Archivo por meses: Agosto 2009

A veces, como hoy, también tengo frío.

Llegamos con mi mamá temprano. La tarde apenas caía y los destellos de luz habían terminado engullidos tras el camino que recorrió el taxi. Mis piernas, movibles pero inflexibles, no ayudaban mi paso. En esas cosas me distraje cuando cerré el libro que me habían regalado al llegar al hospital (clínica, que más da), en esa imagen me agarró la tarde, y continué leyendo un par de líneas más hasta que mi mamá empezó a decirme no-sé-que-cosas y sólo pensé que en cuanto mis piernas anden como se debe, debo subir al auto y hacerlo andar conmigo.

No he pensado en música, ni en letras, ni en obligaciones. No me han invadido esos comentarios medianeros sobre lo inmediato: me he dado el placer casi culpable de hacer lo que me da la gana. Sin querer, las horas se han hecho rutina en mis propios tiempos. La comida, el libro, mi pelo, las pastillas, la ropa, la televisión, la propia circunspecta mirada a lo que esconden mis ojeras. Y desde luego, los sueños que comen lo étereo.

Me han dejado tantas costumbres, que pareciera se hacen extrañar. Sentada, la mayor de las veces, con mi pasito empujado, con mis manos escribiendo aquí, en mi cuaderno y en mi libro, me he sabido cruel. Cruel al despedir amistades en mi propia pérdida de emoción… cruel -al despedir sin decirlo- rostros que ya no me sonríen.

En fin, ya no extraño a nadie (a qué o qué se debe lo ignoro). No tengo sensaciones en cantidad, tampoco soy un ser frío pero… algo debe haber sucedido ése lunes de julio en aquella salita verde que me consumió los ánimos en anestesia.

Por ahora, ignoro que fue. Sigue leyendo

El papelito

Tendrían que verme al despertar. Siempre son con esas imperturbables mejillas presas de frío y sueño, con la mirada que apenas asoma, con el frío soplandome a las costillas y con el paso lento y empujado después de la operación. Cuando me miro al espejo pienso en la noche y lo que fue de mi cuerpo en ésa cama aún tibia. Miro mis dientes, veo mis labios, levanto mis párpados, escudriño entre ellos, ensayo una sonrisa y golpeándome el rostro con el agua, termino de despertar. Algunas veces es así, otras no hay tiempo para pensarlo y sólo me limito al agua y la sonrisa.

He tenido apilados tantos libros, pero el que me da más emoción y ciertamente me rehuso a leer rápido es La casa de los espíritus. Estos días he tomado decisiones de muchos pensamientos pendientes, y poco a poco concretaré un puñado de anhelos al tiempo. El día martes salí con un muchacho agradabílisimo, de quien la compañía se hacía un nudo en la garganta porque no podía verlo más como amigo. Quizás por eso exigía tanto de él sin decírselo, tan sólo con verlo, tan sólo con escucharlo, lo veía como a mí misma, con sueños, (des)ilusiones, anhelos. Lo veía simple, con energía, con una sonrisa tan espléndida, trato sincero. Recuerdo que caminamos por un centro comercial y un traje de novia se nos cruzó en el camino. Hizo una broma boba, lo odié en el segundo que lo dijo, lo olvidé cuando me abrazó y me dijo que era una broma. No importaba, pasé las horas más largas tratando de buscar valor en mí, escribiéndole en servilletas que quería decirle, pensando en ése momento que quería llegase y se fuese, pero él sólo sonreía y callaba. Yo callaba porque no sabía que más decirle. Ya sin porqués y sin maneras de hacerle ver mis sentires, salimos. Caminamos, el frío colapsó mi ánimo. Comencé a temblar, no sé si por el miedo o por el aire que recorría la calle golpeando mis huesos. Allí fue que le dije que él era la razón por la que no tenía interés en persona diferente. Quedó callado, y no sé (nuevamente) si fue por aquella verdad o por el aire que recorría la calle golpeando mis huesos pero me abrazó y no dejó de hacerlo hasta cruzar la avenida. allí me alejé, le dije que tomaría un taxi, y lo hice. Nos dimos un beso de hastaluegocuidatemuchoquetevayabien y sostuvo la puerta del taxi abierta para que yo entrase con cuidado, pues aún tengo en mi cuerpo rezagos de mi cirugía. Antes de cerrarla me miró, con ésa sonrisa única, y me dijo…

– Recuerda que aún tengo el papelito..

Que ganas tuve de decirle…

– Yo tengo aún tu flor de papel..

Dicen que los sueños, sueños son, pero él siempre será realidad… Siempre. Sigue leyendo