Carta de Presentación

Hoy no es un día como cualquiera… Sentada, solitaria cual siempre, mi memoria se pierde en lo infinito del silencio. Apenas tengo sentada pocos minutos, pero la gente no ha cesado de murmurar saludos ni cortesías varias. Afuera aún se siente un frío vespertino e inusual. Falta mucho para que el día termine, mas sé que las horas se irán como se van estos segundos y para cuando caiga la noche, nuevamente me hallaré sola. A la espera, quizás, de una nueva ilusión…

Conocer(me) implicaría un absurdo innecesario. Tengo más o menos la misma cantidad de años que siempre, las mismas ilusiones que ayer… El mismo coraje que me empujó a salir de casa a los diecinueve, el mismo temor en mis manos cuando escribo al vacío… la misma sonrisa que siempre está conmigo y las mismas lágrimas…toda yo soy lo mismo que era antes…sólo que quizás la gente y los rostros a mi alrededor son distintos..el resto es exactamente igual. Así que no habrá mucho que contar de mí: quizás sólo mi nombre – Rocío- es lo único que podría decir de mí misma, sin temor a equivocarme…

Las cartas son mi sustento. Son la fuerza que hace que traiga a la vida todas esas cosas bobas que me suceden mientas los días me recorren a su antojo. Conocer(te) y ver(te) y aprender(te) y sentir (te) no me estaba previsto. Pero sea cual sea el motivo, eres una de las constantes frases que repite mi recuerdo, incluso en esta tarde que pareciera volcarse de tristeza. No puedo mirar(te) sin sonreir, ni recordar(te) sin nostalgia, ni nombrar(te) sin alegría. Si has de marchar, sólo me quedará este recuerdo, esta tarde que se marcha ya y la única palabra que en el fondo de esta sinrazón me hace querer (te): quiero que seas todo, más por hoy sólo eres el verbo que conjuga mi existir… que díficil será olvidar. Pero que intenso a la vez…..

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