-Esta creencia mía de que escribiendo, veré una señal-

Para el segundo en que termine de escribir esta línea, la medianoche se engullirá su primer segundo de vida. Después de que cada suceso tras suceso me distrajera, todo lo que debía hacer fue cayendo como dominó durante el día, la tarde y la noche, como si una sóla conjunción se tosiera breve pero fuerte. Cuando me hallé sóla, grandes lágrimas de impotencia me salieron del alma y de la mirada, imaginándome el porqué verdadero de mi estadía todo aquel tiempo. Mis venas se llenaron de furia y la rabia pobló el siniestro de mis ojos. El otoño asomó gigante y con el rubor de esa ventisca, se cuajó la nostalgia.

Sabes:

Estuve contigo desde aquella lejana tarde donde el viento se comía mis costillas. Cuando la mirada de otras mujeres te consumía la mía, cuando sentados en un café y acercándote a mi rostro, te besé. Desde allí, recuerdo el momento exacto en el que quise saber quien era el hombre que tenía frente a mí, el de la mirada huída, de las manos fuertes y hombros de acero que hacían crecer mi calor en cada abrazo. Allí supe que quería saber quien era el hombre de la risita burlesca caída la noche, el de las primeras llamadas esas noches, el que limpió mis lágrimas en cada partida y el que veía crecer mi pelo por sobre mis hombros y sonreía. Aquel que caminó recorridos extensos para regresar a casa, cuando sólo tenía apenas un puñado de monedas en los bolsillos, cuando el hambre era fuerte y la sed, descomunal. Caminamos retrocediendo, corríamos de espaldas, sonreíamos entre penas. Torpe en destrezas, tonto en razón y calor en invierno. Me quedé, hoy lo supe, porque su ciencia y la palabra de su boca me nacían en el alma.

Quiero saber quién es – me dije.

* * * *

Hoy, 25 de octubre, ha vuelto a nacer. Tiene un nuevo rostro, nueva voz, nuevo mundo. Hace años tenía una madre y un padre y hermanos y un techo. Era el primer hijo, la palabra de impulso, el sigilo sin cariño. Estaba por eso con todo él: con su pelo ensortijado, con su nariz vespertina, con sus ojos que cerraban lentos y sobre todo, con su fuerza. Con ella misma me quedaba yo, y él, aunque nunca lo viera, con toda yo (en ese entonces).

Así me quedé contigo. Porque quería saber quien seguía, quien crecía, quien era la zarza en mis espinas. Nunca fue tolerancia, nunca fue soporte, palabras a las que nos acostumbraba el día, el trabajo y sus noches. Fue magia: así mi alma se prendó de esa ricura de mentón y se perdió en cada uno de los horizontes que el ser humano crea cuando excede su propia expectativa.

Me quedé contigo porque crecías como puño en tierra, como bosque en lo silvestre y porque a mis ojos te hacías gigante e invencible, y por entonces que poco me importaba la misma camisa negra de siempre, y hasta pareciera yo extrañarla.

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2 pensamientos en “-Esta creencia mía de que escribiendo, veré una señal-

  1. C.

    Hola. Me gusta tu prosa y lo que escribes de quien amas. Quizas ya son esposos? Si alguna mujer me describiera asi me sentiria increible. Pon fotos para ponerte rostro y a el tambien. Saludos.

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