Archivo por meses: Octubre 2009

Tarde de papel.

Mañana ya es fin de semana. Probablemente estuve esperando este fin de semana hace tres semanas, ahora simplemente la tan esperada semana llegó, con sus días y sus noches. Yo sentía que la tarde de hoy (soleada, dorada, plena) era eterna. La sentí como ése día en que vi a ése hombre sentado en ésa cafetería, solitario, apurando sus quehacereces y sus manos… entonces recordé también su mirada aquella última noche en que me sonrió, su último-primer beso de despedida, su abrazo fortísimo, pero también sus palabras en su última carta y su silencio al colgar el teléfono. De lo mucho que quise decir, sólo murmuré un..

Que pases un noviembre extenso en disfrute y que descanses.

Y así dejé ir todos mis deseos, todo el cariño, toda la conturbación del primer momento… todo este quererhacerynopoder…

ps. Es noche ya, mis dedos fríos, y nadie toma el mismo acostumbrado café como aquel mismo hombre, a quien tantas veces critiqué en broma y que hoy extraño en demasía. Sigue leyendo

Expectativa

Y cuando las cosas se avecinan diferentes, todo sabe mejor. En efecto, en el transcurso calmo de mis días, mis lecturas han proseguido su habitual ritmo. Viéndome al espejo, mis ojeras ocultas, mi paso acostumbrado… todo está diferente pero en sitio. La noche vacía me dejó a Thomas y Ernesto en conversaciones diferentes, pero sentidas. Ernesto me hizo reir entradas las cuatro de la mañana, mientras yo terminaba los últimos pendientes escritos listos para su entrega.

Viendo mi tristeza, Ernesto murmuró:

– mi abuelita decia – deja que llore el niño para que desarrollen sus pulmones

Al instante desternillé de risa, pues era el tipo de situación que podía esperar de Ernesto. Sus casi cuarenta años jamás han dejado que sus rastros de niño desaparezcan, muy por el contrario, han acentuado ese corazón y ánimo de un verde ligero en sus ojos, haciendo su sonrisa profusa y divertida. Le pregunté porqué mucha gente decía que yo era aún una niña. La amistad con Ernesto, más de diez años extensos y sinceros, me hizo atrever a aseverarlo.
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Nuevo día

Una sensación descorazonada, inmune, circunspecta, pálida e imposible consume mi pensamiento. La noche de ayer no fue una noche, solo un puñado de horas que desearía dejar correr rápido en el olvido. Me siento vil pero muy humana…lamentablemente. Quizás es la primera vez en que tamaño sentir me invade al punto de no poder recobrar mi sueño perdido. Nada que un fin de semana no pueda relegar.. Sigue leyendo

Cinco minutos

Me hallo en este momento en la tranquila y habitual casa en donde vivo, y a mi memoria han venido como todos los días sueños, cavilaciones, torturas dulces y fantasías… la tarde empieza a caer armoniosa y convexa entre el último arrullo de las risas infantiles, un suave naranja se deja morir en el ocaso… la noche se abre a nuestros ojos, y llena el cielo ébano de estrellas aquellas que desde hace tanto sobrecogen el sueño de tantos poetas…

Para cuando terminé de leer todas las líneas que seguían a esa carta, comprendí porque aquella tarde Don V. me había dado un fuerte abrazo siendo yo una perfecta desconocida. En efecto, cuando él terminó de leerla, me dejó un beso en la frente y no dejó de sonreir toda aquella media mañana en que lo vi en carne y hueso, quizás como siempre lo había imaginado. Es cierto que lo peor había sucedido y desde que aquella noticia sobrevino a mi realidad, las cosas no han sido las mismas. La esperanza, fiel y a veces traidora compañera, me llenaba las manos de ideas, y pensando así, muchas tardes se hicieron realidad alrededor de una mesa, su hijo, yo, mucha más gente, esperando escuchar el camino y la senda por donde debían empezar a escocer las ideas. El hambre ya no era problema, ni el cansancio, solamente un puñado de tiempo podría reeemplazar el agua por café y el silencio por la rima del hombre sabio que sabría sentir en nuestros corazones una llama encendida de curiosidad.

Héme aquí, con ésa palabra empeñada en mis propias líneas aquel febrero hace cinco años, donde cada palabra comprometían mi estirpe, mi voz, mi dogma y mi ser. No sólo con el padre, sino también con el hijo que escribe, empeñé mi nombre y prometí una historia. Hay tanto más por decir y por contar, esta ha sido una breve pausa, una pausa que me impide terminar estas líneas con la serenidad debida. Ya no habrán más eneros de aquel abril de hombre, al menos ya no en esta tierra.

sputnik

A veces sólo tenemos cinco minutos, pero son para toda la vida…

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