Volver atrás

En alguna de esas noches, el cielo se extendió más lejos que de costumbre. Pensaba en los colores que ahora inundaban la habitación: no más blancos. Ahora solo el cielo tenía parantes y todo alrededor está lleno de verde, marrón y naranja chillón. Sonrío, tampoco es lo que quiero pero es lo que tengo por ahora, y a mal tiempo, bueno… a tiempos nuevos, asimilación.

Esa noche en que miré al cielo, las nubes corrían una tras otra, literalmente. No niego que me llenó de nostalgia todo ese frío y esa brisa que parecía engañar anunciando un invierno ya ausente. La nostalgia de todo me golpeó tan descomunalmente que preferí ignorar esa “saudade” de la que tanto hablan las canciones que escucho y preferí ver la luz de luna incrustándose entre las nubes y la noche.

Mis sueños se han convertido en pesadillas continuas. Sueño con lugares lejanos y grises, con soledad, con agua y con aire, con ausencia y con rostros que nunca me han traído buena suerte. Siento que poco a poco ese momento aciago (y que mató mucho en mí) huye poco a poco, demasiado lento para mi gusto. Solamente sigo, mientras me acostumbro a escuchar otras voces, a ver lugares ajenos, a pasar tiempo viendo cosas que ni me gustan, sin lo que antes tenía…Mientras vuelvo a construir todo nuevamente, acostumbrándome a aquello que me dijeron: uno sigue. La verdad la llevo a cuestas, quizás por eso es que la vida me deja seguir, me deja respirar algo, me deja vivir (cliché). Pero un solo guiño atrás y todo vuelve a hacer igual, en ese puente, sola.

Que estará haciendo ahora en esta tarde, ya noche, ya ausente. Definitivamente, año de ausencias.

Ps. Y entre tanta nube, la luna se empeña en brillar. Fuerte. Y hacia esa luz sigo avanzando…

Saudade…

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