Archivo por meses: diciembre 2008

Huacas en San Miguel

En el antiguo valle de Maranga, dentro de lo que es hoy el Parque de las Leyendas, encontramos la Huaca Tres Palos. Se trata de un edificio piramidal (con una altura de 18 metros, aproximadamente) con terrazas escalonadas en su lado Este; por el Norte, presenta una gran rampa frontal. En la cima, hay una gran cantidad de enterramientos cuadrangulares en forma de damero. Formó parte del Señorío Ichma y, durante la ocupación inca, dependió de Pachamamac. Esta huaca ha sido excavada sistemáticamente por arqueólogos de la PUC. Incluso se han encontrado objetos de la época colonial, del siglo XVI, lo cual revela una ocupación española del lugar (naipes, zapatos, camisas y otros objetos de origen europeo). Lo que se ha encontrado está en el Instituto Riva-Agüero.

El destino de muchos difuntos a lo largo del siglo XIX fue muy incierto. Por ejemplo, cuando estallaba una epidemia y los muertos abundaban y no había donde enterrar tantos cuerpos. En ese caso, las huacas eran una alternativa pues, agrandes rasgos, eran consideradas lugares sagrados. En otros casos, cuando moría alguien de escasos recursos y no pertenecía a la religión católica. Tal fue el caso de los cientos de chinos que se encontraban empleados en las haciendas de los alrededores de Lima como peones agrícolas. Algunos, como sabemos, fueron enterrados en la isla de san Lorenzo, frente al callao; otros encontraron su última morada en las huacas de las afueras de Lima.

Ese fue el caso de la Huaca Panteón Chino, ubicada entre las calles Río Moche y Río Huaura, junto a la avenida Mariano Cornejo, actual distrito de San Miguel. Formó parte del Complejo Arqueológico de Maranga, del Señorío Ichma, entre los años 1000 y 1.500 d.C. Se trató de un centro administrativo, también usado en la época inca y que tiene el perfil de una plataforma alta construida por muros de tapia. Lleva el nombre “Panteón Chino” porque fue utilizada por los culíes como cementerio, ya que estos trabajaban en las plantaciones de los alrededores. La huaca perteneció al periodo del intermedio tardío y fueron centros textiles. El estudio de este sitio arqueológico estuvo a cargo de Josefina Ramos de Cox y Gloria Olivera de Bueno.

No es precisamente una “huaca” pero es digno de ser visitado. Se trata del “Camino Inca”, ubicado dentro del campus de la Universidad Católica, es el último fragmento de la red de caminos prehispánicos que recorrían la costa peruana. Se le conoce como “camino inca” pero su construcción data de la época del Señorío Ichma; lógicamente, los incas también lo usaron y seguramente lo ampliaron. Su forma es “epimural”, es decir tiene muros a ambos lados y está construido elevado al piso. Está en buenas condiciones y esperamos que no sufra otra destrucción más. La última fue en la segunda mitad de los años 80 cuando se abrió la avenida Universitaria.

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Huacas en Magdalena: Huaca Huantille

En la calle Castilla, entre las avenidas Sucre y La Marina, nos topamos con la Huaca Huantille. Es una plataforma piramidal construida con muros de tapia y rellenos de tierra y cantos rodados. Perteneció al Señorío Ichma, dependió de Maringa y también recibió ocupación inca. Hay restos de patios, corredores, escaleras y muros que estuvieron pintados de blanco. Sobre la importancia de esta huaca, a continuación reproducimos un artículo aparecido en el diario La República el sábado 4 de abril de 2009:

La Huaca Huantille, que antes era una de las zonas rojas más peligrosas de todo el distrito de Magdalena, hoy luce un mejor rostro. Desde el 7 de mayo último un equipo de cinco arqueólogos y 18 operarios comenzaron a descubrir lo que el polvo, el tiempo y la depredación de los invasores ocultaron por años: el templo religioso más importante del Señorío de Magdalena, del período Intermedio Tardío, es decir entre 800 y 900 años después de Cristo.

El arqueólogo encargado de las excavaciones y conservación del sitio, Marco Guillén, informó que estos trabajos ya dieron sus primeros frutos. Ya se encontraron vestigios de ceramios Ishma y de las paredes de lo que fue el adoratorio. Además de una vasija de dos asas intacta y osamentas humanas, que aún falta determinar si corresponden a ese período o al presente. Del mismo modo, ya se pueden evidenciar los muros de lo que fueron los patios, recintos y pasadizos de ese centro ceremonial.

Pese a esos hallazgos, lo que también se evidenció fue el irreparable daño que sufrió la Huaca Huantille, pues pese a que posee 11 mil m2, se encuentra en su tercera parte. El resto fue demolido por una antigua ladrillera que incluso ingresaba a sacar arcilla al sitio, y por las 50 familias que “ampliaban” sus vetustas moradas demoliendo los muros de barro. “Las cinco huacas que Huantille tenía alrededor fueron demolidas”, lamenta Guillén.

Según el arqueólogo, los trabajos de campo durarán cuatro meses más, para luego iniciar el proceso de conservación y restauración, y posteriormente iniciar la construcción de lo que será el Museo de Sitio o Centro de Interpretación. Al respecto, el alcalde de Magdalena, Francis Allison, sostuvo que sólo con la recuperación inicial de la huaca el índice delincuencial se ha reducido en un 90%, y espera que con la iluminación ornamental que le colocará la empresa eléctrica Edelnor la zona tendrá mucha mayor seguridad. Además, reveló que el entorno será mejorado con la remodelación de las veredas, el pintado de las viviendas aledañas con matices similares y la construcción de un gran portal que dará la bienvenida a todos los visitantes y turistas. “Además, la calle 1º de Julio (antes 28 de Julio) se cerrará para convertirse en un hermoso bulevar que invite a los vecinos a visitar este patrimonio”, dijo. De otro lado, el burgomaestre reveló que la comuna ha invertido en la primera etapa de recuperación y reubicación de los invasores alrededor de 75 mil dólares; mientras que en esta segunda etapa gastan unos 14 mil dólares mensuales para el pago de los arqueólogos y operarios.

Precisiones

TARDE. Recién el 23 de mayo del 2001 la Huaca Huantille fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el INC.

CEMENTERIO. Durante las primeras excavaciones ya se hallaron los restos de 91 perros, cuyas tumbas deterioraron el sitio.

HECHICERÍA. También se halló hechicería moderna (un pequeño ataúd con un hombrecito clavado) y periódicos de los años 40.

Invasores se fueron en 2006.- El desalojo de la huaca, que duró tres días, se inició el pasado 3 de abril del 2006, luego de que el municipio lograra, mediante el diálogo, que los invasores se retiraran pacíficamente a otro lugar. Tras su partida, en el lugar dejaron un total de 100 toneladas de basura, desmonte y material en desuso. Los principales daños que sufrió la huaca, aparte del recorte del sitio, son la alteración de las estructuras y del cerco perimétrico, erosión basal (pérdida de material en la base), fisuras y quema de desechos que alteraron las paredes.


(foto: diario La República)

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Huaca Palomino y Huaca La Luz

Junto a la avenida Venezuela (cuadra 27), encontramos la Huaca Palomino. Perteneció al Señorío Ichma y dependió de Maranga. Es una pequeña plataforma de 2 metros de alto construida con muros de tapia. Asimismo, junto a la avenida Mariano Cornejo, está la Huaca la Luz y se ubica en medio de lo que fue un enorme complejo urbano en tiempos prehispánicos. Muy cerca están las pirámides de Mateo Salado y el Complejo Arqueológico de Maranga. Esta pequeña huaca se construyó durante el Señorío Ichma y también presenta ocupación inca Es una platagforma de 3 metros de alto construida con muros de tapia. Según las excavaciones, fue un centro de gran actividad textil. Las prendas que se producían en La Luz eran hechas en algodón y los colores usados eran el azul, blanco, marrón y matices de estos. Los diseños, por lo general, eran rayas verticales. Actualmente, la huaca se encuentra en medio de un parque que, lamentablemente, está destruyendo al sitio arqueológico. Al regarlo se humedece la tierra, y la presencia de plantas acumula humedad en el ambiente. Esta gran concentración de humedad carcome las estructuras de barro del sitio, las que están por desplomarse.


Huaca La Luz (tomado de naya.org.ar)

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Huacas en San Isidro

En el cruce de las avenidas El Rosario y Nicolás de Rivera el Viejo (altura de la cuadra 9 de la avenida Javier Prado Oeste), en el corazón del San Isidro residencial, contemplamos un imponente centro ceremonial de forma piramidal, la Huaca Huallamarca o “Pan de Azúcar” (nombre de una antigua hacienda del lugar). Se trata de un templo con entierros de una prolongada ocupación, desde el siglo III de nuestra era hasta la ocupación inca en el siglo XV. “Marca” significa pueblo, lugar o comarca en quechua; “huallamarca” sería “el lugar o el pueblo de los huallas”. Cuando los incas llegaron al valle del Rímac, encontraron varios grupos étnicos provenientes de la sierra; los huallas vendrían a ser uno de ellos.

Como mencionábamos, se trata de un edificio piramidal formado por hasta cinco fases constructivas que se suceden una sobre la otra; la pirámide tiene unos 20 metros de alto. Fue construido en base al alineamiento y sucesión de pequeños adobes en forma de “granos de maíz”. Sus orígenes se relacionan con la cultura Lima y los pobladores de su entorno estaban asociados al cultivo de tierras regadas por el desaparecido río Huatita (afluente del Rímac). Los entierros y objetos encontrados en este sitio arqueológico son de enorme valor documental. Desde momias (la más representativa es la de una mujer con los cabellos más largos del Perú prehispánico) hasta tejidos, juguetes y ceramios asociados a la cultura Lima y a las influencias de Wari. Cabe destacar que en 1958 se rescataron 48 fardos en la cúspide de la pirámide y con este hallazgo se empezó a montar el actual museo de sitio

En la segunda mitad del siglo XX, la Municipalidad del distrito, con el asesoramiento del arqueólogo Arturo Jiménez Borja, quiso salvar Huallamarca de la destrucción debido al crecimiento inmobiliario de la zona. De esta manera, se conservó el yacimiento y se “reconstruyó” para que el visitante pudiera observar cómo pudo haber sido su aspecto original. Este método, influenciado por las corrientes de “puesta en valor” de México o Europa de aquellos años y muy opinable para los “puristas” nos permite ver la impresionante rampa y perfectas plataformas que luce hoy Huallamarca y que, en realidad, no representan al aspecto que tuvo en su tiempo. Hoy en día, las convenciones de la UNESCO y las tendencias de la nueva arqueología están reñidas con este tipo de reconstrucciones “idealizadas” (caso semejante vemos en Puruchuco, con la mano también de Jiménez Borja).


Huaca Huallamarca

La Huaca Santa Cruz también está ubicada en lo que era el valle del Huatita, en la cuadra 3 de la actual avenida Belén. Pertenece a la época del señorío Ichma, que data de los años 1.000 al 1.500 d.C. Se trata de una pequeña plataforma construida por muros de tapia; en su cima se pueden apreciar recintos cuadrangulares y algunos patios. Según los trabajos arqueológicos, fue un centro administrativo, de rasgos palaciegos, y contiene un pequeño cementerio de la época inca con más de 100 tumbas. Se conectaba con la huaca Pucllana mediante un camino y un sistema de canales. Un gran estanque existía al Este de la huaca; se llama también “Huaca Santa María de Santa Cruz”.

En los últimos años, arqueólogos iniciaron el proceso de limpieza en esta huaca para ponerla en valor. Concretamente, se ha retirado el material que colapsó con la destrucción del sitio arqueológico a partir de la década de 1940. Lamentablemente, en Santa Cruz, sólo se dejaron las estructuras más “relevantes” y hoy el sitio parece arrinconado junto a la Residencial Santa Cruz. Sin embargo, un par de hechos recientes colocaron a la huaca Santa Cruz en el centro de la noticia:

El primero ocurrió este año, cuando se encontró en fardo funerario de 400 años de historia. La momia, de unos 60 centímetros, presenta un cuerpo en forma de galleta, atado de pies y manos, tendido en forma vertical y sobre una plataforma rocosa; seguramente, se le rindió culto el día de su muerte en ese lugar. Una sonrisa maquiavélica asoma mostrando enormes dientes. La directora del Museo de Huallamarca, Lydia Casas, dijo: Esta momia sería la primera de una serie de fardos que se podrían encontrar en esta huaca. Este hallazgo no fue casual, ya que en la zona antes se enterraban muertos. No descartamos que se descubran más restos.

El segundo hecho tiene que ver con el hallazgo de momias republicanas. Arqueólogos hallaron en esta huaca una momia que corresponde a un culí del siglo XIX. El cuerpo, envuelto en tela, fue encontrado a 20 centímetros de profundidad; todavía se desconoce la edad de este trabajador chino. ¿Por qué un chino sería enterrado en una huaca? En la época republicana, muchas personas de origen extranjero eran enterradas en las huacas prehispánicas al escasear cementerios para no católicos. Por ejemplo, los culíes chinos, cuando morían en las haciendas, eran enterrados en estos lugares considerados “sagrados” y no en las iglesias o cementerios cercanos. Es el caso, por ejemplo, de la Huaca Panteón Chino, entre las calles Río Moche y Río Huaura, en Pueblo Libre, y hoy rodeada de viviendas. Respecto al hallazgo de la momia del culí, la arqueóloga Lyda Casas comentó: Es probable que el entierro en estas condiciones haya sido por una necesidad. Las poblaciones que trabajaban en un sitio desconocido y fallecen antes de insertarse en la sociedad, son enterradas en los sitios disponibles que consideran sagrado, o en los que por lo menos no serían vulnerados.

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Libro “El antisemistismo en las Américas: memoria e historia”

SUMILLA: Esta coletânea reúne contribuições recentes de diversos autores que pesquisam a prática anti-semita na América. O objetivo é questionar a intolerância em diferentes tempos, espaços e aspectos, analisando o anti-semitismo como um fenômeno psicocultural a partir das relações de interação / conflito entre judeus e não-judeus. Daí, a preocupação da maioria dos autores de investigar as raízes deste fenômeno sob o viés da modernidade, da memória coletiva e da persistência dos mitos políticos. As manifestações do anti-semitismo nas Américas não apresentaram o aspecto radical como o da Alemanha nazista, o que não quer dizer que deva ser subestimado como fenômeno social. Assim, é possível identificar correntes distintas do anti-semitismo moderno que, coexistindo num mesmo momento histórico, variam em seus fundamentos e em intensidade.

SUMARIO

Apresentaçao
Maria Luiza Tucci Carneiro
O Anti-semistismo, esta Hidra de Mil Cabecas
Pilar Rahola

PARTE I: ANTI-SEMITISMO TRADICIONAL

Anti-semitismo. Os Marranos e a Fluctuatio Animi
Anita Waigongort Novinsky
Anti-semitismo na América Colonial Espanhola
Yara Nogueira Monteiro
Circulacao de Obras Antijudaicas e Anti-semitas no Brasil Colonial
Bruno Feitler
Os Inícios da Diáspora Caribenha Judaica para Jamaica: Judeus como Culturais no Caribe
Christian Cwik

PARTE II: ANTI-SEMITISMO MODERNO

Trajetória de um Mito Conspirativo: Circulacao e Usos dos Protocolos dos Sábios de Siao e seus Textos Epigonicos na Argentina (1923-1945)
Daniel Lvovich
Em Torno do Mito da Conspiracao Judaica
Miguel Galante e Adrián Jmelnizki
Filossemitas ou Anti-semitas? As Atitudes dos Cristaos Evangélicos em Relacao aos Judeus, ao Judaísmo e ao Estado de Israel
Yaakov Ariel
O México nos Anos 1930: Cardenismo, Imigracao Judaica e Anti-semitismo
Judit Bokser Liwerant
Anti-semitismo no Peu: Balanco no Ano 2000 e Protecao paar Futuro
León Trahtemberg
Atutudes e Discurso Anti-semitas no Peru: 1930 e 1940
Juan Luis Orrego Penagos
Asilo no Uruguai de Refugiados Judeus Perseguidos pelo Nazismo (Até a Eclosao da Segunda Guerra Mundial)
Rosa Perla Raicher
A Questao Judaica na Argentina e no Brasil: A Contraditória Lógica de Inclusao/Exclusao do Populismo durante os Governo de Vargas e Perón
Leonardo Senkman
Peru e Bolivia e os Refugiados Judeus durante a Era Nazista
Haim Avni

Sobre os Autores Sigue leyendo

Algunas huacas destruidas en Lima

1. En La Victoria, en el cruce de las avenidas Andahuaylas y 28 de julio, existía una huaca asociada al antiguo señorío Cocaguasi, perteneciente al Señorío Ichma. Fue destruida en 1902.

2. En la actual esquina de las avenidas Petit Thouars y 28 de Julio también había otra huaca asociada al valle de Huatica. Fue destruida en 1910.

3. La Huaca Limatambo se ubicaba en los terrenos del actual Colegio Melitón Carvajal; se trataba de 3 huacas que fueron dibujadas por el viajero Squier cuando pasó por Lima en el siglo XIX.

4. La Huaca Matalechuza se ubicaba en la cuadra 19 de la avenida Salaverry, cerca al cruce con la avenida del Ejército. También estuvo asociada al valle de Huatica y fue destruida en 1951.

5. La Huaca La Universidad se ubicó en los terrenos del actual Hospital Rebagliati de ESSALUD, entre las calles E. Rebagliati, P. Cueto, Coronel Zegarra, L. Montero y las avenidas Arenales y Salaverry. También se le llamaba “Huaca Santa Beatriz”; fue destruida entre 1935 y 1950.

6. La Huaca Santa Cruz 2 se ubicaba en los terrenos del actual colegio Santa María Reina, entre las calles Agustín La Torre, Francisco Salas y Felipe Pardo y Aliaga (San Isidro). Era un extenso montículo de 8 a 10 metros de altura y estaba compuesto por recintos, rampas y escalinatas sobre plataformas superpuestas escalonadas. Fue destruida en 1951. Un pena.

7. La Huaca Clínica Delgado, ubicada entre las cuadras 4 de la avenida Angamos y la calle Chiclayo (Miraflores). Asociada a Pucllana, fue destruida en 1946.

8. La Huaca San Isidro B estaba en los actuales terrenos del Lima Golf Club, entre las calles Los Cedros y la avenida El Rosario, a 400 metros al sur de Huallamarca (Pan de Azúcar). En los planos de Lima de principios del siglo XX (1907 y 1908) también se le conocía como “Huaca Orrantia”.

9. La Huaca Orrantia 2 se ubicaba en la cuadra 33 de la avenida Salaverry (Magdalena Vieja). También se le llamaba huaca “San Felipe” o “Salaverry”; fue destruida en 1945.


Antigua huaca Limatambo

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Fragmento de la Huaca Orrantia (1924)

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Las huacas y la Lima prehispánica

La historia prehispánica del territorio que ocupa hoy nuestra Capital empezó a tener perfil propio con la aparición de la CULTURA LIMA (200 a.C.-600 d.C.). Se trató de un Estado Teocrático en la costa central que logró integrar bajo su gobierno a los valles de Chillón, Rímac y Lurín. Posiblemente se extendió también hasta el valle de Chancay por el Norte y las serranías adyacentes por el Este. Toda una red de canales articularon económicamente los valles: los canales de Copacabana, Carabayllo, Huacoy, Infantas, Naranjal y Chuquitanta (Chillón) y los de Carapongo, Nievería, Huachipa, Ate, Surco, Huatica y Maranga (Rímac).

Esta cultura se organizó sobre una red de centros administrativos gobernados desde el centro urbano de Maranga, una suerte de capital política y cultural. Se integraban a ella centros administrativos menores como Copacabana Playa Grande, Culebras y La Uva en el Chillón; Pucllana, Melgarejo, Santa Felicia, Vista Alegre y Cajamarquilla en el valle del Rímac y Pachacamac en Lurín. Junto con ellos aparecen otros centros de tercer orden (plataformas) y una multitud de aldeas de agricultores que pueblan tanto el valle bajo (entre cultivos, pequeños eriazos y a la vera de canales y caminos), como en el valle medio (en las laderas bajas de los cerros y pequeños espolones junto a fuentes de agua).

La “capital” Maranga estuvo compuesta por pirámides truncas escalonadas, grandes cercos, palacios, depósitos, amplias plazas públicas y sectores de viviendas. La arquitectura Lima se caracteriza por el uso masivo de pequeños adobitos paralelepípedos dispuestos verticalmente, en una técnica denominada coloquialmente “en forma de librero”. Ella se empleó tanto en muros como en rellenos constructivos. Para elevar las pirámides se construían recintos cuadrangulares, aglutinados como celdas, que eran luego rellenadas. En algunos casos existen muestras de arquitectura en tapia o restos de murales policromos elaborados sobre la base de diseños geométricos representando monstruos marinos y peces o serpientes entrelazadas. Para ello, se combinaron los colores rojo, negro y blanco. Muchos de los diseños murales son recurrentes en la cerámica, la textilería y talla en madera.

Luego vendría lo que los arqueólogos e historiadores han llamado la CULTURA ICHMA que, en su fase inicial, corresponde al periodo entre los años 600 y 1000 d.C. Esta etapa corresponde a la expansión de Wari en la costa central. Los wari (originarios de Ayacucho) desarrollaron un Estado comercial que alcanzó carácter Imperial. Hay presencia de sacerdotes, especialistas, guerreros y artesanos muy bien organizados que salieron a buscar nuevos mercados y materias primas. Para ello, crearon una red caminera (qapac ñan), tecnología contable (quipus) y un conjunto de ciudades enclave o emporios comerciales desde los cuales se organizó la producción artesanal y se centralizó el comercio a lo largo de la mayor parte de los andes centrales. Se inicia así un nuevo proceso de integración, esta vez, económico-comercial, y religioso.

En este contexto, las sociedades de la costa central fueron integradas en una red comercial ampliada, sin embargo, mantuvieron su independencia política y continuaron desarrollando una cultura propia. Si bien la presencia Wari no fue de dominio físico, efectivo, generó un gran impacto en el modo de vida de las poblaciones. Para el caso de la costa central se aprecian cambios en la calidad de vida de la gente con la incorporación de nuevas especies agrícolas (maíz, frejoles y algodón), el uso de tejidos de lana, algodón y tintes policromos, el empleo del cobre y metales casi masivo en la elaboración de adornos y herramientas. Se incorporan nuevos elementos iconográficos y símbolos religiosos relacionados con el “Dios de los Báculos” (Wiracocha) de Wari y Tiawanaco.

En el valle del Rímac, este fenómeno se asocia con la aparición de la cultura Ichma en su etapa inicial (el vocablo ichma, según María Rostworowski, significa “color de fruto que nace en capullo”). Los habitantes de este valle transformaron su modo de vida y cultura material. Las grandes pirámides truncas y escalonadas gobernadas por sacerdotes son paulatinamente abandonadas para dar paso a un uso más “civil” de los espacios. Al parecer el comercio ampliado genera nueva riqueza y con ella una “nueva clase social” de señores y artesanos especializados (tejedores, tintoreros, ceramistas y orfebres).

Un hecho importante corresponde al cambio en el patrón de enterramiento de la población. Se relegan los entierros extendidos simples (cultura Lima) y se da paso a suntuosos “fardos funerarios con falsa cabeza”, como los encontrados en Ancón, Huallamarca, Cajamarquilla, Huampaní y Pachacamac, entre otros. Parte de la población siguió ocupando los antiguos centros urbanos como Maranga, Cajamarquilla y Pachacamac; otra parte de la población dirigida, por un curaca, fundó nuevos pueblos como Huaycán, Mateo Salado o Limatambo.

La desintegración del gran Estado Wari trae como consecuencia la centralización del poder político y económico en manos de una nueva clase de gobernantes; ahora, la autoridad pasa a los grandes curacas. Es la del SEÑORÍO DE ICHMA (1000-1470 d.C.) que integraba los valles del Rímac y Lurín, y se hallaba compuesto por un conjunto de curacazgos enlazados y subordinados a un Señor Principal, el Curaca de Pachacamac.

Los límites entre curacazgos estaban definidos por el curso de los canales de regadío, y su gobierno estaba en relación con la administración de los sistemas de infraestructura hidráulica. Los canales principales drenan los ríos y hacen circular el agua necesaria para los cultivos por varios kilómetros. La regulación de los volúmenes de agua, los tiempos de riego, el control de bocatomas y su mantenimiento, requirió la presencia de un poder centralizado y de una gradación de administradores y especialistas. Aparecen nuevos asentamientos y se edifican palacios, edificios administrativos, templos y poblados enteros. Junto con la arquitectura pública y civil de elite aparecen construcciones más modestas como barriadas hechas en quincha con cimientos en piedra.

Ahora los edificios públicos de carácter administrativo son piramidales con rampa. Se caracterizan por tener una plataforma cuadrangular baja con un patio rectangular cercado en su frente Norte, ambas se articulan mediante una rampa central. La plataforma posee en la cúspide una suerte de atrio o audiencia abierto en forma de U, con recintos techados en los laterales. En la parte posterior se solían ubicar espaciosos depósitos y en áreas anexas amplios patios, secaderos y zonas de laboreo. Este tipo de arquitectura se evidencia en Pachacamac, Santa Cruz y Armatambo, entre otros restos. Ahora, la ciudad de Maranga decae brevemente y se continúan ocupando espacios y edificios de la época anterior, pero en la zona colindante aparece una importante cantidad de plataformas y palacios administrativos como las huacas La Luz, Pando, Palomino, Culebras o Panteón Chino. En vez de Maranga, surge el imponente centro urbano de Mateo Salado.

La conquista inca de la costa central ocurre en 1470 por obra de Túpac Inca Yupanqui. Los incas crearon la “provincia” de Pachacamac, que comprendía por los valles de Chillón, Rímac y Lurín. A su vez, esta provincia fue subdividida en tres Hunus o Sayas, que para el caso fueron las de Surco-Pachacamac, Maranga y Carabayllo. Cada Saya fue a su vez dividida en Guarangas y cada Guaranga en Pachacas y Ayllus.

A la cabeza de cada Hunu se construyó una ciudad principal, destacando la ciudad de Maranga (Rímac) y la de Armatambo (Surco y Turín). Junto a estas “urbes” aparecieron muchos centros administrativos menores y palacios curacales como elementos de penetración en el tejido social local. Los curacas de Lima fueron aliados de los incas y así mantuvieron sus antiguos privilegios. Desde sus palacios –dispersos por el valle– los curacas continuaron administrado la producción y distribución regional, pero esta vez, bajo la estructura política del Tahuantinsuyo.

Como ciudades principales sobresalen Maranga, en el que destaca un gran palacio, luego la ciudadela de Armatambo y el Santuario de Pachacamac en el Valle de Lurín. Junto con ellos se pueden apreciar muchas de las “huacas” (centros administrativos menores) que ahora vemos por las calles de nuestra ciudad: Mateo Salado, Limatambo, Mangomarca y Huaycán. En un tercer nivel jerárquico aparecen Puruchuco, Mayorazgo, Santa Felicia, San Borja, Santa Cruz, Panteón Chino, Palomino, Corpus, Pando, La Luz, Culebras, Huantille, Huantinamarca, Huaca Rosada y muchas más.


Puruchuco en Ate-Vitarte

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Huacas de Lima

¿QUÉ ES UNA HUACA O WAKA? Por definición, huaca es el término quechua que hace referencia a un lugar u objeto sagrado. Por lo tanto, huaca puede ser una construcción religiosa, un cerro, una laguna, un riachuelo, un árbol, una cueva o cualquier lugar u objeto (una piedra, un ídolo o una momia) que los antiguos peruanos consideraban sagrado. Con el tiempo, el término ha cambiado de connotación y hoy llamamos huaca a todo el patrimonio monumental y arquitectónico prehispánico como templos, centros administrativos, fortalezas, cementerios, etc. Es decir, los peruanos actuales, asociamos el término con cualquier construcción física levantada por nuestros antepasados. De la misma manera, aplicamos el término huaco a casi cualquier objeto de cerámica precolombina cuando, en realidad, alude a un “cántaro ceremonial”.

En la costa peruana, suele reservarse el nombre de huaca a pequeñas pirámides escalonadas o a un montecillo artificial, que hacían de figura cónica, en que ponían el cadáver sentado con todas sus alhajas y riquezas. Los españoles, poco después de la conquista dieron en abrirlas para sacar el oro y la plata, y los indios, para deslumbrarlos, en el paraje en que había alguna hacían otras muchísimas iguales, pero vacías, por lo cual se abandonó este modo de enriquecer, en que algunos empobrecieron gastando en excavar huacas vacías, pero algunos se hicieron ricos (Antonio de Alcedo).

LIMA, UN ROSARIO DE HUACAS.- En el siglo XVI, cuando llegaron los españoles a nuestras tierras, la costa central, la zona comprendida entre los valles del río Chillón, Rímac y Lurín, era la más densamente poblada. Por ello, dentro del perímetro de la Gran Lima, podemos encontrar numerosas muestras de la arquitectura prehispánica, popularmente llamadas “huacas”. Según cálculos del INC, en Lima existen 250 huacas. La gran mayoría de ellas, lamentablemente, está en abandono.

Cuando se fundó la ciudad de Lima, los españoles destruyeron muchas huacas en búsqueda de tesoros escondidos. Luego, con el proceso de evangelización, los curas doctrineros continuaron con la destrucción de cualquier vestigio que hiciera recordar a los indios su religión ancestral. Ya entrada la república, en el siglo XIX, muchas huacas fueron utilizadas como cementerios ante la escasez de nuevos camposantos (especialmente, personas de otras religiones que no era la católica o cuando los muertos abundaban debido a una epidemia). Luego, con la rápida expansión urbana e inmobiliaria de la Capital, a lo largo del siglo XX, se continuó con la destrucción de estos recintos prehispánicos ante la ausencia de control por parte de las instituciones del Estado. Esto sin mencionar la depredación de los “huaqueros” en busca de posibles tesoros prehispánicos.

Incluso, actualmente, vemos cómo muchas huacas limeñas han sido invadidas con viviendas informales, tienen canchas de fulbito, son escondite de gente de mal vivir, refugio de animales sin dueño (incluso lechuzas) o son usadas como improvisados talleres de mecánica. Es urgente, entonces, la intervención del Estado y de la empresa privada para rescatar, restaurar y poner en valor estos importantes vestigios de los antiguos habitantes de Lima y, por qué no, integrarlos en los circuitos turísticos de nuestra ciudad.


Huaca de San Marcos captada por Hutchinson en 1873

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La Escuela Cuzqueña (2)

Diego Quispe Tito.- Nació por 1611 en el pueblo cusqueño de San Sebastián y murió después de 1681. Descendía de los Incas y por eso firmaba: “Diego Quispi Titu Inga”. Fue el pintor indio más notable que produjo la Escuela Cusqueña. Para la parroquia de su pueblo natal pintó cinco series: Los Doctores de la Iglesia (1634-1649), La Pasión (1635-1663), San Juan Bautista (1663), San Sebastián (1679), y San Isidro Labrador (1680). Asimismo, pintó La Piedad, hoy en la capilla sebastianina de San Lázaro (1643), El Juicio Final para los franciscanos cusqueños (1675), La Sagrada Familia retornando de Egipto (1680) y la famosa serie Los Meses del Año o Los Signos del Zodíaco (1681), hoy en la capilla catedralicia del Triunfo. De sus obras tempranas las más meritorias son La Inmaculada (1627) y La Visión de la Cruz (1631).

Fue Quispe Tito el maestro cobrizo que introdujo en la pintura cusqueña los elementos flamencos de paisajes y ciudades, fuentes y jardines, aves y flores, las telas finas y los brocados en los ropajes femeninos y angélicos. Sus lienzos salieron del Cusco y llegaron a La Paz y Potosí. Dejó una larga lista de discípulos, la impronta de su taller y una obra no superada. Está considerado, repetimos, el mejor pintor indio de la Escuela Cusqueña.

“La Sagrada Familia en Nazareth” (Diego Quispe Tito)

Santa Cruz Pumacallao.- Nació en el Cusco, fue indio ladino y cultivó el estilo barroco al servicio del Obispo Manuel de Mollinedo y Angulo. Para este prelado hizo los grandes y pequeños lienzos del transepto de la Catedral del Cusco. Estos cuadros mayores son: San Cristóbal, San Isidro Labrador, La Aparición de la Virgen a San Felipe Neri y la Imposición de la casulla a San Idefonso de Toledo; los menores, a su vez, son Santa María Egipciaca, y la Discusión de la Eucaristía; así como Santa Tecla, el Extasis de Santa Catalina de Siena, la Transverberación de Santa Teresa de Avila y el Buen Pastor con los Evangelistas. Todas estas obras, repetimos, pueden verse en el transepto señalado.

Para los franciscanos cusqueños realizó los cuatro últimos de la serie de la “Vida de San Francisco de Asís”, los cuales son: Muerte de San Fancisco, el Entierro de San Francisco, San Francisco rescatando almas del Purgatorio y el Papa Nicolás V ante San Francisco difunto.

En el Cusco, igualmente, pintó varias vírgenes y ángeles, El Purgatorio y un San Laureano Mártir degollado y sosteniendo su cabeza con las manos (1662). Murió después de 1668, dejando valiosas obras y numerosos discípulos

Los maestros indios de la Escuela Cuzqueña.- Juan Chauqui (1600), Antonio Chaquivi (1600), Diego Huallpa(1600), Juan Chaquivi (1600), Diego Cusihuamán (1600), Francisco Inga (1610), Fernando Inga (1616), Matías Hancco (1637), Mariano Tecse (1637), Tomás Tecse (1637), Juan Tecse Tupa (1637), Diego Quispe Tito Inga (1640), Salvador Humpiri (1643), Juan Sapaca Inga (1649), Alonso Yunca (1650), Andrés Juan Tupa Hanatupa (1650), Diego Callaimara (1650), Bartolomé Chalco Sutic (1651), Cristóbal Páucar (1651), Lucas Hullca (1651), Ascencio Roque Uscamayta (1651), Salvador Sandoval Inga (1659), Manuel Saqui (1660), Simón Inga (1660), Andrés Chihuantupa Nina (1662), Basilio Santa Cruz Pumacallao (1662), Alonso Nina (1662), Alonso Huanca (1665), Juan Páucar Inga (1665), Bartolomé Huamán Quispe (1670), Francisco Chihuantito Inga (1679), Andrés Quispe (1693), Juan Quispe Huamán (1693), Bernabé Nina Inga (1698), Antonio Sinchi Roca Inga (1698), Melchor Sinchi Roca Inga (1698), José Melchor Huamán (1770), Diego Tito (1707), Juan Uscamayta (1712), Juan Maras Mayta (1712), Sebastián Quispe (1717), Martín Quispe Tupa (1721), Francsico Chillitupa (1726), Marcos Sapaca o Zapata (1748), y Juan Huamán Espinosa (1756).

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La Escuela Cuzqueña (1)

Esta escuela, abundante en adornos de oro, tuvo su etapa de apogeo en la segunda mitad del siglo XVII y primera del XVIII. Empezó aficionada a los moldes italianos (influencia de Bitti, Medoro y Alesio), pero luego los abandona y se pasa a los flamencos (influjo de Rubens y de las muchas estampas que se traen al Perú), terminando por adquirir personalidad y vida propias frente a los demás estilos pictóricos del Nuevo Mundo. Fue una pintura cultivada por pintores españoles, criollos y mestizos pero, de manera muy principal, por los maestros indios de la ciudad. De ahí que con frecuencia los personajes sean hieráticos.

El oro, lo hemos visto, pareciera constituir a primera vista la nota más resaltante de la escuela Cusqueña. Sus lienzos exhiben Trinidades, Cristos, Niños, Vírgenes y santos con ropas llenas de oro. El buen estofador, ese que sigue los pliegues de las telas y respeta los bordes de los vestidos, es un dadivoso del color solar.

En esto del estafado o bracateado de oro cabe distinguir tres momentos: el bracateado llano, el brocateado en relieve y el brocateado fino que también llaman filigranado. El pintor indígena, antiguo creyente del Sol, hace imprimaciones de oro para dar sacralidad a los personajes relievados por la religión cristiana. A su vez, la figura central, con rigidez muy andina, está frecuentemente rodeada por una girnalda de flores si no inferiormente flanqueada por dos floreros de metal. El fondo, en la época, lo constituyen verdes paisajes de Bruselas con casitas que recuerdan las de Gante o las de Brujas, pero abundan los pintados pajarillos que unas veces semejan aves quietas y otras avesillas coloridas revoloteando entre molles y cantutas.

A todo esto las figuras humanas aparentan no moverse y sus rostros con frecuencia evidencian “expresión inexpresiva”, como si no se percatarán de su principal papel o lo tomaran con indiferencia. Los semblantes se apartan de los modelos renacentistas y, por así decirlo, se andinizan, las caras pierden su blancura y, conservando sus mejillas coloradas, se cobrizan. Mantienen sus facciones arias el Padre Eterno, san José y Melchor, el primero de los Reyes Magos, a quien exageran la calvicie. Pero los Cristos se oscurecen al contacto con la raza de caoba, la Virgen se hace Mamacha y Gaspar, el segundo de los Magos, se hace cholo de verdad. El último lugar entre todos los pintados corresponde a Baltazar, el tercero de los Magos, al que representan negro.

Los pintores logran realismo en los caballos y triunfan con los pájaros estilizados, pero fracasan estruendosamente con los animales nunca vistos: el león, el elefante, camellos y dromedarios. Estos últimos, aunque en pocas ocasiones, son reemplazados con llamas. Si la ambientación temática es fundamentalmente serrana (méstralo esa última cena de la Catedral en cuyo blanco mantel un cuy o una vizcacha hace veces de cordero junto a ajíes encendidos, orneados panecillos de maíz, y un grueso cántaro de chicha), no por ello se olvida a la selva y a la costa. La selva peruana, la Omagua de los Incas, termina reemplazando al bosque flamenco, emergiendo de su seno amazónico blancas y cobrizas Vírgenes con penachos de plumas; la costa menos policromada pero más marinera, está idealizada por galeras y barquillos que navegan el lagunas inspiradas en el mar.

La Escuela Cusqueña es el encuentro de Perú con Europa en un momento de comprensión artística con fundamento religioso y militar. No solamente están para demostrarlo los Arcángeles Arcabuceros sino también Santiago, el Apóstol del caballo blanco, hasta hoy identificado con el trueno en la mágica mentalidad de los andinos. La fusión de los dos mundos tendría su explicación en el hecho que hispana es la figura pero indio es el pintor.


“Dama” (Anónimo, Escuela Cuzqueña)

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