emoción (que no lo es)

La semana había transcurrido y qué semana. No solamente terminé de trabajar – lo que en otra vida y otro tiempo era lo único que debía hacer- sino que ahora debía además repartir mi tiempo entre el tráfico, la llovizna que va naciendo en Lima, los estudios, los amigos (pocos)… y con suerte, la vida personal.

Siempre que tomo alguna decisión, impensada, motivada solamente por una emoción (que me empuja a una humana reacción de la que después solamente puedo señalar PORQUÉ), las consecuencias son funestas. Aunque ya hace mucho (mucho x 1000) no me había dado esa licencia, lo cierto es que reaccionar y actuar sin pensar es un one-way-ticket momento, situación que creo ya no debería de volver a vivir. Ya no tengo muchas excusas: no tengo 20 años (por ende “no adolezco”), no estoy sintiéndome mal por algo específico (enfermedad, desamor, etc), el mundo no se acaba mañana… no tengo excusas, es la verdad.

Esa terrible condena de “hacer lo que quiero” me acoge en una situación agridulce (he tenido que hacer una pausa para repasar en mi mente como escribir esa palabra, cuyo origen solamente lo tenía en inglés al momento de escribir estas líneas). Agridulce, contradictoria, incauta, que sé yo. De lunes a viernes, cada uno de esos días, todo se intensificó. Algunas decisiones si las pensé mucho antes, por ello es que no sentí mayor consecuencia (qué cierto ello de pensar antes de actuar). Pero aquellas otras, movidas por un frenesí incauto de apasionamiento juvenil huido, esas otras, son las que quisiera borrar. A menos que…

En fin, teniendo tanto por decir y ver huído el mundo (y el tiempo, la mayor pérdida para mí), me alejo. Estoy contemplando la idea de un viaje, espero corto, espero pronto. Espero, memorable.

Como siempre, una canción (un poco a raíz de tantos eventos).

I can see clearly now ♫

Puntuación: 0 / Votos: 0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*