Archivo por meses: Noviembre 2009

Camino (que) se hace al andar.

La mañana de ayer no fue simple. K. había traído un poco de su torta de cumpleaños. Sonreí. Le dije que había estado al teléfono por veinte minutos, tratando de sentirme mejor en palabras. Me duró como quince minutos, pero el chocolate venció pronto mi desazón. Le dije “Ya! -estoy de vuelta” y sonrieron, pues D. no tenía mucha gana de nada. La mañana era inmensa y sólo por éso pensé en ultimar detalles. El café se enfriaba. Mi rostro miraba repetidas veces al espejo mientras mis palabras empujaban su sentir ante tanta incomprensión. La herida en mi dedo iba cicatrizando aunque de rato en rato me molestaba sordamente. Durante el día mi energía se reducía a deseo. En clase, a media mañana de domingo, esperaba el examen. Salimos, caminé con K. algún tiempo, compré un helado. Quería caminar. La despedí media hora más tarde. Sonreí. Luego caminé horas de horas, como antaño, cuando mis piernas recorrían senderos inexplorados y el alma me hacía desear más y más soledad.

Encontré mi casa ideal. Mi suelo. Los pensamientos se mezclaban de fuerza y repudio. Recuerdos: todos los cumpleaños en que he comido cuy, las veces en que vi a mi madre enfermar, el día en que me fui a Estados Unidos a estudiar, mi primer trabajo.

El sol quemaba y sentí mi cuerpo vivo. No sé en que momento llegué a la avenida más cercana. No la reconocí. Sólo sé que detuve mi paso y me dije… es hora de regresar a casa.

Subí al primer carro que vi. Mi vida estaba encajando perfecta en mis planes.

Esta fue la mañana que me recibió al llegar a clase en domingo.
park
Vistas del parque que recorrí mientras la inspiración llenaba mi sangre de soledad.

pd. Tengo que curar la herida. La infección en mi mano izquierda, tal como noté hoy, está creciendo. Sigue leyendo

Calendario

5 de noviembre

Hace frío. Es ya de noche. La herida de la operación comienza a fastidiar nuevamente. He estado de pie más de dos horas más las que pasé trabajando. Las palabras corren, los rostros también. Confusión. Haces de luces advirtiendo la noche que acontece. Una chompa abriga mis hombros (es grande me digo y sonrío). Las palabras corren, después de la proposición, la espera.

6 de noviembre

Sólo han pasado unas horas. Aún la idea ronda mi cabeza. Todo corre al viento. Mis manos frías. Mis labios fruncidos. Escucho la noche concretarse. El sentimiento me invade, y no lo evito: los que escribimos denunciamos sentires. Más de media noche y debo llegar a casa. Pero estoy bien. Un abrazo largo, mis recuerdos quedan atrás: Es éste el presente. Empiezo a vivir por enésima vez. Llego a casa y esbozo un adiós de pura alegría.

7 de noviembre.

La mañana extensa. Alegría por doquier a pesar de lo apremiante de la situación. Ligera sensación de vacío ante el círculo incompleto: pero ya nada distrae. Las palabras comienzan nuevamente y los rostros se comienzan a reconocer más y más. Ojos de tenue marrón. Ternura.

8 de noviembre

Sólo breves intervalos. Voy, vengo, voy vengo. Movida por la alegría, asiento pedidos. La comida pasa rápido. Me dice que hará una visita. Sonrío. Sé que tendré tiempo para mí. Pero se haría extrañar. Una sensación de deber me invade. Es hora de cerrar el círculo.

9 de noviembre

Lo dicho , dicho está. Pero la respuesta esperada es contraria a mis expectativas. Una sensación infinita de culpabilidad me invade. Sombra. Ahora tengo que cambiar una palabra sin tener el remedio. Un suéter a rayas calza su espalda.

10 de noviembre

Llamó todo el día (acaso su trabajo no sea importante). Es el segundo día que lo hace. Las conversaciones extensas en madrugada. Hay cosas que deben ordenarse, pero como algunas cosas de la vida…se dejan para después.

11 de noviembre

Tensión. El hombre de la respuesta confiesa su verdad. Confusión y ternura. Tiempo y separación. Ocho meses. Petición formal.

12 de noviembre

Demasiada comida. El tiempo corría lento. Cansancio general. La noche corre sigilosa. Anuncio de separación silente: aún la ilusión corre fugaz.

13 de noviembre

Las llamadas desaparecen. El tiempo concedido es inútil pues extrañar se hace constante. Decido perseguir el futuro después de todo lo dicho. Día siguiente de expectativa: decir adiós sin decirlo realmente. Ausencia.

14 de noviembre

Estudios. Concentración. Escritos miles. Pasé la tarde escuchando música y recibiendo el mundo suyo y el mío como porvenir. Las siete de la noche llegarían en minutos. No me equivoqué. En el café el hombre de la respuesta sentía todo. Mi mano en su prisión habitual. La pena fluía en cariño. Compañia.

15 de noviembre

Lo ignoro. Los pasos perdidos.

16 de noviembre

Pido. Pediría cientos de veces más a ésa. Me sobrevino la emoción, sin explicaciones, sin entendimiento pero con recelo. Ausencia gigante.

17 de noviembre

Ante el silencio, un desenlace. Después de no comprender, retirada. Mi mano perdió su furia en el cuerpo.

18 , 19 de noviembre

Agonía innecesaria. Palabras. La inutilidad de los gestos desvirtúa. Primera conmoción.

20 de noviembre

El viento corría. Las personas dispersas. Todo tiene un límite, pero el cielo es de pocos. Acaba de morir el hombre de los mil tiempos y las culpas: Segunda conmoción. Guardo silencio expectante sin saber que hacer. La sangre se agolpa en mi cuerpo pero una suerte de libertad nace sumida en la desazón. Lejanía. Vuelta a la vida.

21 de noviembre (primeras horas)

Voz y respuestas ajenas. Después de la muerte, sus restos se echan a un mar de olvido. Un par de palabras en contexto y luego una sonrisa, la vida habitual de emoción ha retornado. Hora de ir a dormir después de días, con la última voz de la noche.

hands
El Babel, 31 de octubre

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Una vida en tres noches

Esta noche no regresará. Pronto, el silencio se esconderá en los días que se fueron y todo comenzará a hendirse de palabras, risas y sucesos. Mi garganta se fue secando en lo que queda de la noche. Leves punzadas me llenaron los brazos de malestar (supongo por no dormir del modo en que siempre lo hago) y un ligero mareo nació en mi frente alrededor de las siete de la mañana. Empuñé un billete de diez soles al bolsillo, compré algo para llevar en mi estómago y el sueño me vencía en haces. Cruzaba la calle en dirección opuesta al resto de la gente. Me resigné a ver la mañana morir, sin embargo, todo me causaba alegría. Había despedido el rostro de J. rápidamente, sólo un hasta luego minutos antes. Hace mucho que no veía las mañanas tan temprano. Los pasos apurados, la prisa acostumbrada, la voz huída y el cansancio del día anterior.

Sábado ya.

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Visita.

El sueño me entra a las costillas como brisa de verano. Mi mente necesita oxigenar su rumbo al pensar. Los gallos gorjean roncos afuera, toda la noche a ciernes y el reloj anuncia las cinco de la mañana. He reído esta madrugada, mientras gruesas lágrimas caían por mis mejillas, surcando los recuerdos, expectante ante el futuro incierto…

Esta es la mezcla de lo que se tuvo y se tiene.

Esta es la duda sobre lo que se tendrá.

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Caja de Chocolates

La semana pasada sólo tenía un té en la mano (a mi lado un café helado) y sin desespero, esperaba el eco sordo de la noche para despertar a la mañana siguiente y que trajera las buenas nuevas de una noche que jamás sucedió. Al caer la noche siguiente caminé las calles y sentía el viento golpear mi cuerpo entero. Las luces crecían conforme la noche avanzaba. Era yo, arrastrando las ideas y dejándolas ir al fin libres -llenas de deseos- volando en el infinito de los sueños que se hacen realidad cuando marchitan. Tenía todas las ganas del mundo sin embargo, tenía la ecuación resuelta sin poder realizarla. Error de cálculo dirían los más enterados. Destino dirían otros pocos.

Ayer –viernes– las calles estaban llenas de noche como siempre. Llovía. Llovía como en un invierno limeño y ajeno. Eso me hizo recordar que, cuando mi cuerpo no podía caminar, simplemente me reservé la armonía de ver todo el invierno tras la ventana del auto que me llevaba a mis interminables terapias. Entonces extrañé el invierno y mis acostumbrados paseos conmigo en la playa, con mis pensamientos cerca a la orilla del mar, con mis deseos caída la noche, con mis lágrimas mientras el pecho se me rompía en anhelos y recuerdos. Extrañé el invierno hasta ayer, en que la lluvia profusa y fría corría en silbidos mientras las risas rompían el silencio de las calles largas. Entonces sentí mis entrañas quemar. Recordé ese lejano 2004 en que Daria me había llevado al río y habíamos lanzado fruta a forma de ritual. Recordé a Daria tomándome del brazo, llevándome mientras yo trastabillaba a cada paso por efecto de todo el vino que recorría mi cabeza y mi cuerpo entero. Recordé como nos habíamos echado en la nieve, mientras mirábamos el cielo extenso e infinito, mientras jurábamos que algún día encontraríamos alguien a quien amar y que nos amáse en nuestra propia naturaleza silvestre. Esa noche con Daria mi cuerpo tenía alcohol por sangre, y las cosas se me hacían eternas. Ella me tomó de la mano y comprendí que nos hicimos hermanas de sangre y espíritu. Sólo un par de semanas después la nieve creció mucho. Y nosotras hicimos de ése nuestro invierno un destino de fe, de música, entendimiento y vocación.

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Ps.

Ayer tuve una conversación hasta entrada la madrugada con alguien que, sin pensarlo, me cae demasiado bien. Nuestro encuentro casual al bajar las escaleras (generalmente lo hago por el ascensor) propició la conversación. Toda la noche de ayer me puso más contenta que siempre: y él lo sabe. Al menos, éso dejó entrever.

En fin, hace mucho no tenía una conversación como ésta… hace varios meses..

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