Archivo por meses: Febrero 2012

Miércoles

Aquel lunes la lluvia cedía fuerte. El olor a barro sucio, mezclado y soleado hedía. El miedo me entraba de costado: asumí que era un presagio vano, sin intención. Caminé algunas cuadras, la luz en las calles había huído. Llegué a casa trastabillando. No pasaron ni dos horas: una sombra negra anidó en el único vértice por donde podía bajar las escaleras. Todo se nubló. La siguiente hora la pasé entre lágrimas, hablaba rápido. Pedí perdón muchas veces, tosía, mi pierna crecía. Los colores cambiaban, veía las luces de madrugada: una gran tristeza hundía mi pecho. El camino era largo. Apenas llegué, mi pierna no andaba. Desde ese entonces, sólo vivo echada.

Fue así como las palabras venían prontas, deseos gigantes de verme repuesta, las sonrisas y la preocupación dibujados en las burbujas de miradas alrededor mío. Las primeros días fueron inhumanos: la sangre cedió al segundo día. Mis días después rompían en dolor, la sangre bajaba y llenaba mis arterias al intentar mantenerme de medio pie. Muchas palabras me acogieron. Por segunda vez, la mirada del entonces amigo, huyó. Hoy tres lagrimones gigantes se comieron mi ira – ¿Con qué derecho, con cuál – cómo lo pudo hacer?

No puedo caminar, ¿sabes? – no puedo correr, no puedo conversar contigo porque ya no estás, no puedo hacer mucho porque todo queda lejos de mis manos. Pero más aún, yo estoy lejos de ti. ¿Opción antes que prioridad? No gracias. Ya vivimos el 2009 y no quiero comprarme otro auto.

Y tú conmigo… aún.

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Día 8

El día de hoy vino a verme una amiga a la que no veía en mucho tiempo, quizás ocho años, algunos más, algunos menos. Sonreía, entre sus ojos grandes me decía como había estado, que le había sucedido. Me dijo que le gustaba el transporte en España. ¿Yo? Sonreí.

Mi pie aún hiede dolor. Por las noches no encuentro descanso. El calor inunda todo y a todos. A veces sueño que camino, corro, que visito edificios on piso de madera o que estoy en algún jardín inmenso y verde, y que toda esa extensión es pequeña sin embargo.

Que poca y que buena la gente que me recuerda en este despojo. El amigo que antes comía conmigo ignora que sigo con vida, mis libros se llenan de polvo allá arriba. Termino mis proyectos mediatos, algún par de títulos rodearán mi destino en algunas semanas.

Y mientras, estos trece puntos mal hechos, me recuerdan a todos los treces, de los que nadie ha dicho algo agradable.

Iré a hablar con Rafael. En la inmensidad, sé que me escucha y me siente. Sigue leyendo

Rota – Día 5

Los días son diferentes. El dolor, otra vez, me consume. Me duele tanto que no sé que esperar, las noches, los días, las horas o acaso el futuro. He llorado tan fuertemente porque todo acecha, todo en sigilo. Es el quinto día y no tengo calma, engaño al tiempo, engaño a la sed, y siendo así, me siento un ser humano perdido en las sombras de lo que la vida decide por mí. Dios sigue allí arriba, el amor que lleva mi nombre no se separa de mí por un segundo, pierdo y gano nombres y así, estoy sentada, esperando a ver que sigue. Esperando a ver qué sucederá. Sigue leyendo

Nueva vida.

Estos días me he dedicado a leer historias cortas. He dejado de lado algunos libros gruesos, me acomodo a la rutina de cosas nuevas. Tengo algo de poder mediato, lo que hace que disfrute las cosas que ello suscita con una mueca de sonrisa, de lado, sigilosa. Me he acostumbrado a ser querida ya por varios meses, cosa curiosa, no es mi sombra la que abraza esa idea sino la energía. Mi cuerpo se estira y sigue su curso, mis ideas siguen su curso y logran elongar algún deseo a futuro, a punto de hacerse realidad.

Tomo agua, escribo al papel, le doy un beso y hablamos por horas. Ver a través de sus palabras es ver su mirada. Es encontrar un chocolate en la almohada y una rosa al través. Como dijo, la primera fue blanca por amistad. La segunda fue rosa por el amor.

Estoy a pocas horas de comenzar el día. Mi cuerpo se extiende ocioso en la nocturnidad. Extraño su pensamiento detrás del mío. Extraño su sed al mediodía y su mirada con su luna querida, que apareció anoche llena y gigante, seguro para acompañar su espera.

Voy a dormir unas horas. El día empezará, pero ojalá antes empiece yo.

rosa

La Rosa, rosa.

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