Archivo por meses: noviembre 2008

OM dijeron…

[Visto: 802 veces]

Hace unos días conocí a alguien de improviso. La tarde iba cayendo fuerte y en alguna curiosa conversación con mocitos veinteañeros reparé en el reloj: cuatro y dos minutos. Para entonces pensé que mis compañeros ya estaban corriendo por los pasillos para dejar la Punta como diera lugar, algo que nunca entenderé hasta que tenga hijos, esté casada, tenga novio, tenga cansancio, treinta años más y un poco menos de plata… supongo. Mientras para mí en la conversación, los uniformes, esas sonrisas, el atardecer, el agua del mar brillando tenue mientras las horas pasaban todo eso era un paraíso imposible de imitar… y sabía que lo extrañaría cuando ya no lo tuviera tan cerca como ahora..

A punto entonces de salir un hombre interrumpió mi paso apurado. Luego recordé que había olvidado un pequeño bolso con libros en la salita contigua y regresé algo apurada porque además de los zapatos que me dolían un poquito, sabía que mis otros compañeros no me esperarían tanto..

Fue allí cuando salí de la puerta, volví a ver a ésa misma persona (que no recuerdo quien era) y sucedió. Di tres pasos al frente y escuché un eco de voz que sonó a pregunta y efectivamente se refería a mí. Volteé con un gesto amable pero denotando prisa. Esta persona sólo me preguntó algo simple.

– Usted, trabaja aqui?
– (sorprendida pero preocupada, con un ceño adusto) Sí.
– ok, sabe…eh…. bueno … creo que nos hemos conocido en alguna otra parte.
– mmmmm….. está seguro, bueno la verdad….mmmm, no, no lo creo… su rostro no se me hace familiar….
– sí…mmm está segura? …. en serio creo que nos conocemos de algún otro lugar.
– No….bueno ahora que lo menciona ……mmm, no…..

En realidad entre tanta pregunta boba lo primero que pensé fue en esa mirada: es cierto, no sabía de dónde venía. Pero mucho me temo que me hizo recordar a Ernesto. Su mirada color de agua al ocaso, así podría redefinirla aquella tarde…

Para cuando terminó de confundirse(me), me estrechó la mano. Se presentó. Mi nombre es bla bla bla bla bla y desde luego, no aguanté más y sonreí. Le dije mi nombre.Prorrumpimos en un par de cortesías tontas. Sonreí porque se parecía tanto a E. y sin embargo no podía decírselo pero mi sonrisa se prolongó algo tanto más que él no se contuvo, y sonrió.

– Yo trabajo aquí….
– Yo también.

Entonces le dije que estaba apurada, que debía irme, que “que placer” si , bla bla y cuando estaba a punto de girar en mis talones, me pidió mi número de teléfono.

– Bueno, es que me gustaría contarle…bueno, contarte algo de lo que yo hago aquí y tu , bueno, usted quizás me puede contar algo, no lo sé…quizás nos tomamos un café…que días podr…
– (Cortante). Bueno, éste es mi teléfono. Me parece bien. Ahora debo irme porque mis compañeros me esperan abajo. Ha sido un gusto.

Me estrechó la mano, se despidió con esos besos de saludo tenues y cuando acomodé mi cabello pude ver que él aún me miraba. Curioso, el mismo discurso de llamar-la-atencion de E. también lo había puesto él en práctica. Bah!

Mis amigos abajo (en realidad compañeros de trabajo, y todas mujeres) esperaban con inusitada sorpresa. “Tanto demoraste Rocío! ya nos íbamos” – dijeron. Yo solamente sonreí. Y los siguientes veinte minutos de trayecto seguí pensando en el suave apretón de manos, en su mirada de ocaso y en ese brillo escarlata que se empezaba a dibujar en el mar de La Punta, ciudadela pequeña y gloriosa, testigo de tantos recuerdos míos…. hasta las olas parecían despedirse a la orilla, y de no haberme ido, me habría quedado como aquella tarde sóla en el que los veleros agitaban las aguas y mis pies desnudos se enfriaban cada vez que el agua regresaba agitada al final de mi propia orilla…

la puntita

Sigue leyendo

Mi sueño

[Visto: 619 veces]

Soñé con Sabinita. Soñé con la misma voz, la misma fe, las mismas caricias, su abrazo eterno y las lágrimas gruesas de encontrarnos otra vez, de querernos tanto y de recordar esas tardes juntas comiendo cositas dulces, sancochadas, jugosas… la abracé tan fuerte y le dije que la quería y ahí quedaron mis recuerdos juntos a la mujer que fuera mi madre, mi amiga, mi abuela… Sigue leyendo