De cómo volví a encontrar un pedazo de mi vida, por segunda vez.

[Visto: 518 veces]

Y así fue como pasó.

Había venido buscándolo cerca de tres meses o probablemente más. Había visto su nombre, estaba registrado en mis clases. Había visto sus clases, estaba registrado en mi mismo edificio. Había recordado su risita bribona, había recordado aquella vez en el parque fumando (yo sin saber hacerlo ciertamente), había recordado su emoción al hacerme escuchar algunas cancioncitas en inglés, Janis Joplin y también había recordado su inútil cobardía.

Ya había ensayado muchas excusas, encuentros y saludos. Le diría hola que tal como estas tanto tiempo – pero después pretendería frialdad. Hace algunas semanas tenía todo calculado a la perfección: busqué por todas las aulas. Me asomé a algunas ventanas. Me puse de puntillas, salté, subí dos pisos y los bajé con relativa rapidez. Toqué puertas, corrí cortinas y asomé mi cabeza hasta que ruboricé al verme frente a frente con los profesores que dirigían sus clases. Vergüenza. Pero que más daba: cuando eso sucedía, sonreía leve, hacía una media venia ensayada y premeditada y daba media vuelta en mis talones. Todo por ese trocito de vida que a veces me falta.

Entonces pasó.

Decidí comer fuera. Decidí salir. Decidí tomar un carro.

Llegué al paradero. Esperé breves segundos. Prendí la música. Cantaba o intentaba hacerlo, en inglés. No me sobraron los minutos cuando vi de soslayo. Era él. Y ahora (pensé…) – a dónde se iría todo el ensayo preparado para éste día, cómo lo abordaría, qué le diría, cómo me acercaría, que murmuraría, aún me recordaría (?), pero si dan ganas de abrazar el pasado en éste sólo segundo… y mientras las ideas corrían en un haz de luz rápido y diligente, sobrepasé su sombra. No tuve el valor de decir algo. No dije nada. Estaba hecha un manojo de nervios por dentro, un raro sentido de intuición abandonado a su suerte…

El apuró el paso, me miró. Grande fue mi sorpresa cuando vi que me reconoció, que me sonrió, que recordaba mi nombre, que ….

– ¿C….? vaya….. eres tú…
– ¿Rocío? …. que haces por acá…. ¿cómo estás?
– ¿C…..? (tosiendo nerviosa)………. eres la última persona que imaginaba encontrar por acá… Voy en ése carro (señalándolo)…
– Yo también. Voy a …

Subimos. Ambos de pie. Comencé a recordar como un dominó caído del cielo todas nuestras historias, mi amigo, mi buen (in)feliz amigo, el pedazo de vida, el rompecabezas, el espíritu huído de mi mundo y la palabra dicha a destiempo…

Sonrojada de emoción, abracé los últimos días de nuestra amistad. Recordé sus últimas palabras hace tantos años. Reí. Me dijo que estaba bien, pero lucía veinte años mayor. Su barba siempre ahí, enjuto, parecía enredado en sus hombros. A los pocos segundos ya había reparado en el anillo que encerraba su dedo y la respuesta a mi pregunta calló cuando le repetí dos veces como había estado y me respondí a la vez…

– Sin embargo, tú, estás igual desde la última vez que supe de ti. (Y señalé su anillo).
– Ah, pues sí…

Pasaron las calles. Estaba tan contenta que la emoción probablemente tiño mi ánimo. Fueron minutos rápidos de qué-haces-cómoestás-trabajas-estudias-quesucediótodoéstetiempo. Mi pedazo de vida estaba ahí, a su lado. No podía dejarlo ir sin embargo, se fue. Para cuando dejó el carro me sorprendí encogida de manos sobre las rodillas. Miré a la ventana. Pensé que las cosas menos esperadas vienen más pronto. Despidió su huída con un breve adiós, y sólo dijo..

– Te veo…

Pasó media hora, algo más. Intranquila, dejé todo y junto a mi ya clásico ya vengo emprendí una lucha incesante por calles desconocidas antes para mí. El sol quemaba. Apuraba el paso. Dos y treinta de la tarde, minutos antes. Esperé según mis cálculos en la esquina paralela a dónde creí haberlo dejado. Miré a todas las esquinas posibles. Dieron las tres de la tarde. Ni un teléfono, ni una dirección dónde saber de él. Se me ocurrieron miles de porqués. Sólo los datos escurridos de la conversación. Un pensamiento, y sus treinta años a puertas.

En fin, quizás pueda verlo hoy. Recorreré los mismo pasadizos. Quizás sin suerte.

esquina

Quizás confundí las esquinas… no lo sé.. ésto es prueba de que por allí estuve..

Ps. Ah claro, me preguntó por Ernesto. ¿Yo?…. Sonreí tranquila, después de mucho tiempo….

Puntuación: 2.5 / Votos: 4

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*