Archivo por meses: Noviembre 2017

Volver atrás

En alguna de esas noches, el cielo se extendió más lejos que de costumbre. Pensaba en los colores que ahora inundaban la habitación: no más blancos. Ahora solo el cielo tenía parantes y todo alrededor está lleno de verde, marrón y naranja chillón. Sonrío, tampoco es lo que quiero pero es lo que tengo por ahora, y a mal tiempo, bueno… a tiempos nuevos, asimilación.

Esa noche en que miré al cielo, las nubes corrían una tras otra, literalmente. No niego que me llenó de nostalgia todo ese frío y esa brisa que parecía engañar anunciando un invierno ya ausente. La nostalgia de todo me golpeó tan descomunalmente que preferí ignorar esa “saudade” de la que tanto hablan las canciones que escucho y preferí ver la luz de luna incrustándose entre las nubes y la noche.

Mis sueños se han convertido en pesadillas continuas. Sueño con lugares lejanos y grises, con soledad, con agua y con aire, con ausencia y con rostros que nunca me han traído buena suerte. Siento que poco a poco ese momento aciago (y que mató mucho en mí) huye poco a poco, demasiado lento para mi gusto. Solamente sigo, mientras me acostumbro a escuchar otras voces, a ver lugares ajenos, a pasar tiempo viendo cosas que ni me gustan, sin lo que antes tenía…Mientras vuelvo a construir todo nuevamente, acostumbrándome a aquello que me dijeron: uno sigue. La verdad la llevo a cuestas, quizás por eso es que la vida me deja seguir, me deja respirar algo, me deja vivir (cliché). Pero un solo guiño atrás y todo vuelve a hacer igual, en ese puente, sola.

Que estará haciendo ahora en esta tarde, ya noche, ya ausente. Definitivamente, año de ausencias.

Ps. Y entre tanta nube, la luna se empeña en brillar. Fuerte. Y hacia esa luz sigo avanzando…

Saudade…

Continuación

Varias veces durante estos meses (sigue pareciendo julio aún) me he cuestionado la ausencia de tantas cosas que antes tenía cerca. Entonces, se me hace un nudo gigante y eterno en el pecho, la frustración asoma y solo miro mis manos, sin entender mucho a pesar de buscar explicación. La palabra muda, como siempre. Una palabra y voz mudas, mientras siga el tiempo.

Extraño las tardes en que llegaba del trabajo y me sentaba a descansar, frente al televisor (no siempre lo prendía). Había una sensación tan calma en todo y todo ello parecía eterno –  pensé que siempre sería así. Aún lo extraño, extraño las voces, los pasatiempos, las conversaciones… todo se quedó en el tiempo.

Ahora – quién pudiera imaginar- no tengo nada de lo que tuve. Nada. Nunca pensé estar en situación parecida, y aunque mi fe es grande, ser humana hace que desee borrar todo en un segundo y quedarme sin recuerdos. La magia de ello es que de hacerlo, nos quedaríamos incluso más vacíos que siempre.

¿Dónde está todo?

Ahora solamente miro el teléfono y las fotos a veces se cuelan y sonrío borrosa en el olvido. No encuentro paz pero de algún modo todo sigue su curso.

Son muchas las tardes, las noches, los días en que he querido correr y escuchar la misma voz: Mi espejo. He querido volver a decir mi nombre, escuchar la voz hecha aliento, jugar Clue o quizas comer algo a hurtadillas. He querido contar lo que estoy pasando, el dolor por el que atravieso ahora que nada tengo. He querido ver mi rostro en el espejo, pronunciar mi nombre y escuchar la respuesta en eco diferente.

Así es como termina la vida – quizás. Me quitaron todo y nunca pude hacer eco de mi voz. Me mutilaron.

Fe – solo eso tengo. Como ese grano de mostaza del que muchos ya han hablado antes…

Ps. Y sin embargo, desde la penumbra, una breve y delgada luz se esfuerza en iluminar mi ausente emoción.