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Recuerdos

Es increíble ver como pasan los días sin que pueda percibir si fueron años, días o solamente horas. El mismo segundo anterior ya es diferente al que viene y así sucesivamente. Así es la vida -dicen- la vida que es vaivén, retazo de tiempo, pucho de recuerdos. Me he quedado viendo a veces lo que antes escribía (vergüenza, ajena y propia) y muchas otras veces deseaba tener a la mano lápiz y papel (entiéndase, una computadora cerca) y comenzar a escribir todo aquello que acontecía alrededor: el humo de la calle, la gente, la mente, la música… tantas cosas de qué hablar en un solo momento. Pero siempre cerraba ese deseo con un suspiro hondo y desganado.

– “Otro día será”

Como ya lo comenté antes (no aquí), estaba leyendo el mundo de Sofía. Digo estaba porque luego empecé el trabajo y entonces lo dejé en mi mesita de noche. Aún hoy, siendo como ya es de madrugada, el tiempo es ajeno. Primera idea: si se poseyera, que nos quedaría. Qué-daría-yo-por-tenerlo..

Acabo de terminar mis deberes y es otra vez de madrugada. He leído algunas hojas más del libro que vengo leyendo, he organizado mis deberes para la mañana siguiente y estoy a punto de ser desalojada de mi estación de trabajo por lo que espero sea un mejor y más amplio ordenado huarique de estudio. Escucho música a través de unos audífonos demasiado grandes pero de excelente sonido, lo que me conviene pues no escucho nada alrededor y me deja algo de concentración para terminar estas líneas.

Todo es tibio alrededor. No me gusta. ¿Lo prefiero al invierno? Sí. En invierno respiro pura agua. Ya no soy la de veintitantos. Qué queda, buen humor y paciencia. Dos cosas que son intermitentes en mí.

Voy a dormir. En otras partes del mundo la gente ya va andando. Voy a leer algunas líneas más del-libro-que-vengo-leyendo y seguro quedaré dormida. Acabo de recordar que mañana iré a nadar temprano. Argh – a nadar y otra vez con sueño..

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Tiempo

 

Hace mucho no escribía por acá. Me ha llevado la vida de lado a lado, haciendo y tejiendo historias (anécdotas) sin cesar. He cambiado mi mundo, establecido ciertas rutinas (aquellas como las de peinarse antes de salir o de lavarse las manos al llegar a casa). El frío ha sido más fuerte este invierno, mis venas y mi pensamiento lo sintieron más fuerte este año. He caminado más despacio que de costumbre, he tosido ira a veces. He llorado alegrías, recordado el olvido.. y he sido menos ociosa que siempre, aunque por ahí no falta la voz despistada que dice que siempre estoy ocupada. Pues he de declararlo: no siempre es así. Los fines de semana en que voy de visita al norte de la ciudad me la paso echada al mueble esperando los primeros rayos de sol para poder ir a nadar nuevamente. Cuando estoy en el sur tengo otra faceta: me dedico a escribir en la computadora (como ahora), a cruzar información. A veces amanece más temprano que siempre y tengo un ojo más arriba que el otro. Es la razón por la que he vuelto a usar polvo en los ojos. Tan simple como eso. Sólo quiero pasar (in)advertida.

Ha pasado un año y no veo a Bonnie saludarme. La he sentido cerca desde entonces, pero lejos en el universo. Me guardé un mechón de su pelo mientras el día llegaba, porque mi rostro no pudo mentir su dolor. Aquella tarde me di cuenta que ese amor-lejano-más-allá-de-la-muerte es inconmesurable. Porque, mírenme ahora: es poco más de la medianoche de hoy, hora peruana, hora limeña.

Y una gigantesca gota de saliva se atraganta en mi muda voz, haciéndome recordar lo pequeñita que era ella, mi pequeña hermana.

Mi gran hermana…

Tristezas aparte, acabo de darme cuenta la cantidad cruel de libros que he comprado y no he leído. Espero que NADIE se sienta identificado en ello conmigo.

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Sueños que sólo son.

Los sueños, sueños son. Nos cubren de todo ese velo gris los sueños que no tienen forma de volverse realidad. Entonces ese gris se hace uniforme y extenso, y más allá de ese horizonte, los sueños sueños son pero parecieran cobrar vida.

Mucho de lo que es un sueño es en realidad, existencia. La prueba de que algo no existe. El sueño de algo que no será.

En fin, distraigo con brevedad mis ideas, a la par de la música que suena en la sala, la ironía de tener un lugar donde dormir y no poder hacerlo – aún no puedo– y la firme convicción de que cuando llegue el tiempo de hacerlo, mi alarma volverá a sonar fuerte y entraré al agua en forma de cascada, en una suerte de sueño medieval donde la vida se acaba al atardecer y escondida por entre los abrojos de lo que llamaré sólo hoy,  rutina.

Ps. Digo mucho para decir nada en realidad..

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