de de Año Nuevo y Carnavales, los veraneantes celebraban la fiesta de la Virgen de Lourdes. No sabemso si las celebraciones religiosas eran tan exclusivas como las laicas, pero lo cierto es que los pobladores de la Villa Santa Cruz decidieron organizar una fiesta religioa propia. Luego de una discusión acerca de a qué Santo o Virgen debían celebrar, se les ocurrió hacer una fiesta en honor a la Santísima Cruz que, después de todo, le dio el nombre al barrio. Fue así que se creó la Hermnandad de al Santa Cruz de Punta Hermosa. Curiosamente, con el tiempo, las festividades de la Virgen de Lourdes desaparecieron paulatinamente, mientras crecían las de la Santa Cruz.

El balneaario de Punta Hermosa se llaamó, en un principio, “Roca Negra”, debido al color de los peñones que se encuentran en sus playas. Por esta misma razón el vecino distrito se llamó Punta Negra. No sabemos si se le cambió de nombre para evitar la repetición, sin embargo, la tradición oral cuenta que al ocultarse el sol su luz sereflejaba en el islote de la palya sur y los pobladores exclamaban qué hermosa de ve la punta, lo que derivó luego en “Punta Hermosa”. Sea como fuere el origen de su nombre, Punta Hermosa cuenta con hermosas playas como “Playa Norte”, “La isla”, “PLaya Central”, “Playa Negra”, “Playa Blanca” y “Kontiki”. En los años setenta se amplió el acceso a las otras playa del distrito como “El Silencio”, “Señoritas” y “Caballeros” (“Barcaza”).

La playa “Caballeros” es conocida entre los surfistas o tablistas como “Pico Alto”, porque todos los años, y solo en un día no determinado, las olas llegan atener cerca de 6 metros de altura. Al igual que en San Bartolo, el surf fue la pasión de lso veranteantes de Punta Hermosa. Esta pasión llevó a los deportistas a cometer locuras como la protagonizada por Felipe Pomay y Federico “Pitty” Block, quienes salieron a surfear inmeditaamente después del terremoro de mayo de 1970, con la ide de correr “lo que venga”, como efectivamente lo hicieron. Según cuentan, las olas llegaron hast los 15 metros de altura. Felipe Pomar también es famoso por haber ganado el Campeoato Mundial de Tabla que se realizó en 1965 en Punta Rocas. Él recuerda haber sido el único peruano en las finales y se decía a sí mismo: con llegar a las finales ya quedaste bien; ahora busca las olas más grandes y arriesga todo. Nadie ha entregado más, nadie se ha sacrificado más, nadie se lo merece más que tú. Estuvo a punto de ahogarse por no soltar la tabla (sin pita) en un revolcón corriendo hacia la izquierad. Saliendo del mar, después de la final, muchas personas bajaron del cerro y le dijeron: ¡Ganaste, ganaste! Él no les creyó hasta que anunciaron los resultados y entonces lo cargaron en hombros.

NOTA: Buena parte de la información sobre la historia de Punta Hermosa, Punta Negra, San Bartolo y Santa María me fue proporcionada por mi colega Martín Monsalve, a quien agradezco.


Playa Caballeros (Pico Alto) en Punta Hermosa (fotos: Juan Luis Orrego)

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Los balnearios del sur de Lima y su historia: introducción

Como sabemos, la costa peruana es una mina inagotable para los arqueólogos. Esta zona fue intensamente ocupada por grupos humanos desde hace por los menos 10 mil años hasta la llegada de los españoles, en el siglo XVI. Una de las zonas más ricas es la que corresponde a los actuales departamentos de Lima e Ica.

Cuando todos los veranos, miles de limeños se dirigen a los balnearios del sur, hasta Asia o Cerro Azul, no reparan que, durante todo el trayecto, descontando el célebre santuario de Pachacamac (en Lurín), hay una infinidad de restos prehispánicos que, en su mayoría, no se notan pues no hay “monumentalidad” y sólo pueden ser de interés para los arqueólogos. Sin embargo, hay algunos que ya están siendo puestos en valor y, aparte de su interés arqueológico, pueden convertirse en centros de gran atractivo turístico.

Por lo tanto, señores bañistas, los balnearios al sur de Lima no sólo sirven para disfrutar de las playas, comer un buen cebiche con sus cervezas o bailar en alguna fiesta de las discotecas del boulevard de Asia. También podemos ampliar esa oferta de “ocio” con alguna actividad de tipo cultural, “una aventura arqueológica”, y descubrir cómo vivían los antiguos habitantes de San Bartola, Chilca, Mala o Asia.

¿Cómo era el paisaje de nuestro litoral hasta el siglo XVI? Imaginemos el litoral donde se encuentran los balnearios del sur sin autopista, calles, casas, restaurantes o discotecas pero con abundante vegetación, como árboles frutales y terrenos cultivados con ají o maíz. Además, dispersas en este paisaje, se encontraban las viviendas de los campesinos y pescadores y, resaltando a lo lejos, se podía apreciar alguna huaca o centro ceremonial y los pobladores laborando alrededor de estos templos piramidales, casi siempre de adobe.

Desde que llegaron los conquistadores en el siglo XVI, hasta el día de hoy, este escenario ha sufrido muchas transformaciones, algunas muy traumáticas, como el avance del desierto; además, gran parte de lo que antes eran campos de cultivo ahora está bajo el implacable cemento. Donde antes se escuchaban los ruidos de la naturaleza y los instrumentos de labranza de los campesinos de antaño, ahora se oyen bocinas, motores de carros o la música estridente de esas discotecas que funcionan hasta el amanecer. Apenas quedan los restos de alguna huaca o vivienda como testigos de la vida de aquel entonces. El avance implacable de la “civilización”, el descuido de las autoridades y el saqueo de los “huaqueros” han hecho que casi nada pueda ser apreciado por el visitante de hoy. Como dijimos antes, salvo Pachacamac, sólo son visibles pocas estructuras que alguna vez fueron templos, viviendas o cementerios.

¿Cómo construyeron los templos y viviendas? Respecto a los templos, como el de Pachacamac, los constructores de la costa central peruana abrieron primero zanjas en el suelo para hacer los cimientos. Luego, levantaron paredes combinando las técnicas de adobe y tapia. A veces, la tapia está bajo los adobes, pero también hay casos inversos. Como parte final, enlucieron las superficies de las paredes para que tengan un acabado liso. Para esto, emplearon barro fino mezclado con una combinación de tierra muy cernida con restos vegetales. La tapia o tapial es una técnica de construcción rápida y eficaz que se ha mantenido en el tiempo y aún se puede observar en la construcción de casas en nuestra costa.
En un templo o centro ceremonial había áreas abiertas y techadas. Sabemos que techaban porque se han encontrado huecos en las paredes para sostener las vigas de las cubiertas; además, partes de los techos se han encontrado en los pisos de las habitaciones. El clima poco riguroso y las escasas lluvias de Lima no impusieron mayores exigencias en la construcción de los techos, los cuales fueron muy ligeros y sencillos, hechos con juncos o carrizos.

Por su lado, las casas de los campesinos y pescadores eran muy simples; estaban hechas de barro y tenían techos de junco o ramas. Las viviendas se encontraban dispersas, separadas unas de otras y salpicadas sobre el litoral. Cada vivienda era habitada por una familia nuclear (padres e hijos): entre 5 y 8 personas. Era mucha gente la que vivió en esta zona porque los valles fértiles de Lurín, Mala, Chilca y Asia permitieron tener cosechas abundantes y comida para abastecer a un gran contingente de habitantes. Esto sin mencionar, lógicamente, los inagotables productos que ofrecía el mar.

¿Qué comían? Los arqueólogos han observado en sus excavaciones restos de huesos, frutas y herramientas para preparar los alimentos. A parte de los productos del mar, hay restos de distintas zonas pues los pobladores intercambiaban sus tradicionales bienes de subsistencia, como pescado fresco o seco del litoral, camarones, frutas o ají con artículos de las zonas altas de los valles como coca, tubérculos y lana de los camélidos. Aparte del pescado, hay mucha evidencia de moluscos o conchas (como choros o machas); entre las frutas tenemos semillas de lúcuma y pacae. Otros cultivos importantes eran el maíz, el frijol y el algodón. Por último, hay que mencionar el consumo del cuy por su gran contenido proteico y valor ceremonial (servía para “adivinar” el futuro y detectar enfermedades) y el uso de la llama (animal de carga ligera, y proveedor de carne comestible y cuero para elaborar calzado).

¿Cómo se vestían? La ropa era hecha de lana o algodón. Las mujeres se vestían con una túnica que llegaba hasta los tobillos; a veces llevaban en la cintura una faja o ceñidor llamado chumbi. Los hombres usaban un taparrabo y un unku, una especie de camisa. Eran muy sencillos los diseños de los trajes: algunos eran llanos y otros tenían rayas de las distintas gamas del marrón, color original del algodón nativo.

¿Quiénes eran sus dioses? Para los pobladores de la costa prehispánica, la naturaleza estaba imbuida de un sentido sagrado. Los conquistadores del siglo XVI fueron muy claros en afirmar, a partir de sus observaciones y del testimonio de los propios indios, que el sitio más importante de la región fue el santuario de Pachacamac, deidad local a la cual se le atribuía el poder de hacer temblar la tierra (divinidad telúrica). Ubicado en la desembocadura del río Lurín, este santuario era un oráculo o lugar desde donde se realizaban ceremonias de adivinación. Era muy famoso y venerado en otras regiones del área andina, y recibía peregrinaciones y ofrendas de ella. Podemos imaginar, entonces, a los pobladores de Chilca, Mala y Asia yendo habitualmente hasta Lurín a ofrecer sus productos al dios de Pachacamac.

¿Qué restos arqueológicos podemos encontrar entre Lurín y Asia? En Punta Hermosa, las instalaciones de Sedapal (para las lagunas de oxidación) y las áreas de práctica de tiro del Ejército prácticamente han borrado cualquier evidencia arqueológica. Frente a San Bartolo (es decir, al lado contrario del balneario) hay conchales, pequeños campamentos temporales y estructuras muy menores que están cubiertas por la arena de las dunas y las lomas. Similar panorama, siempre al otro lado de la carretera, podemos hallar entre Santa María del Mar y Chilca. Desde Chilca hasta Mala, el panorama también es igual; con excepción de varios pequeños conchales en Puerto Viejo, no existe ningún sitio que demuestre “monumentalidad. En síntesis, saliendo de Lurín (Pachacamac) hasta Chilca, siempre siguiendo el litoral, las evidencias arqueológicas no revisten ningún interés turístico.

En cambio, entre Mala y Asia, hay algunos sitios importantes y, tres de ellos, revisten interés turístico. El primero se encuentra en el Mala; se trata de un complejo conocido como “El Salitre” con evidencias de ocupación en varios periodos hasta la época inca. En el valle de Asia, tenemos “Huaca Malena”, otro sitio con varias ocupaciones, y el centro administrativo inca conocido como “Uquira”. Estos sitios gozan de las características de monumentalidad, interés científico, investigaciones y ser aparentes para una eventual puesta en valor con fines turísticos.

Los “conchales”.- A lo largo de todo el litoral peruano, especialmente en la costa central, podemos hallar “conchales” prehispánicos; en otras palabras, se trata de “basurales” con material de consumo cotidiano de los antiguos pobladores. Estos sitios son de suma importancia para la arqueología pues permite reconstruir la forma de vida en tiempos remotos. La mayoría de “conchales”, desde Lurín hasta Asia, presentan similares vestigios.

En estos “rellenos sanitarios” hay vestigios de quincha acompañados por grandes cantidades de restos de moluscos, de allí el nombre de “conchales”. En su mayoría, estos sitios revelan una ocupación prolongada del lugar y un aprovechamiento intenso de los recursos, especialmente marinos (peces, todo tipo de mariscos, crustáceos, aves marinas, mamíferos marinos, algas, etc.), seguidos por los recursos de los valles (algodón, maíz, maní, lúcuma, ciruela del fraile, pallar, frijol, ají, tubérculos, etc.) y lo que se podía cazar en las lomas (zorros, lagartijas, aves, roedores, camélidos silvestres, venados, etc.), lo que nos demuestra que la ecología de los valles de Chilca, Mala y Asia era más rica que en la actualidad. Se sabe, además, que estos pobladores criaban camélidos en corrales (alpacas y llamas), cuyes y perros. Uno de los “conchales” más ricos está en Lapa Lapa (en la playa del mismo nombre, en Chilca) donde se aprecia la estructura de un centro ceremonial, que data de los tiempos de Wari, rodeado de “conchales”.


Camino inca en el valle de Lurín

Cerro “Lomo de Corvina”, altura de playa Conchán

Carretera Panamericana Sur

Ruinas de Pachamacac, desde la Carretera

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Magdalena Vieja (4)

LA “ANTIGUA TABERNA QUEIROLO”

Muchos italianos que llegaron a finales del siglo XIX se dedicaron al cultivo de huertas en los alrededores de Lima. Ellos contribuyeron decisivamente a introducir nuevas hortalizas y modificar la dieta de los limeños: el uso de legumbres frescas en la cocina criolla y el de verduras (acelgas, espinacas, variedades de coles y coliflores, brócoli, berenjena, betarraga, albahaca, etc.). Muchos de estos “hortelanos” comerciaban directamente sus productos que llevaban a vender en carretas hasta las primeras décadas del siglo XX. De otro lado, respecto al cultivo de la uva, los italianos introdujeron importantes mejoras en cuanto a nuevas cepas (algunas traídas especialmente desde Italia o Francia) y aspectos técnicos de la industria vinícola. Por último, estos emprendedores inmigrantes, abrieron establecimientos de expendio de comida. Estos fueron de diverso tipo, desde fondas hasta chinganas o pulperías, que fueron el típico negocio de los italianos en Lima y la costa peruana.

Este fue el caso de Santiago Queirolo Raggio, inmigrante italiano, oriundo de la Liguria, que llegó a Lima en la segunda mitad del siglo XIX y se estableció en Magdalena Vieja aprovechando las bondades de su clima y riqueza agrícola. En su fundo “La Huaca”, que se ubicaba entre Pando y Maringa, cultivó productos de “panllevar” (legumbres y hortalizas) y viñedos. Asimismo, fundó, en 1880, en los tiempos difíciles de la ocupación chilena, una taberna o pulpería para el expendio de comida y los vinos que producía en su propia bodega. Es muy probable que, en sus inicios, esta pulpería haya servido platos de la cocina genovesa o lígure, como el pesto (hoy tallarines verdes), el minestrone o la torta pasqualina (hoy pastel de acelga); sin embargo, con los años, y con el trabajo tesonero de los descendientes de don Santiago, su carta se fue “acriollando” para calzar más con el paladar de los limeños. Por ello, la “Antigua Taberna Queirolo”, ubicada en la avenida San Martín, es hoy una de las más tradicionales de nuestra ciudad. Uno puede encontrar allí desde los célebres sánguches de jamón del país, tamales criollos o choritos a la chalaca hasta ravioles o el criollo mondonguito a la italiana. Además, el público puede degustar los mejores vinos y piscos de la bodega de los Queirolo.

Respecto a la producción vinícola, los descendientes de don Santiago aún mantienen las cepas (Barbera, Italia y Borgoña) con las que se inició el negocio en el fundo “La Huaca”. Sin embargo, debido a la presión urbana del siglo XX, trasladaron los viñedos, en 1963, al fundo “La Lagrima” en Cañete, manteniendo siempre la planta de producción en Magdalena Vieja. Hoy, la empresa Queirolo cuenta con 225 hectáreas de viñedos no solo en Cañete sino también en Ica. Sus vinos y piscos, que pueden degustarse tanto en la Taberna como en la Bodega de Pueblo Libre, han merecido, últimamente, varios premios internacionales.


Bodega Queirolo

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Magdalena Vieja (3)

SITIOS DE INTERÉS

Iglesia Santa María Magdalena.- Es la iglesia principal del distrito. Fue construida por los franciscanos en el siglo XVI en los terrenos donados por el curaca Gonzalo Taulichusco. Las visitas pastorales del Arzobispado en los siglos XVII y XVIII dan testimonio de que por aquellos años los curas impartían la evangelización a los indios en su lengua materna, que debió ser una variante del yunga. El interior del templo es una joya del arte colonial peruano, que nos traslada a mediados del siglo XVII, fecha en la que se construyeron sus altares tallados en cedro y de estilo barroco, y cubiertos en pan de oro; destacan también las columnas salomónicas. En el altar mayor se encuentra la imagen de Santa María Magdalena, en un amplio y sobrio retablo. Sus bellas columnas adornadas con guirnaldas muestran cabezas de ángeles y figuras de animales estilizados. Seis altares laterales con similares características dan cuenta de la exuberancia del estilo churrigueresco y la luminosidad del pan de oro. A la izquierda, entre los altares laterales se alza con gran armonía artística, el púlpito, totalmente dorado y tallado. La orden franciscana dejó la iglesia en 1758. Desde el 22 de Enero de 1944, la parroquia se encuentra a cargo de los padres agustinos recoletos.

Una pregunta importante: ¿Por qué la iglesia no se encuentra en la plaza principal? Tal vez fue factor decisivo la donación del terreno que efectuó el cacique Gonzalo Taulichusco. Está el altar mayor presidido por Nuestra Señora y por una bella estatua de María Magdalena en el ancho y solemne retablo que ha inspirado a pintores nuestros; está el púlpito bellísimo y los seis altares laterales dedicados a Nuestra Señora de la Concepción, a San José, a Santa Rosa, a la bendita Magdalena, hoy dedicado a la Santísima Virgen, el de Jesús Nazareno, y el de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Cristo, dedicado ahora al corazón de Jesús… Al final de los años cuarenta, en los afanes por hallar la tumba del cacique Gonzalo, se halló la cripta longitudinal que hoy se puede observar (J.A. de la Puente).


Parroquia de Santa María Magdalena

La Cruz del Viajero.- Se trata de una cruz del periodo colonial. Según algunas fuentes, fue colocada hacia 1579 como parte de la política de evangelización, y para proteger a los agricultores y viajeros que iban camino al Callao y que continuamente eran asaltados en los matorrales de Maringa. Se cuenta que San Martín y Bolívar se inclinaron ante ella al despedirse de este pueblo. En un principio, se ubicaba en la esquina de los jirones Torre Tagle y Julio C. Tello; hoy la podemos ver en la plazuela que lleva su nombre en la cuadra 6 de la avenida Sucre. Por decreto supremo del 08 de julio de 1998, se declaró a La Cruz del Viajero como patrimonio cultural de la nación.

Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia.- Fue creado en 1938 como resultado de la labor del gran Julio C. Tello. En sus ambientes podemos apreciar los testimonios materiales de la cultura andina prehispánica. Cerámica, objetos utilitarios, y de uso ritual, tallas en madera y en piedra (la estela de Raimondi, los monolitos de Cerro Sechín, cabezas clavas, etc.), textiles, fardos funerarios y otros objetos que nos muestran el gran desarrollo tecnológico que lograron nuestros antepasados. La colección actual, comprende unos 70 mil ceramios y la más completa colección de vestigios humanos en América del Sur. En uno de los jardines principales del museo descansan los restos de Julio C. Tello.

Palacio de La Magdalena.- Fue mandado construir en 1818 por el entonces virrey Joaquín Pezuela. Desde entonces ha sido hogar de ilustres personalidades como José de San Martín y Simón Bolívar; también fue sede del gobierno provisional de Francisco García Calderón durante la etapa de la ocupación Chilena de nuestra capital. Como parte de la exposición podemos encontrar salas dedicadas a los objetos de estos personajes así como una impresionante y variada pinacoteca que muestra obras de grandes artistas como Gil de Castro, Daniel Hernández e indigenistas, como Sabogal, Camino Brent y Camino Sánchez. Con motivo del centenario de la independencia, el gobierno de Leguía fundó en ella el museo Bolivariano. En 1963, se convirtió en el Museo Nacional de Historia y el año de 1992 su estructura se unió al museo de Arqueología, formándose entonces en el museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú.

Casa Hacienda Orbea.- Casona principal de la antigua hacienda Orbea cuya. En la segunda mitad del siglo XVIII su propietario era Diego José de Orbea y Arandia. Durante la época de la emancipación, pasó a ser propietaria Micaela de la Puente y Querejazu y su esposo, Isidro Cortazar y Abarca, Conde de San Isidro, Alcalde Lima en los días de la Independencia. Actualmente esta tradicional casona es propiedad del historiador José Agustín de La Puente y Candamo (no damos muchos detalle pues ya hablamos de ella en otro programa).

Parque El Carmen.- Se ubica en la cuadra 14 de la Avenida Bolívar. Además de ser una zona de recreación para niños y adultos, es también un rincón de nuestra historia pues allí se encuentra un majestuoso árbol Ombú, especie originaria de las pampas argentinas. Se dice que fue sembrado en 1822 por el libertador José de San Martín durante su estadía en el “Palacio” de la Magdalena. Se trata de un árbol corpulento alcanza los 14 metros de alto; su nombre viene de una voz guaraní y significa sombra o bulto oscuro. También se dice que sus cenizas mezcladas con agua tienen efectos curativos en problemas dermatológicos.

Museo Arqueológico Rafael Larco.- Este museo conserva la colección privada de arte precolombino más grande del mundo. Son conocidas sus colecciones de metales, cerámica, orfebrería textiles, etc. Fue creado el 28 de julio de 1926 en la hacienda Chiclín cercana a Trujillo. La sede actual es una casona colonial del siglo XVII que fuera la casa hacienda del fundo Cueva. Se ubica en la cuadra 15 de la Av. Bolívar.

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Magdalena Vieja (2)

LOS TIEMPOS DE LA EMANCIPACIÓN Y LA REPÚBLICA.- En la casa de campo de la Magdalena (ubicada en la plaza y hoy convertida en museo) residieron los últimos virreyes del Perú: Joaquín de la Pezuela y José de La Serna. El 8 de julio de 1821, el libertador San Martín bautiza el lugar como Pueblo Libre en reconocimiento al patriotismo de sus moradores. Un decreto supremo del 10 de abril de 1822, ordenado por el general José Bernardo Torre Tagle, hace cumplir la voluntad del Libertador. Cabe recordar que en este pueblo estableció su cuartel general y su residencia el general San Martín, al igual que su sucesor, el libertador Simón Bolívar. Ambos utilizaron esta casa de campo que construyó el penúltimo virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela.

Un testimonio de los tiempos de San Martín.- Fui a la Magdalena, un pequeño pueblo distante como cinco millas de la ciudad, donde el Protector, General san martín, tiene una casa de campo y reside principalmente. Ese día había dado un almuerzo y agasajo, y después una corrida de toros. Los toros eran soltados en la avenida adyacente a la casa del Protector, y atacados tanto por hombres de a pie como a caballo, cuya destreza en evadir la furia de los animales, y cuya violenta defensa, excitaban extraordinario interés y admiración entre los presentes. Sin embargo, esta era más bien un cebo de toros que una corrida; pues los toros estaban reservados por sus atormentadores para otro festín…. Ambos sexos montaban a horcajadas y vestían similarmente, pero los hombres estaban armados con pistolas y arcabuces, sable y cuchillos, como si estuvieran a punto de marchar sobre los españoles. Me parecía una reviviscencia de los tiempos feudales, cuando aún en Inglaterra, un festival semejante hubiera estado concurrido de una manera poco más o menos parecida. Pero aquí no había partidarios de barones guerreros; todos eran ciudadanos libres e independientes, por lo menos, en su propia estimación: y “¡Viva la libertad! ¡Viva la patria!”, era el grito general (Gilbert F. Mathison, marino inglés, de paso por Lima en abril de 1822).

Es preciso decir que cuando Bolívar llega al Perú, Magdalena mantiene su ubicación como lugar de descanso y de grandes decisiones. Continúa presente en la Gaceta de Gobierno, en cartas, partes y despachos. Durante un tiempo es residencia del “cuartel general”; Vidaurre recuerdas sus entrevistas con Bolívar en Magdalena y Paz Soldán recuerda cómo Bolívar ofrece en su “quinta” un almuerzo a gentes representativas del Perú en momentos de intensa tensión política; en fin, Bolívar en Magdalena vive con alegría y con algún “paso de baile” la esperada noticia de la batalla de Ayacucho, y en Magdalena, asimismo, adopta decisiones enérgicas para dominar toda situación de indisciplina.

Durante el segundo gobierno de Castilla, una ley del 2 de enero de 1859 da existencia legal al distrito como “Magdalena Vieja”; su primer alcalde don Pedro del Solar el año de 1873.

Una fecha histórica fue 1875. Ese año, el presidente Manuel Pardo inaugura el ferrocarril de Lima a Magdalena y a la orilla del mar. La estación en Lima estaba ubicada aproximadamente en la avenida Bolivia, cerca al actual Centro Cívico, y su recorrido seguía el rumbo de lo que es hoy la citada avenida Bolivia hasta Chacra Colorada, y luego proseguía su camino al lado del río de la Magdalena, con rumbo semejante al que hoy tiene la avenida Tingo María y avenida sucre. La estación de Magdalena Vieja estaba ubicada en lo que es hoy la esquina de Vivanco con Sucre. Luego continuaba el ferrocarril hasta lo que es hoy Magdalena del Mar. En 1899, se suspendió el servicio de este ferrocarril que “acortó” los vínculos con Lima.


Plano de Magdalena Vieja (1879)

En 1881, durante la ocupación chilena de Lima, el pueblo de la Magdalena fue declarado territorio neutral para que sea sede del Gobierno Provisorio del presidente Francisco García Calderón. En el antiguo palacio del virrey Pezuela funcionó su casa de gobierno. Su breve mandato, lamentablemente, no contó con el apoyo de todos los peruanos. Trató de negociar una “paz aceptable” con el enemigo y buscó, infructuosamente, un préstamo en Europa para reunir una cantidad importante de dinero para firmar una paz sin cesión territorial. Esto era inaceptable para los chilenos. Por ello, el 6 de noviembre de 1881 se produjo la prisión de garcía Calderón y sus ministros debido a la negativa de ceder las provincias del sur. García Calderón fue conducido prisionero a Chile. A este notable peruano, se le recuerda como “Héroe Civil”, “Presidente Mártir” y “Presidente cautivo”, por enfrentar las fuerzas invasores al mando del general Patricio Lynch y sufrir prisión en Santiago. Por ello, un busto del “Presidente de la Magdalena” se levanta en el centro histórico del distrito (frente a la Taberna Queirolo). Desde esos difíciles años, el patriotismo de Magdalena o Pueblo Libre lleva con orgullo en su memoria el ejemplo de los vecinos que resistieron a la fuerza invasora al lado del doctor Francisco García Calderón. Los nombres de estos héroes figuran en el libro de defunciones de la parroquia Santa María Magdalena.

En 1887, se funda el colegio Brenner que se convierte en el primero del distrito; su primer director fue el señor José Timorán y funcionaba en el actual local del museo de Arqueología. En 1919, este colegio se subdividió en los centros educativos Nro 450 y 452 de varones y mujeres respectivamente. Al iniciar el siglo XX, todavía se escuchaban en las calles del distrito el “Viva Dios y Sereno”, los pregones y las serenatas que nos hablan de una época de tradición y señorío que caracterizó a Pueblo Libre. Hablamos de una época en la que se distribuía la “cremosa” producida por los establos de Maranga, donde no faltaban las “pachamancas huerteras” y en las que se bailaba al son de la palizada. Ya en plena expansión urbana de Lima, en tiempos de Leguía, por mandato de la Ley 4101 del 10 de mayo de 1920, San Miguel y Magdalena del Mar se independizan de la Magdalena Vieja. Por estos años también funcionaba el tranvía que atravesaba la actual avenida Brasil cuyo paradero llegaba al Óvalo, a partir del cual funcionaba un vagón con tracción animal que realizaba el recorrido entre la avenida Vivanco y Sucre.

Los primeros años del siglo XX.- El “pueblo”, siempre muy pequeño. El ingreso, desde Lima, por el óvalo en Brasil y por Vivanco, entre unos álamos altos y muy verdes y con pequeñas huertas inmediatas. Las casas, unos doscientos metros antes de la plaza, y unas pocas más en la dirección a la actual esquina de Vivanco con Sucre, en esos años el más ancho y polvoriento “callejón de chacra”; era el final de lo urbano. Paralela a Vivanco, sólo la calle Chávez y La Mar, de los últimos años del siglo pasado o de principios de éste. San martín, por donde pasa el “río de la Magdalena”, están la Iglesia y la sala parroquial; son sólo cuatro cuadras entre la “quinta” del General Clement y la casa de la Hacienda Orbea. Este, un plano mental de la Magdalena Vieja que llega a 1930. De este a oeste, el óvalo de Vivanco y la “huerta de Fresero”, frente a la esquina de Vivanco y el “callejón de chacra”, que es hoy día, Sucre; de norte a sur, la “quinta” de Clement y la casa de Orbea. Fuera de estos extremos, todo es campo, poteros, callejones.

La “plazuela” era modesta pero bella por su armonía. Los tres frentes, aparte de los actuales museos, con el característico “rancho costeño”, con la graciosa y muy sencilla reja delantera de la cual queda hoy día sólo una muestra en la casa de la esquina de la plazuela con San Martín. Al centro, una “pérgola”, con una pequeña altura, graciosa porque era muy modesta. La asocio a las “retretas” que ofrecía la “banda” del cuartel de artillería vecino, dos veces por semana (p. 101-102).

Por último, en retribución a la presencia de sus más ilustres vecinos, el pueblo llamó a Pueblo Libre, “Villa de Los Libertadores”, recordándose que durante la residencia del libertador Simón Bolívar, vivieron también aquí sus Generales, Sucre, Córdova, La Mar, y otros cuyos nombres llevan las calles del distrito. En resumen, su nombre resume la historia de su gente. Fue en este distrito se mantuvo izada la bicolor mientras la bandera chilena flameaba en todo el resto de la ciudad.

Los caminos.- El tema de los caminos es interesante. Recuerdo de los años de mi infancia lo que aún quedaba del “camino real” que unía Magdalena, Maranga, Chacra Alta, Bellavista y el Callao. Tengo muy claro en la memoria como este camino tenía su punto inicial en Magdalena al pie de la casa hacienda de Colmenares, cerca del Cementerio, más o menos en la manzana que hoy día está en contorno de Sucre, Juan Acevedo y Colmenares. Este camino real o “gran callejón” era ancho, con grandes acequias a los lados y con la huella profunda que formaban las carretas. Su desarrollo más bien sinuoso llegaba hasta lo que es hoy día la avenida de la Marina y pasaba frente a la bella casa hacienda de Maringa de la cual hoy queda solamente la capilla. A los lados del camino, ente la tapia y la acequia, los “bordos” de gramalote y caña brava, los sauces y algunos platanales. El camino a Lima seguía un desarrollo igualmente sinuoso que partía de Breña y por Jesús María y Oyague, llegaba a Pueblo Libre. Otro camino, une a Magdalena en dirección a Chacra Ríos, más o menos por la actual Tingo María (J.A. de la Puente).

LOS TIEMPOS ACTUALES.- En los últimos años, el centro histórico del distrito ha sido puesto en valor. Varios de sus monumentos han sido remodelados y salvados del deterioro del tiempo. El proceso de recuperación abarcó dos cuadras del histórico jirón San Martín. En él se encuentran la Iglesia Santa María Magdalena, muy de moda entre las parejas que desean contraer matrimonio, y la “Antigua Taberna Queirolo”, tradicional bodega de vinos y piscos y rincón clásico donde se reúnen jóvenes y no tan jóvenes. Hoy las fachadas de la Taberna y la Bodega lucen remodeladas. El interior de ambos locales ha sido debidamente refaccionado. En los alrededores se ha suprimido un carril vehicular para permitir que la iglesia cuente con un atrio y una ancha vereda contigua a la Taberna y la Bodega Queirolo, con bancas y faroles, estacionamiento ordenado y una vía vehicular de dos carriles.

En los últimos 3 años, se han otorgado 521 licencias para levantar edificaciones multifamiliares que han generado ingresos de más de 4 millones de soles. Por ello, no es raro encontrar en terrenos cercados, casas que son demolidas para dar paso a un edificio y construcciones en proceso que van cambiando el perfil de las avenidas y calles. Se trata de una fuerte presión inmobiliaria atraída por un distrito de fácil accesibilidad, urbanizaciones consolidadas, suficientes servicios y áreas verdes.

Pueblo libre enfrenta ahora el reto de continuar aceptando inversiones inmobiliarias sin desequilibrar las actuales condiciones de vida de sus 70.000 habitantes y, sobre todo, sin perder su principal fortaleza: el patrimonio cultural e histórico propicio para el fomento de la actividad turística, el cual aún está desaprovechado. En 2005, por ejemplo, se aprobó el Plan de Desarrollo Sostenible, en el que se advierte la necesidad de elaborar un plan maestro para definir las formas de intervención que permitan revalorar la zona monumental y consolidarla como atractivo en el ámbito metropolitano. En este espacio están la plaza Bolívar, la Iglesia Santa María Magdalena, la calle La Mar en sus cuadras 7 y 8, la calle Jorge Chávez y el jirón Necochea desde la calle La Mar hasta la calle Julio C. Tello, donde se ubican la mayoría de predios declarados ambientes urbanos monumentales.

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Magdalena Vieja (1)

La historia de lo que hoy conocemos como Pueblo Libre se remonta al 14 de agosto de 1557 cuando se creó el pueblo para la doctrina de Santa María Magdalena. En esa misma fecha, se empezó a edificar el templo en torno al cual empezó a crecer esta doctrina o pueblo de indios, bajo la tutela de la orden de los franciscanos. Los terrenos, según la Confirmación Real del Sitio, de la Casa, Monasterio y Huerta de la Magdalena fueron donados por el cacique Gonzalo Taulichusco, hijo de Taulichusco el Viejo (último cacique de Lima). El documento fue suscrito en presencia del Cacique, del virrey Andrés Hurtado de Mendoza y del padre Joan de Aguilera.

El título o nombre de “Pueblo Libre” fue otorgado al pueblo de la Magdalena por el marqués de Torre Tagle, asesor del libertador José de San Martín. Sin embargo a los lugareños, hasta el día de hoy, les gusta referirse a este lugar como la “Magdalena Vieja”: Ese nombre tiene más tradición, viene de antes, dice el historiador José Agustín de la Puente, quien también vive en este distrito desde siempre. Fue recién en el gobierno de Manuel Prado, por la Ley 9162 del 5 de septiembre de 1940, cuando el nombre de Pueblo Libre fue oficializado. La “Magdalena Vieja” queda entonces en el recuerdo, en las memorias de los antiguos pobladores que hablan de la tradición de sus antiguos habitantes hasta hoy.

LOS TIEMPOS PREHISPÁNICOS.- Lo interesante de Pueblo Libre es que su historia no se remonta a partir de su creación española: tiene profundas raíces andinas que se remonta a la cultura Lima cuyo desarrollo se dio entre los años 200 –600 d.C. Durante este periodo, sus pobladores construyeron un gran centro administrativo (urbano-religioso) como el de Maranga (o Malanca), una de cuyos sectores sería lo que hoy conocemos como Huaca San Marcos. Hacia el año 1100, el curacazgo de Maranga habría sido el gran eje de lo que hoy conocemos como Pueblo Libre, parte de lo que actualmente es el Cercado de Lima y San Miguel.

Se trataba de una bulliciosa “ciudad” formada por decenas de pirámides construidas en adobe, depósitos de alimentos, plazas, recintos amurallados, acequias y zonas de residencias. Entre estos ambientes se habrían desplazado los pobladores del lugar, ocupados en las diarias faenas agrícolas, tal vez realizando la limpieza de una acequia o realizando el trueque de algún producto necesario. Josefina Ramos de Cox calculó que las poblaciones de Maringa y Magdalena pudieron llegar a 10 mil familias. ¿Qué cultivaban estos pobladores? La arqueología lo ha demostrado: lúcumo, pacae, guayabo, algodón, habas, pallares, frijoles (hasta 3 especies), calabazas y ají.

Los incas llegaron a este valle hacia mediados del siglo XV. Fueron las tropas de Túpac Yupanqui las que incorporaron Maranga al Tawantinsuyu. Para un mejor control y administración de la zona edificaron el centro administrativo de “Mateo Salado” (nombre actual), ubicado en la avenida Mariano Cornejo, cerca de la Plaza de la Bandera; asimismo, ampliaron, como ciudadela, los que hoy es la huaca “Tres Palos”, en la actual avenida Riva-Agüero. Los vestigios del “camino inca” (hoy en el campus de la PUC) es otra prueba de la importancia de la zona para los señores del Cuzco. Hay testimonios de una “visita” del inca Huayna Cápac en 1508. El historiador y vecino del distrito, José A. de la Puente Candamo nos cuenta: recuerdo con exactitud en “los años treinta”, las “huacas” que pertenecían al paisaje familiar, al pie de los potreros y de los callejones rurales. La conservación, el cuidado, el respeto que merecen, no era frecuente en esa época. Se jugaba, se subía a caballo, y algunos con ufanía hablaban de sus indebidas hazañas de “huaqueros”. La huaca de “San Miguel” era una de las mayores y más importantes para nuestros ojos infantiles; y no olvido una, llamada “San Isidro”, más pequeña pero muy alta, ubicada frente al actual Seminario de Santo Toribio. Y tengo memoria nítida de los adobes pequeñitos de la “Huaca Aramburu” y de los muros de “Mateo Salado”. Las “huacas” despertaban una original mezcla de curiosidad y respeto. En algún caso, tal vez, sólo curiosidad.

LOS TIEMPOS VIRREINALES.- Cuando se fundó Lima (Ciudad de los Reyes), los indios naturales fueron desplazados a Chuntay, lugar que posteriormente fue transformado en la iglesia y plaza de San Sebastián. Sin embargo, al poco tiempo, y debido al crecimiento urbano de la nueva capital, faltó espacio para las casas y huertas de los vecinos españoles y, el Marqués de Cañete, tercer virrey del Perú, decidió crear una reducción (pueblo) de indios llamada Santa María Magdalena. Así nació el pueblo de la Magdalena el 14 de agosto de 1557 bajo el patronazgo de Don Gonzalo, cacique principal del valle de Lima. El cacique donó la Iglesia, convento y hospital a los franciscanos. Por ello, desde el siglo XVI, este pueblo funcionó como doctrina de indios, es decir, un espacio donde los curas adoctrinaban a los indios para enseñarles la nueva fe. Desde 1672, el lugar fue conocido como “Magdalena Vieja”.

La Magdalena era un pueblo muy organizado. Quizá por ello su parroquia incluía también al pueblo de Miraflores y todas las huertas, chacras y haciendas de sus alrededores, las que eran regadas por los ríos Huatica, Magdalena, Maranga y Legua. Cada uno de estos ríos eran canales artificiales y brazos del río Rímac. El pueblo de Magdalena fue un cacicazgo importante cuyos jefes fueron llamados Cacique Principal y Gobernador del pueblo de la Magdalena y eran herederos del famoso Don Gonzalo. En 1647 era Cacique don Pedro Illintan y Gobernador, don Francisco Jacobo de la Cruz; en 1689 y aún en 1705, era Cacique Principal y Gobernador, don Pedro Santillán. Asimismo, había un municipio con sus respectivos alcaldes. En 1661 eran alcaldes Juan de Carvajal y Salvador Fernández y en 1705 era alcalde ordinario Marcelo Ate; Pedro Santiago Rodríguez era alcalde en 1759. Cabe destacar, que las huacas de Maranga, de origen prehispánico, continuaron habitadas en los tiempos virreinales. Incluso contaban con su propio alcalde; por ejemplo, en 1797, Alfonso Rojas era el alcalde de estas huacas.

Distante a media legua de La Ciudad de los Reyes, su población se hallaba rodeada de extensos olivares, huertas de variadas frutas, viñedos, tranquilidad y buen clima. Sus modestas casas de indios y sus chacras le daban al lugar un aspecto tan sosegado que el cronista Vásquez de Espinoza escribía en el siglo XVII que es un pedazo de paraíso por el buen sitio, verdor y alegre cielo que tiene. Así prosperó la vida de esta reducción o pueblo de indios. Por sus características, se convirtió en lugar de descanso: Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, acudía a Magdalena con el propósito de descanso en horas de conflicto con autoridades virreinales. En el tiempo del virrey Conde de Nieva, Diego López de Zúñiga y Velásquez, Magdalena es un ambiente oportuno para el reposo y la distracción.

El historiador José A. de la Puente la califica como la población cercana a Lima más interesante debido a su antigüedad y a su fuerza agrícola. Añade que era el lugar escogido por los virreyes, primero, y luego por los libertadores para el descanso. Su buen clima y su bajo nivel de humedad fueron apreciados desde entonces. Hasta allí iba la gente que no podía viajar a Jauja para tratar sus males respiratorios. Sus plantaciones destilaban un aroma tan agradable que salir a pasear, ya sea caminando o a caballo, resultaba un placer para el descanso y la “purificación” del cuerpo.

CHACRAS Y HACIENDAS DEL VALLE DE LA MAGDALENA EN 1813:

1. Arámbulo
2. Ascona
3. Borda
4. Buenamuerte, La
5. Cueva
6. Concha
7. Desamparados, Los
8. Maranga
9. Matalechuzas
10. Mirones
11. Orbea
12. Oyague
13. Palomino
14. Pando
15. Ríos
16. San Cayetano
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El asesinato de Luis Banchero Rossi (1 de enero de 1972)

Este exitoso empresario peruano, sin duda el máximo exponente del boom de la industria de la harina de pescado en los años sesenta, había nacido en Tacna en 1929; sus padres eran de origen italiano. Cuentan que, al cumplir los 17 años, su padre quiso confiarle la bodega familiar, pero su madre escribió secretamente a un hermano de ella, Benito Rossi, residente en Trujillo, para pedirle que diera acogida a su hijo Lucho que acababa de culminar la secundaria. Así, Luis viajó a Trujillo para ingresar a la universidad y seguir la carrera de químico-industrial. Era 1946.

Su primer negocio fue la venta de un auto a uno de sus profesores, en la que recibió una comisión de la firma concesionaria. Cuando culminaba sus estudios, tomó la representación para la venta de alcoholes y melaza de la hacienda Laredo. Así se inició en el mundo de los negocios. También entró a trabajar con la firma Manucci, vendiendo lubricantes. Con las ganancias obtenidas, pasó a ser socio de la empresa. Al fallecer Manucci, en 1956, Banchero propone a la viuda y heredera el cambio de sus acciones en los lubricantes por una fábrica de envasado de pescado, perteneciente a Manucci. Las instalaciones se ubicaban en Chimbote.

De esta manera, Banchero dio el primer paso para convertirse en el zar de la pesquería peruana. Pronto, se da cuenta que el futuro de la pesca estaba en la harina de pescado. Por ello, la fábrica de envasado (que llevaba el nombre “Florida”) la transforma en una planta para procesar harina y, luego, funda la fábrica Humboldt; en esa ocasión afirmó: Con esto me voy arriba o me tendrán que guardar. Por esos años, Banchero viajaba constantemente entre Lima, Chimbote y Trujillo, viendo sus negocios y, sacando tiempo de donde no había, terminando su carrera universitaria.

Sus amigos tacneños no supieron nada de él hasta que, en los años 60, aparecieron las primeras informaciones del imperio pesquero que se empezaba a formar en el país, y que este joven empresario se perfilaba como el gran capitán del boom. Los años siguientes serían de admiración para quien de “la nada” estaba construyendo la más colosal empresa industrial y comercial del país y del mundo. Además, su vida empezó a teñirse de un glamour especial: compró un diario (“Correo”, vocero del sector empresarial) y un equipo de fútbol (el recordado “Defensor Lima”); era amigo personal de grandes empresarios y millonarios extranjeros (como de Aristóteles Onassis); y se daba todos los lujos en hoteles y restaurantes de primera, tanto en el Perú como en el mundo. Nunca adquirió casa propia en Lima pues vivía en todo un piso que había alquilado en el entonces Hotel Crillón. En 1971, la misma persona que había regalado una gallina de macizos huevos de oro al magnate Aristóteles Onassis, con ocasión de su boda con la no menos célebre Jackie, viuda del presidente Kennedy, se presentó, humildemente, ante un jurado de profesores de la Universidad Nacional de Trujillo para sustentar su tesis “Proyecto de una planta de congelación y conservación de túnidos”.

Muchos lo vieron como potencial político de éxito, incluso como presidente del Perú. Cuando vino el golpe de Velasco y empezaron las expropiaciones, Banchero se entrevistó varias veces con el dictador pidiéndole, reiteradamente, que no estatice la industria pesquera.

La noticia de su trágico asesinato, ocurrido en el Año Nuevo de 1972, sumió a gran parte del país en una tristeza y desconcierto totales. Nadie podía creer que el excepcional empresario, lleno de vida, juventud y talento, podía morir en forma tan horrorosa y a muy temprana edad (como dijimos, algunos lo veían como futuro presidente el Perú). Tenía 42 años; sus restos fueron sepultados en el cementerio “El Ángel”. Los guardianes del camposanto aseguran que es la única tumba a la que nunca le faltan flores, pues llegan pescadores, gente anónima y hasta los mismos floristas le dejan una rosa porque, según dicen, les da suerte y augura buenas ventas.

Se ha conjeturado hasta lo inverosímil sobre el execrable crimen que cortó su fecunda existencia. Fue ultimado a golpes con una estatuilla en su residencia campestre de Chaclacayo. La crueldad del asesinato propició una serie de especulaciones. Hasta unos nazis no identificados fueron mencionados como posibles responsables del asesinato. Los acusados fueron su secretaria, María Eugenia Sessarego, y Juan Vilca Carranza, hijo del jardinero de su mansión. En Lima se inició un largo y sonado juicio que, no obstante los voluminosos expedientes de las diligencias practicadas, no dejó nada en claro, quedando así impune un demencial asesinato que conmovió a la sociedad peruana entera. Lo cierto es que después de su desaparición, el régimen de Velasco expropió toda la industria pesquera (se creó Pesca-Perú), con los resultados ya conocidos.

Algunos se preguntan ¿Qué hubiera sido del Perú si aún viviera Lucho Banchero Rossi? ¿Hubiéramos dominado antes que nadie la posibilidad de convertir la anchoveta en harina digerible por humanos, logrando una verdadera revolución en la lucha contra el hambre? ¿Su flota se habría dedicado a pescar para la mesa al igual que para la industria? ¿Chimbote habría sido el Hamburgo de sus sueños futuristas? Alguna vez, Banchero dijo: La pesquería es un negocio de hombres, es un negocio en el que la iniciativa y la decisión del hombre son vitales, y hemos demostrado en nuestro país que la iniciativa de la empresa privada es la que ha permitido lo que se ha dado en llamar el milagro de la pesquería peruana.

En 1980, el cineasta Francisco Lombardi presentó su película “Muerte de un magnate”, en la que reconstruye la vida y, sobre todo, la trágica muerte de Banchero. En la cinta se ve que Banchero llega a primeras horas de la mañana a su casa acompañado de su secretaria, Eugenia Sessarego, una mujer atractiva e inteligente con la que el magnate sostenía una estrecha relación. El tercer personaje aparece ante ellos poco después: Juan Vilca, jardinero de la casa. Durante el largo juicio que siguió a este caso, el jardinero alegó dos motivos principales para asesinar a Banchero: su fealdad era algo que ya no podía resistir, quería dinero para hacerse la cirugía plástica y cambiar su rostro; la segunda razón era su pasión por Eugenia Sessarego, a quien contemplaba ansioso desde hacía mucho tiempo. En el filme, no se descartaron las razones políticas que podían haber entrado en juego en este asesinato, y Eugenia Sessarego fue acusada de complicidad en el crimen. En la película se procuró el parecido físico de los actores con los protagonistas del caso, y los nombres recuerdan también vagamente a los de ellos.


Luis Banchero Rossi

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