Archivo por meses: Abril 2010

Del domingo y sus sales.

Hace mucho como hoy no hablaba con Daria, mi entrañable amiga rusa. Después de un par de minutos reencontrando nuestras historias, huímos, pues el tiempo apremiaba. Recordé con cariño las tardes de dulces y tés que ella me prodigaba cuando la iba a ver: sonreí.

Un vaso de gaseosa acompaña mis escritos a esta hora taciturna. He deplorado el uso incierto de metáforas por doquier. He limpiado la casa, la he renovado, hermoseado, no para ponerla en venta, sino para que sea admirada e imposible de llegar.

Mis libros esperan. Más aún los suyos Don Víctor.

Mi hermana y yo tenemos planes. Ambos (aquellos) no incluyen anexos.

Peligro.

ps. Leí un cuento que proclamaba la muerte del ogro y el triunfo de la ciudadela. Lo incendiaron cual estambre inservible. Pelo de estambre negro e inservible, animal entero que sólo traía desdicha y destilaba desidia alrededor, haciendo cómplices a los aldeanos de los primeros pecados de la humanidad. Roedor sucio, muerto en la voz de la mujer vestida de cantos y versos únicos, de piel azabache, de letanías miles… de orden absoluto. Fue ella quien diera la palabra final: el grito de muerte. Sigue leyendo

Segundo diario de Ernesto, 1.

Jueves, quince de abril. 2010.

He agradecido que Ernesto haya regresado y le haya podido extender un abrazo sincero, en su versión más cursi (de donde crece la palma). Su sonrisa era amplia, cual siempre, algo de pilluelo y algo de adulto, algo de curioso, y algo de lejano. Aquella tarde tan soleada tenía mucho por hacer. En un santiamén llegó a mi nueva morada, mi pedacito de libertad como él lo llamó. Se alegró, se sentó conmigo y le enseñé con algo de emoción – lo reconozco- mi nueva y ajena casa. Él es ya amigo más de diez años, pero no los diez años que se viven siendo niño. Son diez años sólidos y lo conocí cuando él tenía la edad que yo ahora tengo. Fortunas y desventuras, éxitos, ausencias, vida… así nos hemos pasado estos años y tal cual siempre, el mismo cabello suave va decolorando en su cabeza. No le extendí el abrazo hasta que estuvimos en la sala, le mostré parte de mis libros, apenas y me estoy mudando – me excusé. Él, con una alegría sinfín extendió sus brazos y como hace mucho (un año) no lo había hecho, me dijo.

– Ven, dame un abrazo, pero fuerte..

Y la emoción me contrajo la palabra, lo miré a la sazón de sus años, nuestra amistad era ya larga. Probable era que viera una decena de años más con él: él vio a la niña crecer, cuando ella si siquiera llegaba a los veinte años.

Charlamos contentos un par de horas. Le dije que aún Lima hervía. Él dijo que ya no trabajaba y que sus siguientes planes laborales incluían a su familia. Le reproché el haberme negado como amiga noches atrás, cuando supe que él estaba aquí. Él carcajeó y dijo que tenía sueño. Empujé su cuerpo toscamente. Tosió de risa.

Luego, con la misma mirada simplona, comenzó a verme mientras yo hablaba. Pude notar sus ojos escudriñar los míos, él seguía la forma en como movía mi pelo mientras le dibujaba mis experiencias. Hablamos de todo lo que venía a nuestra mente: Sollozamos también, sin necesidad de lloriqueos. Las penas más bellas merecen un buen recuerdo…

Y en ése instante, sus labios mencionaron el secreto a voces.

– ¿ Esa es la maleta que alguien tomó como suya?

Y al instante el rubor me subió al rostro.

Siendo la hora de su primera partida, él se excusó. Salimos y las llaves rechinaban en mis manos. Cerré la puerta y rodeé su brazo con el mío. Él me dijo.

– ¿Recuerdas cuando abusabas de mí?, Y me decías.. “¿puedo tomar tu mano?”

Nos echamos a reír. Caminábamos por las calles, y él a mi lado. Ernesto era ya casi un hombre. Iba creciendo, delgado, enjuto de carnes, manzanilla de pelo y ojos rubios de atardecer. Esta era mi nueva libertad y él la conocía también. Era un buen chico. Algún día conocería a mi mundo – pensé.

Compré un par de cosas. Él me acompañó al camino de regreso. Hablamos de su padre -no quería hacerlo, pero era irremediable- y me dio la grata noticia de que traería algunos de sus libros. Quería llorar. Abrí la puerta, pues yo debía entrar ya sin él. Me besó en la frente fuertemente, mi cuerpo tembló. No entré hasta ver desaparecer su cuerpo al doblar la esquina. De rato en rato volteó la mirada, rompiendo mi entereza. Llegó a la esquina, volteó. Levantó la mano en señal de adiós. Yo respondí, nos detuvimos y entonces cerré la puerta. Le prohibí decirme adiós segundos antes. A lo lejos pude escucharlo decir..

“Chau Rocío”

Frase irreal, Ernesto jamás me llama por mi nombre.

Este post dedicado a Ernesto, su amistad, sus sigilos, sus arrebatos, su existencia y desde aquella misma esquina, el vértice donde alguna vez lo conocí y todo lo que él ha visto sucediéndome, todo lo que he robado de él. Dedicado a su reproche absurdo de haber dejado a Ernesto en el olvido a propósito de situaciones.

ps. Algo de razón y mucha, en ese reproche ya inútil.
Sigue leyendo

Dias de guarda(r)

Saben? he terminado de mudar parte de mi vida a un nuevo lugar. Propensa a mucho, en realidad estoy esperando que la vida sonría con fuerza mientras hago de lo vivido una sensación vil pero intensa. Anoche di la bienvenida a mi nuevo año de vida, y con aquella, le abrí paso a cosas que creía inciertas pero no irresueltas. He amado, he construído, he escrito, pensado y aventurado, he esperado y he recibido, he preguntado y he conseguido, he luchado y he obtenido, he vivido y he sentido mucho mas de cerca a la vida, que es una pasión en sí misma.

Mientras el vino me iba ensanchando la razón y la cordura se me iba a pasos agigantados, me sentí por primera vez, lejos de todo lo que un día fue mi niñez. Ahora ya fuera, con alas dirigiéndome por doquier, sólo me quedaba la sensación de nostalgia pero ya no la soledad. Tomé hasta el amanecer, el humo poblaba mis pulmones, un beso (o un par de ellos) me hicieron perder serenidad y sintiendo la música llenar mi espíritu, olvidé las últimas tres horas antes de llegar a casa.

Hoy en casa nuevamente, con mi nueva extensión de vida (el hijo de mi hermano), mis mundos flotando en silencio… todo huye ligero.

ps. Y sobre mi almohada el recuerdo que terminó de irse este 31 de marzo, a las 11.59 pm. Sigue leyendo