Archivo por meses: Abril 2009

Yo hablé de Ernesto cuando la tarde moría.

Sin ánimo de ponerse meláncolicos, aquella tarde en que alguien terminaba de irse, hablé de Ernesto. No estaba planeado, ya el cielo se escondía, las calles de Magdalena se llenaban de noche y la gente, como cualquier domingo de abril: huía hacia las bancas, carcajeaba, sonreía, se cogían de las manos… la gente pasaba en haces frente a nosotros, y creo que toda la conversación después del hastaaquíllegué que parecía anunciar su rostro se transformó en tres sílabas que comencé a describir sin percatarme de ello.

– “Lo conocí en una biblioteca. En ése entonces yo era diferente, y después de algún tiempo, de algunos años, de algunos viajes, volví a verlo casi después de diez años de haberlo visto por vez primera. Es irónico, porque lo vi en el hospital mientras su padre enfermó…”

En ése momento conté detalles que hicieron de Ernesto una persona noble a mis ojos. El receptor de mis ideas, quizás sorprendido, sólo me dijo que había tenido suerte y yo sonreí en un gesto sincero, porque a pesar de los eventos que rodean la vida, Ernesto fue uno de los escritores que mayor admiración me causó por sus letras y rimas. En años en que apenas y yo crecía a la vida, le iba contando mis experiencias y aunque ajenos ya uno del otro, Ernesto fue ese personaje que me hablaba de la tristeza, de la melancolía, de la soledad. La última vez que supe de él, le pedí que huyera de mí. Algo tarde quizás, algo innecesario. Lo despedí con algo de nostalgia, y ahora en que me hago mujer (y que orgulloso estaría de mí) y ya no está él para decirlo, sigo ése sendero del que él tanto habló, aquel que está tras el cielo y el mar en el horizonte..

ernesto

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