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Cambio

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Tenía treinta años y estaban aún estrenados. Todas las veces en que escribía tenía cada vez menos espacio, menos recuerdos, menos sitios por recorrer. Como en dominó, las historias se fueron ahuyentando, olvidé nombres y lugares. Sin embargo, seguía comprando libros. Las tapas y cubiertas se distinguían: yo era ahora la primera dueña.

No estoy segura – esto a razón de algunas pocas conversaciones ajenas y por doquier- si las personas cambian. La psicología (el ser) es tan arisca que jamás me ha dado guía alguna y cierta sobre ello: después de todo hablamos del ser humano. Quien mejor que nosotros para probar que no somos los mismos del (micro)segundo anterior.

Yo no soy la misma. Lo sé, suena a cliché.

Repito: No soy la misma.

Mis canciones preferidas de antes ya no lo son hoy: si las escucho, siento nostalgia. Pero no quiero volver a escucharlas. Mi rima ya no se queja, solo es contemplativa y bastante dócil. Ya no hay estigmas de amor crucificando mi “alma” ni mi “eternidad”: ya no hay verdugo a quien culpar, ya no hay monosílabos ni historias de amor incompletas. No más relatos donde la espera y la sorpresa acostumbraban llenar mis manos de calor y mi sonrisa de rubor: ya no hay escritores de lado, no hay ansias por lo desconocido de esos eventos. Soy una extraña que visita esas impresiones sin recordar demasiado lo sucedido.

¿Cómo empezó todo? No fue la soledad. No fue la nostalgia. No fue el amor.

Simplemente sucedió.

Decidí dejar a todos y todo, y comencé a crear mi propia fuente de inspiración. Ahora me divierte escuchar música a mi propio paso, leer libros que nadie había mencionado, escribir prosa que nadie había inspirado. Comencé a mirar de lado, y me detuve cuantas veces quise. Me entretenía horas de horas conversando, riendo a más no poder… escuchando.

Cada noche, dia, mañana, tarde, ocaso… siento cosas diferentes. Puedo mirar una sola fotografía por horas. Quisiera contar todo lo que acontece en mi jornada laboral  también (incluyendo lo dicharachero de tener cierta reputación profesional y sentirse feliz ante el propio esfuerzo)…

Por hoy, he tomado un té de arnica. Aunque reniegue, necesito que salga el sol (que nos acompañe ciertamente). Días tan fríos como estos me hacen sentir más nostalgia que otras veces. A esta hora la temperatura es de 12º – mi tobillo empieza a oxidarse más con los inviernos y la humedad. Tengo algo de sueño.

 

A dormir, como decía mi abuela.