Archivo por meses: Septiembre 2011

Mayo en Septiembre…

Aquella mañana, aunque nerviosa, mi papá nos dijo que debíamos darnos prisa. Recuerdo que me puse el buzo que más me gustaba y acomodé una cinta en mi pelo. Había dejado de ver a mi mamá un día entero: era lo suficiente para extrañarla.

No sé cuánto tiempo pasó, no sé cómo entramos. El cuarto era pequeño, mi madre tenía los ojos hinchados pero una luz inmensa la acompañaba alrededor. Tenía miedo de verla. Cuando mi papá dio la vuelta al picaporte, entre el miedo, la imaginación y la soledad de ése sólo minuto, el alma se me cerró. No sé cuánto tiempo faltaba para tenerla de vuelta en casa. Pero ya no sería lo mismo.

En efecto, algún tiempo después, la vocecita que escuché aquella media mañana en la clínica, se hizo eco. Mi mamá recuperó la sonrisa blanda de siempre, mi papá volvió a toser fuerte por las tardes. Yo sólamente me quedé con éstas impresiones hoy en que el sol prendió tan de repente por todas las esquinas, y recordé lo pequeñita que era en ése entonces Fiorella… y lo grande, fuerte y hermosa que se ha puesto con la vida, “como una espada en el aire..”

Para ella..

ps. Traído a la portada por el reciente suceso de éxito en la vida de mi hermana. Sigue leyendo

Colores (a propósito de la primavera y el sueño eterno)

Un globo amarillo gigante, impreso con letras negras y toscas, amenaza caer del cielo de mi habitación. Al fondo, los libros de Frida encierran mil y un fotografías. Dos botellas de aroma diverso, libros apilados, encerrados, interminables. La foto de mis padres hacia el fondo, por arriba, abrazados. Más de treinta años.

Pasé parte de la noche zigzagueando entre algunos nombres. De pronto, entre la zozobra del primer momento, entre aquel sueño mío donde abrazaba fuerte a mi hermana, entre la vigilia y el silencio, la alegría, que hace mucho no asomaba tan cruel y gigante, desbordo nocturna.

La mañana de lunes, todo tosía a mundano. La alegría extrema se tornó violenta aquella noche y en la mañana, todo sonaba a rastro, a sombra, a inmutabilidad.

Siento el amor en mi propia vuelta de tuerca, pero la falta también de tanta usanza férrea e impúdica de la que fuera mi vida. El nombre de Eva visto en mis ojos: Rocío, Rocío.

En los suyos, propios, yo sólo veo soles y turmalinas.

Es jueves, la mañana aún no arde. El invierno se larga despellejado, se va con el frío en sus costillas, con sus nubes, con sus cejas grises. Mi cuerpo ya se sueña en el azul de lado, nadando en la perturbación beneplácita que le provoca el silencio.

Tantos adjetivos, tanto pelo sobre mis hombros, tantos recuerdos, tantos sueños.

Tantos nombres, lugares y hechos. Pero un sólo día.

– Veintitrés.

bad

El bien y el mal.

Ps. Y sin yo serlo me llama preciosa, qué se yo…

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