Archivo por meses: diciembre 2009

Del año que se va…

[Visto: 405 veces]

Querido, escrito, olvidado, vivido, sonreído, comido, bailado, tomado, vestido, comprado, lavado, apropiado, sentido, imaginado, visto, hablado, sostenido, pagado, escuchado, cantado, olido, creado, motivado, compartido, llorado, reído, probado, pintado, gritado, enfurecido, sentado, leído, aprendido, entrado, salido, callado, desvestido, construído, confundido, quemado, dudado, mantenido, rezado, esperanzado, decidido, dibujado, deseado, regresado, abandonado, volteado, dejado, saltado, movido, enseñado, trabajado, dormido, aceptado, jugado, llamado, colgado, solucionado, empeorado, dormido, despertado, gemido, disfrutado, levantado, echado, sostenido nuevamente, apreciado, valorado,vencido, escrito, escrito, escrito, escrito…

ganado.

Feliz año a todos.

Me myself

La Punta, mayo 2009

ps. Foto del año. Tomada por Ernesto.

Sigue leyendo

Renacer en la pérdida

[Visto: 559 veces]

15 Junio de 1998. Lunes.

Había llegado empujada a la universidad. Los compromisos ya no importaban. Tenía un examen a cuestas, sin embargo pensaba en aquel hospital, en mi abuelita, en mi madre y su cariño incondicional y en la mirada de mi padre que apenas dejaba ver sentimiento alguno. Los hermanos nos habíamos reunido la tarde anterior en el patio de la casa, comenzamos a contarnos historias y aquellos momentos nos dieron la valentía de nacer una esperanza en nuestro vientre, que se hizo una alegría silente. Recordé la mirada de mi abuelita Sabina yéndose de casa, sentada en el carro, mirándome como no lo había hecho en meses después de que dejara de hablar, meses en los cuales los tubos entraban a su cuerpo, meses en los que me hundí en mutismo y desesperación (nadie lo sabía sin embargo). Fueron meses en que comprendí que una de mis madres se iba y me refugié en el rostro de mi madre sin decirle nada. Fingí que todo estaría bien, fingí valentía y fuerza, fingí entereza durante casi 4 meses. Esos meses desgastaron mi resistencia, mi fe y mi credo hacia el mundo y la vida. Renegué. Escupí insultos al destino, recriminándole su bofetada premeditada: yo tenía dieciocho años y sólo uno antes había ingresado a la universidad. En la sonrisa de aquella buena mujer estaba el júbilo que nadie había tenido por mí: en efecto fue mi abuela la única persona que en secreto sabía que lo haría, sabía que su nieta ingresaría a la universidad “a pesar de”. Mi salud empeoraba, interiormente mi simiente se veía amenazada y por ende mi estirpe. No importaba. Y no importó hasta mucho después de ese quince de junio. En todo ése tiempo yo fui el brazo sobre el que mi madre tuvo el apoyo que necesitaba. Fui la motivación, la dureza y rudeza en medio de tanta congoja y mi ser, miserable y sin rumbo, sólo miraba hacia adelante, sin saber que seguiría cada mañana siguiente.

Mi abuela murió a mediodía, y lo supe en el momento en que sentada en la biblioteca, la tarde más fría que anunciaba el invierno trajo una ventisca solitaria y triste que sopló por mis piernas, helándome todo el cuerpo. En ése momento salí de la biblioteca, tomé el teléfono, puse unas monedas y contestó mi madre. Le pregunté si debía ir a casa.

– Rocío, debes venir. Tu abuelita ha muerto.

Fueron las palabras exactas, el momento, el frío, todo éso remeció mi cuerpo. Lo recuerdo al detalle. Mi mano colgó el teléfono por inercia. La gente caminaba pero todos eran haces de luces a mi alrededor. Luego un silencio inmenso y como rayo de luz al infinito recordé cuando le robé dinero a mi abuela para comprar dulces, cuando íbamos a darle de comer a los cuyes, nuestras charlas infinitas en la huerta sentadas a la sombra del palto gigante, las conversaciones sobre mi futuro, invenciones mías para explicar la manzana de Adán, recordé el abrazo que me dio cuando ingresé y sus palabras en quechua que me inundaron la vida de motivación y amor por lo mío (y lo nuestro), recordé los días en que dormí con ella, la manera en que cocinaba y sus llantos en quechua al cantar con nostalgia y lejos de nosotros sus nietos, allá cuando yo tenía no más de cinco años.. Recordé nuestras tardes de ponche y tecitos, nuestras historias, nuestro “recordarnos”…recordé cuando en plena agonía suya, allá por el tercer mes, comenzó a hablar en quechua. Yo sentí un aire frío entrar a su cuarto. Yo estaba cuidándola. Vio hacia la ventana y en una forma de quechua que jamás escuché de ella, le dijo hola a su madre. Mi bisabuela había venido a verla. No se lo dije a nadie hasta que mi abuela fue visitada por un sacerdote una tarde cualquiera. Entonces mi papá mantuvo la esperanza pero un día antes que mi abuela muriera, él nos sentó en círculo en la cocina y nos dijo que mi abuela se nos iba. Por supuesto, yo no le creí.

No sé como llegué a Breña, casa de mis abuelos maternos. Entré y la escena era fría y ausente. De pronto comprendí lo que mi abuelita me había dicho: “Cuando yo me vaya, quien los verá… no habrá nadie, estarán sólos…” y prorrumpía en llanto. En efecto, mi abuela se me había ido, yo no había comido en días, mi abuela materna aún viva por ése entonces me dijo “que pena”, pero que sóla me sentí.. Llegó mi tía, que no lleva mi sangre, y me ofreció un plato de sopa caliente. La rechacé, hasta que mi estómago la reclamó y mientras la comía, mis ojos lloraban sin pronunciar palabra. Las profecías de mi abuelita se hicieron realidad una a una desde el primer momento en que ella me había dejado. Todo mi cuerpo temblaba. Mi mamá llegó al poco rato y noté sus ojos lejanos: en efecto, estaba sedada. (Dato en curso: mi mamá era la nuera, pero se convirtió en hija a lo largo de los años, y siempre llamó a mi abuela mamá).

Aún escribiendo estas líneas mis manos se enfrían y se me hace un mar de saliva gigante en la garganta. La siguiente vez que vi a mi abuela estaba encerrada tras un cristal y lloré su muerte amargamente, la lloré y una parte de mis mundos murió aquella noche de junio. Lloré hasta que mi hígado colapsó y comencé a vomitar de miedo. Ésa noche lloré pero mi corazón estaba tranquilo, pues mi abuela había dejado de sufrir. Supe muy bien que ésa misma noche comenzaba mi propia historia pues mi cuerpo cambió y mi alma también. Fui despiada, cruel y decidí no mirar atrás. Ensombrecí la mirada y callé hasta que la vida estuvo a punto de llevarse a mis padres también. Luego me decidí a escribir, pues mi abuela siempre escuchaba mis historias…

Soy las venas, la carne, el pensamiento y el destino de lo que mi abuela crió en mí. Todo lo bueno me consume en su senda, exceptuando los engreímientos, el calor de sus brazos, su quechua suave y lastimero, su mirada, su fe. Eso fue sin querer.

En fin, soy más mujer esta noche, en que por su cumpleaños reíamos hasta tarde, comíamos pastel, tomábamos ponche.. esta noche soy mujer, hija, nieta y escritora.

Pulsera

Pulsera que lleva el nombre de mi abuela, quien me hizo prometer que jamás la llevaría lejos de mí.

ps. Para mi abuela querida, mi madre primera. Su falta y vacío es y será inmenso. Siempre. Sigue leyendo

Mañana Despertará Fuerte

[Visto: 1009 veces]

Para quienes me rodean ha sido un día especial: mis padres hoy son ya abuelos oficialmente, mis hermanos y yo tíos, mi hermano y cuñada ya padres. Esto sin restarle emoción a mi abuelo, que a sus casi ochenta años estrena su más reciente hazaña: tener una hija que tiene un hijo que acaba de tener un hijo: leáse entre líneas, él es ya bisabuelo en la línea matriarcal más directa, en la sangre que corre fugaz por nuestras venas.

Hay mucho por decir, mientras tanto, los dejo con una pequeña extensión de mi propia vida…

K -  E

Kaya Ebani, en sus primeras horas…


Sigue leyendo

Acerca del desgaste (en mi propia versión)

[Visto: 622 veces]

Anoche vi que J. jalaba a modo de carrito su equipaje. La verdad es que extrañaba nuestros días cuando él era la persona que nunca esperé conocer. Esas noches en que se esmeraba en escribir a pesar de su pobre caligrafía, las noches en que se quedaba hasta tarde y deslucía su sueño por compartirme parte de sus días. Quise acercarme (impulso vacío desde luego) y darle un abrazo esgrimiendo un holacomo estás. La última noche en que él había decidido ser parte de mi vida lo había despedido con un beso y sentí sus labios fríos. Aprendí luego que su mirada era diferente y que por un error del que nunca seré parte, él echó por la borda días de afecto. Luego todo fue efecto del peor dominó de divorcio y del peor tino habido: el hombre ante mis ojos henchido de fuerza, historias y emoción era simplemente una bolsa sin fondo, de donde la admiración se había ido escapando y de donde los escrúpulos fueron huyendo sin cesar. Luego, así como anoche, el hombre que calza ése cuerpo era un desconocido para mí. Es extraño ver el sentimiento humano transformar la emoción en desazón. Ayer me entró ésa pena profunda de ver vida en un páramo de veintiocho años. Ante los ojos del mundo no lo sé, pero sólo yo y esos días sabemos la palabra real, la dicha y la sentida. Desearía no verlo más, aunque sin entender por qué. Lo vi marcharse en un taxi y sonreí en plena nocturnidad. Es cierto, podía haberme casado (ja, casi imposible ciertamente) con ése hombre. Juego peligroso el de la vida, sueño eterno el de la muerte…

A new version of you… and a new version of me..


Sigue leyendo

15 de diciembre (2)

[Visto: 742 veces]

Hoy Ernesto cumple 40 años. No he hablado de él en mucho tiempo porque desde que su padre nos dejó, he intentado distraer su voz y su cariño lejano para conmigo pues la pena me inunda, las lágrimas me confunden en una sinrazón e impotencia como la de aquel setiembre en que hacía frío, y apenas me podía mantener en pie pues mi paso aún no era firme. Es el hombre que conocí cuando toqué a la puerta de su hogar y me invitó a pasar sin saber cual era mi nombre, sin saber acaso que mi sangre y parte de mi simiente deseaba tener la suya a través de su hijo. Días aquellos en que soñaba escucharlo hasta tarde, soñaba con su doctrina en mi propia fe. En su libro (que puso en mis manos en aquella visita eterna) guardo el mayor de los cariños y nunca tendré la suficiente entereza para recordar su nombre.. Don V. siempre será ese gran secreto hecho voz en los relatos con mis amigos, en mis escritos, en la mirada de su hijo… Siempre. Un día como hoy nació el pequeñuelo de manzanilla, el de corazón de sauce, cuyo calor me inunda hoy de profusa emoción. Cómo andarás tú hombre y genio silente en tu prosa, soñador extenso, hombre solitario de fe y de nostalgia… .

En fin, hablar de su padre siempre fue hablar de Ernesto.

Sigue leyendo

Lejos de los ojos.

[Visto: 557 veces]

Hace un par de noches, encontré a un viejo amigo del que mucho no sabía (o nada quizás) y apareciendo en el momento más extraño de mi día, me recibió con sigilosa compañía. Su sangre -mezcla de bahía y de costa serena- me hacía percibir un tufillo a recuerdo. En efecto le conté retazos de mi vida, aunado a eventos paralelos en mi trabajo, de mis pensamientos acaecidos esa noche. Le conté a ese entrañable hombre que nuestras conversaciones me traían melancolía, y nuestras palabras llenas de expectativa (cuando éramos más pequeños que hoy) habían ido sucediéndose y ya algunas se habían hecho realidad. Sin temor a desafiar el destino, ya estábamos más crecidos. Mucha de la música que él había escuchado alguna vez conmigo era ahora mía y la lengua de sus ancestros la podía hablar yo también. Su rostro había cambiado, y su manera de hablar conmigo también. Como tuvo a bien decirlo, ahora era él quien buscaba retomar nuestra amistad de aquel entonces en nuestro ahora mundo de adultos. El corazón sin embargo me estaba cerrando la palabra. Gruesas lágrimas caían copiosas mientras él me recordaba tan buenos momentos cerrados en ése ayer y que dejé salir por un momento. Ahora tenía los ojos más vivaces y las manos me respondían más rápidamente. Pero no evité recordar la primera vez que llegué a su casa, cuando el agua nos llenaba el estómago junto a algún poco de comida restante del día. Allí una tarde cualquiera, él me enseñó la foto de su madre sonriente detrás de un árbol y me contó como ella y su padre se habían enamorado. Aquella misma tarde el sacó su pequeña guitarra y tocó algunas melodías… en esos tiempos, ambos nacíamos al mundo.

Y allí, sentada, sin saber que decir en realidad, cerré los ojos y vi a Cr. en ése pasado cuando sonreía después de ufanarse de sus ideas, cuando estudiábamos inglés, cuando me recogía cada noche del salón de clase al caer las ocho de la noche, cuando llevaba sus discos y me los hacía escuchar… Nunca dejó de ser mi amigo, nunca dejé de recordarlo, sólo quise alejarme por sus actos ante los míos, por su racionalidad…. vaya, siempre lo he dicho…

“Tú ya estás en mi corazón y yo no sé olvidar”.

ps. Aquella noche yo era la escritora que él conoció alguna vez… y él, el pequeño geniecillo ansioso de saber todo y más, supo secar mis lágrimas cuando en el silencio de la costumbre me dijo “linda”. Yo sonrojé, sonreí, y seguí viviendo con mi acostumbrada soledad, aquella que inunda la palabra de rima extensa. Sigue leyendo