Archivo por meses: Septiembre 2009

Voy a hablar del padre-escritor.

Hoy en la mañana estaba absorta concentrada solamente en llegar a tiempo a la clínica. Sabía que seguirían un par de chequeos habituales. Lamenté haberme organizado tan en último momento, pero demoré porque no encontraba mis anillos, de quienes dependo hace casi tres meses o más. Después de un merecido lunes que acomoda mi futuro a la medida, despues de encontrarme con J., después de sentir el frío golpear hacia las seis treinta de la tarde, mi único pensamiento era hacia aquel padre escritor de quien me hallo impedida de ver, pero cuyos recuerdos y sensaciones – aquellos dos únicos días en que lo visité- jamás detuvieron mi sentir sincero para con él.

En efecto, aquella tarde de la que ya hablé en algún escrito primero, Don V. calzaba sandalias. Sus pies andaban ligeros, arropados en medias gruesas de lana. Vi sus lentes en el recodo de la mesa, cerca a la lámpara. Para cuando entré a su casa sus brazos se extendieron amables y supe en ése instante lo mucho que lo quería, respetaba y admiraba. Ya dentro, sentí un vacío en el estómago que crujía de sorpresa y nerviosismo. Ahora ya no eran las historias del padre-escritor relatadas por su hijo, sino que era el hombre mismo de carne y hueso, de palabras y sueños, el hombre por el que yo me juego mucha parte de mi destino en ese cariño ciertamente ciego. Don V. era -aquella media mañana de julio- sin temor a equivocarme, la mano extendida hecha voz.

Lágrimas gruesas de felicidad me brotaron del pecho cuando lo vi por vez primera en su casa y me abrazó fuerte al recibir mi carta, dejándome un beso en la frente. Fueron lágrimas también las que tuve que huir de mi sonrisa cuando su hijo me pidió no mostrar tristeza frente a él en el hospital, donde su vida es dejada (aún)en manos del destino.

Hoy en la mañana estaba absorta concentrada en llegar a la clínica.

Y todo en lo que pude pensar era en cómo estaría el buen y tierno Don V., aquel padre-escritor a quien no he dejado (aún) de sentir.

firma

Firma que está en la portada del libro (en ése entonces sin editar) que Don V. escribiera sobre la enseñanza. Cuando me lo dedicó enmudecí, sonrojé y mi corazón estallaba de alegría.

nota: la tarde de ayer 26 de setiembre, Don V. partió. Sigue leyendo